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Separados por 7,600 millas de tierra y océanos, el polo Sur y el Valle de Salinas son dos mundos diferentes. Sin embargo, desde sus escritorios en la escuela secundaria Chalone Peaks de King City, los alumnos de octavo grado de la clase de ciencias de Sue Morrow están trabajando con datos reales de la Estación Palmer para la Investigación Ecológica a Largo Plazo de la Antártida, donde se estudian patrones climáticos, los movimientos del hielo en el mar y las poblaciones de pingüinos, por nombrar tan solo algunos temas.

“La Antártida es una herramienta maravillosa para motivar a los estudiantes, a los maestros y a los ciudadanos preocupados a participar. Es un lugar fascinante, inhóspito y desconocido, donde vive un querido animal: el pingüino”, dijo Hugh Ducklow, uno de los científicos de la Estación Palmer y profesor de ciencias ambientales en la Universidad de Columbia. “Aunque no podemos llevarnos a los maestros y a los estudiantes jóvenes con nosotros, sí podemos ayudarles a entender y poner a su disposición nuestra información para que aprendan a formar hipótesis y a explorar el mundo a través de la información”.

Una de las estudiantes de Morrow, Wyndi Weatherwax de 13 años, exclamó: “¡Me sentí como una científica profesional!”

La exploración de Wyndi y sus compañeros de clase en realidad forma parte de un programa más grande de Investigación Científica (Sci-I) organizado a través de la Iniciativa Educativa Coordinada Interdisciplinaria Polar (Polar-ICE). Los programas Polar-ICE y Sci-I están llevando la Antártida a los salones de clases de las zonas rurales de Salinas con la ayuda de dos maestras dedicadas: Morrow y Denise Hardoy, maestra de ciencias de secundaria en el distrito escolar San Antonio Union Elementary del sur del Condado de Monterey. Las dos secundarias alimentan la preparatoria King City High.

“Es importante para la comunidad local ver el nivel de los programas educativos que estamos ofreciendo aquí, a pesar de estar en un área tan rural”, dijo Pam Gildersleeve-Hernández, superintendente y directora del distrito de San Antonio.

Dúo dinámico

Hardoy, de 51 años, fue técnica veterinaria durante 10 años y asistente médica también durante 10 años; después de eso, se convirtió en maestra. Ha estado dando clases durante 12 años y vive a cinco millas de San Antonio, una escuela que cuenta con 165 estudiantes desde preescolar hasta el octavo grado. Cada una de sus clases de ciencias tiene un máximo de seis estudiantes.

Morrow trabajó como bióloga marina durante 15 años y técnica en computación durante seis años antes de convertirse en educadora. Ella también ha estado dando clases durante 12 años, 11 de ellos en King City, un distrito escolar rural más grande donde siente que tiene mucho que ofrecerles a sus estudiantes.

En junio, el programa Sci-I unió a estas dos maestras. Hardoy recordó: “Mi directora, Pam, me envió un correo electrónico acerca del programa y yo comencé a considerarlo. Era una forma de proporcionarles investigación atractiva y auténtica a mis niños para que trabajaran en ella. Por supuesto que yo iba a solicitarlo”.

El programa requiere que cada maestro se asocie con un colega de la misma escuela. Hardoy no tenía colegas de ciencias en San Antonio, así que se comunicó con King City y surgió una sociedad. Morrow admitió que “pensé que simplemente yo había sido la primera en contestar el correo electrónico de Denise. Pero esto funcionó realmente bien”.

Sci I y Polar-ICE

El proyecto de Sci-I para 2016 se llevó a cabo durante cuatro días en junio en la Universidad Rutgers, con una cohorte de maestros de secundaria y preparatoria de Nueva Jersey y del centro de California. Solo está disponible para maestros de ciencias del sexto al noveno grados porque “toda la literatura demuestra lo fundamentales que son estos años, en cuanto al interés de los estudiantes por las ciencias y su identificación como científicos”, dijo Kristin Hunter-Thomson, directora de mejoramiento de datos y conocimientos científicos de Rutgers, y miembro del equipo de Sci-I. Se les da preferencia a los maestros que trabajan en distritos escolares con una mayoría de comunidades poco representadas, y los maestros se extraen de la región geográfica de las instituciones asociadas. Este año fue el turno de la Universidad Estatal de California en la Bahía de Monterey y de Rutgers. El próximo año participarán la Universidad de Washington en St. Louis y la Universidad Estatal de Ohio.

En total, 15 maestros de California y 23 maestros de Nueva Jersey hicieron solicitudes para ocupar 20 puestos, 10 de cada estado. A Morrow y a Hardoy se les unió un maestro de Pacific Grove, cinco de Seaside y tres de Monterey que también fueron seleccionados para participar. Bridgette Clarkston, una de las integrantes del equipo de Sci-I de CSUMB, seleccionó la cohorte.

Sci-I es uno de los proyectos de Polar-ICE, una iniciativa de tres años financiada por la Fundación Nacional para las Ciencias. Involucra a educadores y científicos polares de CSUMB, Rutgers, la Universidad de Indiana y el Instituto de Investigación del Acuario de la Bahía de Monterey. Ellos analizan datos polares reales y los llevan el salón de clases. “Sci-I es un modelo de mentoría, y por coincidencia estamos usando datos con el tema polar para ayudar en ese proceso. Estas habilidades son muy transferibles”, dijo Janice McDonnell, coinvestigadora principal de Polar-ICE en Rutgers.

Después de participar en el taller de junio gratuito para los distritos escolares, los maestros vuelven con lo que aprendieron a sus salones de clases y ayudan a sus estudiantes a diseñar y efectuar investigaciones usando datos proporcionados por la estación Palmer de la Antártida. El programa culmina con un simposio de investigación polar para los estudiantes, donde los principales equipos presentan sus hallazgos ante los científicos polares.

El simposio está programado para febrero en CSUMB, donde los estudiantes tratarán cara a cara con los científicos polares.

“El taller de junio fue realmente interesante e intensivo. Nos hicieron repasar todas las cosas que esperaban que hiciéramos con nuestros estudiantes, y nos dieron ideas y formas de hacerlo. Así que básicamente, en cuatro días durante nuestro taller hicimos lo que vamos a hacer con nuestros estudiantes durante todo el año”, dijo Morrow. “Conocimos a algunos de los científicos y hablamos con ellos acerca de la forma en que recolectan sus datos en la Antártida”.

La estación polar

La Estación Palmer, que ha sido financiada por la Fundación Nacional para las Ciencias durante 26 años, es una de tres estaciones de EE. UU. en el polo Sur. Los científicos de Palmer están colaborando con los programas Polar-ICE y Sci-I para compartir su información y experiencias con educadores y estudiantes.

“Se requiere un gran grupo para organizar todas estas cosas” dijo McDonnell, quien también es coordinadora de educación y acercamiento de la estación. “Nuestra meta final es hacer que nuestros educadores en ciencias trabajen de una manera más cooperativa y lleven a los salones de clases las experiencias de la información que de otra forma los estudiantes quizás no podrían tener”.

Los datos de los científicos de Palmer, así como la famosa cámara web para pingüinos de la isla Torgersen, donde la gente puede ver a estas adorables criaturas en tiempo real, no son exclusivos. Toda la investigación de la red de muestreo de la estación, un área de 161,556 millas cuadradas, aproximadamente 40% del estado de California, está disponible al acceso del público a través de Datazoo, los portales de datos científicos polares en línea de Palmer. Los estudiantes de Morrow y de Hardoy simplemente tienen el beneficio adicional de una mano guía a lo largo del camino.

Más allá

“Yo los guío, pero ellos tienen que escoger lo que estudian”, dijo Morrow. “Esta es la primera vez que he hecho algo así. Es mucho más abierto”.

Además, estos estudiantes tienen muchos datos a elegir: clima polar, bacterias, fitoplancton, hielo marino y un favorito de la clase, los pingüinos. “Estos son días y días y horas y años de datos”, agregó. Los niños, en grupos de cuatro, seleccionan un tema y deciden acerca de una pregunta “inteligente” (smart). No inteligente en el sentido tradicional, sin embargo. En este caso, SMART significa una pregunta “específica, medible, alcanzable, relevante y temporal”, digamos cuál fue el peso promedio de una cría de pingüino Adelie entre 1995 y 2006. Los estudiantes evalúan las preguntas de los demás, utilizan esa información y después escriben una minipropuesta. Las propuestas, que deben entregarse a principios de diciembre, se envían a Kristen Hart, integrante del equipo de Sci-I y alumna de posgrado en ciencias marinas y de cuencas hidrográficas de CSUMB. Hart las lee y las envía de vuelta con sugerencias. Espera leer cerca de 400 propuestas.

Los compañeros y los maestros escogerán las principales propuestas este invierno, y esos grupos presentarán su trabajo en el simposio patrocinado por Polar-ICE y Sci-I en CSUMB en febrero.

Elaborar las propuestas no fue tarea fácil, dijo Wyndi, estudiante de Morrow. “Tuvimos que analizar complicados lineamientos, escribir una hipótesis, y además debe ser un material que un científico pueda leer”.

Aunque el proyecto es una experiencia de aprendizaje para Morrow y Hardoy, sus estudiantes posiblemente no se den cuenta, dado el nivel superior de enseñanza que están recibiendo. Marian Jiménez, alumna de la clase de octavo grado de Morrow, dijo: “Explica todo verdaderamente bien y no complica las cosas. Muchos otros maestros son estrictos, pero la Srita. Morrow es divertida y estoy aprendiendo mucho en mi tiempo con ella”.

Las dos maestras se están asegurando de que lo que aprendieron en Rutgers permanezca cimentado en su enseñanza durante años, incluso después de que el programa Sci-I concluya.

“Quiero hacer más experimentos científicos ‘centrados en lugares’, como por ejemplo la forma en que el cambio climático afecta nuestro lago de San Antonio”, dijo Hardoy, quien está tomando su inspiración del programa de Sci-I y está solicitando una subvención educativa de $15,000 dólares para ayudar a sus niños a aplicar lo que han estado aprendiendo en la localidad.

“Básicamente he renunciado por completo a los libros de texto este año, y no creo que vayamos a regresar jamás”, dijo Hardoy. “Los consultaremos, pero trabajaremos siempre en base a los datos y a los experimentos”. El programa hizo que Hardoy se diera cuenta de que la “ciencia verdadera” se basa en la información, y ella quiere asegurarse de que sus niños se identifiquen como verdaderos científicos.

Conversación con un científico

Una parte importante de los programas Polar-ICE y Sci-I es asegurarse de que los niños hablen con los científicos que están en el campo. Hardoy solicitó una sesión en video por Skype con uno de los científicos de Palmer mientras este se encontraba en la Antártida.

“Queremos llevar las ciencias polares al salón de clases mucho antes para atraer a una audiencia diversa”, dijo Corey Garza, profesor asociado de ciencias marinas de CSUMB y coinvestigador principal del programa de hielo polar con McDonnell, el profesor Oscar Schofield y otro profesor de Rutgers. “Necesitamos una mejor comprensión del público acerca de la importancia de las ciencias polares para nuestra vida diaria”, dijo Garza. “Son lugares muy remotos, así que a veces es difícil ver por qué los polos son importantes para nosotros”.

Schofield es director de ciencias marinas y costeras de Rutgers. “Las habilidades profesionales de los científicos con frecuencia no incluyen la capacidad de comunicarse eficazmente los no científicos. Lo que me encanta de estos programas es que puedo trabajar con maestros y descubrir cómo contar mejor una historia. Yo recibo tanto como los maestros”.

Schofield examina las plantas de la Antártida, o fitoplancton, y pasa una gran cantidad de su tiempo en el crucero de investigación de Palmer, el Laurence M. Gould. Su compañero de cuarto en el fin del mundo es Hugh Ducklow, científico de Palmer que trabaja en bacterias.

Así que Morrow y Hardoy también juegan papeles fundamentales fuera del salón de clases para ayudar a los científicos a aprender a librar la brecha entre ellos y el público.

“Las ciencias con frecuencia parecen aburridas, no creativas y no llenas de aventura por la forma en que las comunicamos”, dijo Schofield, quien volverá a la Antártida el 26 de diciembre. “Eso no podría estar más alejado de la verdad. Con maestros y alumnos que trabajen juntos podremos comunicar ese algo emocionante”.

Beneficios para las escuelas pequeñas

La mitad de la batalla de inspirar a los jóvenes en las ciencias es encontrar maestros que estén dispuestos a ayudar a sus alumnos a expandir sus horizontes. “Sue y Denise son dos maestras de ciencias increíblemente apasionadas”, dijo la directora de San Antonio Gildersleeve-Hernández. “Le ofrecieron esta increíble oportunidad a los estudiantes que están aquí en el sur del condado del Monterey California, y que normalmente no podrían conectarse con estas instituciones como la Estación Palmer”.

La belleza del programa Sci-I es que no solo aumenta el interés de los estudiantes en las ciencias como carrera profesional a futuro, sino que también les permite mejorar sus habilidades para hablar en público, mismas que los estudiantes pondrán en práctica durante la última etapa del programa. “Se están conectando unos con otros, dando su opinión acerca de propuestas, pero también modelando las conexiones profesionales y la forma de establecerse a futuro”, dijo Hernández con gran entusiasmo acerca de preparar a sus alumnos para una profesión.

El 24 de febrero, de 10:00 A.M. a 1:30 P.M., CSUMB ofrecerá el simposio de investigación de Polar-ICE y Sci-I Polar. A él asistirán Hardoy, Morrow y sus estudiantes. Durante el simposio, los científicos polares evaluarán los hallazgos de los grupos de estudiantes durante la sesión de carteles. Algunos estudiantes tendrán la oportunidad de hablar con los científicos en forma individual.

El simposio es para beneficiar a los niños, dijo McDonnell, del programa Polar-ICE. “Si salen del simposio con un renovado interés y entendimiento acerca de la ciencia de los polos y de la forma en que los científicos hacen su trabajo, ese es el objetivo de todo esto”.

Morrow está entusiasmada con el prospecto: “Mis estudiantes por fin tendrán una imagen clara de lo que significa ser un científico”, dijo. “Me interesa ver cómo cambia esto sus perspectivas”.

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