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La canción “Amor Eterno” de Rocío Dúrcal se escuchaba en un parque de San José, mientras un mariachi tocaba canciones tradicionales de luto para la familia de Keyla Salazar, la niña de 13 años quien fuera asesinada en el Festival del Ajo de Gilroy a una semana de su cumpleaños.

Su madre miraba fijamente hacia el frente, observando en silencio. Algunos miembros de la familia lloraban, pero la mayoría simplemente se dejaban vencer por el peso de su propio cansancio. En su duelo, difícilmente habían dormido o comido en días.

En el que hubiera sido su cumpleaños número 14, sus familiares se reunieron para recordarla: Mostraron sus trabajos de arte en un pabellón, sirvieron tacos y aguas frescas en tiendas aledañas, plantaron flores en su nombre y pintaron lienzos y colocaron un castillo inflable donde los niños rebotaban felices contra las paredes. 

Pero, aunque los familiares de Keyla se reunieron el 4 de agosto para celebrar su vida y lamentar su pérdida, seguían preocupados por su seguridad y por el bienestar de la comunidad hispana y latina en California y en todo Estados Unidos.

Después de que Santino William Legan, de 19 años, acribillara a la multitud reunida en el Festival del Ajo con balas provenientes de un arma estilo AK-47, acabando con las vidas de tres personas y lesionando a 16 más, ocurrieron otros dos tiroteos en El Paso, Texas y Dayton, Ohio.  Stephen Romero, de 6 años, y Trevor Irby, de 25, también fallecieron en el ataque.

Los investigadores creen que el tirador de El Paso publicó un “manifiesto” de 2356 palabras que apareció en el foro anónimo 8chan menos de media hora antes del tiroteo. El documento de cuatro páginas contiene una retórica antiinmigrante y racista, apoya un plan para dividir a la nación en territorios por raza y advierte de un ataque inminente, pero no especificado.

Aunque la policía y los agentes del FBI han advertido al público que no han podido confirmar que el tirador del festival de Gilroy fuera un supremacista blanco, los dos tiroteos en El Paso, Texas, y en Dayton, Ohio han atemorizado aún más a las comunidades de color, como la familia de Keyla.

La prima de Keyla, Marinela Macero, dijo que como latina, estaba preocupada incluso de asistir a la celebración de la vida de Keyla. 

“Siento que justo ahora todos nosotros somos un blanco”, dijo Macero, señalando a los niños de edad escolar que jugaban en el castillo inflable detrás de ella. “Pero eso no es vivir; uno tiene que salir y demostrar que no te van a dominar”.

La tía de Keyla, Katiuska Pimentel, organizó el evento del 4 de agosto. Dijo que considera que la comunidad latina y la gente de color en su conjunto están en riesgo, al ser el objetivo de los supremacistas blancos. La muerte de su sobrina hizo que esto quedara aún más claro.

“Vivimos en un sistema en el que la gente de color es marginada de muchas maneras”, dijo Pimentel. “El hecho de ver este tipo de violencia no me sorprende. 

El odio puede causar mucho dolor en las comunidades y tenemos que hacer frente a ese odio. Estas vidas inocentes no tienen nada que ver con tu odio o tu dolor”.

“Siempre estoy luchando por la justicia, pero esta vez creo que necesito sanar y después lucharé por la justicia”, dijo Pimentel. “Pero es realmente difícil. No puedo decir lo difícil que es. Las palabras no pueden expresar mi dolor”.

La muerte de Keyla también unió más a la comunidad.

Pimentel ha estado en comunicación con las familias de las otras dos víctimas del atentado perpetrado por Legan, y su celebración de cumpleaños trajo a familiares desde Perú para recordarla y honrarla. 

Sam Liccardo, alcalde de San Jose, asistió a la celebración y habló del legado de Keyla, prometiendo a la familia un perro Golden Retriever que Keyla tanto deseaba antes de fallecer. Liccardo hizo un llamado a las figuras nacionales para dejar de exacerbar las tensiones raciales, además de ampliar la conciencia sobre la salud mental y su atención.

“Solo podemos esperar usar este como un momento de aprendizaje, para organizarnos sobre cómo podemos confrontar la violencia causada por las armas de fuego, cómo podemos confrontar a la supremacía blanca, a las perturbaciones mentales y a todos los otros males que han conspirado para crear este evento”, dijo Liccardo. 

“Sin duda desearía que tuviéramos un liderazgo nacional que fuera más inteligente en temas de raza, pero independientemente de eso... también tenemos que aceptar la realidad que está aquí entre nosotros. Y todos debemos colaborar en nuestras propias comunidades para superar estas divisiones tan significativas y para atender los problemas de desequilibrios mentales, los cuales sabemos están afectando a demasiadas personas”.

Liccardo también habló sobre la necesidad de tener un control de las armas de fuego, pero dijo que los políticos a nivel municipal con frecuencia estaban atados de manos por las regulaciones estatales y federales. En su lugar, esperaba fomentar una legislación que obligue a los dueños de armas de fuego a contar con un seguro. 

“Desde luego que no vamos a detener la violencia generada por las armas de fuego con una medida como esa, pero vamos a dejar de pagar por ella”, dijo Liccardo.

Mientras los políticos luchaban en el aspecto político, los miembros de la familia luchaban para encontrar una manera de recordar a la adolescente que era conocida por tener “un gran corazón”.

“Para nosotros es realmente difícil tener hoy esta conmemoración”, dijo Rebeca Armendáriz de Gilroy y amiga de la familia de Keyla.

Pero de todos modos decidieron seguir adelante con ella. “La familia sintió que a Keyla le hubiera gustado tener una fiesta para honrar su espíritu”, dijo Armendáriz.

La madre de Keyla, Lorena Pimentel de Salazar, dijo estar contenta de que tantas personas asistieran a la fiesta. “Es realmente bello tener aquí a tantas personas para apoyarnos. Me ayuda mucho”, dijo Pimentel de Salazar.

“Keyla hubiera abrazado a todos los que vinieron a su fiesta, conociéndolos o no”, dijo.

Pimentel de Salazar dijo que su hija amaba ayudar a la gente, especialmente a la gente sin hogar, a veces se llevaba comida del refrigerador familiar para darla a personas que viven en las calles de San Jose. 

“Keyla tenía un enorme corazón, un gran corazón para los demás”.

Keyla será sepultada en una ceremonia privada en el cementerio Gates of Heaven de Palo Alto.

USA Today, Damon Arthur y Eduardo Cuevas contribuyeron a este informe.

Kate Cimini is a multimedia journalist for The Californian. Have a tip? Call her at (831) 776-5137 or email kcimini@thecalifornian.com. Subscribeto support local journalism.

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