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Cuando Maritza Cárdenas era niña la imagen de un científico tenía una forma distinta: "un hombre blanco mayor en una bata de laboratorio".

Pero la semana pasada Cárdenas, una latina de 20 años de edad de Salinas, logró teñirse de científico cuando una investigación que realizó con un equipo de jóvenes de Salinas fue publicada en una revista científica profesional.

Cuando estaba en la preparatoria, Cárdenas se convirtió en una de los cerca de 15 jóvenes en el Consejo de la Comunidad de Jóvenes para CHAMACOS, una asociación de investigación entre la Universidad de California Berkeley y la Clínica de Salud del Valle de Salinas. Los investigadores del equipo de CHAMACOS han estado estudiando la salud ambiental en Salinas durante casi 20 años. En una decisión que Kimberly Parra - coordinadora del estudio de CHAMACOS - dijo es poco común en los estudios de salud ambiental, el equipo decidió que querían incorporar las ideas de la comunidad en sus diseños de estudio.

"El Consejo de la Juventud nació de la necesidad de dar a los participantes del estudio una voz en decisiones dentro del estudio", dijo Parra.

Parra y otros investigadores enseñaron a los miembros del consejo de jóvenes sobre temas de salud ambiental y los guiaron a actividades de aprendizaje, incluyendo un proyecto fotográfico que documentaba las cosas que los adolescentes les gustarían ver mejorar en su comunidad. Entonces, el sábado, cuando la epidemióloga de la Universidad de California Berkeley Kim Harley visitó Salinas para enseñarles acerca de los productos químicos que alteran las hormonas importantes como la testosterona y el estrógeno, el consejo tomó las cosas a otro nivel.

Al enterarse de que estas sustancias químicas que se encuentran en los cosméticos comunes, protectores solares, perfumes y otros productos para el cuidado personal, el Consejo de la Juventud quiso hacer algo al respecto.

"Lo que fue sorprendente para mí fue que después de aprender sobre los interruptores endocrinos, se preguntaron cómo podrían ser parte de la solución", dijo Parra.

Así que Harley y Parra ayudaron a que el Consejo de la Juventud elaborara un proyecto de investigación para investigar lo que otros adolescentes podrían hacer para reducir su exposición a los productos químicos potencialmente peligrosos en productos de cuidado personal. El plan incluía reclutar a 100 adolescentes latinas de Salinas para ver qué pasaría con sus niveles de hormona de interruptores químicos si se les pedía que utilizaran productos de cuidado alternativo, libre de interruptores hormonales, durante tres días. El consejo nombró el estudio Salud e Investigación Ambiental en el Maquillaje de Adolecentes de Salinas (HERMOSA, por sus siglas en inglés).

"Los adolescentes estuvieron involucrados en todos los aspectos del estudio, desde la elección del nombre HERMOSA... hasta la recolección de muestras biológicas", dijo Parra. "En cada paso".

Los jóvenes trabajaron para enseñar a los participantes adolecentes del estudio sobre las preocupaciones que hay de los interruptores hormonales químicos. Las hormonas juegan una parte importante en el desarrollo saludable del cuerpo y el cerebro. Los adolescentes, aún en desarrollo, utilizan un promedio de 17 productos para el cuidado personal en un día, dijo Harley, poniéndolos particularmente en riesgo a la alta exposición de interruptores hormonales. Los investigadores adolescentes ayudaron a los participantes adolescentes a seleccionar productos alternativos, y los investigadores examinaron por concentraciones de cuatro tipos de interruptores hormonales en la orina antes y después de la intervención de tres días. En general, los niveles de las hormonas en cuestión descendieron.

"Encontramos que si las niñas cambian los productos que utilizan por sólo tres días, realmente podrían disminuir los niveles de estas sustancias en sus cuerpos", dijo Harley.

Cárdenas fue una de los cinco adolescentes que actuó como investigadora y participante (el equipo realizó un análisis sin estos datos para asegurarse de que no sesgaran los resultados), y ella dijo que la experiencia cambió su forma de pensar acerca de los productos que compra. Ella lee las etiquetas, utiliza una aplicación de teléfono llamada EWG’s, (Environmental Working Group) Healthy Living para evaluar sus productos a base de ingredientes, y ha experimentado con recetas de cuidado personal que ella misma elabora.

"Trato de limitar el maquillaje que utilizo y trato de no usar demasiado perfume u otros productos", dijo Cárdenas. "Ultimadamente me di cuenta que no es necesario utilizar todos esos productos".

Si bien usa menos maquillaje, Cárdenas también está trabajando más en la ciencia. Ahora, es una estudiante de tercer año en la Universidad de California Berkeley estudiando biología molecular y celular, ella espera asistir a la escuela de medicina en unos pocos años.

"Más que nada", dijo Cárdenas, “la mejor parte de HERMOSA para mí fue darme cuenta de que puedo ser alguien que puede llevar a cabo una investigación".

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