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A principios de abril de 2014, Faustino Orejel, de 49 años, comenzó a tener síntomas: tensión en la mandíbula, presión en el pecho, un dolor con quemazón en la parte baja de la espalda. Los síntomas se repitieron durante las siguientes semanas. A mediados de mayo, un día estaba podando el césped cuando de nuevo sintió la tensión y el dolor. Se detuvo y se acostó sobre el pasto, pero en cuanto se levantó y trató de terminar su tarea, los síntomas volvieron. Ya no pudo continuar.

“Le dije a mi esposa, ‘Marta, quiero ir al hospital’. Al principio ella pensó que estaba bromeando, pero luego me miró y se dio cuenta de lo pálido que estaba”.

“OK, vámonos”, me dijo.

Orejel llegó poco después al Salinas Valley Memorial Hospital (SVMH), donde fue admitido en el Programa de Cirugía Cardíaca de Stanford bajo el cuidado del Dr. Christopher Oh. El hospital ha establecido una sociedad con Stanford que ha servido para colocar al Programa de Cirugía Cardíaca de Stanford a la vanguardia de la tecnología para salvar vidas y de los procedimientos innovadores.

“El Dr. Oh me sometió a varias pruebas”, dijo Orejel, “análisis de sangre, una prueba de esfuerzo y un ecocardiograma. Comencé a caminar en la caminadora. Después de unos minutos aumentaron un poco la inclinación, y en menos de 30 segundos pensé que me estaba dando un infarto. Me dieron una tableta de nitroglicerina para calmarme.

“El doctor me dijo que tenía que dejar de trabajar de inmediato y descansar. Yo no podía caminar hasta el baño sin tener esa sensación en la mandíbula”.

Orejel y yo hablamos en su casa del norte de Salinas, que se ubica a unos pasos de la Iglesia Bautista Landmark Missionary, donde él es pastor. Su sala y comedor están cuidadosamente amueblados e impecables. A pesar de su comportamiento tranquilo, Orejel parecía fuerte, lleno de energía y deseoso de compartir su experiencia.

“Después de ese primer día hubo más pruebas. Posteriormente me dijeron que tenía enfermedad de las coronarias. Tenía cinco arterias del corazón bloqueadas. Me sentí aliviado cuando programaron la cirugía para mediados de junio”.

“¿No le sorprendió su padecimiento, considerando lo joven que era?” le pregunté.

“De hecho, siempre había sabido que algún día podría tener un problema porque mi padre se sometió a una cirugía de derivación cuádruple en 1999. Tenía cuatro arterias bloqueadas. Mi mamá murió de un infarto a los 53 años de edad, cuando yo tenía sólo 21 años. La enfermedad puede ser hereditaria. Realmente pienso que no habría sobrevivido sin la cirugía. Cuando conocí al Dr. DeFilippi, me dijo que la parte inferior del corazón se me estaba muriendo por falta de sangre”.

El Dr. Vincent DeFilippi es director de cirugía cardíaca de Stanford en los sistemas de atención médica del Salinas Valley Memorial. Está certificado en cirugía cardiotorácica y general, y se graduó como magna cum laude en la universidad Duke. Obtuvo su título en medicina de la universidad Columbia y completó una residencia en cirugía general y una beca de investigación en la facultad de medicina de la Universidad de Chicago/Pritzker. Recibió su capacitación cardiotorácica en New York/Cornell, y es profesor clínico de cirugía cardiotorácica en Stanford.

Su lista de credenciales y premios es larga e impresionante. Ha obtenido reconocimientos nacionales como America’s Top Doc, Patients’ Choice, Who’s Who in American Healthcare, y múltiples premios y honores que se describen en el sitio http/:med.stanford.edu.

Posteriormente hablé con el Dr. DeFilippi en su consultorio de la calle San José en el sur de Salinas.

“Los componentes sociales, por supuesto, son importantes: los genes y los antecedentes familiares. Los hombres casados viven más que los hombres solteros. Esto se puede deber a que, por lo general, los hombres tienden a ignorar sus síntomas cuando algo anda mal. Con frecuencia, son las esposas quienes los convencen de buscar atención médica.

“En el caso de Faustino, él tenía cinco arterias bloqueadas; sin embargo, durante varias semanas simplemente se aguantó y trató de hacer sus actividades, en lugar de pensar que debería hacerse revisar. Otro componente social era su edad. A los 49 años, probablemente pensó que era demasiado joven para tener un infarto.

“Cuando uno observa los factores sociales como una dieta deficiente o los antecedentes familiares, la ventaja de la edad se puede neutralizar. Les he practicado cirugías del corazón a personas de 30 años. Con toda la comida chatarra y los azúcares que tenemos en la actualidad, más gente se está volviendo diabética a edades más tempranas, lo cual puede generar problemas cardíacos incluso entre los jóvenes.

“Faustino tenía los hábitos alimenticios correctos y hacía ejercicio con regularidad, pero sus antecedentes familiares estaban en su contra. A pesar de eso, como se encontraba en buena condición física, sus probabilidades de éxito eran muy altas.

“Con frecuencia, para hacer una cirugía de derivación, extraemos una vena de la pierna. En el caso de Faustino, efectuamos una técnica de extracción mínimamente invasiva. Muchos otros hospitales extraen la vena por medio de una larga incisión en la pierna. Aquí hacemos una incisión muy pequeña para sacar una porción de la vena. Después, la conectamos a la aorta para derivar las partes de la arteria que están bloqueadas. Conectamos la vena en un punto más allá del bloqueo para que la sangre pueda fluir de nuevo al corazón. Dejamos el bloqueo en su sitio. Por supuesto, con la técnica mínimamente invasiva, la pierna se recupera mucho más rápido.

“También tenemos implementado todo un proceso para la conservación de la sangre. Parte de ese proceso es una máquina que se llama recuperador de sangre. El recuperador de sangre es extremadamente importante porque, si hay sangrado durante la cirugía, la máquina recolecta la sangre del paciente y la recicla. Muchos hospitales utilizan el recuperador de sangre, pero aquí vamos más allá de eso.

“Podrá imaginarse que con los cinco bloqueos de Faustino estamos hablando de una cirugía bastante importante. Además de reciclar la sangre, empleamos ciertas técnicas quirúrgicas y atención posoperatoria especializada. El proceso completo de conservación de la sangre es extremadamente importante, ya que gracias a él, los pacientes como Faustino pueden evitar las transfusiones; además, las estadísticas indican que la gente que no recibe transfusiones vive más tiempo. Aproximadamente el 90% de nuestros pacientes no tiene que recibir transfusiones de sangre. A nivel nacional, en estas cirugías, tan sólo un 50% se las arregla sin transfusiones.

Le pregunté al doctor por qué estas técnicas no se utilizan con más frecuencia en el país.

“Porque requieren más atención a los detalles, exigen más tiempo y esfuerzo y son un poco más caras, lo cual representa un costo adicional que este hospital de hecho está dispuesto a absorber. Sin embargo, lo importante es que las usamos porque son mejores para el paciente. En el caso de Faustino, gracias a estas técnicas, menos de tres semanas después de la cirugía andaba caminando tres millas diarias”.

Antes de despedirnos, le pregunté al Dr. DeFilippi “¿Cuántas de estas cirugías hace cada año?”.

“Aproximadamente de 150 a 200”, respondió. “A lo largo de los años he hecho más de 5,000”.

De vuelta en la casa de Faustino Orejel, él habló acerca de la necesidad de un programa agresivo de educación para el cuidado del corazón en la comunidad latina.

“Siempre he estado consciente de los problemas de salud y he sabido que tenía riesgo de una enfermedad del corazón, así que nunca he corrido riesgos con mi salud. Desde un principio desarrollé buenos hábitos alimenticios y de ejercicio. En mi casa no encontrará ninguna comida chatarra. Hicimos que nuestros hijos fueran conscientes acerca de la importancia de comer correctamente. Sin embargo, conozco a muchos hombres, especialmente a hombres hispanos, que sí corren riesgos. Por desgracia, tenemos nuestras actitudes machistas. Mi papá era así. No se sometía a exámenes regulares. Si tenía un problema no lo admitía, ni siquiera ante mi mamá.

“Hace poco, mi hermano no se sentía bien, pero no le dijo a nadie y ni siquiera se lo admitía a sí mismo. Durante años yo le había estado pidiendo que se hiciera exámenes regulares, pero él simplemente no quería escuchar eso. En fin, se fue debilitando cada vez más. Mi cuñada por fin se dio cuenta de que algo andaba mal e insistió en que fuera al doctor. Lo admitieron de inmediato. Había desarrollado una úlcera sangrante.

“Los hombres como mi papá y mi hermano piensan que ver a un médico es un signo de debilidad. Ellos niegan que algo anda mal hasta que, por último, se sienten realmente débiles y ya no tienen opción. Ahora, por fin, mi hermano ha cambiado su actitud y hace lo que el médico le dice que tiene que hacer.

“Hace años, mi suegro había estado sintiendo dolor pero tampoco dijo nada. Le dijimos que viera al médico. Él dijo: ‘¡siempre que la gente va al médico le dicen que están enfermos!’ Era como si culpara al médico o no confiara en que le estuviera diciendo la verdad. Esperó hasta que ya no pudo soportar más el dolor y entonces, por supuesto, ya era demasiado tarde. Resultó que tenía un tumor maligno. Posteriormente murió de cáncer. Así que, con demasiada frecuencia, las cosas suceden de esa manera. Algunos de mis amigos ni siquiera quieren que sus esposas vean al médico”.

Posteriormente hablé con el presidente y director ejecutivo de SVMH, Pete Delgado.

“Le agradezco a Faustino por contar su historia y urgir a los hombres latinos a que presten atención a lo que les dice su cuerpo y obtengan ayuda cuando la necesitan. Estamos haciendo muchas actividades educativas y de contacto con la comunidad y planeamos hacer aún más. En especial los hombres necesitan convencerse de la importancia de hacerse exámenes con regularidad, hacer ejercicio y tener buenos hábitos alimenticios. Se requiere tiempo para cambiar las influencias culturales, pero la recompensa es grande; la gente cuida su propia salud y la salud de su familia”.

Faustino resumió así sus sentimientos: “En base a lo que me pasó, quiero encontrar la forma de correr la voz acerca de la importancia de ver con regularidad al médico y comer bien. Tienes que amar a tu familia y cuidar a tus hijos. Eso es en realidad de lo que estamos hablando. Tenemos tanta suerte aquí en el Valle de Salinas porque estamos rodeados de la comida saludable de nuestros campos. Yo le digo a la gente: ‘Mira lo que te rodea. ¡Come lo que ves!’”

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