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Mientras crecía en Salinas, el futuro de Ricardo Mata lucía desolador. 

A los 13 años comenzó a meterse en problemas, robando y consumiendo drogas, antes de cometer robos a mano armada y atracos con armas letales. Esto lo hizo pasar dos años y medio bajo la vigilancia de la Autoridad Juvenil de California (CYA, en inglés) tras la noche en que un equipo de SWAT rodeara su casa y arrestara a Mata, que entonces tenía solo 16 años.

En otro momento de su vida, lo apuñalaron dos veces durante una pelea en un bar, por lo que estuvo a punto de morir, según nos dijo.

Sin embargo, a finales de mayo, Mata sonreía mientras recibía su maestría en trabajo social por la Universidad Estatal de San Jose. Ahora espera dedicar su vida a ayudar a los demás.

“Existe una gran estigmatización hacia las personas que han estado encarceladas, así como estereotipos sobre las personas que tienen antecedentes penales... Me doy cuenta de que ahora soy una estadística positiva en vez de una negativa. Al hacer lo que hago ahora, espero empoderar a las personas para que haga algo parecido. No dejes que la sociedad te diga lo que no puedes hacer”, comentó Mata.

Construir un camino hacia el éxito

A los 19 años fue liberado de la CYA e ingresó a un programa para obtener su diploma de educación general (GED, en inglés). Mata recibió su diploma en 2005, y fue el primero de su familia en conseguirlo. 

“No existía un camino hacia el éxito. Tenías que crear tu propio camino hacia tu éxito. Cuando veo hacia atrás, yo era un joven que trataba de encontrarse a sí mismo, sin dirección alguna, sin una esperanza real, sabiendo que hay algo allí para mí, pero sin tener la orientación que me llevara al camino correcto en esa dirección”, explica Mata.

No obstante, su expediente de delincuencia juvenil no podía eliminarse debido a la gravedad de sus delitos y le preocupaba no ser capaz de encontrar un trabajo.

Además, al ser la primera generación de su familia en cursar la educación superior, no estaba completamente seguro de cómo manejarlo. Su padre, un inmigrante proveniente de México, alentó a sus hijos a continuar su educación, aunque él mismo no había terminado la escuela preparatoria. 

“Siempre quise ir a la escuela, pero no sabía para qué. Nuestros padres no nos enseñan lo que es la educación superior o cómo conseguir ayuda financiera. Todas esas rutas, las encontramos por nuestra cuenta… Ellos tratan de alentarnos a ser mejores, pero carecen de las herramientas adecuadas y de los recursos para ayudarnos a avanzar al siguiente nivel”.

Ahora espera que lo que ha logrado produzca un cambio en su familia durante las siguientes generaciones. 

“Ahora esa es la diferencia con nosotros, ya conocemos el camino…; alguien tiene que construir el camino para que otro más lo siga, y eso es lo que está pasando justo ahora con toda mi familia”.

Los jóvenes que han sido excluidos de una educación preparatoria tradicional no solo pierden esa acreditación, sino también las oportunidades para crear redes y la orientación para elegir una carrera profesional, así lo informó el año pasado el analista de políticas públicas Lucius Couloute en un artículo para la organización sin fines de lucro llamada Prison Policy Iniciative. 

Datos del Departamento de Educación de Nueva York muestran que más de dos tercios de los infractores adolescentes con edad para asistir a la preparatoria no regresan a la escuela una vez que son liberados, según lo señalado por la Oficina de Justicia Juvenil y Prevención de la Delincuencia (OJJDP, en inglés) del Departamento de Justicia estadounidense.

Y una revisión de las investigaciones de prevención del delito de 2013, "Procesamiento formal de los jóvenes en el sistema: Efectos en la delincuencia" reveló que no hay evidencia de que el paso formal de los jóvenes por el sistema de justicia juvenil tenga un efecto de control de la delincuencia. Por el contrario, el principal resultado promedio fue un incremento en la delincuencia. 

“Me sentía como un extraño”

Cuando tenía 20 años, Mata comenzó a tomar clases en la escuela universitaria Hartnell College.

Después de unos cuantos años, logró su transferencia a la Universidad Estatal de California en Monterey Bay, donde estudió psicología e ingresó al cuadro de honor. The Salinas Californian escribió un artículo sobre Mata (quien entonces tenía 27 años) y sus logros.

Sin embargo, su trayecto por la educación superior no fue fácil.

“Sentía que estaba atrasado en todo lo relacionado a la educación y en la forma de expresarse de los demás estudiantes y en su forma de ser... En todo momento me sentía como un extraño dentro del salón de clases”, recuerda Mata.

Pero persistió y en 2016 se graduó de la CSUMB.

“Era algo que siempre soñé, ir a la universidad, trabajar para ello y obtener una licenciatura en algo… No sabía que esto era posible después de haber estado en la cárcel siendo adolescente y adulto joven”, comenta.

Fue una alegría compartida con quienes lo querían y apoyaban.

“Mi familia está orgullosa de mí y siguen hablando de mí. Están orgullosos de lo que estoy haciendo y me emociona cambiar esa parte de nuestra generación y de nuestra vida… Si obtuve mi licenciatura, siento como si toda mi familia la hubiera obtenido conmigo”, expresa Mata.

El logro impulsó a Mata a seguir adelante: “Después de terminar mi licenciatura, pensaba que podía hacer cualquier cosa en el mundo y por eso que quise llegar tan alto como pudiera”.

Hizo su solicitud y fue aceptado en el programa de Maestría en Trabajo Social de la Universidad Estatal de San Jose. Sin embargo, pronto se encontró con esa sensación familiar de estar perdido entre otros estudiantes que asimilaban más fácilmente el programa de posgrado, que venían de prestigiosas escuelas cercanas, como la Universidad de California en Berkeley. 

“Sentía como si no perteneciera ahí, pero tuve la confianza de competir”, dijo.

“No hice trampa”

Mientras estaba en la escuela, trabajó en la agrupación sin fines de lucro Community Solutions, donde se ocupaba los siete días de la semana y tomaba siestas cortas para poder soportarlo. Al ser un fanático deportivo “de hueso colorado”, grababa los juegos de los San Jose Sharks y los San Francisco 49ers e ignoraba las redes sociales, hasta que en algún momento de ocio pudiera verlos después de estudiar o trabajar.

“Fue muy desgastante. Fue difícil… Fue uno de los momentos más difíciles que había vivido hasta entonces... No hice ninguna trampa”, recuerda Mata.

Mata ha trabajado con Community Solutions, que tiene su sede en el condado de Santa Clara, durante dos años. Community Solutions presta servicios y brinda apoyo para ayudar a las personas a sobreponerse a los retos que representan los problemas de salud mental, el abuso de sustancias, los traumas, la disfunción familiar grave, la violencia sexual y doméstica, así como el tráfico de personas. 

La directora de Community Solutions, Mayra Pérez-Arriete, considera que Mata se relaciona bien con las personas a las que atiende, algunas de las cuales tienen las enfermedades mentales más graves.

“Lo primero que tienes que hacer es generar confianza, y él puede hacerlo. Infunde respeto y es genuino en todo”, observa Pérez-Arriete. “No solo los clientes lo aprecian de verdad, también el personal lo aprecia porque trabaja en equipo, porque pone su corazón en lo que hace y da todo, y los demás lo notan”.

Mata dijo que hizo énfasis en crear “conversaciones auténticas” con los clientes con los que trabajó. En una ocasión, sacó a un cliente que tenía esquizofrenia para mostrarle cómo viajar en autobús.

“Fue algo fantástico para esta persona. Ricardo se compromete y hace lo que tenga que hacer para ayudar a los demás”, señala Pérez-Arriete. “Ha sido todo un honor supervisarlo y verlo crecer”.

La educación como una intervención

Durante sus estudios, Mata empezó a ver cómo los temas de justicia social que estudiaba en sus clases se relacionaban con su vida personal: estructuras sociales, justicia juvenil, los retos que enfrentan las personas de color y, particularmente, los latinos.

De hecho, su tesis se enfocó en los retos educativos de la juventud latina que ha estado en la cárcel a temprana edad. 

“La educación fue como una intervención para mí. Me ayudó a aprender sobre cosas que aprendí en la vida real: modelos sociales, privilegio, estudios étnicos... La educación podría ser una intervención para mucha gente que está en la cárcel. Se trata solo de exponerlos a ella y estudiarán de qué trata su propia vida”, afirmó. 

“Puedes poner tu propia experiencia en lo lees en un libro y cambiar ciertas teorías al hablar con la comunidad y descubrir cómo son las cosas. La mayoría de las teorías las crearon los hombres blancos... cuando puedes enseñarle eso a la gente, es muy poderoso”.

A finales de mayo se graduó del programa de maestría, portado orgullosamente una estola de sarape. Mata dijo que obtuvo un promedio general (GPA) de 3.9 y fue invitado a la Sociedad de alumnos con honores Phi Kappa Phi. 

“Algunas personas piensan que, si buscas educarte, tienes que cambiar quién eres y perder tu identidad, pero no es así, de ninguna manera”, dijo. 

Por el momento, planea permanecer en el área de San Jose, pero espera encontrar una manera de retribuirle algo a Salinas.      

“Soy de Salinas, toda mi historia y todos mis retos vienen de Salinas. Vengo de una familia de trabajadores del campo y conozco lo que sufren las personas en ese lugar…Sé exactamente por lo que pasan. Pienso que yo podría hacer una diferencia en mi comunidad y sé que puedo provocar un cambio ahí”, dijo.

También está considerando continuar con su educación, como cursar un doctorado o asistir a la Facultad de Derecho. Espera que las personas sientan esperanza al conocer su historia y que no permitan que los demás definan lo que pueden hacer. 

“Todo es posible. Nunca creas lo que otros dicen sobre ti y nunca te incluyas en una categoría dentro de estas estructuras sociales... Ser resiliente es algo poderoso. Nunca te des por vencido y siempre habrá esperanza”, afirma. “No tiene que ser solo a través de la educación. Puede ser yendo a trabajar y cuidando de tu familia. Es convertirte en un ciudadano productivo para ayudar a que tu familia suba al siguiente nivel”.

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