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Martha Tapia muestra sus inflamadas muñecas. Esa inflamación es permanente, debido a los 17 años que pasó empacando coliflores en los campos del Valle de Salinas. 
En la actualidad solo le duelen ocasionalmente, dijo, ahora que trabaja para ella misma. 

Tapia, de 56 años, es copropietaria del restaurante Culturas Hidalgo y Oaxaca de Salinas junto con su yerno Román Monjaraz, de 31 años. El restaurante lleva ese nombre porque Tapia es originaria de Tulancingo, Hidalgo, en el centro de México, y Monjaraz nació en el pueblo de San Andrés, en el estado sureño de Oaxaca.

Los padres de Monjaraz, quienes pasaron años cosechando fresas en el condado de Monterey, lo trajeron a Salinas junto con sus dos hermanas cuando eran niños.
“Nos trajeron para darnos un mejor futuro”, dijo Monjaraz. “Creo que esa es la razón por la que todos emigramos”.

Para Monjaraz, abrir el restaurante fue otro riesgo calculado para alcanzar lo que denominó el Sueño Americano, de manera similar al que corrieron Tapia y sus padres cuando cruzaron la frontera.

Culturas no es un restaurante típico mexicano. Tapia, Monjaraz y su familia han estado sirviendo comida prehispánica tradicional de ambos estados desde que abrieron el restaurante hace casi exactamente dos años; su menú está lleno de platillos como mixiote, tlayuda, pozole, tlacoyo y picadito.

“Nuestra idea cuando abrimos el lugar era cocinar algo que los demás no estaban cocinando”, dijo Monjaraz. “Y la gente lo puede detectar”.
Así que, aunque le hacen un burrito si se los pide, también ofrecen el mole de pollo casero de la tía de Monjaraz y el guajolote de Tapia, una especialidad del estado de Hidalgo.

“Yo quería hacerlo estilo casero”, dijo Tapia en español. “Todo lo hacemos en el instante en que lo ordenan”.

El guajolote es una torta que originalmente se hace con dos enchiladas verdes, frijoles refritos, rebanadas de huevo cocido, lechuga y queso fresco, entre dos rebanadas de pan francés perfectamente tostado.

Sin embargo, en Culturas, los clientes normalmente le agregan salchichas, chicharrón o salchichas de pavo y condimentos, hasta que la torta envuelta en papel está a punto de explotar.

Tapia comenzó a hacer guajolotes cuando dejó los campos hace algunos años y comenzó a vender comida en su casa. Después de que un vecino se quejó del negocio informal que tenía en su casa, un inspector de salud fue a darle una advertencia a Tapia y le platicó de un espacio para restaurante que estaba en venta.

Mientras tanto, Monjaraz soñaba con asistir a la escuela culinaria de Napa Valley y tenía dos trabajos que lo mantenían ocupado de las 8:00 A.M. a las 11:00 P.M.

También había estado saliendo con la hija de Tapia, Norma Ramírez, de 25 años, quien posteriormente se convertiría en su esposa.

“Un día, Norma le dijo: ‘Mi mamá quiere abrir un restaurante’”, explicó Monjaraz. “Este lugar tenía mala reputación por haber cambiado muchas veces de dueños”.

Pero eso hacía que la renta fuera barata, así que los dos unieron sus recursos y firmaron el contrato en octubre de 2016, y decidieron ponerle un nombre que le rindiera homenaje a los orígenes de sus dos familias.

La fusión cultural también se encuentra presente en la decoración del restaurante. Hay fotos del famoso luchador El Santo y de niños en vestimenta tradicional de Hidalgo, junto con imágenes de Frida Kahlo, la famosa artista del barrio de Coyoacán, en la Cd. de México.

Del techo cuelgan brillantes alebrijes en miniatura, las fantásticas criaturas mitológicas que son famosas en la Cd. de México y en Oaxaca.

Recientemente, iniciaron una nueva tradición, la de utilizar alternativamente las decoraciones tradicionales de sus respectivas culturas para el Día de Muertos. Este año, en el restaurante se montó un altar de muertos al estilo de Oaxaca, con hogazas de pan de muertos que contienen caras de santos, en lugar de las variedades recubiertas de azúcar o colores que se encuentran en otras partes.

El altar estaba lleno de calaveras de azúcar, velas, cerveza, cacahuates, dulces, manzanas, plátanos, granadas y bastantes flores de cempasúchil. Se piensa que los espíritus de los ancestros muertos viajan por un camino hecho de esas flores, a través del arco del altar, para descansar un rato en un tapete de palmas.

Tapia y Monjaraz pensaron que su clientela consistiría principalmente en trabajadores del campo e inmigrantes.

Sin embargo, ambos se sorprendieron al ver el nivel de diversidad entre sus comensales, algo que esperan aumentar aún más.

Aunque actualmente ya sirven una tlayuda vegetariana, un platillo tradicional oaxaqueño con una tostada hecha a mano, queso Oaxaca, frijoles refritos, lechuga y aguacate, Monjaraz dijo que está planeando ampliar las opciones del menú para personas con necesidades alimentarias alternativas.

El negocio va bien, dijeron, ya que obtuvieron ganancias en su primer año y por lo menos recuperaron los gastos en el segundo.

“Utilicé todo el dinero que logré ahorrar a lo largo de tantos años, pero valió la pena”, dijo Tapia. “Porque de veras, era un sueño que yo tenía, tener un lugar como este”.

Sin embargo, el restaurante familiar ya está rebasando el lugar que están rentando, y los dos propietarios dijeron que están buscando comprar algo pronto.

Culturas Hidalgo y Oaxaca Restaurant se encuentra en 473 E. Market St. en Salinas. Llame al restaurante al 831-975-4766 para obtener más información.2:

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