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Se pueden comprar muchas cosas con $13,200. 

Por ejemplo, una costosísima lente de cámara, .

Un Ford Fiesta 2015, de acuerdo con el Kelly Blue Book. 

Una casa de 3 recámaras y 1 baño en Cleveland. 

O tal vez un poco de seguridad y autoestima para algunos niños necesitados. 

Es por eso que cuatro buenos samaritanos locales reunieron poco más de $13,000 y les regalaron a más de 50 estudiantes de Salinas un guardarropa para el regreso a clases totalmente nuevo.

Después de ir de compras al Northridge Mall el 23 de agosto, 66 estudiantes de la Jesse G. Sanchez School no solo llevaron a casa ropa y calzado, sino que, además, la cereza del pastel consistió en que también comieron pizza hasta llenarse.

Y todo esto comenzó gracias a una pareja que solo quería retribuir algo a la zona este.

En 2017, los esposos Miguel Rubio y Rocío Soto se comunicaron con un amigo que trabaja en las escuelas de Salinas. Querían ayudar a su comunidad, pero no estaban seguros por dónde comenzar. Ese amigo, dijo Rubio, comentó a la pareja que la Jesse G. Sanchez sería un lugar donde cualquier recurso adicional ayudaría mucho a sus estudiantes. 

Ubicada en el corazón de Salinas, en el lado este, Rubio y Soto consideraron que era el lugar perfecto para concentrar sus esfuerzos filantrópicos.

Para empezar, hicieron todo en grande. Rubio y Soto compraron regalos para todos los 832 estudiantes de la Jesse G. Sanchez, la Navidad pasada.

“Estos chicos iban a recibir un solo regalo (en casa), si es que recibían algo”, dijo Rubio. Él quiso cambiar eso.

Y de esa forma, la familia de Rubio y Soto compró los regalos, los envolvió y ayudó a entregarlos junto a Santa en diciembre pasado.

Rubio quedó especialmente impresionado por la dedicación que el personal y el director mostraron a sus estudiantes. Muchos de ellos, dijo, se graduaron en el distrito, y él los ha conocido la mayor parte de su vida.

“Me enamoré del personal y del director”, dijo Rubio. “Hay muchas escuelas a las que podría ayudar, pero todo salió fenomenal”.

Después del evento de Navidad, Rubio quería hacer más. La inspiración le llegó mientras llevaba a sus hijas a la John E. Steinbeck Elementary School. Ahí, dijo, vio a niños que se sentían excluidos mientras otros a su alrededor empezaban a presumir su ropa o zapatos nuevos. 

“Uno simplemente lo ve, ¿sabes?”, dijo Rubio. “Está en todos lados. Veo a muchos niños cuyos padres no tienen suficiente dinero para llevar a sus hijos de compras para el regreso a clases. Muchos niños quieren usar zapatos y ropa nueva el primer día de escuela”.

Él sabía que el inicio del año escolar podía ser difícil para los niños cuyos padres no estaban en condiciones de comprarles ropa nueva o tenis caros, y decidió pagar algunas prendas nuevas para algunos chicos.

“Eso puede afectar tu autoestima”, dijo. “Por eso quise ayudar a estos niños y sus familias”.

Rubio compartió su idea con algunos de sus compañeros de trabajo en ReMax y unos cuantos de ellos, que estaban ansiosos por hacer una buena obra, pidieron participar.

Una vez que obtuvieron la aprobación de la escuela, Rubio y sus tres compañeros de trabajo decidieron dividir entre los cuatro los costos de la salida de compras. Juan del Real, Jorge Edeza y Sergio Ceja se unieron a Rubio para financiar la salida de compras, dando a cada niño $200 para sus cosas, dijo Rubio.

En la escuela, el personal administrativo y los maestros eligieron a dos niños de cada salón de clases a los que podría serles útil la ayuda, para formar un total de 66 chicos, de entre 5 y 11 años de edad. Después de que los padres firmaron los talones de permiso, los chaperones subieron a los niños a un autobús escolar y se dirigieron al Northridge Mall para comprar ropa nueva y un poco de pizza.

La salida fue un éxito.

Rubio espera que sus hijas, de 11 y 12 años, aprendan del espíritu filantrópico de sus padres. Ellas ayudaron a Rubio y a Soto a comprar los regalos, a envolverlos y después ayudaron a Santa a repartirlos entre los estudiantes el año pasado, dijo.

“Simplemente aprecia lo que tienes y ayuda a los demás si puedes hacerlo”, expresó Rubio. “Entiende que algunas personas son menos afortunadas y no puedes juzgarlas por ello”.

Además, dijo, espera que más personas de todo Salinas y de otras ciudades del condado se den cuenta lo fácil que puede ser el retribuir y ayudar a los demás, incluso si uno no es millonario.

“Aquí es donde nacimos y fuimos criados”, dijo Rubio.

“Me encantaría que más personas vieran lo que podemos hacer por estos niños. Hay tantas personas allá afuera que pueden dar o que no dan, y podemos mostrarles cómo hacerlo. Podemos involucrarnos más.

“Considero que esa es la principal meta al final del día: ayudar a estos chicos”.

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