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Hacinamiento: Un factor que aumenta la propagación de COVID-19 entre los trabajadores esenciales y de servicios

Kate Cimini, The Salinas Californian; Jackie Botts, CalMatters

Hasta el inicio de la pandemia, cada día de los últimos diez años, Isidoro Flores Contreras se paraba a la orilla del estacionamiento del Costco de Sand City, a unos pasos de los arcos de McDonald’s, vendiendo ramos de flores de $15. 

Sin importar el clima, caminaba lentamente de ida y vuelta por la acera, con dificultad en su andar, mientras mostraba los ramos frente a los autos. Detrás de él, de unas grandes cubetas blancas sobresalían más flores inclinadas como sombrillas en una playa saturada. 

Flores Contreras, quien se lleva a casa unos $300 a la semana, cerró su negocio durante 15 días cuando el condado de Monterey emitió su decreto de no salir de casa, y regresó cuando lo permitió el reglamento a principios de mayo. De regreso en su esquina, aunque usa un cubrebocas de tela color negro impreso con el logo de los LA Kings, Flores Contreras ahora es mucho más vulnerable al virus, al estar expuesto a docenas de personas todos los días en el trabajo y en casa.

En California, los trabajadores esenciales y de servicios como Flores son los más severamente afectados por el coronavirus, al igual que las personas con quienes comparten vivienda. Él vive en el código postal más poblado del condado de Monterey, durmiendo en situación de hacinamiento en la sala de una casa de dos dormitorios que comparte con otras cuatro personas. 

Las condiciones de vivienda de Flores Contreras lo hacen correr un alto riesgo: Los códigos postales más pobres están sufriendo más por el coronavirus, en donde la mayoría vive en viviendas en condiciones de hacinamiento, de acuerdo con un análisis de datos de vivienda y salud de The Californian y CalMatters. Los millones de californianos que viven en hogares en condiciones de hacinamiento son más proclives de contagiarse.

El 16 % de los californianos bien en condiciones de hacinamiento

Los vecindarios más afectados tuvieron tres veces la tasa de sobrepoblación y dos veces la tasa de pobreza que los vecindarios que en su mayoría han escapado del virus. Y los vecindarios con la mayor cantidad de contagios están poblados en forma desproporcionada por personas de color. 

Unos 6.3 millones de californianos, o 16 %, habitan en viviendas en condiciones de hacinamiento. Un tercio de ellos, 2.1 millones, habita en viviendas gravemente sobrepobladas. California tiene la segunda tasa más alta de viviendas sobrepobladas en el país; unas 2.5 veces más alta que la tasa a nivel nacional. 

Más o menos dos tercios de las personas que habitan en viviendas sobrepobladas (en condiciones de hacinamiento), unos 4 millones, son trabajadores esenciales o viven con al menos un trabajador esencial. 

Los expertos en salud dicen que esto crea la “tormenta perfecta” para el coronavirus: Muchas personas viven juntas en una sola vivienda que comparten durante la noche y durante el día trabajan en atención al cliente, expuestos a mucha gente, tanto en el trabajo como en casa.

“Algunas personas resultan más afectadas y esto refleja lo inequitativa que es nuestra sociedad”, dijo Justin Feldman, epidemiólogo social del Departamento de Salud Poblacional de la Facultad de Medicina de la NYU.

Isidoro Flores Contreras da un ramo de girasoles a uno de sus clientes. Da crédito a Herbalife por ayudarle a caminar de nuevo, y cree que también le ayudará a mantenerle a salvo del nuevo coronavirus. 15 de mayo de 2020.

Los puntos conflictivos de viviendas en condiciones de hacinamiento están repartidos por las áreas urbanas y rurales de California, incluyendo Salinas Valley, la parte sur de Los Ángeles, Oakland y poblaciones del desierto cerca de la frontera entre México y los Estados Unidos.

El condado de Monterey, hogar de muchos trabajadores agrícolas, es líder estatal en sobrepoblación, donde una de cada siete viviendas está en condiciones de hacinamiento. En los condados de Monterey y San Benito, más o menos una de cada diez viviendas está en condiciones de hacinamiento e incluye a un trabajador esencial, lo que conforma la tasa más alta en el estado.

El Alisal, un vecindario de Salinas, está repleto de trabajadores agrícolas y de servicios, como Flores Contreras, quienes viven en lugares al doble o triple de su capacidad para que les alcance y puedan pagar la renta. No obstante, durante una pandemia, esto puede ser mortal.

Las comunidades con altas tasas de hacinamiento resultan más afectadas que las demás

Durante las noches, Flores Contreras se acuesta en la sala de una casa de dos dormitorios en el Alisal, una comunidad de mexicanos y mexico-estadounidenses donde 61,000 personas viven aglomeradas en una parcela de menos de tres millas cuadradas que se anexó a Salinas en 1963. 

Decenas de miles de residentes del Alisal son trabajadores agrícolas y se consideran trabajadores esenciales durante los decretos de no salir de casa. El ingreso promedio en el Alisal es de $49,659 y 22 % vive en la pobreza, de acuerdo con datos del Censo. 

Una mujer pasa por East Alisal Street el viernes, 10 de abril 2020.

Los trabajadores agrícolas se encuentran excesivamente representados entre los diagnosticados con COVID-19. En el condado de Monterey, el Alisal es el centro de la epidemia del coronavirus. Alrededor del 31 % de los pacientes con un diagnóstico de COVID-19 en el condado de Monterey viven en el código postal 93905, donde vive Flores Contreras, aunque solo el 14 % de la población del condado reside ahí.

Muchos, como él, rebasan dos o tres veces la capacidad de las viviendas, lo cual aumenta el riesgo de contagio. 

Flores Contreras paga $300 al mes de renta, equivalente a una semana de sus ingresos. Dos parejas rentan los dormitorios. No hay manera de que alguno pueda aislarse en casa si otro se contagiara del virus, dijo Flores Contreras.

La Oficina de Censos define sobrepoblación (o hacinamiento) como una vivienda con más personas que habitaciones, mientras que una con más de 1.5 personas por habitación está definida como gravemente sobrepoblada. 

La situación de sobrepoblación o hacinamiento en las viviendas de California se deben, en parte, al altísimo costo de la vida. En casi un tercio de los hogares que se rentan en California se gasta más de la mitad de los ingresos en pagar la renta. Y a pesar del reciente incremento en los costos de vivienda, la tasa estatal de viviendas sobrepobladas se ha mantenido estable desde 2009, de acuerdo con datos del Censo.

El impacto de COVID-19, a 22 millas de distancia

En el condado de Monterey, la relación entre el hacinamiento y COVID-19 es clara. Comparando sus 11 códigos postales, las cinco áreas más afectadas por el virus tuvieron una tasa de viviendas sobrepobladas 2.5 veces mayor que las áreas con menor cantidad de gente diagnosticada, hasta el 8 de junio.

En Salinas, asentados entre dos cadenas montañosas y enraizadas en fértiles campos agrícolas, alrededor del 19 % de los hogares están en situación de hacinamiento. Acotadas por el código postal 93905, donde está el Alisal, 31 % de las viviendas están en situación de hacinamiento. En promedio, cada vivienda es habitada por 4.5 personas.

A 22 millas hacia el oeste, se llega a Carmel-by-the-Sea, un acaudalado pueblecito adoquinado y repleto de robles de menos de 4,000 habitantes a orillas del Océano Pacífico. Las calles son estrechas, las propiedades valen millones de dólares y, con frecuencia, están detrás de altos muros. 

Aquí, el ingreso promedio es de casi $91,000. Solo 3.9 % de los hogares está saturado, un fuerte contraste con las cifras que se manejan en el Alisal. 

Una pareja cruza la calle para hacer fila en una función donde distribuyeron mascarillas el 10 de abril 2020.

Menos de cinco personas (el límite de reportes del condado) han sido diagnosticadas con COVID-19 en Carmel-by-the-Sea, comparadas con 233 en el código postal del Alisal al 9 de junio, de acuerdo con el Departamento de Salud Pública del Condado de Monterey. 

Modelos creados en el Children’s Hospital of Philadelphia y la Universidad de Pennsylvania muestran que el hacinamiento y la densidad de población son los dos factores más importantes para la propagación del virus.

“Al medirlas contra un número de factores locales, vimos que las estrictas políticas de distanciamiento social y una baja densidad de población... fueron importantes para disminuir la propagación de este peligroso virus”, dijo el Dr. Gregory Tasian, miembro de la facultad en PolicyLab y profesor adjunto de epidemiología, quien trabajó en los modelos.

En la ciudad de Nueva York, el saldo de contagios del nuevo coronavirus ha sido mayor en los vecindarios con viviendas en situación de hacinamiento.

Un análisis de datos realizado en abril del departamento de urgencias de la ciudad de Nueva York reveló que los vecindarios con mayores tasas de hacinamiento residencial tendían a tener aumentos mayores en las visitas al departamento de urgencias por enfermedad tipo influenza en marzo, en comparación con las los cuatro años anteriores. 

Feldman, epidemiólogo social de NYU, dijo que, aunque los datos muestran una correlación, no una causa, el resultado tiene sentido.

“Lo que generalmente hemos visto son tasas de contagio muy altas dentro de una vivienda. Una vez que una persona se contagia, es muy fácil contagiar a las otras personas de su vivienda. Uno puede imaginar que, si hay menos espacio, si tienen que compartir una habitación, va a ser realmente difícil que alguien se aísle”, dijo Feldman. 

Una persona camina cerca de una función donde distribuyeron mascarillas el 10 de abril 2020.

También observó que los vecindarios con más residentes nacidos en otro país tenían aumentos mayores en las visitas por síntomas similares a la gripe, en marzo, al igual que los vecindarios de mayor pobreza y vecindarios con más residentes latinos. Esto, también, dijo que tristemente es algo lógico.

“¿Y quiénes sabemos que habitan en viviendas en situación de hacinamiento?”, preguntó Feldman.  “Las personas que tienen menores ingresos, es más probable que sean inmigrantes, más probable que tengan que ir a trabajar”.

Trabajadores esenciales hacinados en las viviendas

El distanciamiento social es especialmente difícil para los trabajadores esenciales, quienes deben dejar sus hogares con regularidad para mantener al resto de los estadounidenses bajo techo y con comida en la mesa.

Más o menos dos tercios de los californianos que habitan en viviendas en situación de hacinamiento, alrededor de 4.1 millones de personas, son trabajadores esenciales o comparten vivienda con al menos un trabajador esencial. Más de 158,000 personas mayores de 65 años de edad habitan en una vivienda en situación de hacinamiento, donde al menos un integrante es un trabajador esencial.

De acuerdo con un análisis realizado por el Instituto de Políticas Públicas de California (PPIC, por sus siglas en inglés), es más probable que los trabajadores esenciales habiten en viviendas en situación de hacinamiento que los no esenciales, 16 % contra 12 %. Más de una tercera parte de la fuerza laboral de California trabaja en empleos esenciales, lo que significa que deben estar físicamente presentes, como en la agricultura, la pesca o la silvicultura. Y casi un tercio de los trabajadores agrícolas y la gente que trabaja en restaurantes vive en hogares sobrepoblados. 

“Comparados con los trabajadores no esenciales, corren un mayor riesgo de contagio porque siguen circulando entre las demás personas a pesar del cierre de actividades”, escribieron las investigadoras del PPIC Marisol Cuellar Mejia y Paulette Cha.

Las viviendas en situación de hacinamiento también hacen que los latinos corran un riesgo mayor. Es casi ocho veces más probable que los hogares latinos estén sobrepoblados que los hogares de gente blanca. 

Más de tres entre cada cuatro residentes del condado de Monterey a los que se les ha diagnosticado COVID-19 son de origen hispano o latino, un porcentaje mucho mayor, comparado con el de la población hispana o latina del país (59 %), de acuerdo con datos de las Encuestas de Comunidades Estadounidenses de la Oficina de Censos. Alrededor del 40 % de las personas diagnosticadas trabajan en la agricultura. 

Oakland es otro lugar con amplias disparidades en contagios y condiciones de vivienda. En el código postal que incluye al acaudalado vecindario de Montclair y a la ciudad de Piedmont, solo 1 % de las viviendas está en situación de hacinamiento. Menos de uno de cada 1,000 residentes dio positivo en la prueba de coronavirus en ese lugar. Pero cruzando la ciudad, en vecindarios mayoritariamente latinos como Fruitvale, la tasa de contagios es seis veces mayor y 21 % de los hogares está en situación de hacinamiento.

El mismo patrón se da en el condado de Fresno. Mendota tiene la tasa de contagios más alta del condado y en su mayoría está sobrepoblada. En el extremo contrario del espectro está Clovis, que tiene 21 veces más personas blancas que Mendota y solo una cuarta parte de su tasa de pobreza. Tiene tanto la menor tasa de hacinamiento residencial como la menor afectación por la enfermedad.

Aislamiento en Los Ángeles 

En la clínica de salud de bajos ingresos en Los Ángeles donde trabaja el Dr. Efrain Talamantes, la mayoría de los pacientes que llegan con síntomas de coronavirus son latinos, de bajos ingresos y habitan en viviendas saturadas. Muchos limpian casas, trabajan en la construcción, en tiendas de abarrotes y cuidan a los adultos mayores.

Talamantes es director médico del Instituto para la Equidad en Salud de AltaMed Health Services, una clínica de salud con 35 sucursales en los condados de Los Ángeles y Orange, que prestan servicios a más de 300,000 personas.  

Comentó que prefiere no pedir a sus pacientes que viven con muchas otras personas, que se aíslen.

“Cuando le dices a alguno de los pacientes que viven en lugares donde no hay privacidad que se meta en una habitación y permanezca alejado de sus seres queridos, les parece algo ilógico”, dijo Talamantes.

Relató la historia de una empleada de tienda de abarrotes que tenía síntomas preocupantes. Necesitaba regresar a trabajar porque habían despedido a su pareja. Le dijo que ella tenía que permanecer en casa, y le preguntó si era posible que se aislara de su pareja y su criatura de tres años de edad, a quien le encanta trepársele. 

La respuesta fue no. 

En su pequeño departamento, no había dónde aislarse. No tenía familiares que pudieran dejarla quedarse con ellos y tampoco dinero para conseguir una habitación de hotel.

En casos como ese, el Talamantes trata de hacer énfasis en la higiene de manos y en usar un cubrebocas. 

Dijo que, con frecuencia, los pacientes están igual de preocupados por permanecer en casa como por el virus, y temen ser desalojados si su casero se entera de que se contagiaron de COVID-19.

Muchas veces se ve a sí mismo ofreciendo orientación médica con información sobre los derechos de las personas que pagan renta, incluida la suspensión en todo el estado de los desalojos de personas afectadas por el virus.

“Lo que más nos preocupa es cómo este virus va a afectar más la inequidad dentro de las comunidades donde hemos conseguido progresar tanto desde la última recesión. Realmente afecta a las comunidades donde se encuentran”, dijo Talamantes. 

En Los Ángeles, hasta dos de cada cinco viviendas están en situación de hacinamiento en algunos vecindarios. Las áreas más afectadas por la COVID-19 tuvieron dos veces la tasa de vivienda en situación de hacinamiento que las áreas menos afectadas.

Ricardo Hernandez con su esposa Alejandra Conde, sus dos hijos, Ricardo Jr. (al centro) y Sebastián, y los padres de Ricardo, Laurencio Hernández de 80 años de edad y Rufina Hernández de 76.

Ricardo Hernandez y su familia de cinco viven en West Adams, vecindario del sur de Los Ángeles, donde 83 % de los residentes son latinos o afroamericanos, en una vivienda de dos dormitorios y un baño que sus padres compraron hace años. 

En West Adams, alrededor del 17 % de las viviendas está en situación de hacinamiento, y hubo unos siete casos de coronavirus por cada 1,000 residentes a finales de mayo, casi tres veces la tasa estatal de 2.6 por cada 1,000.

Durante meses, Hernández, su esposa y dos hijos compartieron un dormitorio, mientras que la madre de él, quien tiene diabetes, y su hermano, superviviente de un trasplante de riñón, compartían el otro. Debido a sus problemas de salud, ambos son altamente vulnerables de sufrir graves efectos si llegaran a contagiarse del virus.

“Nos quitamos los zapatos antes de entrar a la casa, desinfectamos las perillas con frecuencia y nos lavamos las manos lo más que podemos”, dijo Hernández. 

Solo Hernández estaba trabajando, pero durante los decretos de no salir de casa, sus ingresos como gerente de marketing eran “suficientes para pagar nuestras cuentas, tarjetas de crédito, comestibles y otras necesidades básicas”.

Si alguno de ellos se contagiara de coronavirus, la familia planea aislar a la persona infectada en uno de los dormitorios, y desinfectar el baño cada vez que se use. 

Aunque era difícil, Hernández dijo que había sido benéfico permanecer en casa juntos durante la pandemia. 

“Siento que esta es una cura moral, mental y nos da tranquilidad, porque sabemos cómo estamos cuando nos vemos”, dijo.  

“Simplemente tengo que seguir las reglas como todo el mundo”

Para los trabajadores agrícolas de California, las viviendas en situación de hacinamiento son la norma, ya sean unidades de renta, un refugio para trabajadores agrícolas, o viviendas estilo cuartel militar proporcionadas por el empleador.

En el límite norte del lago Salton en el condado de Riverside, Gloria Gómez dirige el Galilee Center, una pensión para trabajadores agrícolas que se quedan en Mecca durante unos cuantos meses por vez, una parada en su viaje a través del estado para cosechar frutas y verduras frescas todo el año. 

“Le llaman ‘La corrida’”, dijo Gómez. (“The circuit”, en inglés). 

Gómez, quien trabajó como trabajadora del campo cuando era niña, inició el Galilee Center hace diez años porque los trabajadores agrícolas dormían en automóviles o en los parques.

Sin embargo, la pandemia cambió completamente sus operaciones.

El centro amplió su horario a 24 horas al día, proporciona tres comidas completas al día en vez de dos y dejó de cobrar a los trabajadores agrícolas los $7 normales al día por habitación y comida. El personal movió las camas para que estuvieran a seis pies de distancia, redujo la cantidad de residentes y limpia los dormitorios cada dos horas para prevenir la propagación del virus. 

“Les dije (a los trabajadores agrícolas): ‘Estamos aquí para salvarles la vida’”, dijo Gómez. “‘Por favor, salven nuestras vidas quedándose en nuestro lugar cuando no estén trabajando’”.

Los solicitantes de asistencia financiera en ese lugar han aumentado muchísimo; el centro está gastando $20,000 al mes cuando solía gastar $2,000. Y cerca de 700 familias se han presentado en el banco de alimentos del centro, más de tres veces la cantidad que había antes de enero. El Galilee Center está sufriendo al tratar de encontrar suficientes donaciones.

Gómez dijo que varios de los trabajadores agrícolas se han contagiado del coronavirus de algún otro familiar de su hogar, incapaces de aislarse adecuadamente en la cuarentena en viviendas demasiado pequeñas. En semanas recientes, Mecca tuvo a tres trabajadores del campo que fallecieron debido a COVID-19, de acuerdo con el Desert Sun. 

Enrique Reyes, trabajador agrícola de Mecca, tiene una de las 34 codiciadas camas para trabajadores del campo en el Galilee Center, todas agrupadas en un gran dormitorio.

Antes de que comenzara la pandemia, se peleó con su mujer y se mudó del remolque de dos dormitorios de Salton City que compartían con sus dos hijos y dos nietos. Pero ahora, dijo, no quiere volver a mudarse por miedo de llevar el virus a su hogar. 

Reyes estaba viviendo en una unidad de almacenamiento en Mecca a principios de la temporada, pero hacía demasiado calor, comentó. La temperatura puede alcanzar más de 100 grados Fahrenheit desde el mes de abril. Se sintió aliviado cuando se le asignó una cama del refugio. 

Al ser trabajador agrícola no puede perder un día de trabajo, y el país no puede darse el lujo de tener escasez de alimentos, dijo.

Un agricultor se prepara para descansar durante la noche en el Galilee Center, un refugio para migrantes, el cual da alojamiento a trabajadores migrantes que viajan a Coachella Valley desde otras partes del estado y desde Mexicali, México. Este agricultor se va a casa los viernes hasta Mexicali y regresa a trabajar durante la semana en Coachella Valley y duerme en el refugio. El refugio ha preparado camas separadas a 6 pies de distancia como precaución contra la COVID-19.

En su trabajo, Reyes trata de protegerse con el distanciamiento social, lavándose las manos y con PPE, pero sabe que corre el riesgo de contagiarse del virus. Vio su decisión de permanecer lejos de su familia como una forma de mantenerlos a salvo. 

“Nada es cien por ciento,” dijo Reyes. “¿Qué más puedo hacer? No me puedo ir a la luna ni llevar mi familia a la luna. Tengo que seguir las reglas como todas las personas”.

J. Omar Ornelas del Desert Sun, Jacqueline Garcia de La Opinión y Matt Levin de CalMatters contribuyeron a esta historia.

Este artículo forma parte del proyecto California Divide, una colaboración entre salas de redacción que analiza la inequidad de ingresos y la sobrevivencia económica en California. Kate Cimini es periodista multimedia para The Californian. Ella reportó esta historia con el apoyo de USC Annenberg Center for Health Journalism California Fellowship. Te puedes comunicar con ella al 831-776-5137 o al correo electrónico: kcimini@thecalifornian.com. Subscríbete y apoya el periodismo.