La débil economía del país enfrenta problemas olímpicos

POR PAUL WISEMAN Y JOSHUA GOODMAN | AP

RÍO DE JANEIRO – Cuando Río de Janeiro recibió la sede de los Juegos Olímpicos de 2016 hace siete años, Wagner Bastos era un exitoso vendedor de autos para Citroen-Peugeot en Río. En algunos meses llegó a percibir 17,000 reales brasileños —aproximadamente $5,200 dólares actuales y mucho más en ese entonces.

Pero la fortuna de Brasil —y la de Bastos— ha sufrido un duro colapso. Su ingreso mensual para junio fue de 1,400 reales ($425 dólares) —demasiado poco para cubrir su alquiler o cuotas escolares de sus dos hijos. Por lo que Bastos, de 54 años, renunció a su empleo y empezó a conducir un taxi.

“Necesitaba dinero urgentemente”, declaró.

Anteriormente, albergar los Juegos Olímpicos solía permitir que países recientemente prósperos se exhibieran en el escenario mundial y mostraran sus ciudades más deslumbrantes. Basta pensar en Tokio en 1964 o Seúl en 1988.

Y en 2009, cuando Río ganó la contienda para los Juegos de este año, el panorama lucía similar. La emergente economía bursátil brasileña resultaba muy atractiva —una de las estrellas económicas junto con Rusia, La India, China y Sudáfrica.

Pero los Juegos de 2016 llegan en un pésimo momento para Brasil, que enfrenta un sinnúmero de calamidades: Una profunda recesión. Una crisis política. Multitudinarias protestas callejeras. Reportes de canales de aguas contaminadas. Y una emergencia de salud causada por el virus del zika.

La economía brasileña cayó 3.8 por ciento el año pasado y es muy probable que pierda un 3.3 por ciento adicional este año, de acuerdo con el Fondo Monetario. La economía resultó afectada por un desplome en los precios del mineral de hierro y otros productos de exportación, parcialmente como resultado de una lenta demanda por una desaceleración de la economía china.

Una crisis política ha agravado los problemas económicos. La presidenta Dilma Rousseff fue suspendida en mayo por supuestamente violar las leyes presupuestales del país. Rousseff espera juicio este mes en el Senado de Brasil que determinará si será suspendida de manera permanente.

Los Juegos Olímpicos podrían empeorar la situación. Para prepararse para los Juegos, el estado de Río realizó fuertes gastos. Cuando cayó en problemas financieros, el gobierno federal intervino para ayudar a absorber los costos, y con lo que se profundizaron los problemas presupuestales del país.

El real brasileño se hundió 47 por ciento ante el dólar estadounidense desde que Río fue elegida sede de los Juegos en octubre de 2009. El débil real encareció las importaciones y ayudó a incrementar la inflación, que en junio de encontraba en un 8.8 por ciento anual.

A nivel nacional, desde finales de 2014, más de cinco millones de personas han perdido sus empleos, y el desempleo casi se duplicó a 11.3 por ciento.