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Cuando tenía 10 años de edad, José Hernández vio por televisión en blanco y negro, en la casa de su familia en Stockton, al astronauta Eugene Cernan mientras caminaba en la luna durante la misión del Apollo 17 el 7 de diciembre de 1972, fecha del último alunizaje.

Fue entonces que supo que quería ser un astronauta de la NASA como Cernan.
Le contó a su padre cuáles eran sus aspiraciones y este, un trabajador del campo que tenía una educación de tercer grado, le dijo que podía hacerlo.

Sin embargo, su padre también le dio cinco reglas a seguir, mismas que Hernández contó con los dedos: “Decide lo que quieres hacer en la vida, reconoce qué tan lejos has llegado, dibuja un mapa personal, obtén una educación... y luego, el mismo esfuerzo que pones para piscar”, dijo su papá al apuntar a sus libros que estaban en la mesa de la cocina, “aplícalo aquí en los libros, y cuando te gradúes, aplícalo en tu trabajo”.

La última advertencia que le dio su padre fue “entrega siempre más de lo que la gente te pida”, agregó.

Hernández, quien ahora ya está retirado, compartió los consejos de su padre con las generaciones más jóvenes, agregando que la perseverancia también es necesaria.

El 13 de octubre asistió al 24.° evento anual Words & Wine de la Fundación para las Bibliotecas Gratuitas del Condado de Monterey, que se llevó a cabo en Laguna Seca para recaudar fondos para el sistema de bibliotecas del condado, así como para promover la educación STEM y la lectura.

En ese evento compartió sus experiencias como trabajador del campo, y de manera más importante, el impacto que las bibliotecas tuvieron en su vida.

Tan solo a unas millas de distancia por la carretera 68, Salinas era el lugar en que la familia de trabajadores del campo migrantes de Hernández se detenía para recoger lechuga, informó. Sus padres provenían del estado mexicano de Michoacán, al igual que muchos habitantes actuales del Valle de Salinas.

La promoción de la educación STEM y la alfabetización en la zona de la biblioteca John Steinbeck le permitió cerrar el círculo en el sistema de bibliotecas del condado el sábado.

“Este fue mi hogar”, dijo Hernández acerca de Salinas. “Lo que escribe (Steinbeck) es muy similar a las experiencias que tuvimos, así que es bastante satisfactorio para mí”.

Siguiendo los consejos de su padre, Hernández trabajó para ir a la universidad. Sin embargo, en lugar de ir a Stanford o incluso a la Universidad de California en Davis, que se encuentra tan solo a una hora al norte de Stockton, Hernández optó por la Universidad del Pacífico que se encuentra en su ciudad natal para sus estudios de pregrado.

Ahorró dinero en alojamiento y comidas, pero esto fue una espada de doble filo. Vivir en casa con su familia significaba que Hernández no podía enfocarse en sus estudios, así que el sistema de bibliotecas de Stockton le dio un respiro educativo. La biblioteca del centro era el principal lugar para él.

“Tomé ventaja del hecho de que podía hacer un poco más de investigación”, informó.

“Ellos me ayudaron mucho al tener tres o cuatro libros de texto en las mismas secciones donde enseñan, así que la biblioteca fue un tremendo recurso para mí”.

Hernández se graduó de la Universidad del Pacífico en 1984 con un título de ingeniería eléctrica y, dos años después, obtuvo una maestría en ingeniería eléctrica y computacional de la Universidad de California en Santa Bárbara.

Posteriormente, trabajó como ingeniero en el Laboratorio Nacional Lawrence Livermore, el eminente centro de ciencia y tecnología del Área de la Bahía de San Francisco.

Después de ser rechazado para ser astronauta en 11 ocasiones, Hernández fue aceptado en la NASA en 2001 y se convirtió en candidato a astronauta en 2004.

En 2009, abordó el STS-128 Discovery, en la 128.a misión del transbordador y la 30.a misión de la Estación Espacial Internacional.

De acuerdo con Jayanti Addleman, directora de la biblioteca del condado, la historia del astronauta se relaciona con la misión de su sistema de bibliotecas de proporcionar ayuda en las áreas rurales de la zona, muchas de las cuales sirven a los jóvenes que tienen orígenes similares a los de Hernández.

“Hernández es el ejemplo perfecto de alguien que provenía de una familia de trabajadores del campo migrantes y que se elevó literalmente hasta las estrellas”, dijo Addleman. “¿Cuánta gente logra hacer eso? Si no cuentan con ese apoyo educativo, esa gente que les ayuda desde el trasfondo en todas las formas posibles, es realmente difícil alcanzar su potencial”.

Durante el evento del sábado, Hernández ayudó a recaudar más de $100,000 dólares para el sistema de bibliotecas gratuitas del condado de Monterey.

Además de los cuatro sistemas de las ciudades del condado, incluidas las propias sucursales de Salinas, las bibliotecas gratuitas del condado de Monterey prestan servicios en áreas que van desde Parkfield, al este de Bradley en el sur del condado, hacia arriba por el Valle de Salinas hasta Pajaro, bordeando el condado de Santa Cruz y hasta la Bahía de Monterey, así como en el Valle de Carmel Valley y Big Sur. Hay 17 sucursales en total, que cubren más de 3,000 millas cuadradas.

La asistencia de Hernández al evento de recaudación de fondos también tuvo efectos en el programa “STREAM”, una sigla que significa ciencias, tecnología, lectura, ingeniería, agricultura y matemáticas, dijo Addleman.

STREAM es un programa híbrido dirigido a proporcionar servicios y recursos educativos, que incluye introducción a la ciencia para alumnos jóvenes, sus padres y sus cuidadores. De manera similar, el “Safari de la lectura”, que se creó en 2002, ha proporcionado un acercamiento móvil al utilizar su van para ofrecer servicios de alfabetización en áreas rurales.

Ambos ayudan a los estudiantes jóvenes a formar parte del programa educativo Head Start del condado, para la niñez temprana.

STREAM y el Safari de lectura han prestado servicios a más de 11,800 participantes en casi 500 visitas escolares, y la van ha acumulado suficientes millas de viaje en el condado para darle media vuelta al mundo.

Words & Wine incluyó algo del trabajo existente de la biblioteca, como los visores Oculus que se comparten entre las bibliotecas del condado.

Julia Foster, directora ejecutiva de la fundación sin fines de lucro, dijo que el dinero recaudado en Words & Wine expande los servicios de la biblioteca más allá de sus 17 sucursales, específicamente al adquirir una nueva van de lectura.

Su organización proporciona dinero adicional, más de $3.2 millones de dólares desde 1990, aparte del dinero asignado por recaudaciones fiscales del condado para el sistema de bibliotecas. Gran parte del trabajo de la fundación se dirige a operaciones especiales como la del Safari de lectura, un centro de tareas y programas de lectura durante el verano.

Para la nueva van para el Safari de lectura y STREAM se requieren $200,000 dólares; esto incluye libros, programas y planes de lecciones para los estudiantes de las zonas más rurales del condado, dijo Foster. Un donante del Valle del Silicio acordó igualar tres a uno las donaciones que se hicieron durante el evento; esto equivale a cuatro veces la cantidad por cada dólar donado.

Los estudiantes del programa de la NASA de Hartnell College asistieron al evento, agregó Foster. El programa de preescolar a 12.° grado de Hartnell está diseñado para mejorar la alfabetización de STEM para que los estudiantes, las familias y los maestros cumplan las normas que se alinean con la NASA.

La presencia de Hernández ayuda a impulsar el esfuerzo del condado en favor de la alfabetización STEM, así como a proporcionar a los estudiantes locales un modelo a seguir.

“Quién sabe, quizás uno de ellos vaya a participar en una misión a Marte o algo”, dijo Foster. “Esa es la idea detrás de todo esto. Queremos inspirar a la gente, no solo acerca de lo que hacen las bibliotecas, porque no son solo libros, sino también porque esta es una buena forma de mostrar lo que ya está sucediendo”.

 

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