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Sandra Zuniga odió las matemáticas casi todos los años de su educación primaria y secundaria. Eso es un dato que las personas que la rodean no asociarían con ella porque Zuniga siempre ha sobresalido académicamente, sobretodo en las matemáticas.

“Odié las matemáticas desde kínder hasta la preparatoria, y las personas me dicen ‘enserio, pero eres muy buena”, dijo Zuniga en inglés.

Otra de las razones es que Zuniga está estudiando su doctorado concentrándose en la educación de las matemáticas.

Pero el camino para llegar a reconciliarse con la materia no fue fácil.

Expectativas, obstáculos y éxitos

Sandra Zuniga y su familia llegaron a Salinas cuando ella estaba cursando el tercer año de primaria.

Al igual que muchas familias en el Valle de Salinas, su familia se trasladaba a menudo para trabajar y Zuniga asistió a varias primarias en Castroville y Salinas. Finalmente se graduó de la primaria Oscar Loya y continuó sus estudios en la secundaria El Sausal. Durante esos años, su familia se estableció permanentemente en Salinas.

Después de la secundaria, Zuniga asistió a la preparatoria Alisal, y fue durante su último año cuando ella tomó una clase de cálculo que cambió la manera de hacer las matemáticas.

“Las matemáticas me empezaron a gustar hasta que tomé cálculo con el Sr. Mata porque él me retaba”, dijo Zuniga.

“Pienso que si no hubiera tomado esa clase de cálculo, no hubiera estudiado las matemáticas”.

A pesar de que Zuniga se graduó como la mejor estudiante de su clase en el 2010, ella no pensaba en los estudios posteriores.

“Yo no pensaba en el colegio”, comentó Zuniga.

“Lo digo riendo que me deje influenciar por lo que mis compañeros estaban haciendo porque ellos iban a ir al colegio”.

Y también estaban las expectativas.

Como estudiante sobresaliente y con un expediente académico impecable, las expectativas eran que Zuniga no solo fuera a la universidad, pero que aplicara a muchas y que fuera a una universidad prestigiosa como UC Berkeley, UCLA y Stanford, señaló Zuniga.

“Creo que tuve muchos problemas mi último año de preparatoria cuando estaba tratando de decidir eso porque estaba tratando de decidir en un sistema educativo que ni yo ni mi familia conocíamos”.

A pesar de los obstáculos, Zuniga aplicó a dos universidades: la Universidad Estatal de California en la Bahía de Monterey (CSUMB) y la universidad Holy Names en Oakland.

Al terminar el primer año en la universidad, la madre de Zuniga experimentó problemas de salud, así que Zuniga decidió retirarse de la universidad y regresar a Salinas.

“Esa fue una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida, aunque fue una de las más difíciles”, dijo Zuniga.

“Hay este sentimiento de vergüenza y arrepentimiento al regresar”.

Pero después recordó que su maestro de cálculo en la preparatoria, Ramiro Mata, había dicho que no importaba el colegio al que un estudiante iba, sino lo que hacia allí y lo que aprendía.

Esas palabras se quedaron con Zuniga y las tomó en cuenta.

Aunque quería tomarse un descanso de la escuela, la madre de Zuniga la convenció para que continuara estudiando.

“Para mí era y sigue siendo muy importante que mis hijos continúen con su educación”, escribió Maria Ruiz.

“Yo siempre quería que ellos puedan trabajar en un trabajo bueno donde ellos esten bien. Que tengan un trabajo mejor que uno. Y también sentía que si se tomaba un (descanso) de la escuela, tal vez en un futuro ya no seguiría estudiando. Para mi esa era lo que más me preocupaba”, concluyó Ruiz.

Zuniga se matriculó en el Colegio Hartnell y asistió durante un semestre, pero después aplico a CSUMB para el semestre de primavera y fue aceptada.

Ella empezó en CSUMB en la primavera del 2012 y declaró su concentración en matemáticas.

Durante sus años universitarios, Zuniga aprendió sobre los problemas que existían dentro y fuera del salón de matemáticas.

“Aprendí que del kínder hasta la preparatoria las matemáticas son individuales, y en CSUMB se trata de construir una comunidad de personas que se apoyan mutuamente. No se trataba de ‘déjame darte la respuesta’, sino, ‘¿cómo resolviste ese problema?”, dijo Zuniga.

Zuniga también experimentó racismo en el salón, aunque prefirió no entrar en detalles en torno a lo sucedido.

“Una de mis mayores preocupaciones, uno de los retos que veo ahora que reflexiono sobre lo que sucedió, al ver a mi alrededor, mis compañeros no dijeron nada…y todos son futuros maestros”, dijo Zuniga.

Pero ese incidente la motivó a estudiar educación en las matemáticas.

Una de sus profesoras en CSUMB la motivó para que aplicara a la Universidad Estatal de California en San Francisco a pesar que la fecha límite para matricularse ya había pasado.

Zuniga escribió un correo electrónico al asesor del programa de matemáticas de la universidad Matthias Beck.

Back correspondió al correo electrónico y le pidió a Zuniga que le enviara su expediente académico. Zuniga siguió las instrucciones, y después de verlo, Beck le escribió que nunca había visto un expediente como el de ella.

Zuniga fue aceptada, y después de que el asesor del programa le diera la bienvenida, el encargado del programa la llamó para persuadirla a que eligiera su programa en San Francisco.

Zuniga tenía solo una petición: ella quería tener un trabajo garantizado.

Después de tener esa garantía, Zuniga decidió unirse al programa de matemáticas un la Universidad Estatal de California en San Francisco en el otoño del 2014.

“Mi primer semestre diría fue el más difícil porque… la dificultad en las matemáticas de licenciatura a la maestría aumenta mucho. Todo pasaba a un ritmo rápido y además estaba enseñando dos clases”, comentó Zuniga.

Zuniga también se dio cuenta que ella era la única mexicana en su grupo de la maestría.

“Me di cuenta que existe este estereotipo que los mexicanos no estudian matemáticas”.

Pero después la mejor amiga de Zuniga llegó durante el semestre de primavera en el 2015.

“Yo creo que tenerla fue lo mejor que me pudo pasar porque compartíamos el mismo obstáculo”.

Al casi terminar su maestría, Zuniga empezó a considerar sus opciones de posgrado.

“Yo quería ir a la Universidad de California en Santa Cruz porque está cerca de casa, pero sabía que Berkeley era una escuela muy buena para continuar con mi estudio”, dijo Zuniga.

Durante este tiempo, Zuniga aprendió sobre el proceso de doctorado.

“Yo creo que he tenido como suerte de conocer buenas personas que ven algo en mi que les gusta y las cosas suceden”.

Zuniga decidió asistir a la Unvercidad de California en Berkeley en donde recibió una beca que le garantizó el financiamiento de la escuela por cinco años.

“Fue una de las decisiones más difíciles de mi vida el seguir estudiando investigación matemática o concentrarme en la educación de las matemáticas”, señaló Zuniga.

El ser una mujer latina profesional en el ámbito de las matemáticas le daría el poder de realizar más cambios, pensó Zuniga.

Pero su experiencia ensenando matemáticas de nivel de desarrollo en San Francisco la motivó a concentrarse en ese grupo de estudiantes que no se especializan en las matemáticas. Zuniga también se dio cuenta de un aspecto en la clase.

“Las clases de matemáticas de nivel de desarrollo están llenas de estudiantes de color o mujeres…comunidades desfavorecidas”.

Esta observación la llevó a reflexionar sobre sus años cursando en las matemáticas y se dio cuenta de dos cosas: una que las matemáticas son vistas como algo élite y otra que existe una cultura de estudiantes que dicen no son buenos en las matemáticas y que no les gusta las matemáticas, y eso es aceptable en la sociedad, dijo Zuniga.

“Otro problema es el empuje de querer diversificar el programa STEM (ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas), y no porque yo no quiero que más personas de color se involucren, pero creo que cuando se dice que debe de existir una diversidad en estos campos, debemos de considerar cuáles son las maneras en las que estamos apoyando a estos estudiantes para que inicien en STEM y para que no odien STEM”.

Agregó que se deben de encontrar maneras para que los estudiantes se sientan que pertenecen a esos programas.

Regresando a casa

Zuniga terminó su primer año en su programa de doctorado en Berkeley, y ahora esta enseñando una clase de matemáticas en el Colegio Hartnell.

“Amo Hartnell”, dijo Zuniga.

“Me estoy divirtiendo mucho. Es una dinámica diferente a lo que enseñaba en San Francisco. Mis estudiantes son increíbles, y estoy empezando a conocerlos y a ver los obstáculos por los que atraviesan”, señaló Zuniga.

Zuniga agregó que no quiere cambiar la personalidad de sus estudiantes, su objetivo es mostrarles otra manera de aprender matemáticas. Darles la oportunidad de tener una voz en un salón de matemáticas.

Ella comprende que su experiencia con las matemáticas es diferente a la historia de muchos otros estudiantes.

Dijo que, aunque la experiencia de maestros sea diferente a la de estudiantes, todavía existen maneras de entender los obstáculos que los estudiantes experimentan y lograr darles una experiencia positiva en el salón.

“La idea es que porque he logrado mucho académicamente otras personas que atraviesan por los años educativos también lo lograran, pero creo que eso es problemático”, dijo Zuniga.

“Por ejemplo, si trabajas duro tendrás tu recompensa y eso no es verdad porque esa idea agrega presión al estudiante y ya es hora de que analicemos lo que el sistema (educativo) está haciendo para que ayude al estudiante a tener éxito”.

Agregó que maestros tienen la responsabilidad de dar una enseñanza positiva y completa a los estudiantes, especialmente lo que están haciendo para ayudar a estudiantes latinos.

Aunque trata de alejarse de dar consejos, Zuniga espera que estudiantes cuestionen las jerarquías de poder y cómo son representados en las aulas. También agregó que las personas no deberían dejarse presionar al escoger a que universidad irán, sino que deberían seguir lo que desean.

“Cuando estas en un lugar que no te hace feliz podrás tener éxito, pero no te hará feliz. Solo hay una vida y la tienes que vivir”.

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