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Al acercarse la noche, una tonalidad naranja oscuro cae sobre el parque Closter del este de Salinas durante la puesta del sol.

Las canchas de básquetbol están llenas de los sonidos del juego y de las quejas contra las faltas cometidas.

Los niños juegan en los campos, mientras las madres caminan con sus carriolas alrededor del parque en el cálido clima poco habitual de febrero.

En la esquina más alejada del parque, dos hombres vigilan a un apretado grupo de jóvenes mientras corren. 

“Hace poco, alguien pasó por aquí en un auto y disparó hacia el parque” dijo Robert Medrano, presidente del Club de Boxeo de Salinas. “Pero continuamos aquí”.

Gracias al duro trabajo y dedicación de Medrano y de Robert Ávila, ha sido posible rescatar al Club de Boxeo de Salinas de sus tiempos difíciles para continuar ayudando a los jóvenes de la ciudad. 

De cara contra la adversidad

La última vez que el Club de Boxeo de Salinas salió en las noticias, no fue en las mejores circunstancias. Su antiguo entrenador Daniel Luján fue condenado a seis años de prisión en 2013 por abuso de menores. Después de la sentencia, el futuro del club era incierto.

“A veces contábamos con la asistencia de 80 jóvenes”, dijo Medrano. “Así que acudimos al ayuntamiento. Lo que hizo Luján estuvo mal, pero ya se fue. Ahora, pensemos en estos chicos, ¿qué van a hacer?”

En lugar de cerrar el club, Medrano lo mantuvo abierto. Había tomado varias clases en la Universidad Estatal de California en la Bahía de Monterey y sabía que tenía los conocimientos ideales para ayudar.

“Ya tenía mi licencia de entrenador debido a mi hijo”, informó. “Así que ya estaba registrado. Tomé clases de nutrición, me gradué en psicología y obtuve una especialidad menor en cinesiología tan solo para mis hijos”.

Medrano mantuvo el club en funcionamiento de la mejor manera posible durante los siguientes años, y su esfuerzo rindió frutos.

En 2015, después de los Juegos Olímpicos, Jamie Mitchell, uno de los boxeadores que asistió al Club de Boxeo de Salinas, atrajo la atención del equipo de Floyd Mayweather.

En el apretujado club, las fotografías de Mitchell sosteniendo trofeos y cinturones de títulos amateur llenan las paredes. María Jardines, una figura siempre presente en el club, terminó en segundo lugar a nivel nacional en la clase de peso 106 de las Olimpiadas Junior en 2017.

“Hemos tenido a muchos jóvenes que han pasado por aquí”, dijo Medrano, apuntando a las fotografías de Mitchell y Jardines que están en las paredes. “Pensamos que debíamos mostrar a algunos de los nuestros”.

La labor diaria

Después de media hora de correr en el parque Closter, los chicos entran en fila al apretujado club.

Las pesas y las máquinas se encuentran en la esquina de la izquierda. Hay varios sacos de boxeo cubiertos de cinta adhesiva, que cuelgan del techo. Algunos jóvenes toman cuerdas y comienzan a saltar, otros toman pesas y practican movimientos de boxeo o hacen flexiones en el cuadrilátero.

Algunos de los jóvenes mayores del grupo hacen desplazamientos laterales en círculos alrededor del cuadrilátero.

A pesar de la cantidad de actividad, el club está sorprendentemente silencioso, incluso con el sonido de la respiración, el rechinar del piso del cuadrilátero y los golpes de las cuerdas para saltar.

La hija de Ávila se desplaza por el club con una camiseta de Teenage Mutant Ninja Turtles y una sonrisa curiosa.

Cuando los jóvenes comienzan a entrenar, Medrano y Ávila les ayudan individualmente.

Daniel Rocha, estudiante de Alisal High, asiste con regularidad, aunque hace dos años apenas podía mover las muñecas. Rocha tiene parálisis del nervio radial, lo cual le afecta las manos. Ahora, ya puede golpear un saco usando guantes.

El entrenamiento de Ávila forma parte integral del desarrollo de Rocha en el gimnasio.

“Las primeras dos semanas fueron difíciles, y honestamente, yo quería renunciar”, dijo. “Le dije a Ávila: ‘Coach, no creo que el boxeo sea para mí’. Él me contestó: ‘Hazlo por ti. No permitas que otros te juzguen’”.

Rocha conecta su teléfono a la bocina grande que está enseguida de una de las peras. La canción “P.I.M.P” de 50 Cent resuena por todo el lugar, ahogando los demás ruidos mientras el aire se vuelve pesado y húmedo debido al ejercicio.

Ávila detiene a Rocha en medio de su práctica con un saco de boxeo para demostrarle cómo puede mejorar su posición para golpear con más fuerza y precisión.

Después, le ayuda a uno de los más jóvenes con su acondicionamiento, manteniendo alzadas las manos para que el chico se las golpee al terminar cada uno de sus saltos de rana.

Una impresión duradera

Ávila llegó a este club en 2015, y conocía a Medrano de su época como entrenador de fútbol americano. Había jugado como corredor en la preparatoria, pero había tenido dificultades para encontrar su camino fuera del emparrillado.

“Caminaba por las calles sin hacer nada”, dijo. “Me habría gustado tener un hermano mayor que me guiara. Crecí sin padre, mi mamá siempre estaba ausente y comencé a cuidar a mi hermano cuando tenía 11 años de edad”.

Ahora ayuda a jóvenes como Rocha, Jardines y docenas más que asisten durante la semana. Su hermano Rubén se está preparando para los Guantes de Oro de Salinas el 24 de febrero, así que acude constantemente al Club de Boxeo de Salinas después de entrenar en San José por la mañana.

Rubén no se olvida de hacer tiempo para los jóvenes y se asegura de estar ahí a las 4:00 P.M. para ayudarles a aprender habilidades, bajar de peso o divertirse.

Ante todo, él y Medrano quieren mantenerlos en el camino correcto y alejados de los problemas.

“Me encanta verlos y ser testigo de su éxito”, dijo Ávila. “Eso es lo más importante para mí. Yo no saco ni un centavo de esto. Lo hago porque pueden ayudarse a sí mismos y quizás, algún día, ayudar a sus familias”.

Hay jóvenes como Rocha y Jardines, que sin duda tienen posibilidades.

“Cuando vengo, nos motivamos mutuamente”, dijo Rocha. “Somos como una familia grande”.

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