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A harbor seal surprises Mike and Alex Weber as they collect golf balls polluting the Monterey Bay National Marine Sanctuary. Kate Cimini, The Californian

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En mayo de 2016, Alex Weber y su padre, Mike, nadaron hacia una zona del mar cerca de Arrowhead Point en Carmel, donde el agua toca suavemente la base del acantilado, la idea era que Alex practicara el buceo sin tanque de oxígeno.  

Los buscadores de perlas bucean de esta forma, aguantan la respiración en vez de usar un tanque de oxígeno. Pero lo que Alex buscaba era de mayor tamaño. Estaban flotando en el agua justo debajo de uno de los principales destinos de golf del mundo junto al mar y era obvio que debía haber unas cuantas pelotas de golf en el fondo del mar.

Vestida con un traje de buceo para protegerse del agua fría, se sumergió quince pies hasta el fondo del mar. Lo que ella y su padre encontraron fue desconcertante: no solo había unas cuantas pelotas, sino grandes áreas del suelo marino completamente blancas y cubiertas de pelotas de golf.

“No era un secreto que hubiera pelotas de golf a lo largo de Pebble Beach”, dijo Mike Weber. “Eso ya se sabía desde hace varios años. Lo que no se sabía era que fuera en tal cantidad”.

Al final del día, los Weber habían recogido alrededor de un millar de pelotas. Satisfechos por haber hecho algo que valió la pena, regresaron a casa. 

Una semana después volvieron al sitio y el desconcierto se convirtió en enojo. Una vez más, el área estaba cubierta por pequeñas pelotas blancas. No eran pelotas de golf nuevas, era evidente que habían estado en el océano durante mucho tiempo. Ya habían perdido su textura, olían mal y dejaban residuos calizos en las manos de los Weber. 

Así comenzó The Plastic Pickup, nombre que le dio Alex a una aventura de varios años durante la cual el equipo formado por padre e hija buceaban hasta ocho o diez horas al día, recolectando pelotas y llevándolas a la orilla en kayak cuando las condiciones eran lo suficientemente buenas. Algunos meses iban cada dos días, mientras que otros tenían que dejar de hacerlo totalmente debido a la lluvia, el frío o por problemas de visibilidad. 

“Darnos cuenta de esto fue un disparo al corazón”, expresó Alex. “Tenía 16 años en ese entonces y pensaba: ‘¿Por qué nadie hace nada? Es indignante’. Y me di cuenta de que si quería que se hiciera algo, yo debía hacerlo”.

Durante dos años, Alex, su padre y un amigo de ella sacaron del agua, de forma manual, más de 50,000 pelotas de golf, una difícil prueba física. Las olas empujaban a Alex contra las rocas, las algas marinas se enredaban tan fuertemente alrededor de su cuello que tuvo que cortarlas y se había visto forzada a esquivar las pelotas de golf que llegaban al agua, disparadas desde arriba. 

Y dice que todavía hay más allá abajo.

Las experiencias por las que pasó a continuación (la defensa, reuniones, redactar y publicar un documento de investigación antes de cumplir los 19 años) se agolparon en oleadas, parecidas a las que pulen y desmoronan las pelotas usadas, a veces ocultándolas y otras veces poniéndolas a la vista.

275 yardas de bandas de hule atrapadas en bosques de algas marinas

Debajo de la superficie del océano, las pelotas de golf son escurridizas. Tienen una ligera flotabilidad negativa y pesan menos de dos onzas, por lo que nunca flotarán en la superficie del agua. Se balancean suavemente por el suelo marino, empujadas incluso por la más leve corriente.

“Es como tratar de atrapar plumas durante un día de viento cuando todo se mueve allá abajo”, comentó Alex. “El momento en el que (perturbas) el suelo marino, empiezan a volar por todos lados. Es por eso que nos preocupa la degradación, porque el agua se está moviendo constantemente y están desprendiendo pedazos de plástico”.

También pueden resultar difíciles de encontrar. Las mareas las atascan en las rocas, las hacen deambular en el fondo del mar. Los bosques de algas marinas las atrapan y ocultan y las tormentas las desenmascaran cuando remueven el agua a lo largo de la orilla. Una vez que el mar se tranquiliza, también lo hacen las pelotas de golf. 

A nivel nacional, la contaminación por plástico se ha vuelto preocupante. De acuerdo con la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, en inglés), los plásticos dañan al medio ambiente en formas directas e indirectas, llenando los estómagos de la fauna marina y causando desnutrición, así como absorbiendo y esparciendo por todo el océano sustancias químicas prohibidas, con el potencial de perjudicar a la vida marina y a los seres humanos.

Además, conforme la coraza de las pelotas se degrada, la banda de hule interior de 275 yardas de largo se desprende y desenmaraña, con frecuencia enredándose en los bosques de algas marinas alrededor de Pebble Beach y flotando en la superficie del agua.

“Es importante hacer notar que aunque se han liberado ciertas cantidades de microplásticos en el medio ambiente, pensamos que no se trata de una cantidad enorme a nivel regional o mundial”, explicó Matt Savoca, científico de la Universidad de Stanford, quien trabajó con Weber en su investigación. “Pero podría serlo si esto sigue sin corregirse”.

Además de los campos de golf mundialmente famosos de Pebble Beach, hay muchos otros más cerca del océano solo en California. Cypress Point, Half Moon Bay, Sandpiper y el Trump National Golf Club, todos están a la orilla del mar, y es fácil que los golfistas pierdan las pelotas de golf entre las olas, ya sea accidentalmente o a propósito.

Una investigación realizada en 2009 por la Unión Danesa de Golf reveló que la descomposición de una pelota de golf puede tardar desde 100 hasta 1,000 años. 

El Pebble Beach Golf Club se formó en 1919, lo que significa que probablemente las pelotas han estado volando hacia las olas de la Bahía de Monterey durante un siglo.
Mark Babcock, golfista local, dijo que ha escuchado sobre una tradición de lanzar pelotas al océano desde el hoyo 18 de Pebble Beach, pero creía que había terminado hace años.

Mark Stillwell, abogado de Pebble Beach Co. dijo que nunca había escuchado sobre esa tradición. 

El descubrimiento de “hoyos de miel”

Alex estaba decidida a hacer algo al respecto de la contaminación de la que ella y otros buzos estaban enterados. Contactó al Santuario Marino Nacional de la Bahía de Monterey y a Pebble Beach y acordaron reunirse en octubre de 2017, seis meses después de su descubrimiento.

En la reunión, Alex abogó por retirar las pelotas de golf y por la creación de una estrategia de educación para prevenir una mayor contaminación del santuario. El Santuario Marino Nacional de la Bahía de Monterey realizó su propia investigación para confirmar el descubrimiento de Weber.

Antes de la revelación de Alex, el personal del santuario ignoraba completamente la proliferación de pelotas de golf en la bahía, comentó el superintendente Paul Michel.

Con frecuencia lidian con la contaminación, desde escurrimientos o descargas; todo santuario marino tiene esos problemas si colindan directamente con la tierra. Pero el hecho de que tantas pelotas de golf estuvieran ocultas debajo de las olas los sorprendió.

A diferencia de amenazas mayores para el santuario, como el cambio climático o la acidificación del océano, la basura causada por las pelotas de golf en toda la bahía era bastante simple de solucionar, dijo Michel.

Rápidamente se hizo evidente que Alex sabía de lo que estaba hablando. Los gerentes del santuario realizaron cerca de veinte inspecciones diferentes en 2016 y 2017 con buzos, esnorquelistas y en pozas intermareales. Michel incluso participó en una expedición de esnórquel, en la que después de dos horas y exhausto, emergió del agua con frío y con una nueva comprensión del problema.

“Las corrientes y mareas hacen que estas pelotas se muevan hasta pequeños puntos conflictivos”, explicó Michel. “Los llamamos ‘hoyos de miel’. Podrás esnorquelear por ahí y no verás las pelotas, pero un rato después verás una pila de ellas”. 

“Eso es lo que los chicos nos estaban diciendo”, explicó Michel. “Limpiaban un área extrayendo cientos de pelotas, regresaban una semana después para extraer cientos más”. 

Mientras los empleados del santuario realizaban sus propias inspecciones, las pelotas continuaban apilándose en el garaje de los Weber, almacenadas en tambos de 60 galones originalmente usados para guardar limpiador orgánico para la granja de huevos de Mike Weber.

Las pelotas de golf olían a azufre y el garaje apestaba. En un esfuerzo por descifrar el olor a huevo podrido, Alex empezó a leer artículos científicos y se encontró uno sobre el tema escrito por Savoca, quien estaba a punto de empezar una beca en la NOAA en Monterey.

De acuerdo con el artículo de Savoca, el plástico absorbe las sustancias químicas y adquiere el olor del entorno que lo rodea. Con frecuencia, los peces y las aves confunden el plástico con comida porque huele a las plantas locales, lo mascan hasta que se dan cuenta de su error, pero para ese momento ya se han expuesto a las sustancias químicas y llenado su estómago con plástico.

Alex contactó a Savoca, quien después de visitarla, la animó a redactar y publicar su propio informe de investigación para que los legisladores tuvieran una investigación sólida en la cual basarse para una futura legislación.

“A escala local, este es un problema importante del cual nadie sabía realmente”, externó Savoca.

Con su investigación como punto de partida, Alex espera responsabilizar a los campos de golf del protocolo de mitigación y retiro, de recolectar pelotas del océano y de registrar los datos. Ha estado trabajando con la NOAA, el Santuario Marino Nacional de la Bahía de Monterey y también está en contacto con algunos miembros de la asamblea estatal, aunque hasta la fecha no se ha presentado legislación alguna.

Una ola de basura recogida a mano que mide 26 pies por 8 pies

Alex envió su artículo a la revista científica Marine Pollution Bulletin en junio y le dijeron que sería publicado seis meses después, en enero de 2019. A punto de cumplir 19 años, está estudiando ciencias en Cabrillo College en Aptos y espera su trasferencia a la Universidad de California en Santa Barbara el año próximo para estudiar ecología marina y especializarse en tiburones, los cuales dice, "mantienen nuestro ecosistema". 

“Mis cosas favoritas en la vida son la adrenalina y el océano, así que sentir la adrenalina en todo mi cuerpo al bucear mientras veo a un enorme tiburón pasar junto a mí es lo más grandioso que puedo hacer”, dijo Alex, riendo. 

“Estoy realmente orgulloso de la persona en la que se ha convertido”, comentó Mike Weber. “Su vida dio un giro como resultado de esto que nadie podía haber esperado. Tengo un increíble respeto por lo que está haciendo”.

Desde la publicación del artículo de Alex, Pebble Beach Co. ha iniciado esfuerzos voluntarios de recolección y ya ha recuperado decenas de miles de pelotas, comentó Stillwell.

“Seguimos viendo pelotas históricas, viejas pelotas de golf que han estado en el entorno marino durante mucho tiempo”, dijo Michel. “Queremos llegar al punto en el que solo veamos pelotas nuevas. Ese va a ser un hito importante”.

El club dona pelotas usadas a The First Tee, una organización sin fines de lucro en Salinas que enseña habilidades para la vida a través del golf. Las pelotas más gastadas se reciclan a través de Terracycle, una compañía de reciclaje con sede en Nueva Jersey.

Además, Stillwell dijo que Pebble Beach invierte en educación para su personal y caddies con el fin de que ayuden a evitar que los golfistas lancen sus tiros directamente al mar a propósito, exactamente como Alex sugirió en su reunión inicial.

“Esta es una historia de cooperación”, dijo Mike Weber. “Alex aprendió que debemos garantizar que todos ganen con esto”.

“Pienso que todos los campos de golf conocen esta historia”, continuó. “La están siguiendo de cerca y todos están aguantando la respiración. Lo último que quieren es que los activistas aparezcan y los enfrenten”.

Por el contrario, él espera que los campos de golf en todo EE. UU. sigan el plan que Pebble Beach desarrolló para recoger las pelotas.

Mientras tanto, hay 50,000 pelotas en los tambos del garaje de los Weber, apestando el lugar. Alex tiene grandes planes para ellas.

Está trabajando con Ethan Estess, artista de Santa Cruz, para modelar las pelotas en una ola gigante que mida 26 pies por 8 pies, la cual será transportada en un remolque para llevarla a eventos y conciertos por toda California y así crear conciencia del peligro de los plásticos desechables, como las pelotas de golf perdidas.

“La razón por la que empecé esto era crear algún tipo de cambio de política que obligue a los campos a recoger su basura”, comentó Alex. “Me embarqué en este viaje de dos años para convencer a la gente de hacer esto. Como resultado, solo espero ver que los campos de golf dirijan y mitiguen sus impactos ambientales”.

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