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Ya había terminado el séptimo round, y quedaba solo uno. 

Los siguientes tres minutos transcurrieron lentamente mientras Rubén Villa IV, originario de Salinas, golpeaba una y otra vez a su oponente Marlon Olea. El público rugió al escuchar el doble golpe de los bloques de madera que señalaban que al round le quedaban 10 segundos.

Al agotarse el tiempo, los 1,200 miembros del público se pusieron de pie gritando, mientras Villa corría a su esquina y levantaba los brazos en señal de triunfo.

Se requirieron tan solo dos minutos para confirmar lo que el exalumno de la preparatoria Everett Alvarez, de 20 años de edad, y la ciudad de Salinas en pleno querían escuchar.

Rubén Villa IV, por decisión unánime, es el campeón del peso pluma juvenil de la Organización Mundial de Boxeo (WBO).

Esta decisión casi nunca estuvo en tela de juicio.

El público estuvo frenético durante la mayor parte de la principal pelea de la noche. En varias ocasiones durante los 24 minutos de la pelea se escucharon cantos que incluían el nombre de Villa. Pero en el cuadrilátero, Villa casi no escuchó nada de eso.

“No podía oírlos”, dijo. “Estaba demasiado enfocado. Me sorprendió darme cuenta de que en esta ocasión ni siquiera pude escuchar a mi mamá. Simplemente estaba enfocado en lo que quería hacer”.

Desde el principio, Villa se mostró agresivo. 

Olea se vio abrumado en los primeros tres rounds. El colombiano casi no pudo conectar ningún golpe contra Villa y tuvo dificultades para igualar su intensidad. 

“Yo quería ser paciente”, dijo Villa. “Pero también quería que viera que estoy aquí y que puedo vencerlo con cualquier cosa y en cualquier momento del round”.

Antes de empezar esta pelea, Olea tenía 12 nocauts en su historial. Esta no era una contienda fácil para Villa, ya que él se presentaba como retador con 13 victorias en sus 15 peleas. 

Sin embargo, el originario de Salinas, que llevaba pantaloncillos negros, ni se inmutó.
Aplicó con frecuencia una combinación de dos golpes que conectaba duro contra Olea.

En cuanto este se preparaba para contraatacar con un gancho, Villa se alejaba del alcance de sus brazos. Logró mantener bajo control al colombiano con facilidad y acumuló una ventaja considerable en cantidad de golpes.

“No me gusta que me golpeen, dijo Villa con una sonrisa. “Así que simplemente quería salir tan limpio como fuera posible y me fue bastante bien”.

Olea se defendió en los últimos rounds, comenzando con una posición más agresiva en el sexto round. Su ofensiva lo dejó vulnerable a más golpes del boxeador de casa, ya que Villa con frecuencia conectaba golpes dobles por cada golpe que Olea daba.

En el último round, Villa conectó un golpe de izquierda que puso a Olea contra las cuerdas. Si hubiera permanecido ahí unos segundos más, Villa habría agregado un nocaut más a su carrera.

“Realmente no quería (el nocaut)”, dijo. “Simplemente quería ofrecer la mejor presentación de mi carrera. Y me dio gusto poder hacerlo frente a mi pueblo natal”.

Mientras el público se preparaba para salir, el entrenador Max García sonreía de oreja a oreja. ¿Salió tan bien la pelea como la planeó?

“Mejor”, dijo. 

No podía haberle pedido algo mejor que lo que hizo a este prodigio. 

Rubén Villa IV, originario de Salinas. Exalumno de la preparatoria Everett Alvarez. Campeón olímpico Junior.

Y ahora, campeón pluma juvenil del mundo. 

 

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