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Hace solo un par de años, Yolanda Harraway vivía en una tienda de campaña en las calles del barrio chino en Salinas, una zona agrícola que enfrenta el problema de una creciente comunidad de indigentes.

El descenso de la Sra. Harraway hacia la indigencia empezó cuando los Servicios de Protección Infantil le quitaron la custodia de su hijo. Tenía problemas de adicciones y sus antecedentes penales incluyen varios delitos graves, lo cual le impidió aprovechar varias opciones de vivienda financiadas por el estado y por el gobierno. También tuvo muchas dificultades para mantener un empleo: una vez que se conocían sus antecedentes penales, era despedida, una y otra vez.

La Sra. Harraway, quien es afroamericana, encontró ya una vivienda permanente, obtuvo su certificado de preparatoria y se ha mantenido sobria. No obstante, los expertos dicen que los problemas a los que se enfrentó son más comunes entre los afroamericanos y pueden ocasionar o perpetuar la indigencia.

Un nuevo censo sobre indigencia llevado a cabo a nivel nacional y publicado este verano, muestra que los afroamericanos están ampliamente sobrerrepresentados en la población de indigentes de todos los Estados Unidos.

En el Condado de Monterey, el porcentaje de afroamericanos sin hogar es más de siete veces superior al de la población afroamericana del condado. Es casi seis veces más alto a nivel estatal.

Mientras que solo el 3.5 % de las personas que viven en el Condado de Monterey se identifican como “afroamericanas”, el 25 % de la población sin hogar del condado se identifica como tal, de acuerdo con el censo sobre indigencia, también conocido como el Conteo de personas sin hogar (Point-in-Time Count). 

Y en todo el estado, el Censo de los EE. UU. muestra que alrededor del 6.5 % de los californianos se identifican como afroamericanos, pero ellos representan cerca del 40 % de los indigentes del estado, de acuerdo con un informe que entregó el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano al Congreso. A nivel nacional, los afroamericanos representan el 13.4 % de la población, pero integran el 39.8% de la población sin hogar.

Un informe del mes de septiembre de la Autoridad de Servicios para Personas sin Hogar de Los Angeles (conocida en inglés por las siglas LAHSA) indica que el racismo institucional juega un papel importante en la extrema sobrerrepresentación en la indigencia de todas las personas afroamericanas. 

“Los afroamericanos tienen mayores probabilidades de vivir en la indigencia en los Estados Unidos que las personas caucásicas, incluso en el Condado de Los Angeles”, indica el informe. “...El impacto del racismo institucional y estructural en la educación, la justicia penal, la vivienda, el empleo, la atención médica y el acceso a las oportunidades no puede negarse: la indigencia es un resultado colateral del racismo en los Estados Unidos”.

En el Condado de Monterey, estimaciones del censo sobre indigencia muestran que la tasa de indigencia en afroamericanos aumentó más del doble entre 2017 y 2019, creciendo del 12 % de la población al 25 % en ese periodo. Las cifras sorprendieron a los funcionarios locales y algunos sugirieron que el conteo podría ser erróneo, ya que brinda una imagen imperfecta. 

“Se realiza en secreto, en una población que no quiere ser vista”, dijo Elliott Robinson, director ejecutivo provisional de la organización sin fines de lucro llamada Coalition of Homeless Service Providers. 

Además, con frecuencia el conteo es realizado de la forma menos intrusiva posible, lo que significa que los censistas, en su mayoría voluntarios, pueden adivinar la raza u origen étnico de las personas indigentes para no despertarlos o asustarlos, dijo.

Sin embargo, en ese mismo lapso de tiempo, el Condado de Los Angeles también mostró un gran crecimiento en su población de indigentes afroamericanos, incrementándose un 22 %.

La reforma penitenciaria y la indigencia

Steve Berg, vicepresidente de programas y políticas de la National Alliance to End Homelessness (Alianza Nacional para Acabar con la Indigencia) sugirió que los esfuerzos para realizar una reforma penitenciaria en California podrían ser otro factor que contribuye al incremento en el porcentaje de personas afroamericanas sin hogar. 

Miles de personas han sido liberadas de prisión en California desde 2008, ya que el estado aplicó fuertes políticas para reducir la sobrepoblación y manejar el castigo y la rehabilitación fuera de los muros de las cárceles. 

De acuerdo con un informe del mes de abril realizado por el Pew Research Center, si bien el porcentaje de afroamericanos sentenciados a prisión ha disminuido en los últimos años, sigue siendo desproporcionadamente alto.

En 2017, las personas caucásicas representaban el 64 % de los adultos en los EE. UU., pero solo el 30 % de los prisioneros, y mientras que los hispanos representaban el 16 % de la población adulta, constituían el 23 % de los reclusos. Representando solo el 12 % de la población adulta, los afroamericanos conforman el 33 % de la población que fue sentenciada a pasar tiempo en prisión.

“Salir del sistema correccional es un enorme factor de riesgo para la indigencia”, dijo el Sr. Berg. “Eso crea una especie de efecto rebote. Es mucho más probable que las personas que salen de prisión y se vuelven indigentes regresen a la cárcel, a diferencia de quienes salen de prisión y no se convierten en indigente. Las grandes disparidades raciales en el sistema correccional son ambas causa y efecto de las disparidades que existen en la indigencia”.

La Sra. Harraway fue arrestada al menos una docena de ocasiones, la mayoría de las veces por causa de las drogas, estuvo entrando y saliendo del sistema penitenciario, lo cual dice que sucede con frecuencia entre los residentes del barrio chino que no tienen hogar. Ella se comunicó con Community Homeless Solutions (Soluciones Comunitarias para Indigentes) e ingresó en su programa Women in Transition (Mujeres en Transición), después de lo cual encontró una vivienda permanente.  

A través de los esfuerzos de reforma penitenciaria del estado, la tasa de solicitudes de libertad condicional exitosas se ha incrementado de unas cuantas entre cada 100 hasta casi 1 de cada 6. En 2017, un comité del congreso reveló que “el 95 % de la población penitenciaria actual será liberada en algún momento futuro”. La cantidad de audiencias de libertad condicional que finalizaron en una liberación recomendada pasó de menos del 3 % en 2007 al 19.1 % en 2014, de acuerdo con datos del Departamento de Correcciones y Rehabilitación de California.

No obstante, los antecedentes penales, los salarios estancados y una crisis de vivienda al alza que se combinan con políticas que excluyen o castigan a los grupos marginados pueden atrapar a los afroamericanos vulnerables en la indigencia.

Incluso sin antecedentes penales, los afroamericanos enfrentan más dificultades para encontrar empleo y vivienda que otras razas o grupos étnicos, según muestra la Alianza Nacional por una Vivienda Justa (conocida en inglés por las siglas NFHA) en un informe reciente.

La NFHA indicó que incluso después de que la Ley de Vivienda Justa de 1968 prohibiera legalmente negarles vivienda a las personas por motivo de raza, tras la exclusión financiera y la zonificación excluyente utilizadas para discriminar a las personas de color, los afroamericanos siguen enfrentando discriminación en la vivienda. Otro análisis de datos de la Ley de Divulgación de Hipotecas para Viviendas evidenció que a los afroamericanos se les cobran tarifas y cuotas más altas que a los deudores caucásicos y, en forma rutinaria, se les niegan sus solicitudes de préstamos hipotecarios con una mucho mayor frecuencia que a los solicitantes caucásicos.

“Esta es una comunidad donde la barrera está en la puerta principal”, dijo el Sr. Berg. “Las altas tasas de pobreza entre las personas afroamericanas e indígenas estadounidenses son bastante pronunciadas. Aunando a la discriminación racial por parte de los arrendatarios o del sistema correccional, todo se combina para que existan estas tasas tan dispares de indigencia”.

“La palabra con r”: racismo y su papel en la indigencia

“Cuando tienes en mente la palabra con r, es malo para toda la comunidad”, dijo la Sra. Harraway. “Puede iniciar una revuelta”. 

En refugios y programas del barrio chino, la Sra. Harraway dijo haber notado que las reglas se aplicaban con mayor severidad a los afroamericanos. Mientras que personas de piel más clara podían meterse en la fila del baño durante una emergencia, por ejemplo, a los afroamericanos en la misma situación se les indicaba que esperaran su turno, dijo la Sra. Harraway.

“Es enajenante”, expresó la Sra. Harraway. “Duele. Especialmente cuando tienes la actitud (de que) estamos en esto todos juntos”.

En cierto momento, dijo, las tensiones raciales dividieron violentamente a la comunidad en el barrio chino donde ella se estaba quedando. La gente comenzó a replegarse tras las filas raciales, con los afroamericanos enfrentándose a los latinos.

A la misma Sra. Harraway le diagnosticaron trastorno de estrés postraumático debido a toda la violencia.

El primo de la Sra. Harraway fue asesinado; ella llegó justo a tiempo para presenciar su último aliento. Entre el 22 de agosto y el 17 de septiembre, seis personas fueron asesinadas en el barrio chino, algunas víctimas de armas de fuego en plena luz del día.

Al realizar un análisis por raza o grupo étnico, el estrés postraumático afecta a los afroamericanos más que a cualquier otro grupo, y a las mujeres afroamericanas en un grado mucho mayor que a los hombres afroamericanos, de acuerdo con un estudio de 2011 publicado por la revista Journal of Psychological Medicine. Un estudio de 2006 publicado en la revista Journal of Emotional Abuse también descubrió que la percepción de racismo contribuyó al trauma emocional y psicológico en las personas afroamericanas.

Cuando la LAHSA preguntó qué hubiera evitado que los participantes de la encuesta se convirtieran en indigentes, la respuesta más común fue “alguien que se preocupara por mí”.

Algunos residentes afroamericanos indigentes del Condado de Monterey dicen que la situación se agrava por la falta de personas afroamericanas en puestos de toma de decisiones en los programas que prestan servicios a los indigentes.

Victoria Powers, una mujer afroamericana en de treinta y tantos años de edad que ha vivido en el barrio chino desde que tenía 15 años, está de acuerdo. Los latinos que trabajan en refugios daban tratamiento especial a los latinos que viven en la calle, dijo, pero no sucedía lo mismo con las personas afroamericanas contratadas por los refugios.

“Uno pensaría que querrían ayudar a su gente, pero tienen demasiado miedo de que los despidan”, dijo. 

“Simplemente demuestra que el racismo sigue existiendo, en alguna forma”, agregó Shawn Payton, un residente afroamericano indigente del barrio chino y primo de la Sra. Harraway. “Los caucásicos, los mexicanos (que trabajan en los refugios y en vivienda) van a ver por los suyos”.

La Sra. Powers y otras personas dijeron sentirse excluidos de los servicios, que no se les informaba que ciertos programas existían hasta que otra persona afroamericana les daba la información.

“¿A dónde se va el dinero?” preguntó la Sra. Powers. “Nosotros no lo vemos”.

Reyes Bonilla, director de Community Homeless Solutions del Condado de Monterey, que dirige el programa de transición hacia la vivienda por el cual pasó la Sra. Harraway, dijo que con frecuencia descubre esa percepción por parte de la gente afroamericana que ingresa a programas de transición hacia la vivienda. Sin embargo, rechazó que la raza sea un factor para la manera como se trata a los clientes, llamándola una mala interpretación. 

Sin embargo, el Sr. Berg señaló que este sentimiento de exclusión no es poco común entre las personas afroamericanas indigentes, y agregó que hay maneras de combatirlo. 

“Realmente se trata de trabajar con la comunidad afroamericana para garantizar, para saber que estos recursos existen, y trabajar con la gente para asegurarnos de que sean lo más amables posible”, dijo el Sr. Berg.

Trabajar también con las personas que experimentan los programas contribuirá en gran medida a cerrar las brechas que existen en el programa y a ayudar a simplificar el proceso, continuó el Sr. Berg.

El Sr. Robinson, de Coalition of Homeless Services, mencionó que la coalición ha observado una disparidad en la cantidad de personas afroamericanas inscritas para recibir sus servicios en comparación con la cantidad de personas caucásicas inscritas, algo que se evidencia en su informe de 2018 sobre disparidades raciales en la indigencia. Mientras que las personas afroamericanas superan en número a las caucásicas 12 a 1 entre la población indigente, solo se inscriben con una proporción de 3 a 1.

No obstante, una vez inscritas en el programa, el porcentaje de resultados positivos para afroamericanos y caucásicos es casi uniforme, con 8.59 personas afroamericanas que terminan la preparatoria y obtienen una vivienda permanente por cada 10 personas caucásicas.

“Una vez que entras al sistema, tu oportunidad de tener un resultado positivo es la misma que la de todos los demás”, dijo el Sr. Robinson. “Considero, sin embargo, que es un punto importante, que deberíamos hacer un mejor trabajo de difusión o generación de confianza. No estamos haciendo lo suficiente”.

Este artículo forma parte del proyecto California Divide, una colaboración entre salas de redacción que analiza la inequidad de ingresos y la sobrevivencia económica en California.

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