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La empresa Pacific Gas & Electric desconectó la energía del vecindario de Ana Patricia Ríos en el condado de Sonoma durante ocho días en octubre, tres a principios y cinco al final del mes. La madre de tres niños pequeños vio casi toda la comida en su refrigerador echada a perder.  

Ella indicó que arrojó a la basura al menos $500 en carne, fruta, verduras, salsas y otros alimentos que habrían abastecido a su familia por semanas. 

"Es un gran impacto porque necesitamos la comida que perdimos", dijo Ríos en español, dos días después de que las luces volvieran a encenderse. 

Pérdidas similares ocurrieron en todo el vecindario boscoso y montañoso de Ríos, donde viven principalmente familias hispanas. Muchos de ellos son trabajadores de viñedos o que se desarrollan en la industria del servicio, y a veces varias familias se ven obligadas a compartir una casa. 

Para empeorar las cosas, a mediados de mes, Ríos recibió una alerta de PG&E de que su familia podría verse sumida en la oscuridad una vez más. Entonces, inmediatamente cocinó el paquete de carne en su congelador, que ahora está casi vacío para evitar otra pérdida colosal. 

 Lo malo es que, “aunque la electricidad no llegue", dijo, "los cobros sí". 

En todo California, los hogares de bajos ingresos como la familia Ríos enfrentaron hambre y crisis financiera debido a que la comida en sus refrigeradores se echó a perder; esto sucedió durante los apagones deliberados y sin precedentes de octubre. Las compañías de servicios públicos cortaron la energía en ciertas comunidades secas propensas a incendios durante condiciones de mucho viento, y así reducir el riesgo de que una línea eléctrica provocara un siniestro. 

Esta decisión del apagón fue solo un inconveniente para muchos, pero perder cientos de dólares en alimentos fue un desastre económico para otros. 

Si bien muchas de las áreas que perdieron energía, como partes del condado de Marin y el valle de Napa, tienden a ser más ricas que el resto del estado, decenas de miles de hogares afectados viven con presupuestos extremadamente ajustados, según un análisis de CalMatters, que indica que en ciertas áreas (del Censo) afectadas por el recorte de energía de PG&E, la luz se fue desde el 26 de octubre y en algunos casos duró hasta el 31 del mes. 

El análisis de CalMatters encontró que uno de cada diez residentes y uno de cada ocho niños en las áreas afectadas viven por debajo del nivel federal de pobreza, que es de $25,750 de ingresos anuales para una familia de cuatro. Las estimaciones se basan en los mapas de PG&E de las áreas afectadas por los cierres, y los datos promediados del 2013 al 2017 de la encuesta anual de la Oficina del Censo llamado American Community Survey.  

Estas son las comunidades pobres que perdieron la energía. En algunas secciones de Vallejo, San Pablo, Berkeley, San Rafael, Santa Cruz, Clearlake, Redding, Arcata y Sonora, lugares donde más de un tercio de la población vive en la pobreza. 

 En algunos casos, las personas que no pudieron reemplazar sus alimentos en mal estado enfrentaron hambre inmediata. Muchos confiaron en los bancos de alimentos locales, algunos de los cuales también se vieron afectados por la pérdida de energía y tuvieron que tirar sus alimentos.  

Algunas escuelas tuvieron que cerrar, por lo que las familias como la de Ríos tuvieron que alimentar a los niños que generalmente comen comidas escolares gratuitas o de precio reducido. Al mismo tiempo, muchas familias se apresuraron a reunir lo de la renta de noviembre mientras volvían a llenar sus refrigeradores de alimentos. Los ancianos, enfermos y discapacitados fueron los que más sufrieron. 

Los apagones afectaron la situación de las personas y ´´aumentaron el hambre entre los que ya padecen inseguridad alimenticia", dijo Andrew Cheyne, director de asuntos gubernamentales de la Asociación de Bancos de Alimentos de California, en una audiencia del comité del Senado hace unos días. "No podemos estar allí para todos los necesitados y hasta el momento, los californianos no han vuelto a rellenar de comida sus refrigeradores". 

No obstante, el riesgo de hambre provocada por los cortes de energía continúa. El miércoles por la mañana (hace dos semanas), PG&E cortó la energía a unos 50,000 clientes en 11 condados del norte de California. 

¿A las familias les reembolsarán su dinero? 

Ríos fue uno de los más de 2.7 millones de californianos que perdieron la electricidad durante los apagones deliberados de octubre. La empresa PG&E fue responsable de la mayoría, mientras que Southern California Edison (SCE) y San Diego Gas & Electric (SDG & E) dejaron sin luz a miles de clientes. 

 Aproximadamente 480,000 personas, incluidos 120,000 niños y 81,000 personas mayores de edad, viven en la pobreza en las secciones afectadas. Sin embargo, esa es una sobreestimación de la cantidad de personas pobres que realmente perdieron la energía dado que muchas secciones de la Oficina del Censo llegan mucho más allá de las zonas afectadas. 

A medida que persiste el riesgo de incendios forestales, ¿cómo las compañías de servicios públicos protegerán a los clientes de bajos ingresos del hambre y la crisis financiera? Es una pregunta que todavía está en el aire.  

Mientras tanto, el gobernador Gavin Newsom calificó las interrupciones planificadas como "inaceptables". 

 "No podemos continuar incurriendo en las pérdidas económicas, los posibles costos de salud y humanos asociados con estos cortes de energía", dijo Newsom a CalMatters. 

Respondiendo ante la demanda de Newsom, PG&E acordó proporcionar un reembolso único de $100 para los hogares y $250 para las empresas afectadas por la primera ola de interrupciones que comenzó el 9 de octubre, donde aproximadamente 738,000 clientes se hundieron en la oscuridad con muy poco de tiempo de advertencia debido a la fallida comunicación.  

“¿Pero será suficiente ese dinero para las pérdidas? En muchos casos no será”, dijo Newsom a CalMatters. "Y es por eso que todavía la respuesta no ha sido la adecuada, pero dadas las circunstancias, era lo menos que podían hacer". 

 El senador Scott Wiener, demócrata de San Francisco, ha presentado un proyecto de ley que requiere que las empresas de servicios públicos reembolsen a los clientes los costos que acumularon durante las interrupciones de energía planificadas. 

Hace unos días, junto con la advertencia sobre el apagón programado para esta semana, PG&E anunció que donará $2 millones a organizaciones sin fines de lucro que brindan alimentos, agua, refugio y otros servicios a "niños y familias de bajos ingresos; comunidades de color, personas mayores y miembros de los indios nativos", durante los desastres y apagones planeados. 

"Para las personas más vulnerables entre nosotros, las que dependen de equipos médicos para mantenerse con vida o no pueden permitirse reemplazar los alimentos perdidos, perder energía durante un período prolongado puede conllevar riesgos considerables de miedo e inseguridad", dijo el CEO y presidente de PG&E, Bill Johnson, en una declaración hace unos días. 

 "Estamos trabajando para reducir el alcance y la duración de futuros apagones, y para minimizar el impacto de sus clientes tanto como sea posible", agregó. 

El problema para encontrar comida 

Dos días después de que regresó la luz, la familia de Ríos pasó el Día de los Muertos, el día después de Halloween y el duodécimo cumpleaños de su hijo, como voluntaria en una distribución de alimentos en la escuela de sus hijos llamada El Verano, una comunidad no incorporada en el condado de Sonoma. En ese momento, la familia todavía no celebraba nada.  

“Les dije a los niños que no, en este momento comprar un disfraz no es una necesidad. Primero es poder comprar comida ", dijo Ríos. 

 Entre el trabajo de Ríos para coordinar las clases de educación para adultos y el trabajo de su esposo como jardinero, generalmente recaudan alrededor de $3,500 cada mes. Eso significa que ganan $1,000 por encima del nivel federal de pobreza para una familia de cinco. Sin embargo, Ríos dijo que es difícil reunir el dinero para pagar el alquiler, ya que este consume casi la mitad de sus ingresos; además para pagar por los alimentos y facturas mensuales. 

Además, Ríos había perdido ocho días de trabajo debido a los apagones. Su esposo perdió cuatro días de trabajo debido al humo del incendio Kincade Fire a 40 millas al norte, que pudo haber sido provocado por el equipo de PG&E, a pesar de los apagones planeados. Desde entonces, Ríos ha dependido en gran medida de las distribuciones de los bancos de alimentos para alimentar a su familia desde entonces. 

Ese día, en la Escuela Primaria El Verano, casi 250 familias hicieron fila para reemplazar la comida que habían perdido, llenando cajas con papas, cebollas, leche, queso, huevos y pan transportados por el Banco de Alimentos Redwood Empire. 

 "Han perdido todos los alimentos en sus hogares porque nuestras familias no pueden comprar generadores de energía para mantener sus refrigeradores funcionando toda la noche", dijo Maite Iturre, directora de la escuela. "Al final, acabas con una situación bastante seria y difícil de recuperar para muchas personas". 

Iturre dijo que el 86% de los estudiantes reciben desayuno y almuerzo gratis o de precio reducido en la escuela, pero las comidas no estaban disponibles durante los apagones porque la escuela estaba cerrada. 

 "Para empezar, el impacto más grande es con las personas que están marginadas del sistema y es mucho mayor que (para) las familias que dicen", dijo Iturre.  

 A pesar de la reputación de Sonoma como un destino de lujo para los amantes del vino acomodados, casi uno de cada tres residentes del condado, o alrededor de 60,000 hogares, no podían pagar tres comidas saludables al día el año pasado, según las estimaciones del condado. 

Pero solo unos 16,000 hogares reciben cupones de alimentos. Eso significa que la herramienta principal del condado de Sonoma para combatir el hambre causada por los apagones de energía, brindando beneficios de reemplazo a las familias en cupones de alimentos que tuvieron que tirar comida, solo llega hasta cierto punto. Hasta la fecha, más de 3,000 residentes del condado han reclamado cupones de alimentos de reemplazo. 

En todo el estado, más de 49,000 hogares recibieron un reemplazo automático de los beneficios de cupones de alimentos después de la interrupción del servicio de energía de PG&E del 9 de octubre, que ascendió a $5,730,774. Hasta la semana pasada, los condados continúan aceptando solicitudes de reemplazo de beneficios de cupones de alimentos de hogares afectados por los apagones. 

 Oscar Chávez, Subdirector de Servicios Humanos del Condado de Sonoma, perdió todo en su propio refrigerador durante el corte de luz. Su esposa y sus cuatro hijos condujeron cinco horas hacia el sur para quedarse con su familia en Bakersfield, mientras él se quedó para trabajar en los refugios de evacuación del condado para el incendio de Kincade.  

Durante ese tiempo, Chávez compró la mayoría de sus comidas en restaurantes e invirtió en un generador para mantenerse caliente por la noche. 

Pero él sabe que muchas familias de Sonoma no podían pagar esos gastos sorpresa. Chávez dijo que estaba particularmente preocupado por las familias indocumentadas que a menudo no califican o son reacias a acceder a los beneficios de seguridad y al socorro en casos de desastre. 

"Creo que esta es quizás una nueva realidad para nosotros, el potencial de que haya cortes de energía con mayor frecuencia, así que creo que realmente debemos pensar en cómo podemos proporcionar apoyos adicionales para las poblaciones vulnerables", dijo Chávez. "Tenemos mucho que aprender, este es un territorio nuevo para nosotros". 

Los bancos de alimentos también se ven afectados 

En respuesta a la tensión de los apagones y otras emergencias, la Asociación de Bancos de Alimentos de California ha solicitado una inversión estatal única de $32 millones para financiar energía de respaldo y suministro de emergencia para los bancos de alimentos, dijo Cheyne. 

Redwood Empire Food Bank distribuyó alrededor de 300,000 libras de alimentos a 25,000 personas afectadas por el incendio y los apagones en los condados de Sonoma, Lake y Mendocino a partir del 8 de noviembre. El Banco de Alimentos de San Diego distribuyó $50,000 en tarjetas de efectivo a las familias afectadas. En el condado de Shasta, el banco de alimentos experimentó un aumento del 34% en la demanda de alimentos en octubre. 

En el condado de Humboldt, el banco de alimentos Food for People perdió energía dos veces en octubre durante un total de cuatro días, dijo la directora ejecutiva Anne Holcomb. El banco de comida Sirve aproximadamente al 10% de los 136,000 residentes del condado de Humboldt, donde una de cada cinco personas vive en la pobreza. 

Casi sin previo aviso antes de la primera interrupción de 24 horas el 9 de octubre, el banco de alimentos pudo cargar la mayoría de los productos perecederos en camiones refrigerados, pero tuvo que tirar 60 libras de carne y casi 3.000 huevos, dijo Holcomb. Esa primera ronda de interrupciones, aunque más corta, condujo a las mayores pérdidas, porque muchos de los residentes más pobres del condado acababan de comprar sus alimentos después de recibir sus cupones o cheques de seguridad social el primer día del mes. 

 "Particularmente si ya estás viviendo con un cinturón bien apretado, si acabas de comprar alimentos con un valor de $30 o $40 y te sale mal, eso es una pérdida significativa", dijo Holcomb. 

Si los servicios públicos violaron las regulaciones al no notificar adecuadamente a los clientes sobre las interrupciones de energía es el motivo de una investigación que la Comisión de Servicios Públicos de California abrió.

"La forma número uno (las empresas de servicios públicos) para evitar la pérdida de alimentos es informar a los clientes con anticipación", dijo la comisionada Martha Guzmán Aceves. "Está claro que ha habido un impacto aquí que podría haberse reducido desde mi perspectiva si hubiera habido un aviso adecuado". 

 Comer la comida durante las interrupciones podría enfermar a las personas porque las bacterias pueden acumularse sin refrigeración. Durante una interrupción de energía, la mayoría de los alimentos permanecerán fríos durante no más de cuatro horas en el refrigerador y dos días en un congelador, de acuerdo con las pautas federales. 

"Sé que es muy difícil para la gente tener que sacrificar toda esta comida", dijo Linda Harris, microbióloga de alimentos en UC Davis. 

Las consecuencias de comer alimentos en mal estado incluyen vómitos y diarrea. "Si crees que existe un riesgo, tirarlo es lo más seguro", agregó Harris. 

Preparándose para el próximo apagón 

Ríos dijo que cambió la forma en que compra sus alimentos. "Aprendí a no comprar más en volumen". Es más costoso comprar cada pocos días, especialmente porque generalmente conduce alrededor de una hora para encontrar los mejores precios. Pero su familia no puede darse el lujo de vaciar un congelador completo nuevamente. 

 Después de haber vivido las evacuaciones llenas de terror de los incendios de North Bay dos años antes, comprende por qué los servicios públicos cortaron el suministro eléctrico para evitar incendios forestales. Pero ella duda si PG&E había tenido en cuenta cómo se ven afectadas las familias y si los apagones realmente funcionan. 

 "Cree que, si es por su seguridad, para evitar un desastre mayor, eso es bueno", dijo Ríos. "Aunque al mismo tiempo, no tiene sentido porque vemos que los accidentes siguen ocurriendo". 

Para leer la versión del artículo en inglés, visite CalMatters.org 

Jackie Botts es una periodista de CalMatters. Este artículo es parte de The California Divide, una colaboración entre salas editoriales que examinan la desigualdad en el ingreso y la sobrevivencia económica en California. 

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