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El proceso que John Piña ha seguido para lograr que el presunto asesino de su hija sea llevado a juicio alcanzó por fin un esperado logro, casi tres décadas después de la muerte de la niña.

Sin embargo, su trabajo dista mucho de haberse completado.

“El cierre lo obtendré cuando deje este mundo”, dijo Piña.

Christy, la hija de Piña, tenía apenas 14 años cuando en febrero de 1990 la secuestraron, estrangularon, violaron y sodomizaron, antes de abandonar su cuerpo desnudo en un campo de alcachofas de Castroville. 

Los oficiales del alguacil supuestamente encontraron un paño empapado en cloroformo enseguida del cuerpo, y las autoridades no pudieron usar registros dentales para identificar a Christy porque le habían tumbado los dientes.

La inesperada y horripilante pérdida de su hija le cambió para siempre la vida a Piña, quien es residente de Greenfield.

Sin embargo, no solo sobrevivió ese devastador impacto, sino que se convirtió en una voz persistente en contra de la violencia en la comunidad.

Además, dijo, mientras más habla acerca de lo que le sucedió a su hija, más fuerte se vuelve.

“Cuando hablo, lo hago por los miles de víctimas que han perdido la vida a manos de la violencia en todo el país”, agregó. “No solo se trata de Christy, sino de todos nosotros”.
De Salinas a Washington DC

En años recientes, sus actividades en defensa de las víctimas de homicidio lo han llevado hasta el escenario nacional, ya que ha acompañado al presidente Donald Trump y ha participado en eventos para organizaciones como The Remembrance Project, “una voz para las víctimas asesinadas por extranjeros ilegales”.

Arsenio Pacheco Leyva, el sospechoso de haber cometido el homicidio de Christy, es originario de México y fue extraditado a principios de este mes para ser juzgado por el homicidio. Leyva fue el primer sospechoso casi inmediatamente después del homicidio, pero logró evadir a la justicia porque en ese tiempo la evidencia de ADN era muy débil.

Estuvo oculto durante años y se rumoraba que estaba en México.

Después de un largo proceso, las autoridades lo atraparon el 1.° de octubre de 2014. Al final, perdió su batalla legal de tres años y medio en contra de la extradición y llegó a EE. UU. el 3 de mayo.

Debido al renovado enfoque en los inmigrantes y la delincuencia, Piña ha sido invitado a hablar en la capital del país para contar la historia de Christy. También fue invitado a la ceremonia de toma de posesión de Trump.

Piña, quien es un franco partidario de Trump, dijo que habla en nombre de todas las víctimas que han caído a manos de la violencia, incluidas las que han sido asesinadas por personas que viven ilegalmente en el país.

Dijo que está de acuerdo con la posición de la administración de Trump en contra de las ciudades santuario, y que piensa que las leyes de California son demasiado indulgentes. Desea que exista un proceso de aprobación más estricto para permitir la entrada al país de las personas que podrían cometer delitos.

“No sabemos quién viene y quién no”, informó. “Estoy en favor de verificar y aprobar a la gente que llega, sin importar de qué país provienen”.

Dijo que ha experimentado reacciones negativas de la comunidad por sus creencias.

“Pondré mi vida en juego por mi hija, no me importa”, agregó. “Si es en bien de mi hija, eso es lo único que me importa”.

Sin embargo, Piña dijo que continúa ayudando a los residentes trabajadores que están ilegalmente en el país, siempre y cuando no cometan ningún delito. 

“Todas estas personas son trabajadoras, pero luego tenemos a todos esos idiotas que están esperando a que vayan a cambiar su cheque para poder robarlos”, agregó.

A seguir haciendo ruido

Piña dijo que a lo largo de los años ha luchado contra el deseo de renunciar, incluso después de que tuvo una cirugía a corazón abierto.

“No pensé que fuera a vivir para ver este día, realmente no”, agregó. “Hubo muchas ocasiones en que dije que quería irme a casa”.

Dijo que recientemente lo eligieron para el consejo del capítulo local de Padres de Hijos

Asesinados, después de haber participado en la organización durante algunos años.

“Comencé a hablar en correccionales para menores, en la prisión y en el centro para jóvenes”, informó.

A lo largo de los años, ha compartido la historia de su hija con gráfico detalle ante innumerables públicos, incluidos grupos de internos condenados por homicidio.

Cuando Piña visitó la prisión estatal del Centro de Capacitación de la Correccional de Soledad el año pasado, fue el único padre del grupo de padres visitantes cuyos hijos habían sido asesinados. Los internos físicamente retrocedieron y bajaron la cabeza mientras escuchaban la historia del homicidio de su hija.

Piña dijo que para él ha sido beneficioso participar activamente en la comunidad. Casi nunca llora, agregó, y cuando lo hace es normalmente cuando va conduciendo solo. 

Uno de los siguientes proyectos en los que está trabajando es en tratar de crear un grupo de apoyo para las víctimas de homicidio en las ciudades del sur del condado de Monterey como King City y Greenfield.

“No tienen a nadie que hable por ellos ahí”, informó.

Pamela Patterson, administradora del Programa de Ayuda a Víctimas y Testigos, dijo que Piña es ejemplo de un padre que nunca se dio por vencido. Ha continuado participando activamente en la comunidad, sin importar las circunstancias, agregó.

“Esto es pesado para los padres, yo veo cómo envejecen”, informó. “Veo lo que les hace en su salud, tanto física como emocionalmente”.

En nuestros corazones

Piña dijo que era chofer de camión y andaba de viaje cuando Christy desapareció.

Recuerda que despertó en medio de la noche con la sensación de que algo andaba mal.

Primero hizo una llamada para preguntar por sus hijos que estaban en Arizona. Todos estaban bien, excepto Christy.

“Cuando escuchamos que habían encontrado a alguien y comenzaron a describirla lo supimos, lo supimos”, agregó.

Piña, quien continúa estando visiblemente orgulloso de su hija, presume de inmediato los diferentes premios, calificaciones y certificados que forman parte de los logros que Christy alcanzó durante su vida.

“Era una estudiante llena de vida, siempre estaba riendo”, dijo Piña. “Nunca vi que tuviera resortes, pero parecía que siempre estaba saltando. Su sonrisa lo dice todo”.

De cara a cara

Este mes fue la primera vez que Piña estuvo en la misma habitación que el acusado de haber asesinado a su hija, y Leyva por fin lo miró a los ojos desde el otro lado del tribunal. Leyva se declaró inocente de los cargos de homicidio, secuestro, agresión para cometer violaciones y actos lascivos con una menor de 14 años. A pesar de las circunstancias, Piña dijo que la presencia de Leyva no le afecta.

“Me da gusto que esté aquí; lo más importante es que está aquí”, informó. “Tenemos la esperanza de obtener justicia para mi hija”.

Elogió el esfuerzo emprendido para traer a Leyva para que enfrente la justicia, y atribuye el duro trabajo de llegar hasta este punto al Departamento de Justicia, al alguacil Steve Bernal y a otros.

Dijo que está planeando mantenerse ocupado mientras entra en este nuevo capítulo en su vida, en el que Leyva por fin se presentará ante un juez. 

El hecho de que hayan traído a Leyva para juzgarlo es un avance no solo para él mismo, sino también para Christy, agregó.

“Ella está en nuestros corazones y en nuestras vidas todos los días; de lo contrario, no estaríamos aquí”, informó. “Ella sabe que él está aquí y se siente bien al respecto. Está mucho más feliz ahora que antes”.

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