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Poco después del mediodía, en un día escolar de octubre, docenas de alumnos de sexto grado de Monte Bella Elementary School entran a la cafetería, platicando entre ellos. Toman bandejas limpias de plástico color verde y se forman para esperar que los trabajadores de la cafetería les sirvan fajitas, elote, palitos de pan, manzanas y más. 

No obstante, no suelen comerse todos los alimentos que les sirven y, en los últimos años, los padres del Distrito Escolar Unificado de Alisal comenzaron a expresar sus preocupaciones respecto al desperdicio de comida. Como respuesta, iniciaron un programa de reciclaje de comida, no solo para reducir el desperdicio de alimentos, sino también para combatir el hambre entre los estudiantes. 

Areli Colin es alumna de sexto grado en Monte Bella. Este es su último año en la escuela; el próximo año asistirá a la escuela secundaria en La Paz. En su casa, a veces le ayuda a su madre a hacer pambazos, un platillo que normalmente se prepara con pan de levadura, chorizo y papas, remojado en salsa.

“Los alimentos son algo que nos puede llegar a faltar”, dijo. “Muchas personas trabajan arduamente para cultivar toda nuestra comida y existen muchas más personas necesitadas. Me parece que es mejor compartir nuestra comida, en lugar de solo tirarla a la basura”.

En la escuela, Areli dice que generalmente contribuye con los alimentos que le sobran y los dona al programa de reciclaje. En su mayoría son frutas, pero también ha reciclado sándwiches a los que había quitado la envoltura pero que no mordió o bolsas de papas fritas cuando no las quería, comentó.

Areli dijo que ve muchos menos desechos en el bote de basura ahora que el programa de reciclaje está en marcha, y considera que es una señal del éxito para el programa.

“En la cultura de este distrito, se considera un pecado desperdiciar alimentos”, dijo Irene Vargas, directora de servicios de nutrición, bienestar y compras del Distrito Escolar Unificado de Alisal.

La “política de la Manzana Viajera” (Traveling Apple Policy) permite, por primera vez en la historia del distrito, que los alumnos se lleven a casa los alimentos de la cafetería que no se consumieron.

Frutas, verduras, granos y alimentos empacados son productos elegibles para reciclarlos, de acuerdo con los lineamientos de la política. Los estudiantes los colocan en coloridas cajas de cartón que cuelgan de un estante de alambre de varios niveles que está en la parte posterior del comedor, cerca de los botes de basura. 

“Suceden dos cosas”, explicó la Sra. Vargas. “Deja saber a los niños que pueden reciclar la comida, y que, si hay necesidad, pueden llevarla a casa y comerla ahí o durante el día”.

Casi todas las escuelas en la ciudad de Salinas tienen un almuerzo 100 % gratuito y reducido, ya que es considerada un área de alta necesidad.

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Más del 17 % de los residentes de Salinas viven en la línea de pobreza o por debajo de ella, cifra muy superior al promedio estatal de 12.8 %, calculan datos del censo estadounidense de 2018. 

En una encuesta por entrevistas sobre la salud de 2014, el Departamento de Salud del Condado de Monterey reveló que el 34 % de los residentes no disponen de los medios para comprar comida suficiente. En Salinas, una mujer sola con hijos gastaba el 37 % de su ingreso en comida, y había cerca de 4,900 familias afectadas.

En California, aproximadamente el 62 % de los niños de bajos recursos de entre 0 y 5 años, el 58 % de los de entre 6 y 12 años, y 44 % de los de entre 13 y 17 años recibieron beneficios del Programa Asistencial de Nutrición Suplementaria o SNAP (Supplemental Nutrition Assistance Program). Cerca de la mitad de todos los beneficiarios de CalFresh son niños. 

Muchos estudiantes de Monte Bella están emocionados por la implementación del programa. Incluso los que no toman alimentos del contenedor de reciclaje con frecuencia participan donando los alimentos que no se comen por estar satisfechos. 

Otros distritos tienen políticas similares en respuesta al hambre entre los estudiantes o el desperdicio de comida. Chualar, por ejemplo, un pequeño poblado de menos de 2,000 personas a unos 15 minutos al sur de Salinas, permite que los estudiantes se lleven a casa cualquier fruta entera que no haya sido consumida y se haya quedado sobre la mesa que está cerca de la parte frontal del comedor, destinada específicamente al reciclaje de comida. 

Y al final del día, los alimentos no consumidos pueden ser lavados y devueltos a la línea del almuerzo en la parte frontal del comedor.

Si los estudiantes quieren una manzana extra, una bolsa de papas fritas, leche u otro artículo con su almuerzo, pueden tomarlo del carrito de alimentos reciclados, o metérselo en el bolsillo al momento de salir al recreo. 

No pueden llevarse la leche a casa, pero pueden reciclarla y consumirla durante el día de clases; la escuela ha ideado un sistema en el que la leche se puede colocar en bolsas con hielo en los contenedores de reciclaje, dijo la Sra. Vargas, señalando la parte inferior del estante, ahí los estudiantes colocan las cajitas de leche cuando salen del comedor.

“El propósito es reducir el desperdicio”, dijo la Sra. Vargas. “El gobierno federal se da cuenta que los estudiantes pueden no tener suficiente tiempo para comerse toda su comida y ha realizado cambios con respecto al desperdicio de comida y la sustentabilidad del programa de nutrición infantil. La política de la Manzana Viajera permite que los distritos reutilicen frutas y verduras frescas sin cortar y alimentos empacados”.

El Programa Nacional de Almuerzos Escolares atiende a 30 millones de estudiantes todos los días. En el Distrito de Escuelas Primarias de Alisal, 7,900 participan diariamente en el programa de almuerzos escolares.

Jaylene Guzmán dejó su manzana en el contenedor para el reciclaje de frutas y verduras al salir de la cafetería para ir al recreo con su amiga. Los padres de Jaylene con frecuencia le decían que no desperdiciara comida en casa, dijo, por lo que ella considera importante asegurarse de que no quede comida en su plato, incluso si no es ella quien se la come. 

¿Y el alimento que siempre recicla si se topa con él en su plato? Las minizanahorias. 

“No me gustan”, explicó.

Kate Cimini es una periodista multimedia de The Californian. ¿Tiene alguna información que desee compartir? Llámela al (831) 776-5137 o envíe un mensaje de correo electrónico a kcimini@thecalifornian.com. Suscríbase para apoyar al periodismo local.

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