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El 24 de julio fue declarado Día de Rubén Villa en el condado de Monterey, un día de celebración en honor del nuevo campeón que nació y creció en Salinas.

De pie ante el Consejo de Supervisores, el boxeador orgullo de Salinas tomó un momento para reconocer a otro talento creciente del vecindario.

“Esta camiseta, yo siento que realmente representa a Salinas”, dijo Villa, apuntando a su camiseta que contenía una imagen de una niña en bicicleta, cuya divertida expresión se reflejaba dramáticamente en un charco de lluvia en medio de nubes amenazantes. “Una vez que sales de Salinas, puede ser una hermosa lucha y así es como yo lo veo”.

La contrastante imagen en blanco y negro fue tomada por el fotógrafo Carlos Castro, graduado de la preparatoria Alisal High, quien actualmente es estudiante del Monterey Peninsula College. De manera similar a Villa, Castro dio a conocer su nombre fuera de su ciudad natal y ahora está recibiendo la oportunidad de brillar en Salinas.

La exposición “Carlos Rene Castro: Hidden Treasures of East Salinas” se inauguró el 3 de agosto en el Centro Cultural y para las Artes de la Universidad Estatal de California en la Bahía de Monterey (CSUMB) que se encuentra en 1 Main Street, en Salinas. 

“La exposición de Carlos realmente se basa en el corazón de Salinas, en su gente”, dijo Jasmine Lottier, curadora de la exposición. “Me entusiasma que la comunidad vea sus cautivadoras fotografías”.

El trabajo de Castro se ha vuelto más popular en el último año. Sus fotografías se han presentado en exposiciones con jurados en el Harvey Milk Center de San Francisco y en el Open Mind Art Space de Los Ángeles.

En la competencia por la beca Weston de 2017, quedó en segundo lugar por su participación en la categoría de comentario social con la mencionada fotografía de la niña en bicicleta, que se llama “Riding through the Puddle”. Esta se ha vuelto su obra más importante, celebrada por familias tan variadas como la de los Weston de la Península o los Villa del Valle. 

“Cuando vi que (Villa) llevaba puesta la camiseta, pensé ‘¡Santa madre!’”, dijo Castro acerca de su reacción ante su excompañero de la preparatoria Everett Alvarez, donde Castro pasó su primer año. “Esto es grande. No tenía que haberlo hecho para nada. Podía haber ido vestido formalmente ese día. Pero en lugar de eso, se puso la camiseta”.

Castro nombró su exposición Hidden Treasures of East Salinas (Tesoros ocultos del Este de Salinas) porque así se le antojó. Comenzó como el nombre al azar de un archivo que creó en su carpeta de Google Drive, donde comenzó a coleccionar imágenes para un proyecto.

“Un día estaba muy aburrido. Estaba en la tienda de mis papás, Super Toys en el DC Fashion Mall del Este de Salinas”, dijo. “Pensé que podría salir a caminar por el lado Este para descubrir qué se podía hacer ahí”.

La búsqueda de imágenes le enseñó algunas cosas. Primero, la gente se puso algo nerviosa cuando lo vio llegar con la cámara en la mano.

Después, Castro se dio cuenta de la necesidad de ignorar la ansiedad de andar a la caza de la imagen perfecta. Estaba decidido a mostrar un lado diferente del Este de Salinas.

“Creé la carpeta en 2016. Realmente no sé por qué le puse ese nombre”, agregó.

“Quizás es que simplemente era lo que correspondía. Es como que trabajas para obtener esas imágenes, pero tienes que encontrarlas. Encontrarlas es el tesoro oculto”.

Castro trabaja con medios tanto digitales como análogos, pero en la exposición se presentará su trabajo análogo en blanco y negro.

Las imágenes son contrastantes y únicas del Este de Salinas, e incluyen a un trabajador del campo con un sombrero de ala ancha, que con la mano en la cadera toma un momento para observar los vastos campos con las montañas del Gabilan a la distancia; a un hermano y una hermana que miran con curiosidad infantil desde la ventana de una lavandería, mientras las palmeras se reflejan en la superficie del vidrio; o a una anciana feligresa de rodillas en una banca de la iglesia católica St. Mary’s of the Nativity, mientras las ventanas de vitral muestran a Jesucristo y a Moisés con fuertes contrastes, incluso en los apagados tonos del blanco y negro.

Para Castro, trabajar en un medio análogo le proporciona una satisfacción prolongada, el momento del descubrimiento que tarda un rato en surgir.

“Me gusta el momento espontáneo en que regresas al laboratorio de revelado, revelas tu película, ves las fotografías que tomaste y piensas ‘Guau, ¿yo tomé eso? No me acuerdo de haber tomado esa foto’”, dijo. “Esta es mi alma y mi corazón, y los estoy poniendo en mis imágenes”.

Ese tipo de esfuerzo requiere pagar un precio. Castro admite que al acercarse la fecha de la exposición, sus emociones se han vuelto más intensas.

Su meta era tener una exposición individual para cuando cumpliera 21 años. Ahora tendrá que encontrar una nueva meta, ya que lo logró un año antes de lo que se había propuesto.

“Desde que comencé a meterme a la fotografía, siempre me imaginé mis obras de arte en museos y galerías”, informó. “El hecho de que haya sucedido a los 20 años de edad es un sueño convertido en realidad”.

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