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Los síntomas de alergia pueden causar preconformidad ya que imitan el nuevo coronavirus COVID-19. Aquí están las diferencias. Wochit

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Resi Salvador está junto a una cama individual, la cual solía ser la parte de abajo de una litera. 

Mientras la chica de 19 años cambia las sábanas, hay algo que resulta evidente: no hay otros muebles en la habitación. Resi, de 19 años, comparte la habitación con sus hermanos menores: Aldo, de 11 y Jesús, de 7. 

La familia de cinco personas vive en un departamento de dos dormitorios en el norte de Salinas. Costanza, la madrastra de Resi, está embarazada y dará a luz durante el otoño, lo cual agregará a un recién nacido al ya saturado departamento.

El horario de sueño de Resi se ve afectado por la cantidad de personas que habita en la vivienda, comentó.

Debido a que duerme en la sala, Resi queda expuesta al ruido y todo el que pasa por ahí. Con frecuencia duerme cinco horas tras regresar a casa de su trabajo. 

“Los niños se despiertan entre las 7 a. m. y las 8 a. m.”, dijo Resi. “Tan pronto llego a casa, me quedo dormida de inmediato. Pero como son niños, hacen mucho ruido y, a pesar de eso, yo trato de dormir. Mi mamá me dice que me vaya a su habitación y duerma más, pero no voy porque me da pena. Así que, simplemente no me vuelvo a dormir y mejor ayudo en las tareas del hogar o a cocinar”.

Resi queda aturdida por la falta de sueño, pero continúa día tras día. 

Su situación de vivienda no es única en el condado de Monterey, donde 11.3 % de los estudiantes viven en la indigencia, de acuerdo con el Centro para la Transformación de las Escuelas (CTS, por sus siglas en inglés) de la UCLA.

Permanecer en espacios concurridos pone a estos estudiantes y a sus familias en un riesgo mayor de contagiarse de COVID-19, el mortal virus que puede hacer estragos en los pulmones y el sistema inmunológico de una persona. En espacios tan reducidos es casi imposible mantener una distancia social. 

Llegar a fin de mes

Conforme aumentan los casos de COVID-19 en el condado de Monterey, los latinos y los trabajadores agrícolas son los más afectados. Muchas familias latinas viven hacinadas en sus viviendas y deben apoyarse en familiares y amigos para pagar la renta.

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No obstante, a la familia le preocupa menos la pandemia que tener un techo donde vivir. 

“Lo que nos estresa más es la renta”, dijo Melitón Salvador, padre de Resi. “Tenemos la bendición de pagar solo $1,300 por nuestro departamento de dos dormitorios... si pagáramos más, no creo que pudiéramos lograrlo solo con mi ingreso”.

El hermano y la cuñada de Melitón pronto se mudarán a la vivienda de los Salvador. La familia necesita compensar el costo de su renta, pero eso significa tener aún menos espacio. 

Los tres hermanos mayores sacaron de la que antes era la habitación de Resi todas sus pertenencias y las pasaron a la sala, donde ahora dormirán los tres. Dos de ellos compartirán una cama tamaño individual, que es la parte de arriba de una litera, colocada contra la pared junto a la puerta principal. Resi dormirá en un sofá junto a la cama volada. 

El espacio debajo de la cama volada en la sala servía también de alacena familiar. Hay suficiente espacio de almacenamiento para apilar latas de refresco, botellas de agua, bolsas de frijol y otros productos.

Resi hizo un poco de espacio ahí para sus pertenencias porque ya no tendrá un armario. 

“Voy a regresarme a la sala”, dijo Resi. “No espero tener mi propia habitación a esta edad... Me mudaría de casa de mis padres, pero no puedo ser egoísta. Los dos necesitan mi ayuda. Soy su intérprete del inglés al español”.

Altos en el camino

Eufemia “Jenni” Aguilar, peladora de ajos originaria de Honduras, vive a solo tres millas de Resi y su familia. 

Aguilar, de 53 años de edad, está adaptándose a su vida en el dormitorio que comparte al este de Salinas. Kender Ricárdez Tobón, su nieto de 6 años, vive con ella. En cierto momento, otras tres personas vivían en la habitación con Aguilar. 

Esta habitación es una de cuatro habitaciones individuales que se alquilan en la misma vivienda.

“Mi vida cambió mucho”, dijo en españolAguilar. “Mudarnos aquí lo veo solo como un alto en el camino”. 

Los espacios de vivienda en situación de hacinamiento se incluyen en la definición de indigencia de acuerdo con la Ley Mckinney-Vento, y se les atribuye a familias individuales que no pueden pagar su propia renta. 

“Pago $550 al mes y esto conlleva una falta de privacidad y de habitaciones”, dijo Aguilar. “En el último lugar donde estuve, pagaba $1,300 y ahí estábamos cómodos. Comparado con el sitio donde ahora vivimos, nuestro departamento era grande con todas las habitaciones que necesitábamos”.

Aguilar duerme sobre una colchoneta en el suelo. Su nieto duerme en una cama. 

Durante las etapas iniciales de la pandemia de COVID-19, Aguilar dijo que su empleador en Gilroy recortó las horas en toda la empresa. En vez de trabajar su día normal de ocho horas, sus turnos ahora son de unas seis horas. Sus cheques de nómina son de apenas $400 cada dos semanas, dijo.

Tiene dificultades, pero lucha para permanecer a flote por su nieto y su madre anciana. 

“Si justo ahora, que yo viva con mi familia en un departamento de dos dormitorios no funciona, entonces seguiré esperando con calma”, dijo Aguilar. “Sé que llegará el día en que viviremos más cómodamente, no voy a presionarme porque, si lo hago, corro el riesgo de volver a enfermarme”.

Al ser la principal fuente de ingresos de su familia, no puede permitirse dejar de trabajar. 

El Centro Mixto para Estudios de Vivienda (Joint Center for Housing Studies o JCHS) de la Universidad de Harvard reveló que el condado de Monterey es una de las áreas en el país más afectadas por los costos, ya que el 54 % de los residentes paga al menos 30 % del ingreso de su hogar en renta; 25.9 % paga al menos el 50 %. 

El precio por acre en Salinas entre 2012 y 2017 aumentó en un 112 %, de $587,600 a $1,249,200, de acuerdo con el JCHS.

“Supervivencia básica”

Con ocho personas y un bebé en camino en su departamento de dos dormitorios, la familia Salvador enfrenta el mismo dilema que muchos residentes del condado de Monterey.

Aumentar la cantidad de personas dentro de una vivienda para poder llegar a fin de mes o reubicarse y arriesgar tanto la salud y como una vivienda garantizada  

“Si me voy, sería egoísta de mi parte”, expresó Resi. “No puedo ser egoísta. Fue una enorme decisión ir a la universidad... estar lejos de todas las responsabilidades que ni siquiera son mías”.

El Departamento de Salud Pública de California (CDPH) recomienda que los residentes practiquen el distanciamiento social permaneciendo a seis pies de otras personas. Este lineamiento es imposible de seguir para las familias que viven en situación de hacinamiento, y las pone en gran riesgo de contagiarse de COVID-19 y de propagar la enfermedad. 

La mayoría de los casos se ha reportado en dos códigos postales: 93905 (736 casos) y 93906 (404 casos), que se ubican en el lado este de Salinas, donde la mayoría de la población es de latinos y trabajadores agrícolas.

“Las cifras van en relación directa con la pobreza que hay en nuestra comunidad”, dijo Carissa Purnell, directora ejecutiva del Centro de Recursos Familiares de Alisal, una organización que trabaja con niños y familias de bajos ingresos del Distrito Escolar Unificado de Alisal.

De acuerdo con el Departamento de Salud del Condado de Monterey, hasta el miércoles en la mañana había un total de 2,270 casos de COVID-19 confirmados, con 1,301 pacientes recuperados, 155 hospitalizados y 17 fallecimientos.

“Es muy difícil frenar la propagación de cualquier virus o enfermedad o patología cuando estamos viviendo en la situación de confinamiento en la que estamos, y no es algo que hayamos elegido”, dijo Prunell. “Este es el resultado de malos salarios durante varias generaciones, mucho tiempo de no recibir las cosas que necesitamos para una supervivencia básica, ya sea vivienda o alimentos, o acceso a cosas como el agua corriente. Todo lo que la COVID-19 ha hecho es aumentar la necesidad que desde hace mucho tiempo sabemos que existe. En muchos análisis esto sale a relucir como la causa principal”. 

De los 1,181 casos de COVID-19 en el condado, 80.56 % son personas latinas. Las personas que trabajan en la industria agrícola conforman un 37.85 %.

Las ganancias importan más que las personas

Los políticos y las organizaciones de vivienda han tratado en repetidas ocasiones de resolver la creciente crisis de vivienda a través de mecanismos como la subdivisión de viviendas existentes o las viviendas con alta densidad, en las zonas este y norte de Salinas.

Entre 1970 y 2000, se desarrollaron varios proyectos de alta densidad en el área de Alisal. Los proyectos de vivienda pretendían ayudar a las personas, brindando vivienda segura y asequible a las comunidades marginadas.

Eso no sucedió. 

Al contrario, las familias como los Salvador y los Aguilar se vieron forzadas a subalquilar para poder mantener un techo sobre sus cabezas.

“Hasta que los trabajadores agrícolas reciban un salario digno, nada va a cambiar”, dijo Prunell. “Nada cambiará hasta que los dueños de estas empresas agrícolas empiecen a brindar espacios de trabajo y salarios dignos. El mercado de vivienda debe enfocarse en crear espacios seguros para las familias y no en generar ingresos. Hemos elegido durante mucho tiempo tener ganancias por encima de la situación de las personas, y eso ya no es aceptable porque esto ha creado una situación en la que la gente literalmente está perdiendo la vida cada día”.

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The coronavirus (COVID-19) is impacting the global economy and raising fears of a recession. What causes a recession and what are the signs? USA TODAY

Este trabajo se realizó como parte de la colaboración con CatchLight, organización de narrativa visual sin fines de lucro del Área de la Bahía, y es la primera de una serie continua de historias que siguen el impacto de la COVID-19 en las familias de trabajadores agrícolas de Salinas. David Rodríguez es un periodista multimedia de The Californian. Llámelo al (831) 269-9363 o envíe un mensaje de correo electrónico a drodriguez@thecalifornian.com. Suscríbase para apoyar al periodismo local.

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