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El beato Junípero Serra entrará a la santidad el 23 de septiembre durante la visita del Papa Francisco a la Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción en Washington D.C.

Los funcionarios de la Iglesia dijeron que es un sitio alternativo adecuado, ya que hay una estatua del beato Junípero en el Capitolio de EE. UU., y el Papa no puede incluir a California en su itinerario.

También se ha escrito mucho acerca de algunos miembros de las tribus indígenas americanas de California que sienten que Junípero Serra y el sistema que apoyó sus esfuerzos fueron responsables de la pérdida de su cultura y de las muertes de tanta gente inocente.

El tema ha sido explorado recientemente en muchos libros informativos escritos tanto por académicos como por entusiastas, al igual que los orígenes históricos de California. Uno debe leer varios de estos libros para obtener una mejor comprensión de lo que era un sistema colonial en acción, del celo misionero y de la compleja naturaleza de los soldados y los padres que jugaron un papel en esta aislada esquina del vasto imperio español, antes de tomar una decisión acerca de la verdadera naturaleza del que pronto se convertirá en santo.

Mi interés era mucho menos ambicioso. Yo simplemente quería ver cómo es su firma. Quería maravillarme ante la autenticidad de un documento de 225 años de antigüedad, ante el nombre de una celebridad de su tiempo y del nuestro.

En busca de una firma

Una visita a la colección de la Sociedad Histórica del Condado de Monterey y una mirada a los documentos administrativos de los primeros días del Condado de Monterey suscitaron mi interés.

James Perry, el curador de la Sociedad, observó que la firma de Junípero Serra existe en varias páginas de estos documentos. Perry también dijo que su ubicación en estos volúmenes encuadernados aún no había sido catalogada.

Si lo que yo quería era solo darle un vistazo a la firma del padre, debía ir a la diócesis de Monterey y reunirme con el reverendo Carl Faria, su archivista, dijo Perry.

Valentín Mendoza, ex editor de El Sol de Salinas, y yo hicimos una cita con el padre Carl y nos dirigimos a Monterey. Valentín es nativo de Puebla, México, y también es aficionado a la historia.

El padre Carl nos esperaba en los archivos y ya había extraído dos libros de la bóveda. Uno de ellos era un registro de bautizos y el otro un registro de los “difuntos”. Yo esperaba encontrar un documento exaltado con el nombre “Junípero Serra” escrito en la parte inferior. Pero eso no era lo que había ahí.

En lugar de ello, junto con Carl, les dimos vuelta a las páginas de estos antiguos libros, y vimos una multitud de firmas al final de cada registro: a veces la firma de Serra, a veces la de Francisco Palóu, un amigo de Serra proveniente de Mallorca que lo acompañó al Nuevo Mundo, y quien expresó un elocuente panegírico cuando el padre murió el 27 de agosto de 1784.

Crespi, Demuth y Lasuén firmaron los bautizos y los entierros que oficiaron.

“El primer bautizo fue el 26 de diciembre de 1770, aquí en Monterey. Fue de un niño de cinco años de edad (Bernardino de Jesús)”, dijo Carl.

La historia de cerca

En el frontispicio estaba escrito “Libro Primero” y el año 1770. La letra probablemente sea la de Serra. Documenta el día en que se fundó la iglesia y su dedicación a San Carlos Borromeo, un santo que había vivido tan solo dos siglos antes y que fue venerado por su humildad y su capacidad de cumplir con los detalles administrativos de la Iglesia.

“¿Ve cómo solían escribir ‘Monte-Rey’? Nombraron la recién fundada ciudad en honor del conde español de Monte-Rey, quien financió la expedición que los trajo hasta aquí el 3 de junio de 1770. También fue la fecha del primer registro de un fallecimiento. Está enterrado aquí”, apuntó Carl hacia el Presidio.

“El papel de esa época era principalmente tela, así que tiene más resistencia”, observó el padre Carl.

Los dos libros lucen un poco diferentes. Las actas de bautizo fueron separadas de la encuadernación en el pasado reciente, se montaron sobre cartón y se cubrieron de plástico para después encuadernarlas de nuevo. Parecía una decisión innecesaria por parte del curador, ya que los registros de defunciones se encontraban aún en su encuadernación original, una cubierta de piel elaborada a mano con una solapa que permite mantener el libro cerrado. La caligrafía “Difuntos” estaba escrita en la cubierta de piel en letras grandes y hermosas.

Al ver las actas de defunción, mi mirada también cayó en la firma de Crespi, que contiene una elegante espiral después de la última letra.

“Hacían un gran esfuerzo por tener firmas únicas que no fuera fácil duplicar”, informó Carl, mientras examinábamos la uniformidad de la letra de Junípero Serra, en especial el diseño curvilíneo al final de su nombre.

“Todos tenían algún tipo de curva al final de su firma”, informó Carl. “Técnicamente, las firmas se convierten en reliquias porque él (el santo) las tocó. Una reliquia de primera clase es parte del cuerpo del santo. Otras reliquias son cosas que el santo tocó o artículos de su vestimenta”.

La mayor parte de la tinta tiene un tono café. En partes es significativamente más oscura.

Tesoros históricos

Sin que levantáramos jamás la mirada de estos tesoros históricos, Valentín comentó con emoción “¡En qué forma escriben! Es sorprendente la descripción que daban”. Apuntó a ejemplos del español que usaban, “es formal y elegante, claramente producto de un erudito”.

“Era importante que establecieran sus credenciales”, dijo Carl, “así que mencionan hechos como aquí es donde estudié, esta es la persona que me puso en este puesto, quién fue mi obispo y quién era mi rey. Era importante que hiciera referencia al hecho de que tenía la autoridad para establecer la misión. También de que había sido entrenado para ser un administrador”.

Valentín tradujo: “Fundada con el dinero de la monarquía católica de España, Carlos III, quien para esta fecha ya murió, pero el dinero que se utilizó para fundar la misión era suyo”.

“La ley de nuestra Iglesia requiere que mantengamos todos los registros de los sacramentos, los registros de bautizos y defunciones”, dijo Carl. “Cuando las misiones cerraron, todo se trasladó aquí a Monterey porque, en aquel tiempo, esta era la capital. La sede de nuestra diócesis estaba en Los Angeles cuando California se convirtió en estado en 1849. Así que cuando una parroquia se cierra, la diócesis siempre mantiene los libros. Incluso cuando trasladaron la misión a Carmel (en 1771), todos los libros permanecieron en Monterey. Cuando pensamos en cuántos caballos y mulas han transportado estos libros para allá y para acá... el hecho de que continúen estando en estas condiciones es sorprendente”.

“Los libros se copiaron a microfilm en la década de 1950 y después se sacaron copias que utilizamos en la vida diaria”, agregó. “Si tengo dificultades para ver las fotocopias, consulto los originales. El que es de gran interés es... vaya al 29 de agosto de 1784. Es la fecha de su muerte. Observe qué larga es esa entrada. Son dos páginas completas. Palóu la escribió”.

Valentín tradujo el elegante español, “En la iglesia de la misión de San Carlos, enseguida del altar a un lado del evangelio, en el...” Después, Palóu incluyó la información acerca de los logros de los estudiantes de Serra que explicó Valentín.

“Es casi como una lección de historia acerca de la vida de Serra”, dijo Carl. “Fue la fuente de información de la mayoría de las biografías que se hicieron acerca de él, escritas por un amigo de la infancia y de toda la vida”.

El caso en su contra

“La mayor parte de la información del libro de Rose Marie Beebe, (‘Junípero Serra: California, Indians, and the Transformation of a Missionary [Before Gold: California Under Spain and Mexico]’, publicado en febrero de 2015) proviene de sus diarios, los cuales se encuentran en México y España”, dijo Carl.

Las investigaciones más recientes indican que las misiones de California no eran plantaciones de esclavos. Los padres trabajaban al lado de los indígenas americanos. España había estado en México durante más de 200 años antes de que Junípero Serra pusiera pie en el continente. La determinación de España por asegurar sus intereses en la Alta California incluyó enviar a los padres a crear asentamientos. Era una estrategia para impedir que los rusos expandieran sus intereses a lo largo de la costa oeste de América del Norte.

Culpar a Serra y a los padres de los cambios culturales es una conclusión demasiado simple. El único propósito de un misionero es salvar almas. Eso se logra por medio de la conversión y la aceptación de una nueva forma de vida.

Gran parte de las dificultades que causaron los europeos se debe a las enfermedades que estos extraños les provocaron a los pueblos indígenas. “Eso podría ser más a causa de los soldados”, dijo Carl. “Había más soldados que padres. Estoy revisando las actas de defunción y la mayoría de las entradas eran inmediatamente después de nacer, tanto en el caso de los bebés como de las mamás. No he encontrado ningún patrón verdadero de enfermedades hasta la década de 1820, en que hubo varias epidemias”.

Estos libros cubren de 1770 a 1829. Durante ese tiempo, Serra y sus compañeros franciscanos fundaron 21 misiones desde San Diego hasta Sonoma. Cada una se encontraba a un día de distancia a caballo de la otra, creando lo que se convirtió en El Camino Real, la actual carretera 101.

La mayoría de los padres eran hombres educados que compartieron su alfabetización y disciplina, lo cual resultó en un preciso mantenimiento de los libros.

Sí, Serra era un penitente que creía que la autoflagelación lo acercaría a entender el sufrimiento de Cristo. Se abstuvo de placeres simples como el vino, la carne e incluso los dulces, prefiriendo el pescado y la fruta. Era un serio administrador y un apasionado seguidor de su fe y de la necesidad de llevarla a otros.

Al ver de cerca la firma de Serra, me pregunto si el diseño caligráfico lleno de espirales era de hecho un símbolo de su largo y retorcido camino a la colección de santos.

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