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Blanca Zarazúa, la abogada de migración de Salinas, recibió el Premio a las Libertades Civiles Ralph B. Atkinson durante una emotiva ceremonia llena de tensiones políticas, en el Auditorio Irvine del Instituto Middlebury de Estudios Internacionales de Monterey a principios de este mes. 

En el espíritu del premio, tanto Zarazúa como el secretario Leon J. Panetta, quien la presentó, hicieron un llamado a un cambio de corriente en la participación del público y los derechos de los migrantes.

Tradicionalmente, el premio se otorga a las personas que contribuyen de manera significativa a las libertades civiles en el condado de Monterey. El trabajo que Zarazúa ha hecho en el tema de la migración fue lo que llamó la atención de la Unión Americana de Libertades Civiles, dijo Elliot Ruchowitz-Roberts, miembro del consejo de directores del capítulo de la ACLU en el condado de Monterey y del Norte de California.

“Este año, negoció la liberación de un estudiante con DACA y (hace dos años) participó como abogada en una demanda en grupo, en la que acusaron a la policía de King City recoger autos ilegalmente para venderlos, y de que sus principales víctimas eran los miembros de la comunidad de inmigrantes y de latinos”, dijo Ruchowitz-Roberts. 

La Acción Diferida para Personas que Llegaron durante la Niñez (DACA) es un programa creado por el expresidente Barack Obama, que permite que aproximadamente personas que viven en el país de manera ilegal y que fueron traídos aquí cuando eran niños permanezcan en el país. El presidente Donald Trump ha tratado de poner fin al programa, pero las decisiones de los tribunales federales han permitido que la mayor parte de este siga en funciones.

Panetta, quien en 1983 recibió el premio Ralph B. Atkinson, se lo presentó en esta ocasión a Zarazúa. Panetta, amigo de la familia de Zarazúa desde hace largo tiempo, aplaudió su trabajo en favor de los derechos de los migrantes y pidió que se realicen cambios en la participación del público en la esfera política, y cambios respecto al trato de los inmigrantes.

“Nuestros tribunales se están politizando, y hay preocupaciones acerca de su capacidad para hacer el trabajo”, dijo. “La prensa se encuentra bajo ataque, pero hay una institución que puede seguir ejerciendo presión y esa institución somos nosotros, el pueblo”.

“El liderazgo de este país no solo descansa en las personas a quienes elegimos para los puestos públicos. Descansa en todos nosotros y en nuestra voluntad de luchar para que nuestro país convierta en realidad el sueño americano de que todos podemos tener éxito”.

Panetta citó a Alexandre de Tocqueville al decir: “Estados Unidos es grande porque Estados Unidos es bueno. Si Estados Unidos deja de ser bueno, dejaría de ser grande”.

“La responsabilidad”, agregó, “es de todos nosotros y tenemos que asegurarnos de continuar luchando”.

Zarazúa respondió al llamado de Panetta.

“Estoy aquí esta tarde para reafirmar lo obvio”, dijo. “Que los inmigrantes siempre han contribuido y siempre contribuirán a este país”.

“Siempre he pensado que los inmigrantes importan un cierto sentido moral a este país”, agregó. “Seguimos siendo muy tradicionales y nos alineamos con la costumbre americana: trabaja duro, sé honesto y las cosas funcionarán”.

Este premio es una prueba de que los inmigrantes son importantes, informó.

De hecho, la historia de Zarazúa parece encarnar la tradición americana por sí misma.

A Zarazúa, cuyo padre falleció recientemente, se le cortó la voz al hablar de la historia de su padre, que inmigró a EE. UU. como trabajador huésped durante el Programa Bracero de mediados del siglo XX, y de la forma en que les transmitió sus valores a ella y a sus hermanas.

Después de que sus padres mexicanos decidieron que mudarse permanentemente a California era lo mejor para los intereses de la familia, Zarazúa pasó la mayor parte de su niñez en los cuartos de los sirvientes de un rancho de Monterey, donde su padre trabajaba como jardinero y su madre como mucama. Durante los fines de semana, ella con frecuencia limpiaba casas junto con su madre, cuando no estaban en Salinas para comprar tortillas y asistir a la iglesia.

Zarazúa supo utilizar bien esa ética de trabajo al graduarse de la preparatoria y continuar hasta obtener una licenciatura y una maestría en administración de empresas, leyes y leyes fiscales. Trabajó como asistente legal para el Tribunal Supremo de California, hasta que comenzó a practicar leyes en 1987 como abogada fiscal asociada del Bank of America en San Francisco.

Posteriormente, Zarazúa se dedicó a los inmigrantes y a sus derechos, y en 2003 el presidente Vicente Fox la nombró cónsul honoraria de México en los condados de Monterey y Santa Cruz.

Su experiencia laboral es impresionante, dijo Ruchowitz-Roberts, y es lo que la ha hecho merecedora del premio de la ACLU.

“Es un honor hacer mi parte por defender la constitución en estos tiempos tan turbulentos”, dijo Zarazúa. “No es necesario ser ciudadano de Estados Unidos para recibir protección de la Constitución”.

Zarazúa citó lo que llamó un programa DACA inestable, así como la separación de las familias a lo largo de la frontera y otros problemas, al decir que la Constitución de Estados Unidos, y la democracia en sí, están bajo ataque.

“Permítannos volver a implementar una agenda humanitaria americana”, agregó.

“Los muros físicos”, dijo Zarazúa en español durante sus comentarios de cierre, “nunca son tan dañinos como los muros mentales”.

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