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Haya o no dinero para comida, los niños siguen con hambre

David Rodriguez
Salinas Californian
Aldo Salvador, a la izquierda, y su hermana Resi aparecen juntos en esta foto, en su departamento de dos dormitorios en el lado norte de Salinas, el sábado 16 de mayo de 2020.

SALINAS, Calif. – Tres hermanos sentados a la mesa de madera en el soleado comedor de su departamento de dos dormitorios en North Salinas, con dos cajas de pizza de pepperoni de $5 apiladas sobre la mesa, van devorando una rebanada tras otra. 

Mientras Jesús, el menor de 3 años de edad, terminaba su pizza, un pepperoni se cayó sobre la mesa.  Tomó el pepperoni, lo elevo hacia su cabeza y lo dejó caer en su boca.

Melitón Salvador, padre de los niños, observaba a sus hijos disfrutar de la comida. Como trabajador de mantenimiento de una compañía de champiñones de Watsonville, el Sr. Melitón es la única fuente de ingresos de su hogar, formado por él, Resi de 19 años de edad, Aldo de 11, Hugo de 7, Jesús de 3 y Constanza, su esposa embarazada. Lo que ayuda a alimentar a su familia es la comida rápida, además de los cupones y las ofertas.

“En este momento mi mayor motivación son mis hijos”, dijo el Sr. Melitón en español. “Mis pequeños no saben de dónde proviene la comida. Son como polluelos con sus picos abiertos que esperan que el alimento caiga dentro de sus boquitas. No saben si hay dinero o no; siguen con hambre, así que cada vez que despierto, lo tengo en cuenta”.

Momentos de incertidumbre

Mientras que muchos estadounidenses se preocupan por el flujo y la disponibilidad de la comida debido a los cierres generalizados de las empresas y por los brotes de coronavirus durante el pico de la pandemia, a familias como los Salvador les preocupa poder adquirir comida. 

La compañía del Sr. Melitón despidió a 15 de sus 60 empleados, comentó. Los despidos en Fitz Fresh empezaron poco después de que entrara en vigor el decreto de no salir de casa en California. El Sr. Melitón teme que su empleo pueda ser el próximo. 

Alrededor del 61 % de los adultos hispanos dicen que ellos o alguien de su hogar han perdido su trabajo o han aceptado una reducción de su salario debido a la epidemia de coronavirus, de acuerdo con una encuesta de Pew Research realizada del 7 al 12 de abril. En contraste, 50 % o menos de los adultos afroamericanos y blancos reportaron la pérdida de su empleo o un recorte de su paga en medio de la pandemia.

La probabilidad de que los adultos sin una licenciatura reporten la pérdida de su empleo o del salario en sus hogares, es más alta que para los graduados universitarios, de acuerdo con la encuesta de Pew. 

“A mi mamá y a mí nos preocupa que (Melitón) reciba menos dinero, principalmente porque él es el que contribuye para pagar los gastos y la renta de la vivienda”, dijo Resi. “Este verano, no sé si pueda encontrar un empleo debido a la pandemia, y no quiero que él se preocupe por mí en el aspecto financiero. Así que estoy estresada”.

El Sr. Melitón emigró a Soledad, California, en 1996. Su lengua materna es el mixteco, lengua indígena, que no se habla ampliamente en los EE. UU. Este obstáculo limitó las oportunidades de empleo del Sr. Melitón en sus años de juventud. Su español sigue perfeccionándose.

Aparte de su madrastra y de su padre, Resi y su hermano Aldo son los únicos de su hogar que hablan mixteco. Y no lo hablan bien, dijo Resi.

Sin embargo, Resi les traduce a sus padres regularmente.

“Es una lucha obtener recursos debido a que los idiomas dominantes en este lugar son el inglés y el español”, dijo. “Con el poco español que mis padres saben, medio entendieron lo que es la COVID-19, pero no totalmente. No sabían mucho sobre la COVID-19 hasta el decreto de no salir de casa. Ahí es cuando empezaron a asustarse porque no sabían qué hacer”.

Miguel Alcalá, a la izquierda, y su colega Emilio Velasco llevan cajas llenas de almuerzos donados por los propietarios de negocios locales para distribuirlos a los trabajadores agrícolas en Salinas, Calif., el 16 de mayo. Cada bolsa de comida contiene un sándwich de carne deshebrada, papas fritas y agua embotellada.

Al Sr. Melitón le pagan $14 la hora en una empresa productora de champiñones y trabaja hasta 10 horas al día. Gana $2 más que el salario mínimo en California. 

El departamento familiar de dos dormitorios y dos baños cuesta $1,300 al mes; un buen precio en Salinas, uno de los lugares más caros para vivir del país. Los departamentos de dos dormitorios en el área cuestan un promedio de más de $1,600 mensuales. 

Más de 90,000 trabajadores agrícolas viven en la región, y ganan un promedio de $17,500 al año, de acuerdo con el Departamento del Trabajo de los Estados Unidos. Después de pagar la renta, a muchas familias les queda poco dinero para invertirlo en comida. 

El efecto dominó 

Muchos residentes ya estaban batallando con la inseguridad alimentaria. Al sumar la pandemia del coronavirus a la crisis económica, la amenaza se ha incrementado.

De acuerdo con el Departamento de Salud Pública de California, cerca del 10 %, o 40,770 personas del condado de Monterey, donde vive la familia Salvador, sufrían de inseguridad alimentaria antes de la pandemia. El departamento define la inseguridad alimentaria como la condición económica y social del hogar de tener acceso limitado o incierto a alimentos adecuados.

Veinte por ciento de los niños menores de 18 años del condado de Monterey tienen inseguridad alimentaria comparados con el 19 % de California, o 1,731,270.

Cuando se vaciaron los estantes de las tiendas de abarrotes después de las primeras noticias de la propagación del coronavirus, la familia Salvador aprovechó la comida que había almacenado gracias a ofertas previas en las tiendas locales. Conforme continuaba la crisis, la familia dependía de la comida rápida y de los alimentos no perecederos recibidos gracias a las distribuciones anteriores de los bancos de alimentos.

“Antes de la pandemia, solíamos ir a (los bancos de alimentos) los sábados, domingos o viernes”, dijo Resi. A veces, viajaban 20 millas para encontrar un banco de alimentos. “Cada área tiene cosas diferentes. Tenemos costales de frijol y de arroz”.

En el único banco de alimentos del condado de Monterey, a Melissa Kendrick, directora del Food Bank For Monterey County, le preocupa mantener la alimentación de los residentes que ya están en dificultades durante la prolongada epidemia del virus y su más lenta recuperación. 

“Éramos uno de los condados donde había más hambre en el país antes de esta pandemia”, explicó.

El banco de alimentos que dirige ahora ayuda a 240,000 personas, o 60,000 familias al mes.

“En este condado, la hospitalidad ha sido diezmada”, dijo la Sra. Kendrick. “Desafortunadamente, vamos a tener una prolongada recuperación con forma de “L” en este condado, lo que significa que vamos a ver de 12 a 18 meses en los que tendremos que mantenernos así”.

El alcance del virus ha significado no solo que más personas necesiten ayuda para conseguir alimento, sino que la comida en sí también se ha vuelto más costosa.

“Productos básicos como los frijoles pintos subieron un 64 %, la crema de cacahuate, un 67%, la salsa para pasta subió 82%”, dijo la Sra. Kendrick. “Los precios de los productos que compramos han subido por los cielos. Lo estamos viendo en el supermercado... Tenemos una mayor necesidad, un mayor costo. Es una de esas ‘tormentas perfectas’”. 

“Hay muchas personas sufriendo”

Como representante de sus padres, Resi participa en la League of United Latin American Citizens o LULAC (Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos). Esta liga busca mejorar la vida de los latinoamericanos que viven en los EE. UU. a través de programas comunitarios. 

“Si necesitamos comida, ellos nos ayudarán”, dijo Resi. “Principalmente dependemos de los bancos de alimentos para obtener frijol, arroz, pasta, salsa de tomate, fruta, papas, lo básico. Ahora, durante la pandemia, no hemos ido a los bancos de alimentos”.

Se ha comunicado con Christopher Barrera, presidente del Salinas LULAC Council 2055, y le pidió bolsas adicionales de comida.

“Hay muchas personas sufriendo”, dijo el Sr. Barrera.

Con la creciente necesidad, el Food Bank for Monterey County está experimentando una escasez de alimentos, lo cual hizo que LULAC usara sus propios recursos para complementar la distribución de alimentos en el condado, dijo el Sr. Barrera.

Con ayuda de The Food Bank for Monterey County, el Sr. Barrera empezó a organizar eventos de distribución de alimentos de LULAC para complementar a los sitios existentes. Desde mediados de marzo, LULAC ha llevado a cabo 18 distribuciones, entregando entre 500 y 1500 bolsas con crema de cacahuate, arroz, frijol, pasta, espagueti, frutas y verduras y agua en cada distribución.

“Cuando estamos en una distribución de alimentos en East Salinas y ves llegar a toda esta gente, no los cuestionamos si necesitan más de una bolsa, si necesitan tres, cuatro, cinco bolsas”, dijo el Sr. Barrera. “Se las damos. No estamos limitando cuántas pueden recibir. Pienso que nuestras comunidades merecen mucho más”.

Para la familia Salvador, los servicios de alimentos en su comunidad son esenciales.

“Apenas tengo suficiente dinero para sacar adelante a mi familia. A veces me pongo triste”, dijo el Sr. Melitón. “Pero así es la vida. Hay personas allá afuera que están peor que mi familia y yo, así que trato de ser agradecido por lo que sí tengo... Siempre y cuando siga velando por mis hijos, seguiré trabajando”.

Este trabajo se realizó como parte de la colaboración con CatchLight, organización de narrativa visual sin fines de lucro del Área de la Bahía, y es la primera de una serie continua de historias que siguen el impacto de la COVID-19 en las familias de trabajadores agrícolas de Salinas. 

Hugo Salvador come una cereza directo de la bolsa mientras ve la televisión. Detrás de Hugo está la pila de alimentos enlatados no perecederos que ha recibido la familia Salvador en diferentes eventos de distribución de alimentos.

La Cadena Alimenticia de Estados Unidos: ¿Quién alimenta a la nación durante la pandemia de COVID-19? 

Mientras muchos de nosotros en los Estados Unidos nos refugiamos en nuestros hogares bajo el decreto de no salir de casa, algunas personas más tuvieron que aventurarse y salir día tras día para contribuir a la alimentación del país.  

Para que la comida llegue del campo a nuestra mesa, ellos siguieron trabajando, a veces sin las protecciones que nos han dicho son esenciales para protegerse contra el coronavirus, para que Estados Unidos pudiera alimentarse.  

A través de una serie ocasional de íntimos retratos, periodistas de USA TODAY Network ilustraron sus vidas y su trabajo.

El proyecto America's Food Chain (Cadena Alimenticia de Estados Unidos) viajó junto a un conductor de camión por todo un sector en el oeste: visitaron a restauranteros en Chicago y Des Moines, oyeron hablar de naranjas sin recolectar que caían al suelo en Florida, caminaron por la playa con un productor de ostras en el Pacífico Noroeste, se unieron a un conductor de Instacart y a voluntarios de entrega de comida y destacaron las historias de muchos otros.

Este es el último artículo de la serie de varios meses. Cuenta la historia de una familia que representa a muchas de las grandes ciudades y pequeños pueblos de todo el país:  Una familia que apenas puede pagar su comida en tiempos normales y que batalla aún más mientras prevalece la ira del virus. Su historia, como muchas de las que incluye la serie, muestra la interconexión, los eslabones críticos, en la Cadena Alimenticia de Estados Unidos.