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Aunque Rayza Castellón Bustamante llegó a Estados Unidos legalmente cuando era una bebé y ahora es una ciudadana naturalizada, continúa temiendo que ella o su familia sean detenidos por oficiales de migración.

Es algo con lo que ha crecido. 

Antes, su mamá no tenía problemas para llevarla a pasear en su ciudad natal de Guadalajara, México, una zona metropolitana con 5 millones de habitantes.

Pero cuando se mudaron a Soledad, Castellón Bustamante dijo que su madre estaba demasiado asustada para salir de la casa, mucho menos para permitir que su hija anduviera por el vecindario en bicicleta cuando era adolescente. Ella se dio cuenta de estos cambios después del 11 de septiembre de 2001, a medida que el país comenzó a aumentar la aplicación de las leyes de migración.

“Siempre bromeo diciendo que Estados Unidos hizo que mi madre se volviera paranoica”, dijo.

Su madre le inculcó que eran privilegiados debido a la situación legal de su familia, dijo, pero que muchos de su comunidad del Valle de Salinas no estaban en la misma situación.

Ahora que es estudiante de Hartnell College, Castellón Bustamante asistió a un panel de cinco personas a principios de este mes, en el que los profesores hablaron de las aptitudes y la experiencia para apoyar a los estudiantes que viven ilegalmente en el país, centrándose en los desafíos de salud mental que enfrentan.

Su profesora de sociología, Hortencia Jiménez, estaba participando en el panel.
Durante este panel, Castellón Bustamante le dijo a su profesora: “También soy inmigrante y obtuve mi estado migratorio legal en 2016, pero todavía tengo esta paranoia de que algo va a suceder”.

Jiménez, quien también es inmigrante, dijo que muchos experimentan esto debido al trauma y al estrés causado por la legislación de migración y la aplicación de esas leyes.
Incluso cuando Jiménez visita la frontera entre México y Estados Unidos, ella y sus hijos se ponen nerviosos a pesar de que nacieron aquí. 

“Sin embargo, debido a las experiencias de tu familia y a ese trauma vivido, eso se hereda”, dijo.

“Pero suponemos que a largo plazo eventualmente desaparecerá, ¿o piensas que es una de esas cosas que aprendemos a...?”, comenzó a preguntar Castellón Bustamante antes de que Jiménez la interrumpiera. 

“Aprendes”, dijo la profesora. “Creo que también se trata de aceptar ese destino, y aprender y sanar a partir de él”.

El panel de discusión fue parte de la “Semana de acción de los estudiantes indocumentados” organizada por los Colegios Comunitarios de California, el Organismo Estudiantil Asociado de Hartnell, y el Centro de Logros y Avance Estudiantil (Mi CASA), y se presentó después de la exhibición de un documental de 2015 llamado “Don’t Tell Anyone” (No le digas a nadie).

“El objetivo del panel es comunicar el estrés y las preocupaciones de salud mental por los que pasan los estudiantes”, dijo Bronwyn Moreno, director de asuntos especiales, en un comunicado preparado. “No están seguros acerca del futuro, no saben si serán separados de sus padres, siempre están asustados, nunca pueden revelar por completo su identidad”.

Jiménez dijo que la criminalización de los inmigrantes data de hace siglos: se originó con la ley de naturalización de 1790, que limitaba la naturalización solo a los ciudadanos blancos y libres “de buen carácter moral”.

“Cuando pensamos en eso, la raza ha sido una parte intrínseca de las leyes de migración de este país”, informó. “No podemos analizar la migración sin considerar la raza. Están entrelazadas”.

Jiménez habló entonces de importantes políticas, incluida la exclusión de chinos, las leyes restrictivas de la década de 1920 que limitaron la migración de Europa, Asia y América Latina, y las deportaciones de mexicanos durante la Gran Depresión y la década de 1950.

Estas políticas han sido impulsadas por el miedo, informó, y continúan con las deportaciones de la era moderna a manos del presidente Barack Obama, así como del presidente Donald Trump.

El año pasado, Trump amenazó con poner fin a DACA, un programa administrativo que otorga un estado migratorio temporal aproximadamente a 690,000 personas que viven ilegalmente en el país. Sin embargo, una decisión judicial tomada en enero detuvo la revocación de Trump.

Las acciones de este tipo, como se dijo en el panel, producen estrés adicional en la vida de la gente.

Alicia Edelen, profesora de psicología, se refirió al documental que presenta una crónica de Angy Rivera, quien ha estado ocultando que vive ilegalmente en el país.

En “Don’t Tell Anyone”, Rivera se convierte en una activista de los jóvenes inmigrantes, y también narra su experiencia como víctima de asalto sexual. Ella recibió una visa U, que protege a los inmigrantes que son víctimas de delitos y que cumplen con la ley.

Edelen utilizó la historia de Rivera para proporcionar sus experiencias acerca del trabajo con otros que tienen miedo debido a su situación migratoria.

“Es una oportunidad para que pensemos en las situaciones en que las personas no se sienten como lo que son”, agregó. “Podría haber signos de depresión o ansiedad, y eso podría suscitarse a raíz de una nueva política que afecte a ese estudiante”.

En el panel también se habló del concepto del privilegio y de cómo apoyar a estos estudiantes.

Daniel López, instructor de comunicaciones de Hartnell, habló del impacto que esto tiene en los hombres jóvenes, en particular los latinos, ya que es menos probable que busquen ayuda para sus problemas de salud mental, en especial teniendo en cuenta los problemas de machismo y la masculinidad tóxica.

“Sin embargo, pienso que la comunidad, las personas indocumentadas y las personas que se alían con ellos, tienen la oportunidad de fomentar nuevas formas de identidad”, dijo López. “Pienso que eso es algo que no debería perderse, en especial cuando hablamos de enfrentar problemas que sabemos que existen dentro de nuestra cultura”.

Aún así, dijo que ser aliado de los estudiantes no es solo un título.

“A final de cuentas, si eres aliado, el título no te importa”, agregó. “Lo que debería importarte es hacer lo correcto”.

La “Semana de acción de los estudiantes indocumentados” de Hartnell también incluyó un taller que duró todo el día acerca de las solicitudes para la Ley Dream y un taller de arte para sanar.

El propósito de la semana, agregó Moreno, es concientizar al público y defender a los estudiantes, así como ejercer presión para que obtengan una vía para la ciudadanía.

Puede comunicarse con el escritor del personal Eduardo Cuevas al (831) 269-9363 o ecuevas@thecalifornian.com. Sígalo en Twitter @eduardomcuevas.

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