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La pandemia ha ocasionado una crisis sanitaria que se suma a una crisis de vivienda ya agravaba por la división de clases.

Ha surgido un patrón claro frete al coronavirus, perdona a algunos vecindarios de California mientras causa devastación en otros. De acuerdo con un análisis de vecindarios de CalMatters que abarca a diez condados, el virus afecta más a los vecindarios sobrepoblados con viviendas en situación de hacinamiento.

Los vecindarios con gran cantidad de personas por vivienda tienen una tasa de casos confirmados de COVID-19 de casi 3.7 veces por cada 1,000 residentes frente a los vecindarios con menos personas en espacios reducidos.

Alrededor de uno de cada seis californianos (6.3 millones de personas) vive en una casa o departamento en situación de hacinamiento que les hace difícil aislarse de los demás, de acuerdo con datos de la Oficina de Censos estadounidense. Las viviendas situación de hacinamiento se definen como hogares donde hay más personas que habitaciones de cualquier tipo, excepto los baños.

CalMatters recopiló datos de casos de diez condados de California con grandes cantidades de personas contagiadas a finales de mayo, dando un total de casi 69,783 casos confirmados en 659 vecindarios, o casi 69 % de todos los casos en el estado, hasta ese momento. Se comparó el 20 % de los vecindarios con la tasa más alta de viviendas en situación de hacinamiento frente al 20 % de los vecindarios con sobrepoblación más baja.

El patrón fue sorprendentemente consistente entre los condados, sean urbanos o rurales, costeros o del interior, del norte o del sur. Solo en Sacramento no había relación entre las viviendas en situación de hacinamiento y COVID-19. El condado tuvo la tasa más baja de sobrepoblación y sus contagios bajaron en mayo, lo cual podría explicar la falta de un patrón.

Lee Riley, profesor de epidemiología de UC Berkeley, quien ha estudiado las enfermedades infecciosas en barrios pobres de las ciudades de otros países, dijo que la fuerte relación que hay entre las viviendas en situación de hacinamiento y los contagios podría apuntar a una razón por la que el decreto de no salir de casa en California no aplanó la curva de inmediato: el virus se siguió propagando dentro de cada vivienda.

Estos descubrimientos no fueron algo sorpresivo para Leslie Cariño, directora de enfermería del Nestor Community Health Center en un código postal del sur de San Diego que colinda con México, donde hubo 7.4 casos confirmados por cada 1,000 residentes a finales de mayo. Esa cifra se encuentra entre las tasas más altas del estado, y alrededor de un 13 % de las viviendas en situación de hacinamiento, un porcentaje de los más altos en el condado (el total no incluye a los residentes de México que cruzaron la frontera para buscar tratamiento).

“Probablemente, 100 % de nuestros pacientes viven en viviendas generacionales. Viven con su abuela, y su hija y la hija de su hija”, dijo Cariño, agregando que los familiares de sus pacientes con COVID-19 también muestran síntomas con frecuencia.

Veinte millas al norte, en el código postal que incluye a los vecindarios repletos de palmeras de Ocean Beach y Sunset Cliffs, hubo 14 veces menos personas contagiadas por cada 1,000 residentes y solo 1 % de las viviendas están en situación de hacinamiento.

En Los Ángeles, el epicentro estatal tanto del coronavirus como de la sobrepoblación, dos de cada cinco viviendas están en situación de hacinamiento en algunos vecindarios. El problema se incrementó en la última década a medida que los vecindarios se han encarecido, haciendo que las rentas suban en forma estratosférica, dijo Michael Lens, profesor de planificación urbana de UCLA.

La recesión inducida por la pandemia podría orillar a más angelinos a vivir en situación de hacinamiento. Se calcula que unos 365,000 hogares del condado de Los Ángeles corren un riesgo muy alto de ser desalojados de sus viviendas cuando se levante la suspensión de desalojos en todo el estado, de acuerdo con un informe del Instituto Luskin sobre Inequidad y Democracia de UCLA.

“A falta de intervenciones poco probables y de generosidad... por supuesto que la gente va a dejar de poder pagar una vivienda”, dijo el profesor Lens.

El profesor Riley dijo que el análisis de CalMatters indica que, si la pérdida del empleo obliga a más personas a mudarse a viviendas en situación de hacinamiento o incluso a convertirse en indigentes, los contagios podrían incrementarse drásticamente.

“Entonces, lo que ahora estamos viendo podría ser el inicio de algo mucho peor”, dijo el profesor Riley.

Un gran conjunto de riesgos

Los expertos advierten que no se debe llegar a la conclusión de que solo un factor incrementa la desigual tasa de contagios por el virus.

Otros factores que incrementan los contagios son las laxas políticas locales de no salir de casa, depender del transporte público, e incluso el clima. Además, con un acceso desigual a las pruebas para detectar al virus, es difícil saber si los conteos más altos de casos son el resultado de la realización de más pruebas o de la aparición de más contagios.

Piense en el fuerte impacto del virus en los vecindarios más desfavorecidos como un “gran conjunto” de riesgos interconectados, dijo Jennifer Ahern, profesora de epidemiología de UC Berkeley.

Las viviendas en situación de hacinamiento van de la mano con empleos esenciales de sueldos bajos. Más o menos dos tercios de los californianos que habitan en viviendas con hacinamiento son trabajadores esenciales o viven con al menos un trabajador esencial, de acuerdo con el análisis de CalMatters. De ellos, 75 % viven en la pobreza. Noventa y dos por ciento son personas de color.

Es más probable que las personas que se ven obligadas a vivir en hogares con más gente debido a la pobreza sean gente de color, debido a las políticas discriminatorias en la vivienda, la educación y la banca que han segregado a los vecindarios y evitado que las familias no blancas acumulen riqueza, dijo la profesora Ahern. También es más probable que las personas de color sufran de afecciones crónicas, como diabetes o hipertensión, las cuales pueden empeorar su estado con COVID-19.

Los riesgos interrelacionados de ser pobre, no blanco y de habitar en viviendas en situación de hacinamiento son claros al analizar los datos.

Los vecindarios más afectados tenían tres veces la tasa de sobrepoblación y dos veces la tasa de pobreza que los vecindarios que en su mayoría han escapado de la devastación causada por el virus. En los vecindarios menos afectados, alrededor de la mitad de los residentes son blancos, mientras que, en los vecindarios más afectados por el virus, 82 % de los residentes son personas de color.

Tómese como ejemplo a Pico-Union, cerca del centro de Los Ángeles, uno de los vecindarios más afectados de California. Alrededor del 56 % de los residentes son inmigrantes, en su mayoría de El Salvador y de México. Solo 4 % son blancos. Un tercio vive en pobreza y más del 42 % de los hogares está saturado.

A unas 15 millas de distancia, en el enclave de la playa de Venice, el ingreso promedio por hogar de $102,548 es casi tres veces más alto que en Pico-Union, y hay seis veces menos casos de coronavirus per cápita. Más de dos tercios de los residentes de Venice son blancos, 10 % son pobres y 3 % de las viviendas están saturadas.

Oakland es otro ejemplo de una ciudad con amplias disparidades en las tasas de contagios y las condiciones de la vivienda. En el código postal que incluye al acaudalado vecindario de Montclair y a la ciudad de Piedmont, donde sinuosos caminos bajan hacia una cañada de verdes reservas naturales que miran hacia el puente Golden Gate, solo hay 1 % de las viviendas en situación de hacinamiento. Menos de uno de cada 1,000 residentes dio positivo en la prueba de coronavirus en ese lugar.

Pero cruzando la ciudad, en el código postal que envuelve a vecindarios mayoritariamente latinos como Fruitvale, la tasa de contagios es seis veces mayor y 21 % de los hogares está en situación de hacinamiento.

La profesora Ahern explicó que las diferencias entre la manera como COVID-19 afecta a las personas en vecindarios favorecidos contra los desfavorecidos arroja luz sobre la “epidemia de disparidades de salud” que lleva siglos de existencia.

“La historia de nuestro país ha estructurado quién vive en qué lugar y ha generado lugares extremadamente desfavorecidos y lugares con ventajas extremas”, dijo la profesora Ahern.

Sobrepoblación o hacinamiento no es lo mismo que densidad de población

Las viviendas en situación de hacinamiento (sobrepoblación), o la cantidad de personas que vive en una vivienda, es diferente a la densidad de población, o la cantidad de personas que vive en una extensión de una milla cuadrada.

Investigadores y políticos por igual han dicho que la densidad de población podría agravar la propagación del virus, explicando por qué ciudades como Nueva York y Los Ángeles han resultado tan afectadas. Otros debaten este punto argumentando que las ciudades abarrotadas de hecho pueden ayudar a combatir el virus, porque las personas tienen más fácil acceso a la atención médica y los sistemas de salud pública son más fuertes.

El análisis de CalMatters descubrió que la relación entre densidad y el virus variaba en todo el estado.

En varios condados urbanos analizados por CalMatters —Los Ángeles, Orange y San Diego— los vecindarios más densamente poblados tenían cantidades más altas de casos de coronavirus per cápita. Debido a que estos vecindarios también tenían más hacinamiento dentro de cada vivienda, es difícil analizar qué factor explica mejor las tasas de casos más altas, si las viviendas en situación de hacinamiento o los vecindarios con alta densidad de población.

En esas áreas, ambos factores probablemente contribuyen a la transmisión del virus, dijo el profesor Riley, epidemiólogo de Berkeley. “No va a ser uno o el otro. Podrían ser ambos”.

Especialmente en Los Ángeles, tanto la densidad de población como las viviendas en situación de hacinamiento afectan la tasa de casos positivos. Ahí, los vecindarios más densamente poblados tienen más personas contagiadas, incluso si tienen menor tasa de viviendas en situación de hacinamiento. Y los lugares con más hacinamiento residencial tienen más casos, sin importar la densidad del vecindario. Pico-Union, un vecindario de clase trabajadora y de inmigrantes donde 42 % de los hogares están en situación de hacinamiento, está casi tres veces más densamente poblado que Venice, por ejemplo.

Pero en los condados suburbanos y rurales, no había una relación clara entre la densidad de población y el coronavirus.

Tomemos como ejemplo al condado de Riverside. El código postal donde se encuentra la comunidad de trabajadores agrícolas de Mecca, en el desierto que está entre campos de cultivo y viñedos justo al norte del lago Salton, no es un área densamente poblada. Pero tiene una mayor tasa de viviendas en situación de hacinamiento y estuvo a la cabeza con 8.9 casos del virus por cada 1,000 residentes del condado.

“Esto corresponde a lo que sabemos sobre el virus. Realmente se requiere de un contacto cercano e íntimo para transmitirlo”, dijo el profesor Reily. “Eso puede pasar en cualquier lugar. Pero en áreas con poblaciones pequeñas, el hacinamiento es un factor más importante que la densidad de población”.

Esto tiene implicaciones importantes conforme el estado empieza a abrirse nuevamente, dijo el profesor Riley. Aunque la gente puede estar tentada a pensar que las áreas menos pobladas estarán a salvo de una epidemia, el análisis de CalMatters es indicativo de que el virus podría propagarse rápidamente, incluso en áreas rurales.

“En áreas con poca población, si el virus se encuentra ahí, va a ser transmitido en lugares atiborrados” como en los hogares con hacinamiento, iglesias, prisiones y asilos de ancianos, dijo el profesor Riley.

¿COVID-19 orillará a una mayor sobrepoblación?

En San Diego, muchas personas son trabajadores esenciales y viven en lugares en situación de hacinamiento, con frecuencia comparten vivienda con otras familias, dijo Nancy Maldonado, directora ejecutiva de Chicano Federation, organización sin fines de lucro que presta servicios de educación, nutrición y vivienda a las familias de todo el condado. El distanciamiento social simplemente no es una opción, comentó.

Un trabajador del frente de batalla contra el virus comentó que si se llegara a enfermar viviría en su automóvil para evitar contagiar a su familia. Otro hombre que resultó contagiado comparte un departamento de un solo dormitorio con sus tres hijos y su esposa.

Irónicamente, el virus constituye una doble amenaza: La pérdida del empleo obliga a algunas familias a vivir en lugares con más hacinamiento.

“La gente ha perdido sus ingresos y ha tenido que mudarse con familiares o amigos, o ha tenido que irse a compartir vivienda con sus conocidos”, dijo Maldonado. “De nuevo, eso simplemente está agravando la situación”.

Esto podría sucederle en cualquier momento a Mariana, beneficiaria de la organización de Maldonado, quien pidió a CalMatters que solo use su nombre de pila porque ella, su esposo y su hija son indocumentados.

A mediados de marzo, cuando se emitió el decreto de no salir de casa, las personas que contratan a Mariana para la limpieza de sus casas dejaron de llamarla. El empleo de su esposo en el que vende ventanas de puerta en puerta desapareció. Así que llegaron a un acuerdo con su casero. Por ahora, están pagando más o menos un tercio de los $1,200 de renta por el departamento de un dormitorio que comparten con su hijo de dos años de edad y su hija de siete; establecieron un espacio para el aprendizaje a distancia en la cocina, con un minipizarrón y un portalápices de princesa. Los cuatro duermen en el dormitorio, aunque Mariana dijo que con frecuencia ella y su marido no pueden dormir por las preocupaciones que enfrentan.

Viven en National City, al sur de San Diego, no muy lejos de la frontera con México, su país de origen. Aquí, 14 % de los hogares están en situación de hacinamiento, comparado con el promedio del condado de 4 %. Su vecindario es uno de los más afectados en el condado.

El esposo de Mariana encontró recientemente un trabajo de tiempo completo en la construcción. Esto aumenta la probabilidad de llevar el virus a casa, pero Mariana tiene un plan: cualquiera que se enferme se quedaría en el dormitorio, mientras que los que sigan sanos dormirían en la sala.

Incluso de esta forma, deben unos $2,400 de renta vencida.

“No sé cuánto tiempo nos vayan a querer seguir apoyando. Por mientras, pues todavía vamos a estar aquí”, dijo Mariana.

Mariana ha considerado mudarse con su familia a una habitación de una vivienda que compartirían con otras familias, aunque sabe que el riesgo de enfermarse aumentaría.

En México, Mariana era trabajadora social y no le molesta aceptar ayuda cuando la necesita. Acude al banco de alimentos y recibe pañales gratuitos de parte de una organización sin fines de lucro. También esperaba calificar para obtener $1,000 de recuperación estatal en caso de desastres para personas indocumentadas. Pero cada vez que llamaba, las líneas telefónicas estaban saturadas, comenta Mariana en español, haciendo una pausa para consolar a su hijo de dos años de edad que repentinamente comenzó a llorar porque desapareció su programa de televisión cuando su hermana tomó el mando del control remoto. Una vez, permaneció al teléfono durante 11 horas sin recibir respuesta.

Mariana dijo que la ayuda sería un alivio para su familia: “un descanso, un alivio”.

“(Pero si) no se logran, van a ser consecuencias difíciles” comentó.

Este artículo forma parte del proyecto California Divide, una colaboración entre salas de redacción que analiza la inequidad de ingresos y la sobrevivencia económica en California.

Acerca de los datos

Analizamos datos de casos por código postal de los departamentos de salud de nueve condados: Riverside, San Diego, Orange, Alameda, Santa Clara, San Francisco, Kern, Tulare y Sacramento. Además, el condado de Los Ángeles publica datos de los casos por cada área estadística del condado, y no por código postal, por lo que en ese caso usamos esas áreas). Excluimos datos de casos de las partes no incorporadas del condado, porque esas áreas no correspondían a los límites geográficos para datos del censo.

Los datos demográficos y de población para cada vecindario se basan en información de las Encuestas de Comunidades Estadounidenses de 2014 a 2018.

Nuestro análisis excluye a los vecindarios que tienen menos de 2,500 residentes y tuvieron menos de cinco casos de COVID-19. Además, el condado de Orange ya había excluido todos los códigos postales con menos de cinco casos, sin importar el tamaño de la población, como el condado de Alameda para todos los códigos postales con menos de diez casos, y Tulare para todos los códigos postales con menos de 11 casos.

El análisis de las viviendas de alto riesgo se basa en información de las Encuestas de Comunidades Estadounidenses de 2013 a 2017 a través de IPUMS USA, Universidad de Minnesota.

Lea más acerca de cómo CalMatters analizó la relación entre COVID-19 y la vivienda en situación de hacinamiento. Cualquier pregunta acerca de los datos pueden enviarse a la reportera de CalMatters Jackie Botts al jackie@calmatters.org.

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