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Californianos apoyan cierre de frontera entre México y EE. UU. debido al COVID-19, aunque separe a familias

Kate Cimini
Salinas Californian
Un retrato de Cruz Santiago usando su mascarilla, sombrero y lentes de sol mientras trabaja para cortar todas las hierbas del suelo durante su turno, el 24 de marzo de 2020.

Con el cierre de la frontera sur de los EE. UU. debido a la pandemia, muchos mexicanos residentes en California (tanto originarios de México como nacidos en EE.UU.) se encuentran físicamente distanciados de sus hogares o familias, mientras que otros enfrentan pausas indefinidas en sus casos de deportación o de residencia.

Brenda Martínez, estudiante de Hartnell College de 19 años, quien planea estudiar enfermería, dijo que, si el cierre de la frontera se prolonga durante meses, no podrá ver a su madre y hermanos este año. 

Hace cuatro años, tras el divorcio de sus padres, la Srta. Martínez se mudó de México al condado de Monterey para vivir con su padre. Sus visitas semestrales son las únicas ocasiones en las que puede ver a su madre, su hermano y su hermana.

Estuvo hablando con su madre sobre reservar un vuelo a México para quedarse allá unos cuantos meses más, ya que está tomando sus clases en línea y sus turnos en la tienda Ross Dress For Less de Sand City fueron cancelados debido a la ordenanza de no salir de casa.

“Siempre voy a visitarlos durante el verano”, dijo la Srta. Martínez. “Ahora es posible que no los vea durante un año”.

"Está bien, si sigo con vida"

Trabajadores agrícolas de Norcal piscan fresas, temprano en la mañana del 31 de marzo de 2020.

El 19 de marzo, el presidente Donald Trump anunció que cerraría la frontera entre México y EE. UU. a los viajes no esenciales para ayudar a contener el brote del nuevo coronavirus. Los viajes esenciales incluyen los realizados con fines médicos, para asistir a instituciones educativas, con fines de respuesta ante alguna emergencia o de salud pública y de comercio legal transfronterizo. 

El 31 de marzo había ya más de 1,000 casos de coronavirus en México, de acuerdo con datos de la Universidad Johns Hopkins. El 25 de marzo, solo había un poco más de 400 casos.

De acuerdo con el Instituto de Políticas de Migración, un centro de estudios apartidista, alrededor de 11.3 millones de mexicanos viven en los Estados Unidos. Los inmigrantes mexicanos son el mayor grupo de extranjeros dentro del país y, en 2017, constituían el 25% de los 44.5 millones de inmigrantes en los EE. UU.

Blanca Zarazúa, abogada de inmigración con sede en Salinas, dijo que la pandemia de COVID-19 ha causado pánico entre las personas en proceso de afrontar una orden de deportación o de obtener su visa de residencia o la ciudadanía. Ese proceso, aunque se hizo más lento, no se detuvo, informó.

“Esto es terrible”, dijo la Lic. Zarazúa. “Tuve un cliente que llamó 12 veces a mi asistente, y después volvió a llamar. Le envié un mensaje de correo electrónico. Le dije que, por favor, tuviera fe en mí. No tiene que presentarse, (los tribunales) van a estar cerrados. Me parece que la gente está experimentando un elevado nivel de miedo”.

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Para aquellas personas que no se encuentran detenidas, sus audiencias de deportación han sido pospuestas, mientras que los casos de las personas detenidas siguen avanzando a través de videoconferencias. 

“Tengo una audiencia sobre casos de asilo que se pospuso hasta noviembre de 2021”, dijo la Lic. Zarazúa. “Está bien, si sigo con vida. La acumulación de casos va a ser cosa de locos”.

No obstante, esto no ha tenido un gran impacto sobre los viajes de los residentes locales a México, ya que esta no es la época más popular del año para viajar, dijo.

“De todos modos, no creo que muchas personas hayan tenido planes para viajar a México”, dijo la Lic. Zarazúa. “Me parece que hay más personas que se quedaron allá y que no pueden regresar, pero no creo que sean tantas. Incluso si hubieran podido ir (para Semana Santa), en México las actividades están suspendidas. No habría habido mucho que hacer”.

“Pero hay personas que se quedaron varadas”, comentó.

'Sofocante, como triste'

Lupita's Bakery ubicada en Seaside, California, el 31 de marzo de 2020.

Las respuestas al cierre de la frontera son encontradas. 

Zenaida Flores, copropietaria de Jimenez Fashions Clothing Store en Seaside, se sentó junto al mostrador en la parte de atrás de la tienda, detrás de los maniquíes con vestidos de lentejuelas y los jeans colgados en ganchos. 

Pese a que tiene familia en México, comentó que el cierre de la frontera no le afecta. 

“En este momento no les voy a ver”, dijo la Sra. Flores. “No pensamos ir de momento”, dijo. “No tenemos planes de visitarlos”, explicó.

Junto a Jimenez Fashions se encuentra Lupita's Bakery, una panadería en Seaside cuyos propietarios son padre e hijo. En el interior, se podían ver las vitrinas llenas de pan dulce mexicano. Toda la panadería olía a pan y fruta, y la banda sonora de la película “Coco” se escuchaba en los altavoces.

Un letrero en la puerta pedía que solo seis clientes estuvieran a la vez dentro de la panadería. Junto a las charolas y pinzas para pan apiladas en la parte del frente de la panadería había una botella grande de desinfectante de manos color verde.

Alan Morales, el hijo del equipo padre e hijo, dijo que su papá viajó a México durante el invierno y que regresó a California unas cuantas semanas antes de que Trump anunciara el cierre. Expresó que le alegraba que su padre no estuviera varado del otro lado de la frontera.

Pero su padre no estaba demasiado preocupado por lo que hubiera podido suceder, dijo. 

“No hemos hablado de eso”, dijo el Sr. Morales.

Edwin Joel Pérez ha trabajado durante dos años piscando moras en Salinas. Aunque es originario de El Salvador, al sur de México, calificó al cierre de la frontera como algo “sofocante, como triste”, comentó. No puede regresar a El Salvador con su familia.

“No puede pasar la gente por El Salvador” dijo el Sr. Pérez. “Si quieren pasar, las detienen en la frontera”.

Por el bien mayor

Un cliente camina frente a Lupita's Bakery, el 31 de marzo de 2020.

En los días y semanas recientes, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, ha exhortado a sus ciudadanos a “vivir la vida de manera normal”.

Mientras que varios países latinoamericanos han adoptado medidas agresivas para lidiar con el coronavirus, como cerrar sus fronteras a los extranjeros y declarar estados de emergencia, México solo ha comenzado a tomar medidas a medias, informó Associated Press.

López Obrador y su gobierno aplazaron la suspensión de actividades hasta fines de marzo, alegando que dañaría de manera desproporcionada a la gente pobre y que sería una carga psicológica para todos los mexicanos. 

De acuerdo con los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos, mantener una distancia física de seis pies o más de las personas con las que uno no vive es crucial para ayudar a detener la propagación del coronavirus.

Pero López Obrador continuó asistiendo a grandes reuniones públicas, saludando de mano y besando niños. Al preguntarle cómo estaba protegiendo a México, sacó dos amuletos religiosos de su cartera y los presumió con orgullo, informó Associated Press en un artículo de mediados de marzo.

“El escudo protector es el 'Detente, Satanás'”, dijo López Obrador, leyendo la inscripción del amuleto. “Detente enemigo, que el Corazón de Jesús está conmigo”.

En tan solo seis días, la cantidad de casos positivos de coronavirus en México ha llegado a más del doble, de acuerdo con datos de la Johns Hopkins.

“Creo que el presidente López Obrador está tratando de proyectar confianza y minimizar el riesgo”, dijo Jesús Silva-Herzog, comentarista político y profesor del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey. Pero, agregó, “me parece que lo que acabó haciendo fue restar importancia a los riesgos asociados con la emergencia y enviar mensajes que contradicen lo que se está diciendo en casi todas partes”.

México cuenta solo con 5,000 camas de urgencias y unas 1,500 habitaciones de cuidados intensivos o selladas, para una población de más de 125 millones de habitantes.

Si las cifras siguen aumentando, México podría enfrentar desafíos similares a los que están enfrentando Italia, China y los EE. UU. en cuanto a la administración del flujo de pacientes en los hospitales y la escasez de equipo de protección personal. 

Cruz Santiago, trabajadora agrícola de Salinas, dijo que era algo triste que tantas personas no pudieran ver a sus familias, especialmente durante una pandemia internacional.

Pero, dijo, es por el bien mayor, incluso si es algo inquietante.

“Con todo [lo] que está pasando, es también para el bien de los demás, sí, aunque está triste”, comentó.

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David Rodríguez, USA Today y The Associated Press contribuyeron a este artículo.

Kate Cimini es una periodista multimedia de The Californian. Llámela al (831) 776-5137 o envíe un mensaje de correo electrónico a kcimini@thecalifornian.com. Suscríbase para apoyar al periodismo local.