Los votantes deben exigir más

JEFF MITCHELL

Últimamente he estado pensando mucho acerca de la profundidad y calidad de nuestras elecciones locales.

Con demasiada frecuencia, nosotros los votantes, si es que votamos, le regalamos nuestro apoyo al “objeto más brillante” o al candidato que nos hace “sentir bien". Escuchamos y reaccionamos a las campañas con “clips de sonido” y en raras ocasiones exigimos que las personas que nos están pidiendo nuestro voto se definan verdaderamente o expliquen las razones por las que se están postulando.

En raras ocasiones le exigimos a un candidato planes más o menos específicos acerca de lo que haría si resultara electo o reelecto.

Sin duda, los pocos que quedamos en los deslucidos medios noticiosos enfocaremos gran parte de nuestra atención en la contienda más glamorosa para reemplazar a Sam Farr, quien se retirará del distrito 20 del Congreso.

Aunque es importante tener a un buen representante en el Congreso en DC, la simple realidad es que los funcionarios electos a nivel local, como los que participan en el ayuntamiento de su ciudad o en el Consejo de Supervisores del Condado, emprenden con regularidad acciones más tangibles que le afectan a usted y a su familia en un solo día, que lo que sucede en el Congreso en el transcurso de un mes.

No me malinterprete. Usted tiene el derecho de postularse para un puesto público aunque lo haga tan solo porque piensa que podría ser divertido e interesante.

Pero actualmente vivimos en un mundo en que incluso el gobierno local se está volviendo cada vez más complejo y en el que las personas que buscan un cargo público deberían demostrar una comprensión verdadera de las realidades del cargo que buscan ocupar y lo que piensan que de manera realista podrían mejorar si tuvieran la oportunidad.

Tome por ejemplo estas contiendas contra los titulares en funciones de los distritos 1, 4, y 5 para supervisores del condado de Monterey.

Como sabrá, la sabiduría política convencional indica que lo que está pasando aquí es una locura. Por lo general, los candidatos opositores no persiguen a los titulares, a menos que estos estén sangrando (políticamente) en el agua. En este caso, sin embargo, tenemos a tres personas que, por razones que aún no están completamente claras, están persiguiendo estos puestos de cualquier forma.

Simplemente es extraño, o es una jugada descarada para obtener el poder. Después de todo, como he dicho antes, ser supervisor de un condado de California es uno de los mejores trabajos políticos que existen. Es un puesto importante.

Dejemos claro que no necesariamente estoy apoyando a los titulares. No, lo que estoy diciendo es que debería exigírseles a los opositores que muestren que han analizado cuidadosamente el posible servicio que prestarán en el cargo público, y que tienen algunas ideas sólidas acerca de lo que está mal y lo que necesita arreglarse, y específicamente acerca de qué harían para mejorar al gobierno local.

Como votantes, deberíamos exigir lo que solíamos llamar “informes oficiales” acerca de los problemas, que se puedan solicitar e imprimir para guardarlos. Estas contiendas de supervisores no deben ser acerca de quién es más agradable, quién ha hecho más trabajo de beneficencia o quién ha prestado más servicios al público en otro lugar. Estas elecciones tampoco deben ser acerca de quién puede organizar la mejor campaña o quién puede producir los eslóganes más originales.

Además, al igual que debemos someter a escrutinio a los opositores, también debemos exigir que los titulares defiendan su reelección de una manera significativa y concreta.

Los titulares en particular, porque tienen historiales de votación que deberían ser capaces de articular y racionalizar por completo ante cualquiera que se los pida, así como explicar lo que harían en sus distritos si tuvieran la oportunidad de volver a ocupar sus puestos.

Pero ahí está el meollo, a menos que usted y yo comencemos a exigir este tipo de información por parte de los candidatos, tanto de los opositores como de los titulares, nunca vamos a obtenerla y, una vez más, quedaremos relegados a votar por alguien usando nuestras emociones y no nuestro cerebro. Eso sería algo malo.

Así que, en efecto, esto significa que todos tendremos que redoblar nuestros esfuerzos como votantes, y exigir más y más detallada información de nuestros candidatos.

Además, al final, si un candidato no puede o no quiere entrar en detalles, usted tendrá que preguntarse si merece su voto.