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Darla Torres se pegó contra el vidrio, mientras observaba cuidadosamente a la mujer que preparaba unos burritos en El Charrito de Salinas, que su madre, Cecilia, pensaba llevar a casa. 

A unos pies de distancia, un empleado llenaba un vaso de agua de jamaica para un cliente y le entregaba un grueso popote de papel antes de que saliera. 

El Charrito se está volviendo ecológico.

“El plástico tarda mucho tiempo en descomponerse, así que este cambio es bueno para el medio ambiente”, dijo Cecilia. “No nos afecta usar un tipo diferente de popote. Simplemente lo usamos para tomar”.

Darla asentía con la cabeza mientras su madre hablaba. 

Los propietarios de El Charrito esperan inspirar a otros negocios locales de Salinas a que hagan lo mismo, dijo Kenya Moncada, hija de uno de los tres dueños del restaurante.

Si ha pasado por el popular lugar durante el último año, es posible que haya observado algunos cambios: ahora hay una aplicación para hacer pedidos, los popotes de papel están reemplazando a los de plástico, e incluso cuentan con tenedores hechos de almidón de maíz en lugar de tenedores de plástico, que tardan mucho más en descomponerse.

Sin embargo, El Charrito no se detendrá en popotes y tenedores. En octubre, el restaurante implementó recipientes de composta en la cocina, y pronto también los tendrá disponibles para sus clientes cuando completen la renovación, dijo Moncada,
quien está a cargo de las compras de El Charrito y comenzó a presionar para que se hicieran estos cambios a principios de 2018. Los tres propietarios estuvieron de acuerdo casi instantáneamente.

“Fue decisión de todos, y fue una decisión bastante fácil desde el punto de vista ético”, agregó. 

El plástico puede tardar más de 450 años en descomponerse, e incluso muchos plásticos comerciales para composta pueden tardar meses en descomponerse en los rellenos sanitarios, según información del Servicio de Parques Nacionales de EE. UU

Fue relativamente fácil hacer el cambio, dijo Moncada; frente al cambio climático y la contaminación ambiental, agregó que piensa que fue la decisión correcta.

El restaurante tuvo que consumir el resto de sus vasos y platos de plástico primero, pero comenzó a reemplazar sus utensilios hace meses. Esto se recibió con gran fanfarria por parte de los seguidores del anuncio que se hizo en Facebook para notificar el cambio.

“El Charrito es el héroe que necesitamos”, escribió una persona.

“Justo cuando pensábamos que El Charrito ya no podría mejorar, hacen esto”, escribió otro. “¡Bravo! Y gracias”.

Los propietarios esperan que otros negocios sigan sus pasos y comiencen una oleada ecológica entre los negocios familiares.

“Estamos creciendo tanto, que esta es una forma de retribuir a la comunidad”, dijo Moncada.

Los microplásticos son una nueva causa de preocupación para el ambiente.

Los microplásticos son piezas de plástico de menos de 0.02 pulg. de largo, la mayoría de los cuales se desprenden de objetos de plástico grandes como popotes, botellas o bolsas. Estos pueden causar daños cerebrales y corporales a peces y otros animales; además, un estudio financiado por la Fundación Portuguesa para la Ciencia y la Tecnología determinó que incluso podrían absorber mercurio.

Suzanne Worcester, directora del Departamento de Ciencias de la Universidad Estatal de California en la Bahía de Monterey, dijo que por sí solo, el esfuerzo de El Charrito quizás no genere un gran impacto. Sin embargo, como parte de un movimiento mayor, esos esfuerzos podrían ser significativos.

“Si se trata de uno por aquí y otro por allá, es algo pequeño”, dijo Worcester. “Cuando lo vemos como parte de un todo, si los negocios familiares de todo California hicieran cambios, el efecto sería enorme. Todos son importantes en muchas formas”.

“Muchas de las grandes compañías que tienen un compromiso climático no siempre son las que hacen las mayores contribuciones”, agregó. No se trata del tamaño de la compañía, explicó, sino más bien de la profundidad de su compromiso.

Con las reducciones de la administración de Trump en los reglamentos contra la contaminación, así como el retiro de EE. UU. de los Acuerdos de París, establecidos por los principales emisores de carbón del mundo para reducir la huella de este material, gran parte de las batallas en contra de la contaminación y el cambio climático se han reducido a niveles locales, informó.

El gobernador Jerry Brown presionó al estado para que hiciera reducciones al firmar el 20 de septiembre el proyecto de la Asamblea 1884, que tiene el objetivo de reducir la contaminación generada por los plásticos que se utilizan una sola vez, al limitar a los restaurantes abiertos al público a proporcionar popotes de plástico solo cuando los clientes lo soliciten.

En respuesta, algunos restaurantes han reducido su uso de popotes, mientras que otros han cambiado a los de papel o de composta, como El Charrito.

A pesar del esfuerzo local, sin contar con sólidas medidas federales o internacionales, parece que los plásticos que contaminan el océano continuarán esparciéndose; un informe publicado en 2016 por el Foro Económico Mundial predijo que los plásticos que se encuentran en el océano literalmente sobrepasarán en peso a los peces para el año 2050.

La contaminación de los plásticos está invadiendo más que los océanos, según determinaron recientemente los científicos. 

En un estudio de la Universidad de Irlanda que se publicó en 2018, se encontraron microplásticos en los estómagos del 73 por ciento de los peces de mares profundos del Atlántico Norte, uno de los índices más altos a nivel mundial. 

“Si has comido pescado, has comido plástico”, dijo Worcester. “Está saturando nuestros océanos”.

El cambio a popotes de papel y utensilios de almidón de maíz es una forma simple en que los negocios pueden contribuir a la limpieza ambiental, agregó, pero no se le acerca al beneficio generado por la decisión de El Charrito de convertir sus desechos alimenticios en composta, lo cual ayuda de manera importante a disminuir el contenido de metano de los rellenos sanitarios.

“Hacer composta es más importante que lo que la gente podría pensar”, dijo Worcester.

“Una gran parte de nuestra señal de carbón proviene de rellenos sanitarios que, cuando se llenan, liberan metano a la atmósfera; como gas de invernadero, este es de 30 a 70 veces peor que el dióxido de carbono”.

Según la agencia de protección ambiental, las emisiones de los rellenos sanitarios normalmente se componen de un 50 por ciento de metano.

Si otros negocios locales siguen el ejemplo de El Charrito, la región podría experimentar una reducción importante en la producción de metano, dijo Worcester. Estos movimientos necesitan a líderes como El Charrito para iniciar la oleada, agregó. 

“Cuando otros ven que puede ser sustentable, se suben a bordo”, informó.
Cecelia: Darla Torres observa a su madre Cecelia, mientras ordena burritos en El Charrito.

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