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Simón Salinas se retiró del Consejo de Supervisores del Condado de Monterey a principios de este mes, mientras un mariachi tocaba las clásicas baladas mexicanas “El hijo del pueblo” y “El rey” en la Cámara. 

Salinas, que ha desempeñado un cargo público durante 30 años, tuvo su última junta el 11 de diciembre y el condado de Monterey celebró con fanfarria su larga carrera profesional. 

En esa fecha también se retiraron prominentes funcionarios del condado, entre ellos el fiscal de distrito Dean Flippo, la bibliotecaria del condado Jayanti Addleman y el asistente del comisionado agrícola Bob Roach.

Salinas fungió como concejal de la ciudad de Salinas, supervisor del condado y asambleísta estatal, antes de volver para continuar como funcionario electo del condado, abriendo camino al creciente poder político de los latinos en la región.  

“Al final se trata de la gente, se trata de todos nosotros, se trata de ustedes”, dijo ante el público que se reunió el 11 de diciembre, “y eso es verdaderamente lo que me llevaré conmigo, todas esas relaciones, a todas esas personas que fueron los críticos honestos que realmente querían decirme y darme sus consejos porque querían que madurara, que creciera como funcionario electo y que continuara trabajando para ellos”. 

Durante toda su carrera profesional, Salinas ha sido conocido por su política de moderación y compromiso. 

“Para mí, ese es un verdadero liderazgo” dijo Chris López, supervisor entrante y asistente de Salinas desde hace largo tiempo. “Lo observé mientras consideraba ambos lados y llegaba a un término medio, y esa es la lección más importante que siempre llevaré conmigo, que el compromiso no es una mala palabra”. 

La ceremonia fue muy diferente a la que se llevó a cabo cuando a Salinas lo eligieron para el ayuntamiento de la ciudad de Salinas hace unos 30 años, siendo el primer mexicoamericano electo después de trabajar como un educador local involucrado en el activismo político de los latinos. 

Recuerda haber tenido que explicarle al personal de la ciudad cuáles eran sus objetivos como concejal que representaba al Este de Salinas, o sea, obtener servicios básicos. Sus antecedentes como presidente local de la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos habían preocupado a algunas personas que consideraban que la organización era radical.

Uno de sus primeros proyectos fue un parque para niños pequeños, que ahora se encuentra detrás de la biblioteca César Chávez. Al obtener la participación de organizaciones y personas que no eran del área ayudó a salvar las líneas divisorias de la ciudad, informó. 

“Creo que necesitábamos eliminar las tensiones raciales, así como las barreras, las percepciones y la falta de comprensión”, dijo Salinas. “Nos demostramos mutuamente que empatizamos, que nos respetamos unos a otros, y esa fue la forma de lograrlo”. 

Su hijo Julián habló ante la cámara del consejo y recordó haber crecido con un padre que siempre se detenía a hablar con los electores, lo cual era algo que él al principio no entendía. 

“Sin embargo, como adulto, yo veo hacia atrás y me llena de un enorme orgullo saber que mi padre es el tipo de hombre que renunciaría a su precioso y limitado tiempo libre para escuchar las preocupaciones de su comunidad”, dijo. “No importaba cuáles fueran tus antecedentes, no importaba qué tan grande o pequeño fuera tu problema, él trataba a todos con el mismo nivel de respeto”. 

Salinas creció con sus 11 hermanos en una familia de migrantes de Texas que cosechaba algodón antes de mudarse al Valle de Salinas, donde se asentaron para cosechar las frutas y verduras locales hace más de 50 años.  

Su crianza influenció la forma en que desempeñó su puesto de elección, ya fuera cuando su familia recibió vivienda pública en Castroville, oportunidades educativas que lo llevaron al Claremont McKenna College o recibió atención médica en una bodega de Watsonville. 

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Mariachi Muratalla performed for the Monterey County Board of Supervisors as part of Simón Salinas' retirement after 30 years of elected office. Eduardo Cuevas, The Californian

“Verás, Simón nunca buscó la política para obtener un título noble”, dijo el supervisor Luis Alejo, presidente del consejo. “Siempre ha tenido el corazón en el lugar correcto, y para él se trataba de dirigir tomando las decisiones difíciles y asegurándose de que todos los californianos pudieran alcanzar el sueño americano”. 

Inicialmente como educador, Salinas participó como demandante contra la ciudad de Salinas por sus elecciones generales, que los grupos latinos argumentaban que violaban la ley de derechos de votación. En ese momento, la ciudad no tenía ningún funcionario electo latino, a pesar de la gran cantidad de población latina con la que contaba

Los activistas de derechos civiles Joaquín Ávila y Jesse Sánchez fueron quienes dirigieron este esfuerzo.

Como consecuencia, el ayuntamiento votó por efectuar unas elecciones especiales en 1988, en las que los votantes cambiaron a elecciones por distrito, lo cual permitió que los latinos y las comunidades que estaban fuera del sur de Salinas tuvieran una mayor representación. Esto le dio a Salinas la oportunidad de ganar un puesto en el ayuntamiento en 1989.

Una vez ahí, Salinas se enfocó en los problemas básicos de calidad de vida, como la falta de señales de tráfico, centros recreativos y caminos inadecuados para el Este de Salinas, una comunidad que históricamente había estado segregada del resto de la ciudad.

Dos años después, otros latinos se le unieron en el ayuntamiento, incluida la recién electa senadora estatal Anna Caballero y Fernando Armenta, un antiguo supervisor que también había participado en la demanda contra la ciudad. 

El hospital Natividad, así como los campos de fútbol del Boulevard Constitution, fueron algunos de los primeros proyectos en los que trabajó. 

A medida que el condado de Monterey se vio obligado a cambiar sus elecciones de generales a distritales después de que un tribunal federal determinó que se estaba violando la ley de derechos de votación, Simón Salinas decidió subir un peldaño político hacia el Consejo de Supervisores.

En 1993, se convirtió en el primer supervisor mexicoamericano en más de un siglo.

En el año 2000 inició un período de seis años como el primer asambleísta estatal latino de la zona, donde emitió votos fundamentales acerca del cambio climático, la igualdad en el matrimonio y la migración. 

El asambleísta Robert Rivas trabajó con Salinas como interno y representante del campo cuando se convirtió en representante estatal.

“Simón deja atrás un increíble legado de liderazgo; creó consenso, sabe escuchar, es un verdadero defensor para nuestra comunidad y es una persona que siempre ha luchado por la gente”, escribió Rivas en un correo electrónico.  

Desde 2007, Salinas ha fungido como supervisor en representación de partes del Este de Salinas y del sur del condado de Monterey. 

La supervisora Jane Parker fungió también a su lado durante una década. “Te proyectas como una persona de buenos modales”, le dijo el martes a Salinas, “pero tu Clark Kent está dispuesto a ponerse una capa de vez en cuando. Y cuando es momento de defender los derechos civiles tuyos y de la comunidad, así lo haces”. 

En el futuro, Simón Salinas planea visitar a su familia en Texas antes de regresar a casa y continuar su trabajo en otras funciones.

El 8 de enero, Chris López, quien actualmente es su jefe de personal, será investido en el puesto. Salinas planea tomarle el juramento.

Respecto a los jóvenes líderes políticos latinos, López piensa que su antiguo jefe les abrió las puertas a los demás. 

“Simón subió por una escalera que ninguno de nosotros nos habíamos dado cuenta que estaba ahí”, dijo López. “De hecho, es posible que haya construido él mismo esa escalera, y que también le haya añadido algunos peldaños. Además, cuando llegó hasta arriba, nos extendió la escalera al resto de nosotros”. 

 

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