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Salinas agregará patrullas de seguridad en el parque Sherwood, además de trabajadores sociales en la biblioteca Steinbeck, para resolver las preocupaciones de seguridad relacionadas con algunos de los indigentes, informaron los funcionarios de la ciudad. 

Esto es en respuesta a las pláticas con el público, en las cuales muchos residentes dijeron que evitan esos dos lugares porque les preocupan las personas indigentes problemáticas, informaron representantes del Departamento de Servicios Recreativos y Comunitarios de Salinas. 

“Gran parte de esto es cuestión de percepción, pero también hay algunas realidades”, dijo el 13 de junio Eric Howard, auxiliar de bibliotecas, ante la Comisión de Bibliotecas y Servicios a la Comunidad. “Administramos centros extremadamente seguros”. 

La comisión, que asesora al ayuntamiento en asuntos de servicios a la comunidad, escuchó a Howard y a Kristan Lundquist, superintendente de Servicios Recreativos y Comunitarios, una dependencia que se está reorganizando. 

Ambos establecieron planes para aumentar la seguridad en la biblioteca John Steinbeck y en el parque Sherwood, ya que muchos residentes dijeron que evitan frecuentarlos debido a la falta de seguridad, según recientes encuestas y reuniones con el público organizadas por la dependencia para su plan maestro. 

De acuerdo con las llamadas a la policía y los informes de incidentes, las personas que asisten a la biblioteca están muy seguras, aunque la mala reputación persiste, dijo Howard.

La ciudad tiene planes de utilizar $28,000 dólares para expandir las patrullas de guardias de seguridad del Centro Acuático de Salinas a todo el parque durante seis meses a partir del 1.° de julio, dijo Lundquist. 

Connie Sapiens, residente de Salinas de 74 años de edad, quien vive en su auto, visitó recientemente el parque Sherwood para almorzar con su amiga Rose Tynes, de 57 años, y con la familia de esta. 

Sapiens dijo que es razonable que algunos de los indigentes se preocupen por la posibilidad de ser víctimas de acoso. Sin embargo, también reconoció que algunos son delincuentes.

Durante la reunión del 13 de junio, Lundquist dijo que las preocupaciones son por los casos en que acampan durante la noche, lo cual es ilegal.

“No se trata de que las personas indigentes no puedan estar en los parques. El problema es cuando instalan sus tiendas de campaña durante días y días”, informó. 

Manzana Villa, quien recientemente salió a pasear por el parque El Dorado con sus dos hijos, dijo que por lo general lo considera seguro. 

Durante el día, normalmente hay niños jugando, otros practicando básquetbol y demás.

“Veo a personas mayores que se reúnen ahí a conversar”, agregó Villa, quien vive frente al parque. 

Sin embargo, ella solo visita el parque durante el día. Por la noche es cuando sucede la mayor parte de la violencia, dijo, mientras permanecía sentada cerca de un monumento improvisado en recuerdo de Ernesto García Cruz, de 27 años, quien murió asesinado a tiros el 5 de junio aproximadamente a las 8:00 P.M.

La policía de Salinas detuvo a Santos Longoria Fonseca, de 19 años, y a Alexandra Catherine Romayor, de 18, como sospechosos de haber asesinado a García Cruz, informaron los oficiales. 

Sin embargo, el vecindario ha mejorado; hace cuatro años, Villa estaba considerando mudarse para huir de la violencia. 

Informó que durante las noches escuchaba disparos. También ha visto mejoras en la seguridad de otros parques, como el Parque Natividad Creek.

La ciudad debería instalar más iluminación y agregar a oficiales de seguridad en los parques para ayudar, informó. Los jóvenes también necesitan más actividades y diversidad de opciones, desde conciertos hasta programas de lectura y deportes, agregó. 

Además, los futuros servicios de los parques deberían tener en cuenta a los niños con necesidades especiales. 

En este momento, solo el parque Sherwood contará con guardias de seguridad, aunque otras dependencias tienen planes para ayudar a aumentar la seguridad de otros parques, dijo Lundquist, quien tampoco descartó esa posibilidad. 

“Realmente necesitamos poner esto a prueba”, informó. 

En cuanto a la biblioteca Steinbeck, Villa dijo que ya no lleva a sus hijos a ese lugar porque le preocupa su seguridad si algún indigente sufre de una crisis mental ahí. 

Ella no es la única: durante la reunión del 13 de junio, la comisionada Elva Arrellano dijo que entró al baño de la biblioteca con sus nietos y se encontró con un indigente que se estaba aseando. 

“Eso me disuadió de ir a la biblioteca durante un tiempo”, informó.

Apenas recientemente, la biblioteca inició un contrato con Interim Inc., una organización privada sin fines de lucro que ofrece los servicios de trabajadores sociales de guardia cuando las personas indigentes con trastornos mentales provocan problemas, dijo Howard.

“Pasan la mañana en la iglesia (Salinas First United Methodist), así que establecen una relación con ellos ahí y luego continúan trabajando con ellos en la biblioteca”, agregó. 
El trabajador social ayuda a calmar a las personas problemáticas, lo cual ayuda al personal y ahorra recursos para la policía, que además quizás no sea la dependencia adecuada para responder, informó. 

Hasta ahora, el personal ha llamado a los trabajadores sociales en lugar de llamar a la policía por lo menos en tres ocasiones”, agregó. 

“Si un niño de nueve años llega en busca de un libro, yo quiero ayudarle a encontrarlo”, dijo. “Si llega una persona con un episodio de salud mental, yo no soy la mejor persona para manejar eso”. 

El comisionado Joey Martínez elogió a los trabajadores sociales como “la mejor idea que he visto desde hace tiempo”. 

El contrato se está pagando con una subvención estatal de $113,912 dólares, la cual incluye también capacitación para el personal de la biblioteca sobre los diferentes tipos de enfermedades mentales, cuándo llamar a la policía o al trabajador social y cómo impedir que los incidentes se agraven, dijo Howard.

La biblioteca también aumentará la cantidad de cámaras y proporcionará seguridad, agregó. 

Howard y Lundquist comentaron que esperan que la cantidad de personas que utilizan esas instalaciones aumente a medida que las perciban como más seguras.

“Es un buen ciclo de retroalimentación: si más personas visitan la biblioteca, entonces más personas se sentirán seguras”, dijo Howard. 

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