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Phillip Orozco y Tony Virrueta están unidos por el vínculo de servicio a la comunidad. Pero la historia de ambos y el camino que los llevó a unirse son diferente.

Orozco creció en el área de Hebbron en el este de Salinas. Virrueta en el vecindario de Boronda en el norte de la ciudad.

Cuando Orozco tenía 17 años, decidió registrarse para el Cuerpo de Marines de los Estados Unidos. Sus padres le dijeron que la decisión que estaba tomando requería de mucha responsabilidad, y le advirtieron que él no sabía lo que le esperaba. Nadie en su familia, ni siquiera él, sabía realmente lo que era o podría ser pertenecer al servicio militar.

Por el otro lado, Virrueta venia de una familia con antecedentes en el ejército militar. Su hermano y otros familiares habían tenido esa experiencia, y él quería seguir sus pasos.

Físicamente, ambos tuvieron algunos problemas durante el entrenamiento en el servicio militar: Orozco por su complexión delgada y Virrueta por complexión ancha.

Orozco perteneció al Cuerpo de Marines de los Estados Unidos por dos años y 12 años con la Guardia Nacional.

Virrueta estuvo 12 años con el Ejército de los Estados Unidos.

Aunque su servicio en la Fuerzas Armadas ya terminó, el compromiso con la comunidad, en particular con los veteranos y las familias de estos, continúa.

Y aunque en su carrera militar usaron diferentes uniformes y pertenecieron a diferentes ramas, ahora son parte del mismo grupo V – el grupo de veteranos.

Así que con la pasión y compromiso por ayudar y honrar a los veteranos, Orozco y Virrueta unieron fuerzas, junto con otros veteranos, y organizaron el comité para el desfile del Día de los Veteranos.

Eso fue hace cinco años, y este año estarán celebrando el sexto año de este evento tan esperado por toda la comunidad, pero en especial por los veteranos y sus familias.

“Nunca imaginé que en mi vida estaría haciendo algo como esto”, dijo Virrueta.

“Cuando nos reunimos para el primer desfile había más personas que pensaban que no podríamos hacerlo que las que pensaban que sí”.

Pero la comunidad respondió favorablemente.

“A llegado a un punto en el que los veteranos exigen el desfile. Todos tienen a alguien en el servicio militar, y en el otoño sube el ánimo [para celebrarlos]”, dijo Orozco.

Phillip Orozco

Cuando Orozco tenía 16 años decidió ingresar al Cuerpo de Marines de los Estados Unidos. En ese entonces no sabía realmente lo que le esperaba: él pensaba que obtendría su diploma de preparatoria mientras era parte del servicio militar.

Como él era menor de edad, un reclutador fue a su casa para que sus padres firmaran el permiso. El reclutador no hablaba español y sus padres no hablaban inglés, así que Orozco fue el intérprete y explicó a su familia que había decidido ingresar a la Marina.

Orozco recuerda que su madre le dijo “tú vas a encontrar esa vida muy difícil”. Orozco le contesto que ya le habían explicado lo que él tendría que hacer, y que además podría obtener su certificado de preparatoria mientras prestaba sus servicios.

Pero eso nunca pasó.

Cuando Orozco inició el campo de entrenamiento, el proceso no fue nada fácil. Con un peso de menos de 130 libras y una exigencia física intensa, Orozco estaba teniendo problemas para ir a la par de la demanda.

Los problemas físicos que estaba teniendo llegaron hasta oídos de su supervisor. Cuando Orozco se reunió con el sargento, el sargento le dijo que él tenía la autoridad y el poder de dejarlo ir. Sin embargo, Orozco le aseguró que él quería quedarse.

“No quería regresar a casa, no quería ser un fracaso”, dijo Orozco. “Le dije que yo lo podía lograr y que me quería quedar”.

Así que Orozco se quedó y por los siguientes dos años se encargó de las comunicaciones de la Marina.

A pesar de que Orozco inició el proceso entusiasmado, con el paso del tiempo esas ganas fueron disminuyendo, así que cuando se le presentó la oportunidad de salir del servicio, la tomó.

“Estaba cansado y flaco, empezaba a perder peso”, dijo Orozco. “Mis dos años se fueron rápido porque nunca estaba aburrido”.

Al regresar a casa, Orozco se encontró con una transición difícil al encontrase sin trabajo y con la falta de una educación.

Al poco tiempo, ingresó a la Guardia Nacional de los Estados Unidos, en donde se quedó por 12 años.

La vida después del servicio

En el 2011, Orozco se encontraba en la Legión Americana cuando miró en la televisión que un desfile se estaba llevando a cabo por la Calle Main. Al ver ese desfile, Orozco preguntó porque ellos no podían hacer eso por los veteranos.

Y fue allí en donde empezó la travestía.

Planear cualquier evento no es nada sencillo. Planear un desfile mucho menos. Se necesita recaudar dinero, voluntarios, permisos, entre otras cosas.

Y a pesar de los varios obstáculos a los que el comité se enfrentó, el primer desfile se llevó a cabo enfrente del Centro Recreacional de Salinas, el 11 de noviembre del 2011.

Orozco recuerda que cuando salió a la Calle San Luis observó que esta se encontraba vacía. No había ningún espectador. A pesar de esa desilusión, Orozco dio la orden de inicio para que el desfile se pusiera en marcha.

Pero la gente si se presentó.

Los espectadores se encontraban en restaurantes en otras calles, esperando por el inicio.

Y desde el 2011, el desfile se ha convertido en una tradición muy esperada para los residentes de Salinas y otras áreas.

“Algunas personas pensaban que yo estaba dándome a conocer [a través del desfile]”, dijo Orozco.

“Pero yo no lo hago por mí, yo lo hago por los veteranos y sus familias; el saber que la comunidad responde al desfile y que a la comunidad si le importa sus veteranos”.

Tony Virrueta

Muchos niños sueñan con convertirse en policías, bomberos o astronautas. Pero no Tony Virrueta; él soñaba con ingresar y servir en el ejército de los Estados Unidos.

Lo que alimentó ese objetivo fue la historia militar que su familia tenía. Su hermano y otros familiares habían servido en el ejército.

“Creo que ver todas las medallas y las historias que mi hermano contaba [influenció mi decisión]”, dijo Virrueta.

Él recuerda una historia en particular en donde su hermano salvó a un niño de ahogarse en Texas al aplicar el entrenamiento que había adquirido a través del ejército.

Así que en 1983, a los 18 años de edad, Virrueta decidió registrarse en el servicio militar.

Reconoce que el entrenamiento no fue un proceso físico o emocionalmente sencillo, pero su formación y las experiencias que tenía tras crecer en un barrio diverso lo ayudaron a salir adelante.

“Cuando me gritaban no me molestaba o sorprendía porque yo estaba preparado para recibir eso”, dio Virrueta.

La lucha mental iba más allá de la dificultad del ambiente en el que todos se encontraban.

Virrueta recuerda que cuando fijo la meta de convertirse en comando, un sargento le dijo que él no lo lograría. Pero la fortaleza mental de Virrueta fue mayor que cualquier duda.

“Estaba estacionado en Hawái y me dije a mi mismo que no había cruzado el océano pacifico, la costa oeste, viajado a Georgia, y que no regresaría a casa sin haberme convertido en comando. Esa era mi mentalidad”.

Virrueta atribuye su fuerza mental a sus padres.

“Ellos siempre me dijeron que lo que vale la pena será difícil de conseguir, y lo apreciaras y respetaras más”, expresó Virrueta.

“Así que al entrar al ejército ya estaba preparado para trabajar duro. No me daba cuanta que en ocasiones iba a ser más duro, sin embargo lo hacíamos como equipo”.

Virrueta disfrutó cada momento del proceso y lo que hacía en el ejército. Sin embargo, expresó que fue muy difícil cuando estuvo involucrado en una situación que resultó con muertes.

Agregó que la rapidez en la que ocurre todo cuando están en combate, demoró el proceso de asimilación hasta después de su retiro del ejército.

“En el ejército todo sucedo muy rápido”, dijo Virrueta.

“Muchos años después pensé en eso [las muertes] y fue un tiempo difícil, pero lo que me decía a mí mismo es que en mi unidad yo tenía que asegurarme que mis soldados estuvieran protegidos”.

Tras sufrir varias heridas a causa de su carrera militar, Virrueta fue retirado por causas médicas. Y aunque ya no estaba sirviendo a su país en el campo de batalla, él sabía que podía seguirlo haciendo fuera del campo.

“Serví por 12 años…y no me arrepiento de nada”, dijo Virrueta.

El trabajo que yo tenía era físicamente desgastante. Hay una frase en el ejército: después de servir usando tus botas militares no significa que ya no puedas hacerlo [sin ellas]. Ahora ya no uso mis botas, pero continúo sirviendo. Ahora sirvo a mi comunidad”.

Acerca del desfile

  • El comité que organiza el desfile no recibe compensación monetaria, pero para Orozco y Virrueta eso no importa porque nada se compara con la compensación que reciben al ver a la comunidad unida para honrar a los veteranos.
  • El sexto desfile anual del Día del Veterano se llevará a cabo el viernes, 11 de noviembre, a las 2:00 P.M., en la Calle Main (saliendo del estacionamiento de la preparatoria Salinas).
  • The Californian y El Sol son patrocinadores del evento, y Pete Wevurski, editor ejecutivo de ambos periódicos, Jeff Mitchell y una servidora estaremos presentes, así que venga a saludarnos.
  • Asistir y participar en el desfile es totalmente gratis. Si quiere más información sobre el desfile, comuníquese con Mark Pérez vía telefónica al 831-595-3933 o visite la página web www.salinasveteransparade.org.

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