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Tan solo unos pasos más allá de la entrada de la Correccional para Menores del Condado de Monterey, una celda pequeña y deprimente recibe a los visitantes. Las paredes y la puerta están cubiertas de pintura color gris industrial, y una banca dura, su único mobiliario, sobresale de la pared. La pesada puerta metálica incluye una pequeña ventana, y los restos de una esvástica raspada distorsionan la vista.

Al entrar al lugar, lo primero que lo recibe es el olor, una desagradable combinación de sudor y químicos astringentes.

“He probado todos los productos de limpieza”, dijo José Ramírez, director de la División de Libertad Condicional. “Pero es imposible eliminar el olor”.

Esta celda, que por lo general se utiliza para recibir a los internos, es el único lugar que Ramírez tiene para colocar a quienes necesitan derrumbarse en paz. 

Este tipo de celdas no solo proporcionan un encierro seguro para los jóvenes rebeldes, dijeron los expertos. No se trata tan solo de una caja deprimente y apestosa. Su mero diseño va en contra de la misión de la rehabilitación, y hace que aumenten las probabilidades estadísticas de que los jovencitos que pasan por ahí se conviertan en delincuentes profesionales y visiten este tipo de cajas una y otra vez durante sus vidas, y de pasada traumaticen a sus comunidades.

Ahora, por primera vez desde que estos muros se construyeron en 1959, el Condado de Monterey tiene la oportunidad de hacer algo al respecto. 

Durante el último año, han comenzado a erigirse estructuras en el lado este de la calle Natividad, que permitirán cambiar el diseño correccional. Tan solo con unos pasos de distancia entre sí, la Correccional para Menores y la Cárcel del Condado de Monterey están respectivamente reconstruyéndose y renovándose para cambiar por completo la forma en que sus poblaciones interactuarán con los edificios en sí.

De esta forma, las instalaciones de detención han comenzado a atacar la reincidencia, o reencarcelamiento de los interno, a través de una táctica diferente: la arquitectura.

Como país, Estados Unidos está dividido entre considerar la encarcelación como un castigo o como una herramienta para la rehabilitación. Incluso a medida que la reforma de la justicia penal genera encabezados en Washington, el debate acerca del método se está llevando a cabo en pequeñas etapas por todo el país, y esta es una de ellas.

El estilo duro de la antigua correccional del Condado de Monterey presenta un fuerte contraste con los planes arquitectónicos diseñados para el nuevo campus, cuyos edificios están adornados con madera natural, coloridas pinturas, tragaluces y amplios espacios educativos para los jóvenes. 

Ramírez y Marcia Parsons, oficial en jefe de libertad condicional del Condado de Monterey, esperan con ansia la mudanza final al nuevo edificio de $52 millones de dólares, lo cual no sucederá hasta 2020.

“No voy a encerrar a estos jóvenes en celdas durante nueve meses”, dijo Parsons.

Aún así, agregó, el centro necesita mantener un equilibrio delicado.

“Queremos hacer que sea seguro para los jóvenes, pero no queremos que sea atractivo”, informó. “No queremos que regresen. Queremos que lo piensen dos veces antes de hacerlo”.

En décadas recientes, algunos arquitectos han comenzado a promover un diseño más suave en cárceles, prisiones y otros centros de detención. Este enfoque podría reducir la reincidencia, dijo Raphael Sperry, presidente de Arquitectos, Diseñadores y Planificadores para la Responsabilidad Social. 

De acuerdo con las investigaciones en psicología conductual y centros correccionales, el ambiente genera una diferencia en la conducta de las personas encarceladas. Los esfuerzos por suavizar los ambientes han incluido la incorporación de materiales que reducen los niveles de ruido que inducen al estrés, crean acceso a la luz del día, reemplazan las barras de las celdas con puertas y proporcionan espacios aptos para niños en los que los padres encarcelados pueden recibir sus visitas.

EE. UU. tiene con mucho la mayor población de prisioneros en el mundo, y muchos reinciden y son reencarcelados después de su liberación. Por medio del diseño, los expertos piensan que pueden disminuir la población general que se encuentra tras las rejas.

El Buró Federal de Prisiones efectuó investigaciones en la década de 1960 y 1970, las cuales respaldaron esa idea. El buró descubrió que tanto los oficiales como los internos se encontraban más seguros, la rehabilitación mejoraba y la afiliación a pandillas disminuía cuando a los internos se les colocaba en ambientes más cómodos en los que los oficiales interactuaban con ellos cara a cara, en lugar de hacerlo desde detrás de gruesas placas de vidrio. 

El profesor Richard Wener, de la Universidad de Nueva York (NYU), dijo que las primeras investigaciones hicieron surgir conceptos posteriores sobre la reducción de la reincidencia por medio del diseño.

Wener es uno de los principales defensores de este método a nivel nacional. Los arquitectos que construyen centros correccionales con frecuencia hacen referencia al trabajo de Wener, y el arquitecto que rediseñó la correccional para menores lo utilizó.

Wener descubrió que la conducta de los internos mejoraba en ambientes más cómodos y seguros con supervisión directa del personal. Disminuyeron los ataques, las violaciones y el grafiti.

“La mayor parte de las personas que entran, saldrán de nuevo”, dijo Wener. “La forma de tratar a las personas y la manera en que eso les afecta podría tener algo que ver con lo que va a suceder cuando salgan”.

“La encarcelación, encerrar a la gente en sí, es algo que se utiliza como un castigo, a diferencia de algo que se hace para castigar”, agregó. “El castigo es perder la libertad. No los estamos encerrando para que experimenten algo realmente horrible”.

En el Condado de Monterey, entre 2011 y 2016, el 41 por ciento de los internos liberados bajo libertad condicional fueron condenados por delitos nuevos antes del 30 de junio de 2016, según el informe de realineación de la seguridad pública de 2016. Según una actualización del estudio de reincidencia efectuado por el Buró de Estadísticas Judiciales, que se llevó a cabo en 2018, el 79 por ciento de los presos estatales del país son detenidos de nuevo en un período de seis años. No hay comparaciones exactas disponibles. 

Con estas nuevas instalaciones, la Oficina del Alguacil y el Departamento de Libertad Condicional esperan disminuir esas cifras.

Según Sperry, las instalaciones seguras que se sienten abiertas y menos seguras se están volviendo más aceptables en la arquitectura de los centros correccionales.

Durante más de una década, California ha tomado medidas drásticas para mitigar la sobrepoblación de las prisiones, después de que un panel de tres jueces federales expidió una orden para reducir la población de sus prisiones, y esta decisión fue ratificada por el Tribunal Supremo.

En 2012, el gobernador Jerry Brown firmó el Proyecto de la Asamblea 109 para convertirlo en ley, una de las medidas más drásticas en una serie de reformas que de manera colectiva se conocen como “realineación”. Con esta ley, se asignó la responsabilidad de un gran grupo de delincuentes condenados por el estado a las cárceles de los condados y a los departamentos de libertad condicional, con lo que los sacaron de los sistemas de prisiones y libertad condicional administrados por el estado.

La población de la Cárcel del Condado de Monterey aumentó de manera significativa.

La cárcel ha tenido dificultades con sus niveles de seguridad y dotación de personal; seis internos se suicidaron entre 2010 y 2015.

En 2013, un grupo de internos actuales y anteriores demandó al Condado de Monterey y al proveedor médico de la cárcel, alegando que las condiciones de la misma violaban las leyes, ya que no protegían a los internos contra la violencia. La demanda en grupo también alegaba que no había suficientes adaptaciones para los internos discapacitados, y que existían deficiencias en la atención médica y de salud mental.

El condado negoció el pago de $4.8 millones de dólares en 2015. El departamento acordó ampliar sus instalaciones y mejorar el trato de su población, que ahora incluye a un grupo grande de internos con sentencias más largas.

El capitán  Jim Bass ha estado participando en los planes para una nueva cárcel de $89 millones de dólares casi desde que se crearon. Se espera que la cárcel esté terminada para finales de 2019; está enfocada en la seguridad y las adaptaciones para necesidades especiales, informó.

El nuevo edificio, diseñado en base a celdas prevaciadas de concreto reforzado con varillas y acero, tiene un perfil pesado. No hay ningún lugar en el que los internos no estén supervisados, lo cual, dijo Bass, ayudaría a mantenerlos seguros tanto a ellos como al personal.

Además, el edificio está diseñado para intentar disminuir la cantidad de interrupciones en el tiempo que los internos pasan en el patio, aumentar la luz natural y crear una cárcel que sea más accesible para una población encarcelada envejeciente que tiene que cumplir sentencias más largas.

En el nuevo edificio se agregaron patios cercados con malla que permite ver las montañas a la distancia, así como más celdas para internos discapacitados. Sus diseñadores evitaron los puntos de amarre para ayudar a prevenir suicidios, y reubicaron la plomería para que haya menos perturbación cuando se llame a algún plomero, lo cual Bass dijo que sucede con frecuencia. Los internos a veces tapan los baños a propósito, porque están aburridos o desean ejercer cierto control sobre el ambiente que los rodea.

En el diseño se agregaron incluso ocho espacios nuevos para programas, que se usarán no solo para juntas como las de Alcohólicos Anónimos o servicios religiosos, sino también para poner en contacto a los internos con posibles empleadores antes de que terminen sus sentencias.

“(De esa forma) contarán con una cara y un nombre con quien tendrán una conexión, y no se sentirán tan atemorizados por el proceso al ir a tocar puertas sin conocer a nadie”, informó Bass. “Creo que con la realineación (AB 109), todos los alguaciles se encuentran probablemente en mejor posición que la que tenía el estado para manejar la reintegración, debido a que tenemos esa conexión con nuestros proveedores locales”.

Bass sabe dónde está cada escalera, cada clóset para escobas, y cada foso de elevador en el nuevo edificio. Es una verdadera mejora sobre el edificio antiguo, agregó; también espera que el aumento en el tamaño, y en particular en el espacio para programas, ayude a reducir las altas tasas de reincidencia del Condado de Monterey.

Bianca Din, una artista de tatuajes que estuvo en la Cárcel del Condado de Monterey de 2012 a 2014, dijo que los cambios en la cárcel serían una ayuda tremenda para su población.

Din, una mujer delgada, con una trenza gruesa y tatuajes que le adornan las manos y un brazo, y que se asoman por debajo del cuello de su blusa, dijo que toda su vida ha estado entrando y saliendo de centros de detención, después de que comenzó a vivir en las calles desde que tenía 12 años de edad. Decidió seguir a un mentor que la inició en la vida de las pandillas. Se familiarizó con la encarcelación.

Al quedar encerrada en la Cárcel del Condado de Monterey, Din encontró que había sobrepoblación, que no había suficientes camas para mujeres discapacitadas y embarazadas, que había suciedad que las internas no podían eliminar y que la atención médica era inadecuada.

Informó que las mujeres bromeaban acerca de que parecían sardinas, empalmadas unas encima de otras en literas triples que cubrían las paredes de las áreas comunes, e incluso hasta debajo de las escaleras, donde la suciedad de los escalones les caía encima mientras estaban en sus camas.

En ese caos, agregó, ella encontró una nueva determinación propia.

A Din se le colmó el plato cuando se le infectó gravemente una endodoncia, lo cual la dejó con la cara hinchada y un dolor insoportable. Pensó que moriría en ese horrible y hacinado lugar. 

“Supe que ya no podía vivir ahí durante más tiempo”, dijo con los ojos llenos de lágrimas. “No era posible que mi vida fuera a terminar así. Desde el principio, no hubo más que caos y oscuridad. No, yo necesitaba hacer que eso cambiara”.

“Yo no quería vivir mi vida sin esperanzas”.

Cuando llegó la ayuda, agregó, ella supo que tenía que generar un cambio.

Aún así, Din tuvo partidarios en los que confiaba para ayudarle a buscar empleo después de su liberación y a mantenerse en el camino correcto. Din espera que el nuevo edificio y el espacio para programas ayude a otras internas a cambiar sus vidas sin tener que pasar por lo que ella pasó.

Las opresivas condiciones, encima del castigo de la encarcelación, simplemente fueron demasiado para ella, informó.

“No es posible pensar que la solución es caer en un caos incluso más profundo”, dijo. “¿Cómo es posible tener siquiera la habilidad de rehabilitar la mente, cuando ni siquiera puedes estar en un ambiente que te haga sentir segura y cómoda?”

“Sin importar lo que te pase en la vida... No creo que sentirse como una sardina vaya a ser la respuesta”, agregó. “Somos humanos también”.

Los expertos piensan que hay una forma mejor. 

A menos de 100 yardas de distancia de la cárcel nueva se encuentra la Correccional para Menores.

El edificio de bloques de concreto y linóleo será desmantelado en favor de un diseño más suave, y será reemplazado con seis edificios dispersos a lo largo de veredas curveadas rodeadas de lo que, algún día, será pasto.

Los edificios bajos, con ventanas grandes en salones y zonas para dormir, incluyen techos de 20 pies de altura hechos de madera en bruto. Casi todas las áreas cuentan con un tragaluz o ventana que permite la entrada de luz, aromas y sonidos naturales.

“Si pones a alguien en una caja cuadrada que no tiene ninguna vista al exterior, ni vistas al cielo, esa persona reaccionará ante eso. Es un ambiente endurecido y esas personas se sentirán enojadas”, dijo el arquitecto Darrell Stelling, quien diseñó la nueva versión de la correccional. “Si les das una vista agradable al exterior, podrán ver el cielo, podrán oler y escuchar cosas del exterior que harán que reaccionen de manera diferente”.

Stelling dijo que esperaba que los elementos del diseño tuvieran un impacto positivo en las tasas de reincidencia, aunados a un trato amable y respetuoso por parte del personal. Vio el diseño como algo fundamental para esa relación.

De acuerdo con las investigaciones del Buró Federal de Prisiones, la interacción proactiva del personal con los internos es fundamental para arrancar a los elementos que incitan a la violencia o a la actividad de pandillas entre ellos. 

“La arquitectura tiene un efecto, pero es parte de un todo”, dijo Wener, el profesor de NYU. Si la persona que administra el centro no está comprometida con una interacción proactiva entre oficiales e internos, y con la rehabilitación, el diseño de las instalaciones no tiene la menor importancia.

“Como nos lo dijo un director cuando estábamos haciendo un estudio de esta cárcel, el diseño es una herramienta que puede usar un centro para lograr sus metas”, dijo Wener.

Parsons está muy consciente del elemento humano.

“La interacción de mi personal con los jóvenes bajo custodia, y las relaciones que establecen, son muy importantes para el bienestar de los jóvenes bajo custodia, para el bienestar de mi personal”, dijo. “Mientras más se parezcan las instituciones a un hogar, mejor será para los jóvenes”. 

Algunas personas cuestionan el costo de construir instalaciones soleadas y llenas de verdor para alojar a internos. Sin embargo, construir cárceles, prisiones y correccionales menos duras para menores no necesariamente es más caro, dijo Wener. De hecho, agregó, en muchos casos es más barato.

Informó que en instituciones correccionales de todo EE. UU. se ha probado el uso de inodoros de porcelana, puertas de madera y mobiliario regular de madera en las habitaciones, del tipo que uno encontraría en dormitorios. Todo esto no solo hace que los prisioneros tengan una sensación de normalidad, agregó, sino que con frecuencia le ahorra dinero a los contribuyentes.

No solo los muebles normalmente cuestan menos, sino que los internos alojados en estas circunstancias demostraron más probabilidades de hacer cambios que les ayuden a no reincidir, una vez liberados. 

Sin embargo, no a todos los internos les va bien en un ambiente menos restrictivo. Aproximadamente del 5 al 10 por ciento de la población hará estragos si se le coloca en un ambiente menos restrictivo, y es necesario colocarla en una parte de mayor seguridad de las instalaciones para que la mayoría de los internos se sientan suficientemente seguros como para enfocarse en la rehabilitación, en lugar de en la autopreservación.

Algunos miembros de la comunidad arquitectónica consideran que un diseño más cómodo es un buen inicio, pero que a fin de cuentas le falta algo.

Aunque existe mucho interés en el diseño de las cárceles como una forma de mejorar las tasas de reincidencia, Sperry dijo que en su base es un concepto fallido, creado sobre suposiciones racistas y de “dureza contra la delincuencia” acerca de las personas encarceladas en los centros de detención.

La eficacia es cuestionable en comparación con una buena administración, agregó.

“Decir que vamos a proporcionar condiciones particularmente desagradables porque estas personas han hecho algo malo podría satisfacer el sentido de venganza de algunas personas, y las preocupaciones de otras acerca de cómo se gastan los fondos públicos”, dijo Wener, “pero en realidad no nos lleva a las metas de saber, para empezar, por qué estamos encarcelando a alguien ni de lo que esperamos que suceda después de que salgan”.

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