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Columna vertebral de la economía en lucha silenciosa contra la COVID-19

David Rodriguez
El Sol de Salinas

Eufemia "Jenni" Aguilar escuchó toser a alguien en el sanitario en su trabajo. De inmediato se ajustó la mascarilla que llevaba, la tenía bien colocada cubriendo su nariz y boca.

Esa noche, se preparó un té con una receta de su infancia, combinando jengibre, limón, ajo, canela, cebolla morada y hojas de eucalipto, la receta sirve para aliviar el dolor de garganta.

“Escuché que mi compañera de trabajo tosía, pero no le di mucha importancia porque estaba ajustando mi mascarilla y solo me la había quitado durante un segundo”, dijo Aguilar. 

No fue hasta el día siguiente que su nariz le empezó a arder, le dio fiebre y un sabor amargo le llenó la boca. Se sumaron a su incomodidad fuertes dolores de cabeza y de cuerpo, y la fatiga hizo que las tareas de rutina se sintieran más pesadas. No podía dormir, comer, salir al exterior ni estacionar su coche. 

Eufemia "Jenni" Aguilar usa una mascarilla en su automóvil mientras plática acerca de sus síntomas después de contraer COVID-19 en julio de 2020.

Aguilar dio positivo para COVID-19 en julio. 

“Se siente horrible”, dijo en español. “No podría decirles cuál fue mi reacción exacta porque me abrumaban muchísimas emociones. Estaba triste, nerviosa y ansiosa cuando me enteré. No sabía lo que iba a hacer, al haber tantas personas viviendo donde yo vivo”.

Como muchos trabajadores del frente de batalla en Salinas Valley, Aguilar sabía que corría el riesgo de exponerse a un ambiente de trabajo peligroso. Los trabajadores agrícolas esenciales han estado en el centro de la epidemia de COVID-19 en el condado de Monterey y en todo el país. 

De acuerdo con un informe publicado el 25 de julio por el Instituto de Estudios Rurales de California (California Institute for Rural Studies o CIRS), los trabajadores agrícolas del condado de Monterey corrían un riesgo tres veces mayor de contagiarse de COVID-19 que los trabajadores no agrícolas. 

Un campesino camina entre los cultivos de fresas en lo que se arregla su capucha en Watsonville, California.

Vulnerabilidades expuestas

Hasta el 21 de septiembre, los trabajadores agrícolas sumaban 2,232 pruebas positivas. Este número constituye el 23.37 % del total de casos positivos en el condado de Monterey; el mayor entre todos los empleos. 

“Esta pandemia ha puesto al descubierto nuestras mayores vulnerabilidades como estado, como condado, y nuestra falta de preparación para apoyar a toda la gente que ha resultado afectada por la crisis”, dijo el asambleísta Robert Rivas (D-Salinas Valley).

La disparidad queda marcada por los datos demográficos de casos de COVID-19 en el condado de Monterey. De acuerdo con el Consejo Nacional de La Raza, 96 % de los trabajadores agrícolas de California son latinos. 

Los trabajadores agrícolas no solo representan la ocupación de mayor riesgo de contagio de la COVID-19, sino que los latinos han mostrado ser el grupo étnico más vulnerable.

Estos campesinos guardan su distancia en lo que descansan de su labor el miercoles 29 de julio de 2020 en Watsonville, California.

Los latinos constituyen el 59.4 % de la población del condado, de acuerdo con la Oficina de Censos de los Estados Unidos, pero conforman el 76.01 % de todos los casos positivos de COVID-19 en el condado.

“Este es un horrible, horrible virus”, dijo Aguilar. “Te sientes como muerta, pero sabes que sigues viva por el terrible dolor que sientes. Los dolores de cabeza que sientes son crueles, no son nada parecidos a los dolores de cabeza promedio. Sientes agudos piquetes en la nuca que te causan un dolor que recorre toda la cabeza. Se sentía como si alguien me estuviera metiendo clavos en la nuca”.

Cuando su compañera de trabajo de Christopher Ranch en Gilroy, California, recibió un resultado positivo para COVID-19 después de presentar síntomas, la compañía tenía el cuadrante de más de 60 empleados con pruebas realizadas, de acuerdo con Aguilar. 

Las llamadas realizadas a Christopher Ranch no fueron respondidas. 

De todo el cuadrante, solo tres personas dieron positivo: la persona que originalmente reportó su resultado, Aguilar y otro empleado más. 

Los empleados trabajan muy cerca entre sí, a pesar de los intentos realizados para distanciarse, comentó. 

“Ciertas personas lo toman a broma”, dijo Aguilar. “Pero esto no es un chiste, no te imaginas lo cruel que es este virus”. 

In-depth:Housing plight of low-income families in Salinas intensified by coronavirus pandemic

Eufemia "Jenni" Aguilar alquila una habitación en una casa en Salinas, California. Más de cinco personas alquilan habitaciones ahí mismo por el alto costo de vivienda en la costa central de California.

“No pueden escapar de la amenaza”

Hay más de 90,000 trabajadores agrícolas en el condado de Monterey, de acuerdo con un informe del Instituto de Estudios Rurales de California. 

Debido a la gran cantidad de inequidades sociales, entre ellas, las viviendas sobrepobladas, y a la naturaleza de la cosecha de cultivos, los trabajadores corren un riesgo mayor de contagiarse del mortal virus respiratorio. 

De acuerdo con la orden ejecutiva del gobernador Gavin Newsom, los trabajadores agrícolas están exentos de las órdenes de permanecer en casa para garantizar la continuidad de las funciones que son cruciales para la salud y la seguridad públicas. 

“Durante toda esta pandemia, los trabajadores agrícolas nunca han dejado de trabajar”, dijo el asambleísta Rivas. “Al ser trabajadores con salarios bajos, los trabajadores agrícolas no pueden darse el lujo de perder ni un día de trabajo. Esta pandemia ciertamente ha puesto al descubierto nuestras mayores vulnerabilidades y nuestra falta de preparación en todos los niveles del gobierno: federal, estatal y local”. 

Justino Mejia toma su descanso en el campo en Watsonville, California.

Los empleadores de trabajadores agrícolas han respondido ante la amenaza de la COVID-19 en diversos niveles de atención. 

“Mi exnovio se contagió del virus en su trabajo a mediados de mayo”, dijo Aguilar. “Siguió trabajando, pero siempre siguió usando su mascarilla y mantenía su distancia del resto de los trabajadores”.

Hasta el 30 de junio, el informe del CIRS estableció que la tasa de casos de COVID-19 confirmados era de 1,569 por cada 100,000 entre los trabajadores agrícolas y 471 por cada 100,000 entre los trabajadores no agrícolas. 

“Consideremos que los trabajadores agrícolas no pueden guardar una distancia social en casa, es muy difícil que apliquen el distanciamiento social en su trabajo, y es muy difícil que lo hagan cuando viajan en grupo a los sitios de trabajo”, dijo el asambleísta Rivas.

El CIRS encuestó a 900 trabajadores agrícolas (49 % mujeres y 51 % hombres) en 21 condados de California. Los resultados preliminares mostraron una falta de distanciamiento social y que a los trabajadores no se les proporcionaban cubrebocas, lo cual posiblemente contribuyó para correr un riesgo mayor.

“No pueden escapar de la amenaza de este virus en el trabajo o fuera de él”, dijo el asambleísta Rivas. “Viven en condiciones de sobrepoblación extrema, trabajan hombro con hombro, viajan a su trabajo en autos o autobuses abarrotados. Es menos probable que los latinos y los trabajadores agrícolas tengan algún tipo de cobertura de seguro de salud o una nutrición adecuada, especialmente ahora con el astronómico costo de la vivienda. Tienes a familias de trabajadores agrícolas que están teniendo que tomar la decisión de pagar la renta o llevar comida a la mesa”.

Los campesinos guardan su distancia en lo que recogen los cultivos de fresas en Watsonville, California. Todos usan mangas largas para protegerse de los elementos.

El costo físico

Los trabajadores agrícolas se suelen reportar en sus lugares de trabajo hasta seis días de la semana.

Muchos están en los campos listos para trabajar a las 6 a.m. Incluso en los días más calurosos, casi toda su piel cubierta con ropa y paliacates para protegerse del sol y de los pesticidas. 

“Entienden que necesitan presentarse a trabajar para que las personas como usted o como yo, nuestras familias, tengamos alimentos que comer”, dijo el asambleísta Rivas. 

Los deberes de los trabajadores agrícolas varían dependiendo del tipo de cultivo que se va a cosechar, y pueden incluir los siguientes: rociar fertilizante, plantar semillas, atender los cultivos, recolectar las cosechas maduras para su consumo, empacar productos agrícolas en cajas, y cargar las cajas llenas para su envío.

Si no trabajan directamente con los cultivos, los trabajadores también pueden reparar y dar mantenimiento a los vehículos agrícolas y a las cercas, y manejar tractores para arar el suelo. 

Todas las tareas tienen un costo físico, ya que requieren de movimientos constantes hacia arriba y hacia abajo, así como movimientos para cargar objetos pesados. Dependiendo del cultivo, la mayoría de estas tareas pueden requerir que los trabajadores permanezcan en grupos cercanos.

Una mujer carga una caja pesada de fresas el miercoles 29 de julio de 2020 en Watsonville, California.

El Departamento de Salud Pública de California (CDPH) exige el uso de cubrebocas de tela cuando se está afuera del hogar para evitar la propagación de la COVID-19. Los empleadores deben instruir a sus trabajadores sobre las prácticas de prevención de infecciones, incluyendo mantener una distancia física segura. 

“Cuando se hablamos de cuidarse a sí mismos”, dijo el asambleísta Rivas, “si conocen las reglas, si saben cuáles son las mejores prácticas, ellos mismos pueden motivar a sus compañeros de trabajo, a sus amigos del lugar de trabajo, y aplicar esa presión entre compañeros para hacer lo correcto, para seguir todos los lineamientos”.

Resi Salvador, de 19 años de edad, estudiante universitaria de California State University Monterey Bay, ha trabajado en el campo de manera intermitente desde que tenía 15 años de edad. 

“Te da perspectiva cuando eres adolescente”, dijo Salvador. “Así es como trabajan mis padres, de aquí es de donde sale el dinero... trabajando arduamente en los campos durante ocho horas. Te da perspectiva de lo que es ser un inmigrante. Lo que significa ser un trabajador agrícola”.

Al igual que muchos hijos de trabajadores agrícolas, Salvador tiene varios trabajos en campos y fábricas durante los veranos que no está en la escuela. Ella entiende también la amenaza de la COVID-19.

Si ella se contagia del virus, toda su familia está en riesgo. 

Los seis miembros de la familia comparten un departamento de dos dormitorios en el este de Salinas. Su madrastra va a dar a luz en otoño. 

“Tengo miedo de contagiarme de COVID-19 en mi lugar de trabajo”, expresó. “Si doy positivo, los síntomas tardan unos cuantos días en aparecer. Se puede propagar antes de notarlo”.

Resi Salvador, a la derecha, esta acompañada por sus tres hermanos, amigos de la familia, su madrastra y su padre en frente de su apartamento en Salinas, California.

La columna vertebral de la economía 

Cada año, millones de trabajadores agrícolas cultivan los campos de todo el condado. Hacen trabajos laboriosos que los ciudadanos estadounidenses eligen no realizar.

Los extranjeros constituyen un 21.7 % de la población en el condado de Monterey, el mayor porcentaje de cualquier condado de California, de acuerdo con una investigación del Censo 2020 realizada por el Instituto de Políticas Públicas de California.

“La población de inmigrantes del condado, que incluye a los inmigrantes indocumentados, es un componente esencial de la fuerza laboral local, especialmente para las dos mayores industrias del condado: la agricultura y la hospitalidad”, como lo indica el Programa Legislativo 2019-2020 del Condado de Monterey. “Las contribuciones de los inmigrantes para el bienestar económico, cultural y social de nuestra comunidad son una fuente de orgullo para el condado, y el condado reconoce la importancia de mantener un ambiente de confianza y seguridad para los inmigrantes que eligen hacer del condado de Monterey, su hogar”.

En California viven entre 500,000 y 800,000 trabajadores agrícolas, los cuales constituyen entre un tercio y la mitad del total del país. De acuerdo con el Centro para Familias de Trabajadores Agrícolas, alrededor del 75 % de los trabajadores agrícolas en California son indocumentados.

Los campesinos recogen los cultivos de fresas en Watsonville, California.

La derrama económica de Monterey tiene un impacto estimado de más de $8,100 millones de dólares en la economía local, de acuerdo con Farm Bureau Monterey. 

Existen más de 150 cultivos en el condado que aportan porcentajes significativos al total de libras a nivel nacional que se producen cada año. En 2018, se exportaron a otros países 398’985,000 libras de frutas y verduras. 

Además de la siempre presente amenaza de contagiarse de COVID-19, a mediados de agosto los trabajadores agrícolas del condado de Monterey también se enfrentaron a una mala calidad del aire cuando los incendios forestales arrasaron en muchas partes de California. Para ellos, usar mascarillas se volvió una doble protección: contra el virus y contra el aire lleno de cenizas. 

“(Los trabajadores agrícolas) son esenciales y siempre lo han sido”, dijo Ilde Carlisle-Cummins, Directora Ejecutiva del Instituto de Estudios Rurales de California (CIRS). “Ellos merecen apoyo, y todos debemos reflexionar en algunos de los problemas que conocemos desde hace mucho tiempo y que necesitan atenderse”.

Los esfuerzos para proteger a los trabajadores agrícolas, que finalmente significan protección para nuestro suministro de alimentos, incluyeron la donación de más de 2 millones de mascarillas de parte de la Asociación de Productores y Transportistas y otras organizaciones relacionadas con la agricultura.

Ocho campesinos guardan su distancia antes de tomar su almuerzo el miercoles 29 de julio de 2020 en Watsonville, California.

“En el condado de Monterey probablemente ha habido una mayor voluntad para responder que en la mayoría de los condados en California”, dijo Luis Alejo, supervisor del Distrito 1 del condado de Monterey. “Con todo lo que está sucediendo, los empleadores no quieren que sus empleados se enfermen. Si pueden tomar medidas para prevenirlo, no solo es bueno para el trabajador, sino ciertamente es bueno para la compañía”. 

El gobernador Newsom anunció en abril que se proporcionarían dos semanas adicionales de licencia por enfermedad con goce de sueldo a los trabajadores del sector de alimentos, es el tiempo recomendado por el CDPH para poner en cuarentena a una persona que haya tenido un contacto cercano con una persona que dio positivo para COVID-19.  

Antes de la pandemia, los empleadores de trabajadores agrícolas solo estaban obligados a dar tres días de licencia por enfermedad con goce de sueldo.  

Deficiencias en los esfuerzos

A pesar de los esfuerzos para proteger a los trabajadores del sector de alimentos, los trabajadores agrícolas siguen contagiándose a un ritmo tres veces mayor que los trabajadores no agrícolas.

“Si analizamos nuestro sistema de alimentos, veremos que depende mucho del trabajador agrícola, el trabajador esencial”, dijo Chris Valdez, presidente de la Asociación de Productores y Transportistas. “Por eso son esenciales. El hecho de que sigamos operando durante una pandemia no implica que el riesgo sea nulo”.

El Comité Consultivo para la Protección Agrícola describe los lineamientos de seguridad para los trabajadores, pero los datos siguen demostrando su alarmante ritmo de infección. 

“Si se hubieran realizado estos preparativos, no veríamos el exceso de contagios que se estamos teniendo en el lugar de trabajo”, dijo el Dr. Maximiliano Cuevas, director ejecutivo de Clínica de Salud del Valle de Salinas (CSVS). “Desafortunadamente, ante un mal entendimiento, tendremos personas que resultan contagiadas”.

Los campesinos en Watsonville, California pueden usar el desinfectante, jabón y agua que sale de una manguera para lavarse las manos antes y después de recoger los cultivos de fresas y almorzar.

A diferencia de los empleados esenciales en el sector de la atención médica, es menos probable que los trabajadores agrícolas tengan un acceso adecuado a los servicios médicos y que estén conscientes del estado de salud de los trabajadores que les rodean. 

El CIRS también investigó las razones por las que los trabajadores agrícolas no buscan atención médica. El informe mostró que el 54 % de los trabajadores carecían de licencia por enfermedad, de un seguro, o no podían pagar un tratamiento médico. Además, el 24 % de los trabajadores agrícolas encuestados temían interactuar con el sistema médico, no confiaban en el gobierno, y les preocupaba ser deportados. 

“Esa es una barrera enorme”, dijo Carlisle-Cummins. “Está muy mal que la gente no tenga un acceso básico a la atención médica”.

No buscar atención médica, no saber que son portadores del virus y el miedo a perder su trabajo crean una posibilidad muy real de que la gente esté trabajando mientras está enferma.

“Donde estoy viviendo hay otra persona que se contagió de COVID-19”, dijo Aguilar. “Él se contagió del virus mientras trabajaba en el campo. Aunque se preocupa por mantener la distancia y usar un cubrebocas, pero sigue yendo a trabajar.

El CIRS informa que el 46 % de los trabajadores agrícolas tuvieron menos horas de trabajo, posiblemente debido a una caída en la demanda. 

“Ese es un golpe muy grande para la economía de las comunidades que ya se encuentran en la línea de pobreza o debajo de ella”, dijo Carlisle-Cummins. “El trabajador agrícola promedio gana menos de $18,000 al año, de modo que una disminución del 46 % es... estamos hablando de morirse de hambre, es algo realmente grave”.

El futuro de los trabajadores agrícolas 

El asambleísta Rivas dijo que su misión es proporcionar un alivio durante la pandemia para los trabajadores agrícolas, sin importar que tengan o no sus papeles en regla.

“En este momento hay varios proyectos de ley en la legislatura que ayudarían a los trabajadores indocumentados y darían a los empleadores la responsabilidad de mantenerlos a salvo en el lugar de trabajo, sin importar su situación migratoria”, comentó.  

Más de una docena de campesinos después de recoger los cultivos de fresas en Watsonville, California se reunen para escuchar como se pueden proteger de contraer el COVID-19.

El Proyecto 2043 de la Asamblea, la Ley de Salud y Seguridad en el Lugar de Trabajo de Agricultura, proporcionaría a los trabajadores información tanto en inglés como en español acerca de las prácticas de seguridad para combatir la COVID-19. 

El proyecto también ofrecería a los trabajadores capacitación para que conozcan sus prestaciones, las cuales incluyen: licencia por enfermedad con goce de sueldo, compensación para los trabajadores y otras prestaciones laborales relacionadas con la COVID-19.

Se les enseñaría también cómo reportar condiciones inseguras de trabajo, a través de un formulario de queja que se presentaría ante Cal/OSHA. Para ello, Cal/OSHA tendría que incluir en su sitio web información acerca de las investigaciones en los lugares de trabajo agrícola.

El Paquete de Ayuda del asambleísta Rivas incluye el Proyecto de Ley 2164 de la Asamblea, la Ley de Teletrabajo para Centros de Salud Rurales y Comunitarios, la cual permitiría que los residentes rurales tuvieran un mejor acceso a los servicios médicos en línea, durante la pandemia y después de ella.

El asambleísta Rivas es coautor del Proyecto de Ley 685 de la asambleísta Eloise Reyes, el cual obligaría a los empleadores a notificar a sus empleados y a Cal/OSHA sobre cualquier empleado expuesto a la COVID-19 en el lugar de trabajo. 

“(Los trabajadores indocumentados) con frecuencia dudan en buscar ayuda debido al riesgo de ser deportados y a la pérdida de su vivienda”, dijo el asambleísta Rivas. “Incluso a las personas que no son indocumentadas, podría preocuparles el riesgo de que deporten a sus familiares. Necesitamos socios comunitarios fuertes para ayudar a estas comunidades a abogar por servicios y prestaciones que no los pongan en riesgo”.

Este trabajo se realizó como parte de la colaboración con la organización de narrativa visual sin fines de lucro del Área de la Bahía Catchlight, a través de la iniciativa local CatchLight, y es el primero de una serie de reportajes sobre el impacto de la COVID-19 en las familias de trabajadores agrícolas de Salinas.