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- Con la llegada del crudo invierno, el gobernador de Nueva York emitió una orden ejecutiva para que las personas sin hogar sean retiradas a la fuerza de la calle cuando bajan las temperaturas, una intervención sin precedentes que de inmediato afrontó rechazo y obstáculos legales.

La orden, que se cree es la única de su clase en cualquier ciudad o estado del país, requeriría a las comunidades que contacten con su población de indigentes y los lleven a refugios, ya sea de forma voluntaria o no, cuando la temperatura sea menor a los cero grados centígrados.

“Tenemos que resguardar a la gente, alejarla la calle”, dijo el gobernador demócrata Andrew Cuomo.

Pero la orden encontró resistencia, por ejemplo entre las autoridades de la ciudad de Nueva York, que amenazaron con desobedecer. La perspectiva de que se saque a la fuerza a la gente de la calle también planteó serias preocupaciones entre los defensores de los sin techo.

“Por decirlo llanamente, ser un indigente no es un delito”, dijo Mary Brosnahan, presidenta de Coalition for the Homeless en Nueva York, que advirtió de que tomar medidas agresivas llevaría “a los hombres y mujeres más marginalizados más lejos de las mismas redes que se necesitan para llegar a ellos”.

Varios indigentes entrevistados el lunes por Associated Press expresaron esa opinión.

Eddie Rouse dijo sentirse más seguro y cómodo subiendo a trenes del metro para buscar calor en las gélidas noches de Nueva York de lo que estaría en un albergue.

“He estado en un albergue, y le digo que mucha de esa gente debería estar en instituciones psiquiátricas”, dijo Rouse, de 64 años. “Tiene drogadictos. Hay que levantarse a una hora concreta y marcharse a una hora concreta. De modo que le vuelven a dejar a uno en el frío. Uno no se puede quedar en el albergue. No es un refugio seguro”.

Según la ley actual del estado, un agente de policía o un trabajador social puede sacar a gente de la calle sólo si parecen estar en peligro inminente o muestran indicios de enfermedad mental.

Maria Foscarinis, directora ejecutiva del National Law Center on Homelessness and Poverty, dijo que no hay otro ayuntamiento estadounidense que haya adoptado una norma general de sacar a la gente de la calle cuando hace frío.

“La estrategia de la orden es errónea”, dijo Foscarinis. “Es algo positivo que (Cuomo) comprenda la urgencia de hacer algo para ayudar a los sin techo. Pero lo que hace falta es alojamiento y servicios permanente, no esta clase de tácticas”.

Cuomo decidió intervenir en medio de una creciente crisis de indigencia en la ciudad de Nueva York, donde unas 58.000 personas viven en albergues y entre 3,000 y 4,000 más viven en la calle. Seis personas sin hogar murieron en casos relacionados con el clima frío durante el invierno de 2013-14, la última temporada de la que había estadísticas disponibles.

Hace treinta años, el entonces alcalde Ed Koch intentó reubicar a los indigentes de la ciudad, pero afrontó enormes obstáculos legales. La ley de Higiene Mental del estado requiere a la policía entrevistar y determinar la capacidad mental de una persona sin hogar antes de detenerla. Si la persona parece sufrir una enfermedad mental puede ser trasladado a un hospital o institución psiquiátrica para una evaluación.

Los asesores de Cuomo señalaron el domingo, poco después de que se emitiera la orden, que las autoridades del estado interpretaban la ley como que cualquiera que decidiera rechazar el refugio para dormir en la calle en temperaturas bajo cero por defecto mostraba un cierto grado de enfermedad mental y por lo tanto podía ser retirado. La oficina del gobernador pareció dar marcha atrás más tarde en esa interpretación.

“Obviamente, la orden no impone el confinamiento involuntario para individuos competentes”, dijo en un comunicado por escrito el asesor legal de Cuomo, Alphonso David.

Si ese fuera el caso, la orden reiteraría en gran parte la tarea de programas de implicación social ya establecidos en ciudades como Nueva York, Syracuse, Buffalo y Rochester. Otras ciudades estadounidenses, como Filadelfia y Baltimore, amplían la capacidad de sus refugios y amplían sus programas de contacto con los sin techo al caer las temperaturas.

La división de derechos civiles del Departamento de Justicia ha aumentado su persecución de leyes municipales que criminalizan pernoctar en calles públicas, mientras muchas ciudades estadounidenses combaten un aumento de la indigencia en pleno invierno.

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