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En los últimos años, Miguel Díaz Jr., originario de Salinas, ha tenido muchas razones para estar agradecido, desde los días que pasó en las calles y en la prisión, hasta que se convirtió en mentor de jóvenes y campeón de boxeo.

Díaz creció en un vecindario cercano a la calle Soledad, asistió a la primaria Lincoln, a la secundaria Washington y a la preparatoria Salinas High.

Díaz dijo que comenzó a meterse en problemas como resultado de su arraigo a la cultura de las pandillas mientras crecía.

“Era una afiliación por asociación, y para el sexto grado, la cultura de las pandillas comenzó a volverse obvia en mi apariencia”, informó. “Ni siquiera me permitieron graduarme en la ceremonia del sexto grado, debido a todos los problemas en los que me estaba metiendo”.

Un deseo de darle sentido a su vida fue lo que hizo que se involucrara con las pandillas, agregó.

“Quería pertenecer a algo, y eso ya se me daba porque en la calle donde vivía había personas en libertad condicional por todas partes, la cultura de las pandillas ya existía ahí”, dijo.

Cuando tenía tan solo 13 años de edad, los problemas de Díaz comenzaron a empeorar hasta convertirse en problemas legales.

“Me detuvieron por disparar un arma de fuego y me condenaron”, informó. “Me pasé todos los años de preparatoria en la Correccional para Menores del Condado de Monterey”.

Para Díaz, la preparatoria duró poco tiempo; solo asistió durante seis meses debido a sus problemas de conducta.

Cuando comenzó a cursar su último año en la preparatoria Salinas High, en una verificación de créditos se comprobó que solo tenía 17 créditos completos, ya que gran parte del tiempo de la preparatoria lo había pasado en el tribunal juvenil.

A los 23 años, Díaz, que entonces estaba recién casado y tenía una hija de cinco años, no pudo mantenerse alejado de los problemas.

Durante el fin de semana del Día de los Caídos de 2005, él y seis de sus amigos se fueron en un vehículo recreativo al lago San Antonio.

Díaz dijo que en ese tiempo estaba en libertad condicional por haber cometido un delito grave, al igual que otros tres ocupantes del vehículo, y que dos más estaban en libertad bajo palabra.

Díaz recordó que recogieron drogas, bebidas alcohólicas y armas en camino al lago ese fin de semana y agregó que las cosas empeoraron cuando el conductor del vehículo recreativo comenzó a discutir con el guardia de la caseta de cobro en el lago.

El conductor no cumplió con las instrucciones del guardia y le arrojó el registro del vehículo, quien los dejó entrar al parque, pero les hizo señales para que se detuvieran.

“Nos vimos rodeados por la fuerza de tareas antipandillas, el departamento de libertad condicional, el departamento de libertad bajo palabra y tres departamentos de policía diferentes”, dijo. “Cuando nos dijeron que nos bajáramos lo hicimos, pero uno de los muchachos golpeó a un oficial. Entonces nos sujetaron contra el suelo y todo se convirtió en un caos”.

Las armas y las drogas se encontraban dentro del vehículo recreativo, y como consecuencia, todos los involucrados acabaron con condenas de tres a 21 años de prisión.

Díaz fue condenado por un cargo de posesión de arma de fuego con agravante de pandillas y sentenciado pasar siete años en la Prisión Estatal del Valle del Salinas.

Mientras se encontraba en prisión, dijo que su padre murió mientras dormía y su abuela murió en México. Estas pérdidas suscitaron en él un cambio de actitud, reforzado también por su creciente fe.

“Mientras estaba preso tuve un cambio mental que le atribuyo a mi fe”, dijo. “Era una prisión muy estresante y muy violenta”.

Gracias a su buena conducta en prisión, Díaz fue liberado después de 40 meses y dijo que desde el principio sintió que tenía algo que demostrar.

“Tenía un deseo que mi familia no detectó”, informó. “Se requiere ese deseo para poder decir que puedes hacer esto, que puedes lograr cualquier sueño o cualquier meta que tengas”.

Quería hacer las paces con su madre, quien llevaba a cuestas la carga económica de los enfrentamientos de su hijo con la ley, así como el largo historial de problemas legales del padre de Díaz.

Debido al delito grave que había cometido, Díaz tuvo que esperar para pasar una verificación de antecedentes y poder obtener empleo de tiempo completo, así como oportunidades como orientador. Mientras esperaba, utilizó ese tiempo para crecer espiritualmente.

Se rodeó de las personas que asistían a la iglesia y comenzó a tomar cursos en línea en la escuela de biblia por correspondencia Rhema para obtener un grado en teología y convertirse en ministro ordenado.

Ahora se encuentra en la Iglesia Celebración de Salinas, donde participa en orientación, orientación para el matrimonio, intervenciones y bodas.

Después de convertirse en ministro ordenado, logró obtener permiso para retribuir a la comunidad a través de su trabajo con jóvenes con problemas.

“No hay suficientes orientadores para los jóvenes”, dijo Díaz. “Creo que necesitamos más orientadores y estoy tratando de hacer más cosas por la comunidad”.

Agregó que recibió aprobación para visitar el Centro Juvenil del Condado de Monterey una vez al mes y tratar de comunicarse con los adolescentes que están ahí.

Ahora está a cargo de un grupo llamado Real Talk with Mike, en el que trata de crear una atmósfera de respeto para los adolescentes participantes.

Después de pasar su verificación de antecedentes, Díaz también recibió su licencia en bienes raíces como administrador residencial certificado en la zona.

Sin embargo, no fue hasta después de su encarcelación que descubrió el boxeo. Quería hacer ejercicio y disfrutaba viendo el boxeo y las artes marciales mixtas.

Después de hacer algo de investigación, descubrió Rock Boxing en Salinas, donde se puso en contacto con el entrenador en jefe y dueño Danny Corona, quien le dijo que nunca era demasiado tarde para competir.

“Fue y habló con nosotros y me dijo lo que quería, aunque obviamente nunca podría pelear a nivel profesional. Lo mejor que podíamos hacer era entrenarlo para pelear como amateur”, dijo Corona. “Ya era mayor, pero eso no le impidió buscar su sueño, y nosotros le dijimos que lo acompañaríamos a lo largo del camino”.

Corona dijo que Díaz hace el esfuerzo adicional que se requiere para crear su propio talento, y eso le permite tener éxito en el cuadrilátero.

Díaz ha estado boxeando durante cinco años, y tuvo su primera pelea en 2014 en Rock Boxing.

Su esfuerzo rindió frutos, ya que en julio participó en la competencia Desert Showdown en Hanford como peso súper welter. Después de competir en tres peleas, acabó ganando el torneo.

Con un récord de cinco peleas ganadas y dos perdidas, además de dos cinturones con su nombre, Díaz se encuentra ahora en la división mayor de su clase de peso súper welter, y Corona dijo que continuarán entrenando para el próximo año.

“Pelea contra los mejores de California, los mejores del estado y los mejores del país”, agregó. “En cualquier lugar en el que se abra una puerta, ahí es donde vamos a pelear, no vamos a buscar excusas, sino que iremos a donde necesitamos ir y estaremos donde tengamos que estar para defender esos títulos”.

Díaz dijo que también disfruta su labor de orientar a los niños del área a través del boxeo.

Una vez al mes, organiza una sesión de boxeo a una tarifa con descuento para cualquiera que quiera participar, y les enseña defensa personal a través del boxeo.

Al mismo tiempo, esto representa una plataforma para hablar con ellos y sacarlos de las calles, agregó.

“Cuando habla con ellos, puedes ver que conoce los problemas por los que están pasando”, dijo Corona. “No les presume, sino que los dirige con el ejemplo, así que no es demasiado tarde. Si él se salió de eso, tú también puedes hacerlo”.

Díaz planea pelear en marzo y defenderá su título en la competencia Desert Showdown de 2018 en una nueva categoría.

Escríbale al reportero Cristian Ponce a coponce@thecalifornian.com o llame al 831-269-9363.

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