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“Mi hermana, Lorraine”.

“Mi sobrino, David Alvarado”.

“Mi sobrino, Joseph Anthony Aguilera. Le dispararon 25 veces, pero solo 5 balas lo alcanzaron”.

“Mi hijo, Enrique Sosa”.

“Mi hermano, Enrique Sosa”.

“Sal Vargas”.

En el Día de Conmemoración de las Víctimas de Asesinato, docenas de sobrevivientes se reunieron para decir en voz alta el nombre de su hijo, hija, nieto, nieta, amigo o amiga por una vez más.

Organizado por la sede local de Parents of Murdered Children (Padres de Hijos Asesinados) en el Condado de Monterey, el evento fue emotivo y muchas personas hablaban con lágrimas en los ojos.

Se tomaban de las manos o se abrazaban, con pequeñas velas eléctricas en la otra mano, mientras se mantenían de pie en la sala del Consejo de Supervisores del Condado de Monterey, a solo unos pasos del juzgado donde algunos de ellos alguna vez presenciaron un juicio, esperando ver que un asesino fuera llevado ante la justicia. 

Pero muchos de los asistentes siguen esperando algún arresto o un juicio. Algunos han vivido para ver cómo la persona condenada por el asesinato de su hijo era liberada de prisión. 

Sin embargo, en el Día de Conmemoración, los discursos sobre justicia se entrelazaron con palabras de apoyo.

“Estamos aquí porque esta es la única forma en la que podemos encontrar un poco de paz”, dijo María Amarillas, cuyo sobrino, Joseph Anthony Aguilera, fue asesinado a tiros hace cuatro años, cuando tenía 21 años. “Él era una persona sociable, a dondequiera que iba, hacía que el lugar brillara”, dijo.

“Todos nos necesitamos unos a otros”, dijo la Sra. Amarillas. “Todos necesitamos un abrazo y apoyo de los demás”.

De acuerdo con las cifras proporcionadas por la policía de Salinas en septiembre, desde 2014, han ocurrido 147 homicidios solamente en Salinas. 

Durante años, la ciudad fue conocida como la “capital del asesinato de jóvenes en California”, debido a que los informes anuales “Lost Youth” del Centro de Políticas contra la Violencia mostraban que el Condado de Monterey encabezaba con regularidad la lista de homicidios de jóvenes en el estado. La mayoría de los cuales ocurrieron en Salinas.

El último informe “Lost Youth” fue publicado en 2015 y mostró que el homicidio era la segunda causa principal de muerte entre las víctimas hispanas en 2013, y que el Condado de Monterey promediaba más de 24 víctimas por cada 100,000 personas anualmente. Esa cifra se incrementó a 40 homicidios perpetrados en Salinas tan solo en 2015.

La policía de Salinas también comentó que se han logrado éxitos debido a un aumento de personal, al enfoque de vigilancia comunitaria y a las alianzas con otras agencias. 

Desde 2015, los homicidios en Salinas han disminuido aproximadamente de 20 a 30 % cada año, sin embargo, los sobrevivientes deben buscar la manera de sobrellevar su duelo.

Algunos oradores exhortaron a los demás a atesorar sus memorias, mientras que otros hablaron de dejar atrás la amargura y avanzar hacia un lugar de paz. 

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Beatrice Ortega-Bernardo, cuya hermana, Lorraine, fue golpeada, estrangulada y apuñalada hasta la muerte por un exnovio, dijo que los eventos como el Día de Conmemoración sirven de ayuda. Para ella, dijo, es difícil hablar de lo sucedido con las personas que no han experimentado la pérdida de un ser querido a causa de la violencia. 

“Mis amigos no lo comprenden”, dijo. “Ellos no entienden”.

Algunos asistentes encontraron consuelo en sentarse en silencio, como testigos para aquellos que deseaban hablar.

Aunque el pastor Tom Salaz de la iglesia Encounter Church no ha perdido a nadie a causa de la violencia, asistió al evento del viernes para consolar a aquellos que sí han pasado por ese sufrimiento.

“Estoy aquí para ofrecer apoyo, porque cuando suceden estas cosas, a veces no hay palabras que uno pueda decir. Tan solo estar presente es importante”, dijo.

Otras personas agradecieron la oportunidad de hablar de su pérdida, de la muerte de su ser querido y de su vida.

Debbie Sorto, cuyo nieto, Paul Gilbert Morales Jr., fue asesinado a tiros en enero de 2015, asistió a la ceremonia del viernes por la noche, vistiendo una camiseta que mostraba el rostro de su nieto.

El caso de Morales Jr. sigue sin resolverse, y esto le cambió la vida, dijo la Sra. Sorto. Ella regresó a la iglesia, se retiró de su trabajo con el condado porque se sentía incómoda en público, viendo con sospecha a las personas que se cruzaban en su camino.

“Me gusta asistir a tantos eventos de este tipo como me sea posible, solo para decir su nombre”, dijo la Sra. Sorto. “Para que todos puedan escucharlo. Me hace sentir que alguien escuchará su nombre y llamará a la policía para darles alguna pista (acerca de su asesinato).

Tal vez alguien tenga esa bondad dentro de su corazón”, expresó.

“¿Qué más queda después de que perdemos a nuestro ser querido?” Preguntó Angie Ortega, presidenta de la sede local de Parents of Murdered Children, la organización que realizó el evento. La Sra. Ortega, madre de Beatrice Ortega-Delgado, perdió a su hija Lorraine hace más de veinte años. Habló el viernes sobre su experiencia con el duelo durante estos últimos 26 años.

 “Esos días son tan oscuros, cuando tienes miedo de abrir la puerta porque no sabes quién está parado del otro lado”, explicó la Sra. Ortega.

“Podemos permitir que esa oscuridad, ese dolor, esa pena y esas lágrimas encuentren espacio en nuestro corazón y en nuestra alma y permanezcan ahí... Seguimos cargando con ese dolor, seguimos aguantando esas lágrimas, pero encontramos un nuevo significado para nuestras vidas y seguimos adelante.”

“Alguien se llevó la voz de mi hija, pero no me quitaron el recuerdo ni el amor que tengo en mi corazón”, concluyó la Sra. Ortega “Y yo sigo siendo su voz”.

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