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Arturo Rodríguez se convirtió en presidente del Sindicato Unido de Trabajadores del Campo después de que su suegro, el líder de los trabajadores del campo César Chávez, muriera de manera inesperada en 1993.

Veinte y cinco años después, Rodríguez dejará el puesto, y la integrante del consejo Teresa Romero se volverá la tercera presidente del sindicato y la primera mujer inmigrante en dirigir un sindicato nacional en Estados Unidos.

Romero nació en la Ciudad de México y creció en Guadalajara. Cuando emigró a Estados Unidos a principios de la década de 1980, solo hablaba español. Antes de unirse al sindicato de trabajadores del campo hace nueve años, tuvo a su cargo la administración de una compañía constructora y de una firma de abogados que ayudaba a los trabajadores con sus casos de migración y compensación laboral. Nunca ha trabajado en los campus, pero dijo que sus antecedentes le ayudan a establecer una conexión con los trabajadores de campo del país.

“Entiendo las cosas por las que están pasando los trabajadores”, informó. “Entiendo lo difícil que es. Entiendo que no hablan el idioma. Sé de qué manera afecta esto nuestra vida diaria”.

Romero está tomando las riendas de la organización en un momento en que el sindicato ejerce su influencia en algunos campos agrícolas de California, Oregon y Washington, y presume de tener una influencia significativa en la legislatura de California. Sin embargo, también enfrentará el desafío de dirigir una organización que defiende a los trabajadores inmigrantes y la reforma de migración, en medio de un clima político que ha demostrado ser duro para los sindicatos y los inmigrantes.

Su sindicato también tendrá que asegurarse de que sus trabajadores no pierdan su importancia a medida que los productores hacen uso de la mecanización como una forma de competir con las operaciones agrícolas más baratas de México y Centroamérica. Además, los productores se han apoyado cada vez más en los trabajadores huéspedes temporales para combatir la escasez nacional de mano de obra. Los trabajadores del campo que utilizan las visas temporales llamadas H-2A, normalmente no se unen a los sindicatos. 

Romero estará a cargo de dirigir un sindicato cuyo nivel máximo de membresía alcanzó aproximadamente 70,000 personas alrededor de 1970; el año pasado, reportó contar con aproximadamente 10,000 miembros, tan solo una fracción del total aproximado de uno a dos millones de trabajadores del campo del país.

La disminución en la membresía es un reflejo de las tendencias nacionales: en todo el país, apenas un poco más de 10 por ciento de los trabajadores de los condados fueron miembros de sindicatos en 2017, lo cual representa una disminución del 20 por ciento que se calcula que había en 1983, según elPew Research Center.

Los líderes del UFW, sin embargo, dicen que la membresía es tan solo un indicativo de la salud de la organización. Apuntan a los otros esfuerzos del sindicato que están dirigidos a mejorar la vida de los trabajadores, entre ellos una organización legal separada llamada Fundación UFW, la cual informaron que proporcionó capacitación migratoria y laboral a casi 90,000 trabajadores del campo de California y Arizona el año pasado.

Romero también está heredando una organización con un complicado legado, dijo Mark Arax, un reportero y autor que ha escrito durante décadas acerca del Valle Central. Chávez, Dolores Huerta y otros fundaron el sindicato en 1962 para luchar por mejores salarios y condiciones laborales. Chávez, un líder carismático con estilo de profeta que inspiró un boicot nacional de la uva, ayunó durante semanas para llamar la atención sobre estos asuntos y participó en largas marchas, “más que un sindicato, dejó un movimiento”, informó Arax.

Rodríguez, mientras tanto, elevó y conectó las voces de los trabajadores del campo en los pasillos de la política de Sacramento y a través de las estaciones de radio del movimiento de los trabajadores del campo, agregó. También hizo responsables a los productores que violaron las condiciones de salarios y trabajo justos, dijo.

“No es necesario ser un sindicato robusto y en crecimiento que inscribe a más y más trabajadores, para seguir siendo una potente voz para esos trabajadores”, informó. “Arturo no tenía ese culto de personalidad, así que logró profundizar mucho en la organización, en una forma que quizás César no habría logrado hacer”.

Bajo el liderazgo de Rodríguez, los salarios de los trabajadores del campo han aumentado hasta alcanzar un promedio de $13.18 dólares por hora, según los datos federales; esto representa más de $2 dólares por encima del salario mínimo del estado.

El sindicato también patrocinó una ley estatal que, a partir de 2019, garantizará que los trabajadores del campo de California reciban tiempo extra después de trabajar más de ocho horas en un solo día o 40 horas en una semana.

Rodríguez también dirigió la lucha para obtener protecciones laborales más estrictas para los trabajadores del campo. En 2005, el gobernador Arnold Schwarzenegger anunció nuevos reglamentos en los que se requiere que las personas que presentan síntomas de golpe de calor mientras están trabajando reciban agua y se protejan a la sombra. Estos fueron los primeros reglamentos importantes dirigidos a proteger contra las enfermedades y la muerte relacionadas con el calor a los trabajadores del campo, los trabajadores de la construcción y los jardineros de California. El gobernador Jerry Brown reforzó estas reglas en 2015.

Rodríguez también ayudó a obtener contratos para las personas que trabajan en los campos de bayas, champiñones y tomates. De acuerdo con un contrato firmado en junio, la empresa D’Arrigo Brothers, una productora grande de verduras cuya sede está en Salinas, en la Costa Central de California, prometió cubrir por completo el costo de los seguros médicos, dentales y de visión de aproximadamente 1,500 trabajadores y sus familias.

John D’Arrigo, presidente de D’Arrigo Brothers, dijo que, en ocasiones pasadas, los productores de California han tenido una relación tensa con el sindicato de trabajadores del campo. Sin embargo, este año, agregó, él colaboró con Rodríguez para desarrollar un generoso paquete de sueldos y beneficios, con la meta de atraer y retener a los trabajadores en medio de una escasez de mano de obra agrícola a nivel nacional. La escasez se intensificó a medida que los trabajadores del campo existentes han envejecido y la seguridad fronteriza se ha vuelto más estricta, lo cual dificulta más el reemplazo con trabajadores inmigrantes más jóvenes.

“Es una nueva era de colaboración entre el sindicato y yo”, dijo D’Arrigo. “Todos estamos preocupados acerca de la economía, ya sea la de los trabajadores, la del sindicato o la mía. Estamos trabajando juntos mejor que nunca para alcanzar esa meta común de seguir siendo relevantes y viables”.

Sin embargo, existe una meta que Rodríguez no logró alcanzar durante el ejercicio de su presidencia en el sindicato: la aprobación de la reforma migratoria. En 2013, el sindicato negoció con grupos de productores a nivel nacional para elaborar un proyecto de ley de migración, que habría incluido una disposición en la que se les permitiera a los trabajadores obtener un estado legal permanente al continuar trabajando en los campos. El Senado de Estados Unidos aprobó la legislación, pero esta no pasó de la Cámara de Representantes.

Las pláticas de una reforma migratoria se estancaron de nuevo este año, después de un año y medio de políticas migratorias y directivas caóticas de la administración Trump. El presidente Trump intentó poner fin al programa de Acción Diferida para

Personas que Llegaron durante la Niñez en 2017, solo para que los tribunales lo rechazaran. A principios de este año, el Departamento de Seguridad Nacional implementó una política de cero tolerancia que llevó a la separación de familias de migrantes en la frontera, lo cual suscitó una protesta nacional. 

“Obviamente, a mí me habría gustado haber logrado una reforma migratoria”, dijo Rodríguez en una entrevista el lunes. Agregó que seguiría trabajando en el asunto este otoño hasta pasar las elecciones de noviembre y después de que deje su cargo el 20 de diciembre. “Definitivamente vamos a elegir a candidatos que apoyen la reforma migratoria”, informó.

Romero dijo que luchar para lograr una legislación migratoria sería una de sus prioridades como presidente del UFW. Recordó haberse reunido con una pareja de trabajadores del campo de la ciudad de Oxnard, en California Central, que le dijeron que habían hablado de la posibilidad de la aprehensión y la deportación con sus tres hijos pequeños. Agregó que esa interacción la hizo llorar y después hizo que decidiera luchar aún más duro para lograr la reforma migratoria.

“Todo lo que hacemos aquí, todo lo que yo hago aquí, es en beneficio de los trabajadores del campo”, dijo. “Es por eso que la reforma migratoria es tan importante”.

Rebecca Plevin cubre el tema de migración para The Desert Sun. Comuníquese con ella en rebecca.plevin@desertsun.com o llámele al 760-218-0021. Sígala en Twitter @rebeccaplevin.

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