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Al pasar por casi cualquier estacionamiento de Salinas, es posible adquirir tamales caseros, vasos de fruta, champurrado, L.A. dogs, pasteles y demás. Incluso en el mercado de Facebook o en las páginas de ventas locales es posible tener la opción de adquirir estos artículos hechos en casa, y algunos con opción de entrega a domicilio. 

Sin embargo, hasta hace tan solo un mes, eso se consideraba un delito menor en California. 

El 18 de septiembre, el gobernador Jerry Brown firmó el Proyecto de la Asamblea 626 para convertirlo en ley, con el fin de cambiar eso y legalizar la venta de alimentos caseros con un permiso. 

En ese proyecto se modifican los requisitos de la preparación para incluir la mayoría de las cocinas caseras. Anteriormente, los cocineros profesionales que no tenían restaurantes se veían obligados a rentar cocinas comerciales para preparar sus alimentos para la venta, lo cual puede costar cientos de dólares en renta por un solo día. Esto dejaba a muchos fuera del mercado.

Para algunas personas del condado de Monterey, esto es un alivio.

El cambio les permitirá complementar sus ingresos mientras se encuentran en casa, y realizar una práctica en la que han estado participando durante años. El proyecto de ley subraya que también puede ayudar a promover el movimiento “de la granja a la mesa”, para motivar la venta de artículos hechos en casa sin conservadores o con poca cantidad de los mismos, ya que esto se ha relacionado con la obesidad.

A otros, sin embargo, les preocupa que ahora enfrentarán más competencia por el mismo dinero.

Esmeralda Rivera ha sabido cómo hacer tamales prácticamente desde que nació. No recuerda exactamente cuándo aprendió a hacerlos, pero sí que su madre los hacía constantemente y que los pasos eran un proceso de todos los días. 

“Es como hablar español”, informó. “Simplemente creces así”.

Rivera, residente de Soledad y madre de seis hijos, genera aproximadamente $12,000 dólares al año por su trabajo como costurera y a veces complementa sus ingresos vendiendo tamales a amigos, familiares, clientes de su negocio de costurería, y ocasionalmente en Facebook.

Rivera rechaza la idea de obtener ayuda del gobierno, pero a veces es difícil ganar suficiente. Todo ayuda, incluso la venta de tamales. 

Aunque le preocupa la legalidad de todo esto, incluso después de la aprobación del AB 626, siente que hacer y vender comida casera vale la pena, no solo para mantener a su familia, sino también porque le gusta mucho hacer sus tamales para otros.

Para minimizar el riesgo, Rivera les pide a las personas que le compren los ingredientes y les cobra solo por el tiempo que pasa en preparar los tamales, pero aún así se siente nerviosa. 

“No trabajo con carne”, dijo al explicar que no quiere que las personas se enfermen. Sin contar con educación en la preparación de alimentos ni una licencia de servicio, solo hace tamales rellenos de maíz, queso o queso con chile. De acuerdo con la ley modificada, Rivera no solo podría recibir educación en la preparación de alimentos, sino que también sería elegible para solicitar una licencia para servirlos.

Parte de la intención del proyecto de ley es ayudar a las personas como Rivera a ganarse el sustento. La legalización de esta práctica común ayudará específicamente a las mujeres, a los inmigrantes y a las personas de color, muchas de las cuales pueden tener dificultades para encontrar un empleo debido a problemas para costear guarderías, barreras del idioma o incluso prácticas de contratación discriminatorias.

Además, la legalización de la venta de alimentos caseros puede ayudar a promover hábitos alimenticios utilizando ingredientes locales, así como proporcionar alimentos a las personas que viven en desiertos alimenticios reconocidos por el Departamento de Agricultura de EE. UU., que son zonas de bajos ingresos, densamente pobladas, cuyos residentes no tienen acceso a un automóvil y viven a más de una milla de distancia de un supermercado. 

Orlando Osornio, dueño de un restaurante de Salinas, piensa que los cambios incluidos en el proyecto de ley son muy positivos. Aunque es un gran partidario de la obtención de todo tipo de permisos, desde el almacenamiento de los utensilios de cocina hasta el servicio y venta de alimentos en su negocio de fin de semana llamado Tortas al 100, también sabe que docenas de personas se ganan la vida vendiendo alimentos caseros sin licencia todos los días en Salinas.

“Es como la mariguana”, agregó. “La gente ya lo estaba haciendo; esto simplemente hará que sea más fácil obtenerlo”.

Osornio observó que es un cambio positivo para todas las personas que están tratando de ganarse la vida vendiendo alimentos caseros a tiempo completo, ya que quedarán protegidos contra los cargos por delitos menores y se asegurará la buena salud de sus clientes también.

“De esta forma, aprenderán acerca de qué tan calientes tienen que permanecer ciertos alimentos, qué tan fríos tienen que estar otros, y obtendrán su licencia de servicio seguro”, agregó. “Esto permitirá que sea seguro para todos”.

También se preguntó en voz alta si este proyecto de ley obligaría a Salinas a ampliar sus licencias para vendedores callejeros o si se verá que algunos renuncian a las calles hambrientas para cocinar desde sus casas. Actualmente, la ciudad solo otorga 30 licencias para vendedores callejeros a la vez. Osornio ocupa el número 242 en la lista de espera.

Sin embargo, no todos están tan entusiasmados con el cambio, ya que se sienten ofendidos por lo que consideran una recompensa a una mala conducta y también porque les preocupa que afecte sus propias ganancias.

Enrique Josué Lagunas, quien ha sido residente de Salinas desde hace largo tiempo y es vendedor callejero de comidas, ha vendido hot dogs, champurrado y más con licencia. Lagunas dijo que siente que la nueva ley es injusta para las personas como él, que han invertido tiempo, dinero y esfuerzo para obtener sus permisos y adherirse a la ley.

Lagunas, con sus licencias, gana aproximadamente $12,000 dólares al año, lo cual se encuentra dentro de los límites permitidos por este proyecto de ley si quiere comenzar a vender comida casera. A él no le interesa la idea, aunque admitió que podría ser algo que consideraría posteriormente. 

La idea de que sus ganancias puedan disminuir debido a esta nueva ley le molesta. Sin embargo, otros como Rivera piensan que esto es una oportunidad de legitimarse o incluso de entrar a una industria para la que pensaron que nunca tendrían el dinero.

“Me gustaría ir y obtener mis permisos y todo”, dijo Rivera. “Me sentiría más confiado”.

Puede comunicarse con la reportera Kate Cimini al 831 776-5137 o escribir a kcimini@thecalifornian.com

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