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El campus de Hartnell College en el distrito de Alisal estaba lleno de actividad recientemente al iniciar un nuevo semestre. Se podía ver a los estudiantes con los ojos bien abiertos y casi aturdidos, mientras buscaban sus salones de clase.

Hartnell, un colegio comunitario cuya sede se encuentra en el centro de Salinas, cuenta con más de 17,000 estudiantes y casi el 60% de ellos son hispanos. Su campus satélite en Alisal, que se enfoca en la agricultura y cada vez más en la agrotecnología, abrió sus puertas en 2013.

Hartnell es una parte fundamental de lo que Dennis Donohue, antiguo alcalde de Salinas, denomina “la creación de un proyecto”, el desarrollo de una fuerza laboral bien educada y calificada que está lista para enfrentar una economía basada en los conocimientos.

“Salinas se está preparando para el futuro”, dijo Donohue, quien recientemente se unió a Western Growers para dirigir el crecimiento empresarial de su Centro para la Innovación y la Tecnología. “Estamos presenciando el origen de un movimiento muy interesante: el surgimiento de los jóvenes emprendedores latinos”.

Donohue mencionó a Anita García, una estudiante que está terminando el programa CSin3 en la Universidad Estatal de California en la Bahía de Monterey (CSUMB), y quien rechazó un empleo muy bien remunerado en Salesforce, la compañía de computación en la nube con sede en San Francisco.

“Eligió quedarse aquí”, dijo.

Una inversión

El Alisal es uno de los distritos más pobres de Salinas, donde múltiples familias viven hacinadas en casas diseñadas para una sola, y donde a veces cunde la violencia relacionada con las pandillas. Muchos de sus residentes son trabajadores en las industrias agrícola y de servicios.

El centro de Hartnell en Alisal, un campus pequeño pero moderno que tuvo un costo de construcción de $36 millones de dólares, y que se ubica en nueve acres de tierras agrícolas, es inusual entre los colegios comunitarios porque fue creado y financiado por la industria.

“El campus existe por y para la industria”, dijo Susan Pheasant, directora del Instituto de Negocios y Tecnología Agrícola de Hartnell. Los casi 150 miembros del consejo asesor del colegio, muchos de los cuales provienen de la industria, instituyeron un plan de estudios para combatir problemas como el de la falta de mano de obra y los límites en el uso de agua.

Algunos de los mayores benefactores del campus incluyen la Fundación de la Familia Tanimura, así como las marcas D’Arrigo Brothers, Ocean Mist, Taylor Farms y Fresh Express/Chiquita. Los salones de clases llevan los nombres de las compañías patrocinadoras, como el laboratorio de ciencias Fresh Express y el salón de clases Green Giant by Growers Express.

En menos de tres años, la inscripción ha aumentado hasta alcanzar 7,500 alumnos, y aproximadamente 3,000 de ellos estudian ciencias agrícolas y tecnología de alimentos. La edad promedio de 33 años de los alumnos refleja la demografía de Salinas, y la mayoría de los ellos son latinos e hispanos. Muchos representan al primer miembro de la familia que asiste a la universidad, y también muchos de ellos son hijos de personas que trabajaron en los campos o en las industrias empacadoras o enlatadoras.

Pheasant ha sido testigo de la creciente población femenina que quizás se ha visto motivada por las oportunidades de empleo. Además, Hartnell ofrece anualmente un programa en el que se asigna a 20 profesionales para trabajar con estudiantes mujeres.

Además del campus de Alisal, uno de los principales productos de Hartnell es el programa CSin3 que se ofrece de manera conjunta con CSUMB. Este programa permite obtener un título en tres años; los estudiantes obtienen un título de asociado de Hartnell y una licenciatura en informática e ingeniería de CSUMB. Todos reciben becas completas.

El programa está financiado por Andy Matsui, fundador de Matsui Nursery, un vivero de orquídeas. Matsui, quien inmigró proveniente de Japón a la edad de 19 años, nunca asistió a la universidad, pero es un sólido defensor de la educación. CSin3 fue idea de él.

Su hija, Teresa Matsui, quien ahora se encuentra a cargo del vivero, dijo que el programa está dirigido a los jóvenes de las comunidades marginadas.

Pheasant informó que quieren que los estudiantes se den cuenta de que la agricultura no se limita a los campos, sino que también incluye los laboratorios de investigación, la comercialización y la tecnología. El colegio dio inicio a un programa de internado competitivo de un semestre de duración con Mann Packingin, en el cual los estudiantes reciben crédito y experiencia laboral; incluso dos de ellos recibieron ofertas de empleo. A principios de este mes se llevó a cabo el evento iAgriculture, un día de desarrollo profesional enfocado en las oportunidades de la agrotecnología. Además, el campus ofrece una serie de programas de preescolar a 12° grado que incluyen un programa de la NASA, Coder Dojo y un club que pronto se iniciará y que lleva el nombre de Girls Who Code Club, para motivar a la juventud a explorar las carreras profesionales en ciencias, computación y tecnología. Aproximadamente el 40% de los 7,500 asistentes son niñas, dijo Maggie Melone-Echiburu, directora de los programas STEM de preescolar a 12° grado de Hartnell.

Es ahí donde se encuentra la conexión entre el programa CSin3 y STEM de preescolar a 12° grado; los estudiantes de CSin3 a veces dan clases en los grupos de STEM de preescolar a 12° grado, y recientemente, un exalumno de este programa se inscribió en CSin3.

Se alinean las constelaciones

Las empresarias de minorías en la agrotecnología están de acuerdo en que las cosas han estado cambiando. Parece que las constelaciones se están alineando, ya que el sector de la agrotecnología está tomando impulso y adquiriendo financiamiento a medida que la agricultura se ve obligada a innovar para seguir siendo competitiva.

Pam Marrone, directora ejecutiva y fundadora de Marrone Bio Innovations Inc., además de ser una empresaria pionera en la agrotecnología, se ha enfocado en ser mentora de una nueva generación de mujeres en esta rama. Marrone participa en los consejos de tres compañías de agrotecnología iniciadas por mujeres, entre ellas AgShift, creada por Miku Jha, y Redmelon Company, iniciada por Le Vuong.

“Abro mi directorio telefónico y las presento con inversionistas", dijo. “Les digo que vayan a la incubadora Village Capital, leo sus planes de negocios y a veces les ayudo con algo de dinero.

Definitivamente, habrá más mujeres debido a la oportunidad de ejercer una influencia para crear algo nuevo”.

Una cantidad creciente de mujeres está trabajando en los puestos ejecutivos de las compañías agrícolas, a la cabeza de las cuales se encuentran Taylor Farms, Driscoll’s y Tanimura & Antle. En Driscoll’s, una de las compañías productoras de bayas más grandes del mundo, los científicos que dirigen la sección de investigación y desarrollo son mujeres.

Tanya Mason, vicepresidente de desarrollo empresarial de Taylor Farms, quien ha escalado por la jerarquía de la compañía durante 14 años, observó que hay más mujeres trabajando en todos los aspectos de la agricultura.

“Hace 10 años, en los campos no se veía a tantas gerentes mujeres”, informó.

Una ciudad que ve hacia delante

En Salinas, los funcionarios están de acuerdo en que la agrotecnología es fundamental para el éxito de la ciudad.

“Vamos a fomentar la agrotecnología; lo hemos estado haciendo ya durante cuatro años, y ahora está comenzando a dar frutos”, dijo Ray Corpuz Jr., administrador de la ciudad de Salinas.

La diversidad es importante para lograr eso.

“La agricultura ha sido tradicional, un mundo de hombres, pero todo eso tiene que cambiar”, informó. “Tradicionalmente, no creo que antes hubiera caminos y expectativas que permitieran la participación de las mujeres de minorías”.

Corpuz mencionó la demografía de la ciudad: la edad promedio de sus habitantes es de 28 años, y aproximadamente 75% son latinos o hispanos.

“Entonces, ¿por qué no estamos haciendo más para que haya una participación completa?”

Una forma de resolver eso es la sociedad con Hartnell  y las otras cuatro ciudades del Valle de Salinas para capacitar a los trabajadores en agrotecnología.

Un tema en común

Digital NEST, una organización sin fines de lucro con sede en Watsonville, que recientemente ha ofrecido cursos de capacitación en alta tecnología y habilidades profesionales como la codificación, el diseño gráfico y la videografía para los jóvenes, se encontraba recientemente llena de jóvenes. Incluso durante las vacaciones de invierno, la institución que ocupa dos pisos de un edificio en el centro de Watsonville estuvo llena de actividades y de estudiantes de preparatoria que sienten una pasión por la tecnología.

El centro ofrece clases después del horario escolar en animación, programación y hasta diseño de sitios web. La mayoría de sus estudiantes nacieron y crecieron en Watsonville, una ciudad de aproximadamente 52,000 habitantes que se encuentra entre San José y Salinas, donde la industria más importante es la producción de fresas. Muchos de sus padres y abuelos han sido trabajadores del campo y de las empacadoras.

Jacob Martínez, fundador y director ejecutivo de Digital NEST, quería darles habilidades comercializables a los jóvenes.

“En Salinas y Watsonville vemos cómo nuestros jóvenes más brillantes se van y no vuelven nunca porque ven alguna oportunidad, pero ¿qué pasa con las oportunidades que hay aquí en la comunidad?” preguntó Martínez.

El centro agregó la agrotecnología a sus clases, y ahora incluye viajes de campo a las principales compañías agrícolas. Abrirán un centro en Salinas en marzo, donde ofrecerán clases en tecnología de redes y agrotecnología,

DigitalNEST también tiene el enfoque de reclutar a más mujeres para que se unan al centro (actualmente cuentan con aproximadamente un 35%). Recientemente iniciaron una reunión regular para que las jóvenes compartan sus experiencias, conocimientos y cualquier preocupación que tengan.

En Hartnell College, Melone-Echiburu dijo que aunque está motivada por la energía de los estudiantes, le preocupa la sustentabilidad de ese proyecto. Es cierto que existen empleos en la industria. La continua escasez de mano de obra, por ejemplo, sigue impulsando a la industria a innovar y atraer a nuevas generaciones de trabajadores.

“Siempre estamos buscando talento y formas de reclutar a una nueva generación en los campos”, dijo Albert Garnica, vicepresidente de operaciones de cosechas de Taylor Farms, quien observó que ha habido un cambio hacia la automatización para atraer a trabajadores más jóvenes al campo. Actualmente, la edad de los trabajadores del campo varía de 47 a 70 años de edad.

“¿Quién tiene la capacidad para utilizar el talento de estos jóvenes que se gradúan? ¿Dónde podrán utilizar su cerebro a nivel local?” se preguntó Melone-Echiburu. “Mi preocupación es ¿dónde están esos empleos en Salinas?”

Theresa Matsui también apuntó a la falta de empleos bien remunerados y al alto precio de la vivienda; en el último año, las rentas de Salinas se incrementaron un 9%. Sin embargo, Matsui dijo que el cambio comienza con la educación.

Por ejemplo, se le iluminó la mirada al hablar acerca de las jóvenes que han terminado el programa CSin3. Hasta ahora se han graduado 53 estudiantes, y aproximadamente 40% son mujeres.

“Pienso que pueden aportar una experiencia realmente valiosa a estas compañías”, agregó. “Si les damos habilidades tecnológicas, tendremos la meca de la agrotecnología y entonces crearemos un nexo”.

Pioneras y fronteras

El cambio requiere de una actitud y de fe, dijo Christine Su, directora ejecutiva y fundadora de PastureMap en el Área de la Bahía.

“He estado trabajando toda mi vida en industrias dominadas por los hombres, con capital de riesgo y participación privada. Es útil no ser susceptible, y también utilizar nuestro sexo para nuestra ventaja. Veo a las jóvenes que se encogen y les digo: ‘no trates de desaparecer, sino de sobresalir’”.

El cambio requiere una voluntad para ponerse en contacto con las pocas mujeres que hay en el espacio. Miku Jha, de AgShift de Santa Clara, ha sido mentora empresarial de hasta 40 mujeres a lo largo de su carrera profesional.

“Siento mucho entusiasmo acerca de eso”, porque muchas jóvenes dejan la tecnología, dijo Jha, quien lanzó varias empresas en sus etapas iniciales antes de AgShift y comenzó su carrera profesional en IBM. “Siempre es necesario tener buenos mentores”.

Abby Taylor-Silva, vicepresidente de políticas y comunicaciones de la Asociación de Productores y Transportistas, es hija de un agricultor y dijo que creció viendo a las “mujeres de minorías y a las mujeres en general trabajar en todo tipo de empleos agrícolas durante toda mi vida”.

Taylor-Silva observó que “muchas de estas mujeres, sus hijas y sus nietas, así como las mujeres que son nuevas en la industria, han avanzado hasta alcanzar puestos administrativos y ejecutivos a lo largo de los años, a veces en las compañías de sus familias, a veces en compañías en las que han trabajado durante sus carreras profesionales y a veces al crear sus propias compañías”.

Y sus hijas

En su último semestre, Anita García, estudiante del programa CSin3, está hasta el cuello en estudios y actividades.

Le interesa mucho el “aprendizaje de las máquinas”, y en su proyecto para culminar este semestre está creando un pronosticador de mano de obra a corto plazo.

“Permite que los agricultores sepan cuántas personas se necesitarán para completar la cosecha a mano y está diseñado para prevenir la pérdida de los cultivos”, dijo.

Recientemente, García inició un club llamado herScript; muchas de sus integrantes son mujeres del programa de informática. Las integrantes del grupo han participado en proyectos de agrotecnología, incluido el hackatón, y han fungido como mentoras en iniciativas de agrotecnología para Digital NEST.

Después de su graduación trabajará como coordinadora en el departamento de informática de CSUMB antes de continuar estudiando para obtener una maestría en informática de Georgia Tech.

García nació y se crio en Salinas, y fue una de las mejores estudiantes de Salinas High; siempre ha sentido una pasión por las computadoras y los códigos. Ella será la primera de su familia en graduarse de la universidad.

Durante el verano pasado hizo un internado en la oficina de Salesforce en San Francisco, donde impresionó tanto a sus supervisores que le ofrecieron un empleo de tiempo completo en ingeniería de software con un gran sueldo. García rápidamente lo rechazó.

“Prefiero quedarme aquí, esto es para mí”, dijo. “Es aquí donde planeo permanecer y no estoy segura hasta cuándo. No puedo imaginarme viviendo en ningún otro lugar”.

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