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Para José Luis Luna León, de 18 años, este día de acción de gracias fue el primero en muchas categorías.

Fue su primer día de acción de gracias bajo un techo estable en Rancho Cielo, que se encuentra justo a las afueras de Salinas, desde que dejó la preparatoria a los 16 años, ya que ha pasado temporadas como indigente mientras trabaja en los campos para obtener dinero para su renta, dijo.

Fue su primer día de acción de gracias en el programa culinario Drummond de Rancho Cielo, donde ha estado estudiando cocina. El programa incluye técnicas avanzadas como la del pollo fricassee, mientras continúa trabajando para obtener su diploma de preparatoria.

También fue la primera ocasión en que ayudó a preparar 1,000 libras de pavo y 30 libras de gravy como parte del programa culinario de Rancho Cielo; todo esto se sirvió durante un festín gratuito de día de acción de gracias que estuvo abierto al público en el Centro comunitario de Castroville, que se encuentra en el 11261 de la calle Crane.

Esto incluyó carne oscura y blanca de 50 pavos, que Luna y otros 30 estudiantes cocinaron bajo la supervisión de su maestro Estevan Jiménez, chef ejecutivo del programa.

Después de que los pavos llegaron el 16 de noviembre y se descongelaron, los estudiantes comenzaron a cocinarlos y prepararlos de 10 o 12 a la vez desde el lunes antes de acción de gracias. Usaron los jugos para hacer el gravy.

El programa ha estado preparando alimentos para el festín durante los últimos tres o cuatro años, dijo su director Mark Bruszer.

Normalmente hay de 25 a 30 personas inscritas en el programa, y la mayoría también estudia para obtener sus diplomas de preparatoria, informó. Un puñado de ellos ya tienen sus diplomas y están trabajando para alcanzar certificaciones más avanzadas, agregó.

El programa gratuito se imparte a jóvenes de 16 a 24 años de edad que tienen antecedentes de bajos ingresos.

“Muchos piensan que todos los estudiantes que están aquí han tenido problemas con la ley”, dijo Bruszer, pero no es así. Muchos de ellos se han retrasado en sus créditos de preparatoria y estaban en riesgo de no graduarse nunca, agregó.

Luna dijo que dejó de asistir a la escuela a los 16 años porque el familiar con quien vivía tuvo una recaída. También le preocupaba acabar siguiendo sus pasos.

Así que dejó la escuela y se fue a trabajar en los campos, y a veces iba hasta Coachella a trabajar. Cuando el trabajo agrícola escaseaba, trabajaba en pequeñas taquerías, informó.

Un amigo, en cuyo sillón había estado durmiendo, le platicó acerca de Rancho Cielo. Cuando se enteró de que ofrecían vivienda de transición, le pareció que era perfecto para él, agregó.

“He estado cocinando para mí mismo desde que era niño”, dijo.

Sin embargo, en su participación en el programa le gusta tener más tiempo para trabajar en los alimentos y su presentación. El programa les enseña a los alumnos más que tan solo cocinar; también les da instrucciones acerca de los procedimientos sanitarios de la cocina, la ética laboral y cómo mantener un horario regular, informó.

De hecho, Lisbet Ruiz Mondragón, de 17 años y compañera de Luna, dijo que él es muy detallista.

Esto puede representar un desafío más grande que lo que aparenta ser para los estudiantes, dijo Bruszer.

Por lo general, aproximadamente una tercera parte deja el programa, lo cual se debe principalmente a problemas de asistencia, agregó.

“En algunos casos, están haciendo una transición de no tener ninguna estructura a tener una gran cantidad de esta”, informó.

El transporte también puede ser un problema para los estudiantes, ya que muchos de ellos trabajan fuera de la escuela, dijo Nena Inman, directora de la vivienda de transición en Rancho Cielo. Algunos estudiantes provienen de hogares donde son víctimas de abuso, de pandillas o de problemas de abuso de sustancias.

“Muchas veces, es su propio medio ambiente lo que impide que se desarrollen”, informó.

Incluso si se van, el personal de Rancho Cielo trata de asegurarse de que sepan que son bienvenidos cuando estén listos, agregó.

En cuanto a Luna, él no quiere ser dueño de su propio restaurante, sino más bien administrar uno mientras trabaja para abrir un salón de tatuajes como el de su tío, donde trabajó durante un corto tiempo.

Pero primero planea graduarse, y espera lograrlo en los próximos seis meses. Por supuesto, antes ayudará a cocinar esos 50 pavos.

Escríbale al reportero Joe Szydlowski a jszydlowski@thecalifornian.com o llame al 831-235-2360.

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