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El malestar de los republicanos con Donald Trump aumenta sin cesar, a medida que los dirigentes partidarios se afanan por convencer a su candidato presidencial de que debe abandonar esas tácticas divisionistas que han provocado bajas tanto en los sondeos como en la moral.

La organización de Trump padece discordia interna, junto con temores crecientes por la falta de preparación para las elecciones y el escaso apoyo de la conducción republicana, de acuerdo con dos personas conocedoras de la situación interna.

Una de ellas dijo que Trump íntimamente culpa a su propio personal por su incapacidad para atenuar la reacción de su propio partido después que criticó a una familia musulmana cuyo hijo, un capitán del ejército, murió en combate en Irak.

En medio de la tensión interna, Priebus y un puñado de aliados destacados de Trump estudian abordar directamente al candidato para alentar un nuevo enfoque tras una serie de posiciones y declaraciones que han provocado estupor. En medio de la indignación por sus críticas a la familia Khan, Trump provocó la furia de Priebus y la dirigencia partidaria al negarse a respaldar la reelección del presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan.

Los funcionarios, uno de los cuales tiene conocimiento directo de lo que piensa Priebus, hablaron sobre la estrategia interna bajo la condición de anonimato por no estar autorizados a hacerlo públicamente. Esto sucedió tras una se las semanas más agitadas de la campaña.

El miércoles, Trump negó que el malestar republicano perjudicara su campaña, al tiempo que habló abiertamente de la posibilidad de perder las elecciones.

“¿No sería una vergüenza perder ante la corrupta Hillary Clinton? Sería terrible”, dijo durante un acto de campaña en Florida, un estado que se disputa arduamente. E insistió: “Nunca hemos estado tan unidos”.

Posteriormente, un entrevistador de la televisión local le preguntó si no lo estaban “provocando para pelear”.

“Creo que probablemente está en lo cierto”, asintió. “Vamos a concentrarnos más en Hillary Clinton”.

Los republicanos más poderosos en Washington y en la Trump Tower neoyorquina reconocen que nada cambiará a menos que Trump lo quiera.

“El candidato controla su campaña”, dijo el jefe de campaña Paul Manafort en entrevista con Fox News. “Y yo controlo hacer las cosas que él quiere que yo haga en la campaña”.

En tanto, Clinton, siguió concentrando sus ataques en las empresas de Trump. Alzando una corbata marca Trump en la fábrica de corbatas Knotty Tie Company de Colorado —otro estado en disputa—, Clinton dijo:

“Quisiera que explique por qué pagó a trabajadores chinos para que fabriquen las corbatas Trump en lugar de hacerlas aquí en Colorado”.

Trump culpó a la prensa —“tan deshonesta”— por las críticas crecientes a sus declaraciones y al hecho de que no se deja orientar por sus asesores.

Pero en privado ha expresado su disgusto con su propio equipo.

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