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María Elena Maya Sánchez celebraba sus 74 años de vida en una fiesta en México, y no pudo contener las lágrimas mientras su familia le cantaba “Las Mañanitas”, la canción mexicana de cumpleaños.

Durante 15 años había estado esperando esto.

Su hija más chica, María Ramírez de 44 años, había hecho el viaje a casa hasta Michoacán. Con su teléfono inteligente, Ramírez grabó el momento de esa tarde del 31 de agosto y capturó a Sánchez, apretando una servilleta en la mano, ante un pastel que decía “Felicidades mamá”. 

La visita fue corta y duró solo cinco días. Sin embargo, la historia americana que llevó a Ramírez de vuelta a Ciudad Hidalgo en lo que por coincidencia fue el cumpleaños de su madre y le permitió reunirse con sus hermanas Marta de 45 años, y María de la Luz de 46, se había estado escribiendo por lo menos durante una década y media. Aunque solo fuera por un momento, su madre logró reunir a todas sus hijas.

Ramírez guardó la fotografía en su teléfono, junto con una foto con su mamá en la fiesta, al igual que guarda fotos de las únicas otras imágenes que tiene de su madre. La separación ha sido insoportable.

Durante la mayor parte de esos 15 años, Ramírez ha vivido ilegalmente en Estados Unidos. No podía salir del país; de lo contrario es posible que no pudiera regresar. Solo después de que recientemente obtuvo una visa U, que se otorga a inmigrantes víctimas de delitos que cooperan con las fuerzas de la ley, pudo obtener una residencia permanente. Con ella, por fin pudo viajar.

Aún así, ella trabaja en los campos del Valle de Salinas y le tomó un tiempo antes de poder salir de vacaciones.

Las dos rutas que tomó para obtener su situación legal se han vuelto cada vez más difíciles desde la elección del presidente Donal Trump. Ahora existe un período de espera de 10 años tan solo para escuchar casos de visas como la que obtuvo Ramírez.

Las autoridades de migración también analizan cada vez con más detalle las tarjetas verdes.

Amor a distancia

Durante el tiempo que estuvieron separadas, Ramírez solo podía hablar con su madre por teléfono. Le platicaba sobre su vida en EE. UU., pero Sánchez nunca la ha visto, ya que no cuenta con los documentos para visitarla aquí.

La madre de Ramírez ha sido la figura más estable para ella, ya que las cuidó a ella y a sus hermanas mientras su padre tuvo un problema de alcoholismo cuando eran pequeñas; después, la acompañó durante sus problemas de abuso intrafamiliar y cuando eventualmente obtuvo su situación migratoria.

El deseo de Ramírez por ver a su madre era fuerte. Sin embargo, sabía que no podía cruzar la frontera sin arriesgar su habilidad de regresar a sus hijas, su empleo y su vida aquí.

"Es como que usted tiene algo allí en su corazón y esta esperando y esperando”, dijo Ramirez, conteniendo las lágrimas el día antes de su vuelo a Michoacán. “(Se) imagina es todo lo que he guardado en 15 años, para contarle a mi Mamá, para decirle, que le quiero, que le extraño, pues que la quiero más que todo".

(Leer en ingles de click aquí.) 

La fuerza estable

Ramírez solo vivió en su pueblo natal durante una fracción de su vida, primero cuando nació, y después por algunos años de manera intermitente mientras crecía.

Cuando tenía tan solo seis meses de edad, su madre y su padre, quienes todavía estaban unidos, llevaron a sus hijas de Ciudad Hidalgo a la Ciudad de México para buscar trabajo. Su madre, como lo había hecho desde que era niña, trabajaba en los campos y en otros oficios para tratar de mantener a su familia.

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María Ramírez se reunió con su madre este pasado agosto después de recibir estatus migratorio Salinas Californian

Posteriormente regresaron a su ciudad natal cuando Ramírez tenía siete años; ahí, sus abuelos se encargaron principalmente del cuidado de ella y de sus dos hermanas.

Cuando tenía 14 años, el padre de Ramírez se la llevó a Chicago. 

Eso solo duró dos años. Su padre tenía un problema con la bebida, y la vida era difícil.

Así que volvió a casa en Ciudad Hidalgo, pero no por mucho tiempo. Ramírez llegó a Salinas con el padre de sus hijas, un hombre que era 17 años mayor que ella, cuando tenía aproximadamente 18 años, para trabajar en los campos. Desde entonces ha estado haciendo eso. Cada verdura que se cultiva en el Valle de Salinas, ella la ha recogido, dijo con una sonrisa.

Sin embargo, durante toda esa separación, su madre siempre ha estado con ella. Las hijas de Ramírez dijeron que ella habla con su madre todos los días. Madre e hija hablan abiertamente de cualquier cosa, dijo Ramírez. Además, de madre a madre, con frecuencia consulta a Sánchez acerca de cómo criar a sus hijas.

Ramírez cruzó la frontera ilegalmente para visitar a su madre unas tres veces, agregó.
Sin embargo, los cruces se volvieron peligrosos, en especial para las mujeres. Una gran cantidad de ellas son violadas al cruzar la frontera y al pasar por México, en particular las migrantes centroamericanas, determinó, Amnistía Internacional en 2010.

Para cuando tuvo a Lizbeth, también temía por la seguridad de su hija. Así que comenzó a trabajar en su estado migratorio. 

"Tener que estar, como se dice, bajo las sombras”, dijo Ramirez. “Tener que estar sin la oportunidad de ver nuestra familia por el anhelo de una vida mejor para nosotros y para nuestros hijos".

Mientras estuvieron separadas, Sánchez se fue enfermando cada vez más de problemas respiratorios, incluso asma. A Ramírez le preocupaba que quizás no volvería a ver a su madre y ni siquiera podría decirle adiós.

"El no tener la manera de ir produce mucha desesperación, tristeza y frustración", compartió.

Sánchez tiene un tanque de oxígeno y con frecuencia la hospitalizan. 

"Me sentía impotente de que ella no podía venir, yo no poder ir porque ya ve que no es fácil para nosotros cruzar para allá”, dijo la madre de Ramírez. Además de su frágil salud, el costo del viaje y la obtención de una visa han sido demasiado difíciles.

Ciudad Hidalgo

El día de su fiesta de cumpleaños, Sánchez se preparó ella misma en su casa de Zitácuaro, en el estado mexicano de Michoacán. A pesar de su salud, viajó a la casa de su hija Marta, que se encuentra a una hora de distancia en Ciudad Hidalgo.

Hay buenas razones por las que muchas personas dejan Michoacán, con sus altos niveles de pobreza y violencia, dijo Ramírez.

Su estado natal tiene uno de los índices más altos de homicidio en el país y ha vivido una explosión en la cantidad de muertos desde 2006, determinó el Proyecto de Justicia en México de la Universidad de San Diego. Después de los espeluznantes homicidios públicos que los líderes del cartel llevaron a cabo en Uruapan Michoacán, de los cuales tomó registro la Universidad de Wisconsin-Madison, el gobierno mexicano dirigió una operación militarizada contra el poderoso cartel del estado, lo cual marcó el inicio de la guerra contra las drogas que se esparciría a otras partes del país.

Desde entonces, el estado de Michoacán, que se encuentra en la zona central del pacífico, ha registrado constantemente una de las cifras más altas de homicidios de México, que a nivel nacional registró su año más violento en 2017, según InSight Crime.

La oficina del Secretario de Estado de EE. UU. Ha publicado cuatro alertas para advertir a los americanos que no viajen a Michoacán debido a la criminalidad, lo cual representa el mismo nivel que Irak y un nivel más alto que Honduras.

Ramírez dijo que el personal de la policía y de las fuerzas armadas se encuentra en las esquinas de todas las calles de Ciudad Hidalgo.

Sánchez ha sido testigo del empeoramiento de las condiciones en Ciudad Hidalgo. No hay empleos, y muchos de los niños emprenden el camino hacia el norte hasta Estados Unidos en busca de una vida mejor, agregó.

“Cómo sufrimos, tantas madres que tenemos a nuestros hijos allá y que luego no les dan facilidad para arreglar papeles”, dijo. “Pues no pueden venir por eso. Se imagina cuántas madres hay aquí en México que estan... como estuve yo”.

Planes de viaje

Ramírez ahorró dinero durante cuatro meses para hacer el viaje. Necesitaba dos boletos de avión, ya que su hija Betty, de 13 años, viajaría con ella a México para ver a su abuela por primera vez. Su hija mayor Lizbeth, de 22 años, quien también nació en EE. UU., había visitado México antes, pero no pudo ir en esta ocasión debido a su empleo de tiempo completo y a la escuela.

Ramírez, quien es madre soltera, vive con sus dos hijas en un pequeño departamento que se encuentra en un segundo piso, cerca del parque central de Salinas. Ha mantenido a su familia desde que se separó del padre de sus hijas hace algunos años, debido al abuso físico y mental que él infligió contra Ramírez y su hija mayor. La hermana mayor de Ramírez, María de la Luz, también vive en Salinas. Ella obtuvo su ciudadanía de EE. UU. a través de su ex-esposo.

El viaje de cinco días alteró el programa regular de Ramírez para el verano. Ella trabaja en los campos de Lunes a Sábado recogiendo coliflor.

Durante la temporada más alta de cosecha, que estaba empezando antes de que ella se fuera, se levanta a las 2:40 A.M. para prepararse y preparar a sus hijas para el día.
Sus turnos comienzan a las 6:00 A.M. y normalmente duran 10 horas, a veces hasta una hora más cuando la temporada termina a principios de noviembre.

Cuando solicitó tiempo para viajar, su supervisor entendió. La voz se corrió rápidamente y sus compañeros de trabajo la tranquilizaron. Su empleo estaría esperándola cuando regresara. No duermas, le dijeron, dale abrazos a tu mamá y por encima de todo, toma fotografías.

“Muchos tienen muchos años casi también sin ver a sus padres”, dijo Ramírez.

Muchos no tienen la oportunidad que ella tuvo; han esperado años para regresar a casa, si es que logran hacerlo. Tener que vivir en el país de manera ilegal como ella lo hizo y no contar con una vía clara para obtener alguna forma de situación migratoria ha impedido que otros que trabajan en los campos se reúnan con sus familias en México, El Salvador y Guatemala. La visa U y la residencia que obtuvo eventualmente, después de separarse del padre de sus hijas, le cambió la vida.

Salida

Ramírez y su hija más chica hicieron rodar apresuradamente sus maletas por las angostas escaleras de madera de su casa en Salinas. Se detuvieron en el Northridge Mall para despedirse de Lizbeth mientras esta se encontraba en un descanso de su trabajo.

Entonces, Ramírez, Betty y María de la Luz, la hermana mayor de Ramírez, manejaron dos horas hasta el aeropuerto internacional de Oakland para abordar el vuelo de medianoche a Morelia, la capital del estado de Michoacán.

A las 6:00 A.M. del horario local, el papá de Ramírez, Gabriel Ramírez de 77 años, y su 'Media hermana' Marta, las recogieron en el aeropuerto. Continuaron el viaje por la sinuosa carretera interestatal hasta Ciudad Hidalgo.

El pueblo natal de Ramírez tiene una población de aproximadamente 60,000 habitantes, apenas más grande que Watsonville. Se localiza en una zona rural y montañosa del noreste de Michoacán. La economía de Ciudad Hidalgo, al igual que la de Salinas, se basa en la agricultura, pero la zona también se conoce por la silvicultura, que ha sido afectada por la tala excesiva. La madre de Ramírez solía trabajar en los campos, plantando y cosechando cultivos cuando era niña.

Sin embargo, Ciudad Hidalgo ya no es la misma que ella recuerda. Ahora es más grande y más moderna. "Si sentí mucha nostalagia de recordar cuando viví allí”, dijo. “Pero pues fue muy bonito regresar a mi pueblo".

Durante los siguientes cinco días de su visita a amigos y familiares, Ramírez dijo que casi no durmió, ya que prefirió platicar y estar con su mamá. Primero fue la fiesta de cumpleaños de Sánchez, para después hacer comida y visitar el mercado.

Su camino

El estado natal de Ramírez ha sido formativo en la migración moderna a Estados Unidos. Según un análisis de Estudios Mexicanos que se llevó a cabo en 2010 sobre la migración de mexicanos indocumentados, el estado occidental del centro del país tiene el mayor índice de migrantes mexicanos a California.

En un estudio de vivienda para los trabajadores del campo de los Valles de Salinas y Pajaro, comisionado por la ciudad de Salinas y revisado por el Instituto de Estudios Rurales de California, se determinó que casi el 20 por ciento de los trabajadores del campo de la zona provienen de Michoacán.

En el estudio se determinó que los trabajadores del campo han vivido en el país durante un promedio de 15 años. La población es mayor y, como se describió en el estudio, la mayoría de los trabajadores están basados en el condado de Monterey.

Ramírez y su ahora ex-esposo, el padre de sus hijas, siguieron ese camino bien trazado desde Michoacán hasta los campos de la "Ensaladera del Mundo”. 

A lo largo de los años, la relación se deterioró. Él se volvió más controlador. No le permitía salir de la casa a Ramírez y ella no podía tener su propio dinero. Abusó de ella y de su hija mayor, tanto física como mentalmente, comentó.

Ramírez habló con terapeutas, que le ayudaron a entender que las condiciones de su casa no eran normales, y reportó el abuso. Los fiscales presentaron un caso por violencia intrafamiliar en 2011, y posteriormente ella entró en contacto con la Fundación del Sindicato Unido de Trabajadores del Campo (UFW).

Los expedientes del tribunal que revisó el personal de The Californian, y que se utilizaron para establecer su elegibilidad para una visa U, confirman esa información.
Ricardo Núñez, un proveedor de servicio de la Fundación de la UFW, le ayudó a obtener la visa U. Núñez, quien es un representante acreditado del Departamento de Justicia de EE. UU., trabaja de manera muy similar a la de los abogados, ya que puede darles consejo legal a los inmigrantes sobre sus problemas y tiene la capacidad de hacer trámites para ellos.

Núñez, quien también es inmigrante, tiene sus raíces en el mismo estado de México que Ramírez. Núñez llegó al país cuando tenía 18 años para estar con su mamá, quien también trabajaba en los campos.

“Yo sé lo que significa estar separados de los padres o los familiares”, informó. “Poder ayudar a alguien a reunirse de nuevo con sus padres o con su familia es algo personal para mí también”.

Durante más de una década, Núñez ha trabajado en más de 100 casos de visas U, y todos han tenido éxito, dijo. La oficina en Salinas de la Fundación UFW recibe más casos de visas U que cualquiera de las demás, incluidas las de Los Ángeles, Bakersfield y Phoenix.

Los casos de las visas U son extremadamente difíciles, dijo Núñez, y requieren que los representantes como él establezcan casos muy extensos con los clientes respecto a documentación, asesoría y servicios financieros.

Pero si tienen éxito, los clientes pueden obtener una tarjeta del Seguro Social. Esto les abre la oportunidad de recibir beneficios de desempleo y obtener las devoluciones de sus declaraciones de impuestos. Hasta que el antiguo asambleísta Luis Alejo presionó para que se crearan leyes en 2015 que permitieran que los habitantes que vivían ilegalmente en California obtuvieran licencias de conducir, también constituía una forma de obtener ese documento vital.

Ramírez se ha mantenido en contacto con Núñez desde entonces, en especial mientras se prepara para solicitar su ciudadanía, y a él le emocionó mucho que viajara a México. Ramírez ahora ya es poseedora de una tarjeta verde, y ya no siente que tiene que permanecer en las sombras.

“Las cosas cambian y ayudan en la realidad de las víctimas de delitos, las víctimas de la violencia intrafamiliar, y las mujeres solteras que acabaron teniendo hijos”, dijo Núñez acerca de clientes como Ramírez, y agregó que, al recibir un número del Seguro Social, también podrán obtener acceso a beneficios médicos y públicos de otros tipos. “Esto cambia sus vidas para siempre”.

La opinión de una adolescente

Esta fue la primera vez que Betty viajó por avión, y su primera visita a México. Nunca había conocido a su abuela, solo había hablado con ella por teléfono.

Betty podía recordar cuando su abuela se enfermó y su madre no pudo viajar a México. La hija de Ramírez vio llorar a su madre y a su hermana, y eso la hizo llorar a ella. Pero en realidad no lograba entender.

“Lloré también, pero no sé cómo se sintió ella porque yo nunca la había conocido”, dijo Betty. “Yo tengo a mi mamá aquí y estoy muy agradecida por eso, pero no sabía qué se sentía estar lejos de un familiar durante tanto tiempo. Sin embargo, ahora que mi mamá ya tiene papeles, yo veo cómo le afecta eso en diferentes formas”.

Betty, quien tiene 13 años y estudia secundaria, disfruta las matemáticas. Planea asistir a la preparatoria Salinas High el próximo año. Cuando era más chica, su perro se enfermó y murió, así que decidió que quiere ayudar a las mascotas de otras personas a que vivan más tiempo. Algún día quiere convertirse en veterinaria.

El viaje en avión de cuatro horas fue turbulento, pero eventualmente Betty se acomodó y se quedó dormida. Su mamá tomó una foto de ella.

Una vez que llegaron a Michoacán, a Betty le impresionó el nivel de pobreza. Pero este viaje era acerca de la familia. Fue con su mamá al mercado del pueblo y cocinó con ella y con sus tías. Y al fin conoció a su abuela.

“Yo tartamudeé al hablar y medio me congelé porque no sabía qué hacer, qué esperar al ver a mi abuela después de tanto tiempo. Bueno, en realidad nunca la había visto antes”, recordó. “Pero yo solo fui y la abracé y no lloré, eso fue bueno”.

Ramírez recuerda haber tenido que ocultarse con Lizbeth cuando era más chica mientras los oficiales de migración buscaban en tiendas, o también no poder conducir un auto. Pero Betty no tuvo que pasar por eso.

Ramírez pensó que Betty lograría entender más durante el viaje. La adolescente estuvo de acuerdo. La experiencia amplió sus perspectivas, dijo, no solo acerca de su familia, sino también de otras familias con estados migratorios diversos.

“La batalla por tener papeles para poder de hecho ir a visitar a la familia es algo que cambió mi perspectiva completa de tener papeles”, dijo Betty. “Era como que al principio, yo simplemente pensaba ‘Oh, era algo que podías usar para viajar, nada demasiado importante. Regresa a trabajar’. Pero ahora que de hecho fui y volví, representa algo que de hecho puedes usar para ir con tu familia”.

Protección a las víctimas

El Servicio de Ciudadanía e Inmigración de EE. UU. (USCIS) solo otorga 10,000 visas U al año.

El congreso creó esta visa en el año 2000 por medio de la Ley para la protección de las víctimas de tráfico y violencia, y comenzó a expedirlas a finales de 2008. Núñez ha estado trabajando en los casos desde el principio.

La legislación permite un estado de protección a los inmigrantes que han sido víctimas de delitos o han sufrido abusos, y cooperan con las fuerzas de la ley que procesan ese delito.

Sin embargo, ahora hay casi 209,000 personas que están esperando en la fila, de acuerdo con los datos de USCIS de marzo. Núñez informó que existe un período de espera de 10 años, incluso para que se escuche el caso de solicitud de una visa U.

Aunque la solicitud de Ramírez, que se tramitó hace unos seis años, se procesó mucho más rápidamente, la Fundación del UFW informó que el proceso de obtención de visas U durante la administración del presidente Donald Trump se ha vuelto más difícil. A los solicitantes los están enviando a los tribunales de migración, lo cual anteriormente era inaudito. Se ha vuelto tan difícil, que la fundación ahora invita a la gente a considerar otras vías.

A principios de este año, el representante Jimmy Panetta introdujo un proyecto de ley que aligeraría el retraso existente para esas víctimas, y que también aceleraría el procesamiento de las visas T que se expiden a las víctimas de tráfico humano. Sin embargo, el proyecto de ley aún no se ha movido. Una vocera de Panetta dijo recientemente que el proyecto de ley ni siquiera se ha presentado para debate, y agregó que el control republicano del congreso dificulta mover cualquier tipo de legislación sobre migración.

“Como antiguo fiscal, sé lo fundamentales que son las protecciones que otorgan las visas U y T para las fuerzas de la ley y las comunidades de inmigrantes”, dijo Panetta en una declaración hecha en febrero. “Las víctimas que no son ciudadanas y los testigos que se atreven a presentarse para apoyar a nuestro sistema de justicia penal merecen protecciones. Este proyecto de ley promueve la seguridad de las víctimas y las motiva a continuar participando en nuestras comunidades”.

Un nuevo cambio

A las 6:00 A.M. del día después de regresar de México, Ramírez se encontraba de nuevo en los campos, trabajando para terminar el resto de la temporada de cosecha.

El viaje, dijo, le cambió la vida, tal como pensó que lo haría.

"Sentí mucha paz y mucha tranquilidad que pude salir y pude regresar, porque la verdad nunca había salido porque tenía miedo”, dijo al referirse a su salida desde Oakland. “Sí, es un cambio. Me siento más segura, más tranquila se que puedo ir".

Ramírez será elegible para solicitar una ciudadanía en 2022.

Para obtenerla, debe cumplir con el requisito de dominar el idioma inglés, tener una buena posición en la comunidad y no tener ninguna condena penal. Esto, como ya lo ha hecho durante años antes, requiere reportarse ante las autoridades locales y federales, dijo Núñez,y agregó que nunca ha tenido un cliente de visa U que solicite ciudadanía, pero que piensa que el calendario para solicitar comenzará pronto para aquellos que, como Ramírez, solicitaron desde un principio para obtener una visa U.

Durante los años de espera de sus documentos, Ramírez obtuvo su GED. No está segura de qué es lo que desea hacer, pero espera un día dejar atrás el trabajo en los campos. También quiere ayudar a otras mujeres que son víctimas de la violencia intrafamiliar. Al hacerlo, dijo Ramírez, establecería un ejemplo para sus hijas. 

"Y pues, es algo triste pero a la vez también es algo bonito porque tener la oportunidad de venir a este país y poder salir adelante y trabajar y poder estudiar, incluso yo”, agregó. “Se abren otras puertas y otras oportunidades."

Ramírez está planeando estudiar más cursos universitarios por medio de Hartnell durante su temporada baja, cuando recibe beneficios de desempleo durante el invierno.

Es posible que incluso consiga algunos empleos secundarios para ayudar con los costos de su familia. El trabajo comienza de vuelta en marzo o abril, informó.

Espera volver a visitar Michoacán en enero.

"Pues estoy muy agredecida con este país y con las leyes”, declaró, “porque le permiten aunque sea después de tantos años realizar su anhelo de tener su estatus migratorio y poder viajar a su país a ver su familia, por la oportunidad que mis hijas tengan una vida mejor".

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