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Diana Márquez-De La Torre creció en Watsonville y, durante un verano, sus padres (quienes en ese entonces eran trabajadores agrícolas) la llevaron a ella y a su hermano a pizcar fresas junto a ellos.

Los hermanos estaban a cargo de sus propios campos y tenían que plantar, cultivar y recolectar sus fresas.

“Nuestros padres nos decían: 'Si no van a la escuela, esto es lo que van a terminar haciendo; queremos algo mejor para ustedes'”, recuerda Diana.

“Después de eso, las fresas ya no me sabían tan bien”, dijo riendo. “No valen la pena el esfuerzo”.

Tanto ella como su hermano mayor aprendieron la lección y asistieron a la universidad. Aunque comenta que su trayecto no fue fácil, en la actualidad ella trabaja en Google, y se dedica a exhortar a la juventud latina a contemplar puestos de trabajo en el campo de la tecnología. 

Aseguró que menos del 10 % de los títulos en ciencias computacionales los ostentan personas de origen latino, y que menos del 5 % de los trabajadores en las principales compañías de alta tecnología como Facebook, Apple y Google son latinos.

“Necesitamos la perspectiva de ustedes”, dijo Diana a un salón completamente lleno de estudiantes latinos del Valle de Salinas en octubre.

Cuando era adolescente y estudiaba en Aromas School, estaba más concentrada en ser maestra que en trabajar en el área de la tecnología, explicó.

Su primer contacto con la programación ocurrió con Myspace, donde utilizó CSS, Java y HTML para los perfiles de sus amigos, ya que sus padres no le permitían tener uno propio.  

“Jugueteaba en casa con el código, pero la verdadera programación, los cambios reales los hacía en la escuela porque ahí podía usar Myspace y no meterme en problemas”.

En la Universidad de Stanford, comenzó a tomar clases enfocadas en tecnología, pero después de reprobar una clase, empezó a dudar de sí misma y redirigió su educación.

El síndrome del impostor (el sentimiento de ser inadecuado y dudar de uno mismo, a pesar de la habilidad que uno tenga) era algo intrínseco que le hacía sentirse como pez fuera del agua, dijo.

Siendo originaria de Watsonville, un poblado de mayoría mexicana, Diana dijo que no sabía cómo adaptarse a asistir a una universidad de mayoría blanca, y como estudiante universitaria de primera generación, algunas veces ciertos aspectos de la vida universitaria le causaban desconcierto.

“Considero que cuando se es estudiante universitario de primera generación... uno no está preparado para asistir a la universidad”, dijo. “Y cuando se trata de un lugar tan diferente al lugar donde creciste, no posees las habilidades necesarias para enfrentar el fracaso y careces de un sistema de apoyo en ese lugar. Creo que es fácil tomarse como algo personal cualquier fracaso que llegues a tener y eso hace que dejes de intentarlo”.

Actualmente, ella aboga por que los estudiantes universitarios de primera generación tengan un mejor apoyo que le haga sentirse con más confianza ante las dificultades que se presentan en un ambiente tan nuevo para ellos. 

Después de graduarse trabajó en la política, pero pronto se dio cuenta de que quería regresar al campo de la tecnología. Su momento de claridad llegó cuando se encontraba hablando ante un grupo de estudiantes latinos, exhortándolos a dirigir su perspectiva hacia la industria de la tecnología.

Volvió a concentrarse en la tecnología, trabajando como ingeniera de software. Era la única mujer en su equipo y también la única latina.

Ahí fue cuando volvió a sentir el síndrome del impostor, comentó. Pero esta vez, luchó contra él, elevando su estima en todos los aspectos: se vistió mejor que cualquiera de su equipo, leyó más que todos los demás y revisó los proyectos de codificación de sus colegas, tratando de aprender de ellos. 

Lo que descubrió, dijo, fue que no necesariamente eran mucho más listos que ella, simplemente no tenían la misma ansiedad que ella tenía por encajar.

“Cuando se trataba de escribir una aplicación o de construir un algoritmo, estábamos en la misma página”, dijo.

En ese entonces, Diana pasó un año en un programa de maestría de la Universidad de Texas en Austin, conduciendo desde su hogar en Nueva Orleans todos los jueves por la noche. Pasaba todos los viernes y sábados en sus clases y después conducía de regreso a Nueva Orleans, todos los domingos, realizando este recorrido de 15 horas cada fin de semana durante un año.

Un mes después de su graduación ya tenía trabajo como ingeniera de software.

Llevó la confianza de su trabajo anterior a su siguiente puesto en General Electric y pronto la nombraron directora de equipo. Un año después, Google la reclutó para que trabajara para ellos, lo que la hizo regresar a la bahía.

“A veces me detengo a pensar, si no hubiera dejado que mi síndrome de impostor me afectara al inicio de mi carrera, si hubiera estudiado más ciencias y si hubiera tomado más clases, ¿dónde estaría ahora?”, nos compartió Diana. “Porque cuando dudas de ti misma, cuando sientes que no perteneces, es difícil encontrar motivación para perseguir lo más alto”.

Según su experiencia, el síndrome del impostor es un problema universal entre las mujeres, las personas afroamericanas, los latinos y las minorías que trabajan en tecnología, dijo.

“Es mucho más fácil sentir que no perteneces en ese lugar y no estás segura por qué te contrataron”, expresó. “Cuando hablo con algunos de mis colegas que no tienen ese miedo, es una situación de trabajo mucho más relajada”.

Ahora, Diana trabaja para promover la tecnología entre la gente a través de su trabajo en Google como tecnóloga de personas. Y fuera de su horario de trabajo, habla en conferencias y eventos como el “Hackathon”, o maratón de programación, en Hartnell Community College. En Salinas, alentó a los jóvenes latinos asistentes a contemplar empleos en los campos de STEM (ciencias, tecnología, ingeniería, matemáticas), ya sea en programación o en algo diferente.

“Necesitamos empezar a enseñar que la tecnología no solo se trata de programar”, dijo la Diana. “No importa qué habilidades tengas, la tecnología va a estar en tu vida y puedes trabajar en el campo de la tecnología si así lo deseas. No tienes que saber (programar) para trabajar en este sector”.

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