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No se suponía que Alexis Ramos fuera a estar aquí. En el pasado, los atletas del programa de fútbol americano del Alisal nunca han llamado mucho la atención de los programas de la División I de la NCAA.

Ramos, jugador interuniversitario desde hace dos años para los Trojans, era un apoyador sólido. Aunque nunca ganó muchos elogios en el nivel de preparatoria, contaba con el tamaño y el talento natural para generar una diferencia en el segundo nivel de la defensiva.

Eso se traduce en una carrera prolífica en el equipo que está al otro lado de la ciudad, Hartnell.

Después de su temporada de segundo año con los Panthers, a Ramos lo nombraron Jugador Apoyador de la Conferencia de la Costa en 2018, y lo admitieron en la defensiva del Primer Equipo de California de la Región II.

Ahora, el originario del Este de Salinas cuenta con múltiples ofrecimientos de programas de la División I, y pasará el próximo otoño en el campo como el talento más reciente en el fútbol americano jugando para los Trojans.

En camino al lado oeste

Ramos, quien se graduó de Alisal en 2017, terminó su carrera de preparatoria mientras los Trojans terminaban con 2-8 durante la primera temporada de César Chaidez a la cabeza del equipo. 

Mientras Chaidez usaba la temporada de 2016 para establecer los cimientos de la primera victoria en eliminatorias que tendría la escuela en la Sección de la Costa Central (SCC) un año después, Ramos pasaba los 10 juegos arrasando con múltiples atrapadas y tacleadas.

Después de analizar sus opciones a futuro, Ramos se decidió por el colegio comunitario que está al otro lado de la ciudad. Iván, su hermano mayor, también tomó esa decisión y pasó de asistente del entrenador de los Trojans en 2016 a entrenador de los apoyadores de los Panthers en la temporada de 2017.

Entre su hermano y Sunil Smith, coordinador defensivo quien fuera entrenador en jefe de los Trojans durante más de una década, Ramos se sentía como en casa al jugar en la defensiva de los Panthers en el estadio Rabobank.

Cuando era más chico, yo era el encargado de llevar el agua en todos los juegos a los que podía asistir”, dijo Ramos. “Admiraba (a Smith) y quería jugar para él. Al venir aquí (a Hartnell), obtuve esa oportunidad. Cuando juegas para alguien querido, eso te hace esforzarte mucho más. Él nos sacó lo mejor a todos”.

Aunque su posición en el emparrillado nunca estuvo en duda, Ramos descubrió que tenía mejores resultados en los salones de clases de Hartnell.

“Venir aquí me ayudó a desarrollarme en el salón de clases”, dijo. “Me gradué de la preparatoria con un GPA de 2.4, y ahora tengo un GPA de 3.2. Llegué aquí y tomé esto como un nuevo inicio; me ha ido mejor en el campo y en el salón de clases”.

El estilo de juego de Ramos como apoyador alcanzó nuevas alturas en la temporada de su segundo año en los Panthers. Después de registrar seis capturas en su primer año, terminó en el cuarto puesto a nivel estatal con 13 capturas, y dirigió al equipo en tacleadas, con un total de 84.

Eso también provocó que subieran en la clasificación junior college. Ramos terminó la temporada como un prospecto de dos estrellas en GiridironRR.com, y obtuvo el puesto número 25 entre los mejores apoyadores del país.

Para llegar al siguiente nivel

Los apoyadores han cambiado a nivel del fútbol americano de la NFL y la NCAA modernas. Los profesionales como Mark Barron de Los Angeles Rams y Deone Bucannon de los Arizona Cardinals, que miden 6 pies 1 pulgada y pesan alrededor de 215 libras, están jugando una mezcla de apoyador y profundo.

Ramos, quien mide 6 pies 2 pulgadas y pesa 227 libras, se adapta a ese molde.

“Eso es lo que (los programas universitarios) quieren ahora, los apoyadores tienen que hacer jugadas de una banda a la otra”, dijo. “Necesitas correr pendiente abajo, y ya no se trata de ser ese tipo grande. A los entrenadores les gusta que los jugadores se puedan mover bien”.

Hasta ahora, dos programas universitarios han venido a buscar al apoyador local. El primero fue el de la Universidad de Idaho, que llamó a Ramos mientras este se encontraba haciendo sus compras navideñas.

“El entrenador me llamó y me dijo que le devolviera la llamada en cuanto pudiera”, informó. “Pensé que solo iba a llamar para presentarse, pero ahí mismo me ofreció una beca. La Navidad llegó un poco antes de tiempo para mí este año”.

En respuesta a eso, otra escuela que tenía interés en Ramos, la Universidad de Texas en San Antonio (UTSA), también le hizo una oferta de beca.

“Había estado hablando con ellos durante un tiempo, pero cuando vieron que Idaho me hizo una oferta, jalaron el gatillo”, informó. “Al día siguiente me ofrecieron una beca también”.

Ambos ofrecimientos son atractivos, ya que cubren su educación universitaria. Ramos tiene hasta mediados de enero para tomar su decisión, y actualmente está analizando las opciones. 

Mientras tanto, espera que otros jóvenes de la zona del Alisal puedan aprender de su experiencia.

“Al salir del Este de Salinas, realmente no escuchas hablar de que a la gente le paguen su educación por estar en el nivel de la División I”, informó. “Espero lograr motivar a esos jóvenes. Si yo puedo hacerlo, estoy seguro de que hay otros atletas por ahí que también pueden hacerlo”.

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