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De las granjas a las incubadoras: perfiles de empresarias de minorías en la agrotecnología del Valle de Salinas y más allá. Esta serie, publicada en The Salinas Californian y El Sol, está patrocinada por una subvención del International Center for Journalists.

En la temporada de cosecha de Salinas, la hora pico puede comenzar a partir de las 3:30 A.M. Las frutas y verduras que se cosechan a temprana hora son las más frescas. Mientras el resto de la zona duerme en la fresca temperatura de esta ciudad de la Costa Central, los vehículos, muchos de ellos camionetas y autobuses, circulan por los caminos locales mientras sus luces penetran la completa oscuridad. Los administradores y los trabajadores del campo se dirigen a su primer turno.

Los vehículos se dirigen a los aproximadamente 369, 187 acres de tierras de cultivo del condado de Monterey, de los cuales unos 47,000 acres se encuentran en el Valle de Salinas, que rodean y llenan la ciudad. Salinas, con su población de 161,000 habitantes, es la más grande de las cinco ciudades que forman el Valle de Salinas, y también es la más grande del condado.

Incluso en estos tiempos de rápidos cambios, los trabajadores del campo continúan siendo una parte fundamental del paisaje, ya que atienden los surcos de cultivos orquestados meticulosamente para producir gran variedad de frutas y verduras, desde brócoli hasta uvas, y el producto principal de la industria, las lechugas. El fértil valle lleva el apodo del “tazón de la ensalada del mundo”.

Detrás del pintoresco telón del aire fresco, el sol y las exuberantes montañas bellamente descritas en los libros del novelista John Steinbeck se encuentra la realidad del agotador trabajo del campo: turnos de 10 horas divididos por dos descansos de 15 minutos, 30 minutos para comer y un salario promedio de $12.50 por hora. El trabajo puede comenzar a partir de las 2:00 A.M.

Muchas de las trabajadoras de los campos, las empacadoras y los almacenes de refrigeración son mujeres de edad mediana, y muchas de ellas son inmigrantes mexicanas. Esta es la vida que han conocido durante gran parte de su existencia.

La imagen del trabajador del campo está integrada al ADN del Valle de Salinas, y en particular de la ciudad de Salinas. Los residentes locales se refieren con naturalidad a la división entre Salinas y los municipios vecinos como la “cortina de la lechuga”. Incluso el arte público refleja la importancia de la agricultura, como las figuras de tamaño natural de trabajadores del campo creadas por el artista John Cerney. La escultura del artista Claes Oldenburg, titulada “Hat in Three Stages of Landing”, consiste en una serie de sombreros de paja y personifica la importante contribución de los trabajadores del campo.

La agricultura no solo es el principal negocio de esta región, sino que es una industria importante de $9,000 millones de dólares y representa el motor económico del Valle de Salinas. En el condado, la producción de cultivos tuvo un valor de más de $4,800 millones de dólares en 2015, año en que por cuarta vez consecutiva se rompió el récord anual de ventas.

Aquí en el Valle de Salinas no existe la palabra “granja” en referencia a los pequeños negocios familiares. El Valle gira en torno a la agricultura a gran escala de los gigantes agrícolas como Bengard, D’Arrigo Brothers y Church Brothers, que arriendan las tierras de las familias que las han poseído durante generaciones.

“Ya no existen las pequeñas granjas que cosechaban sus cultivos y los vendían. Ahora son compañías importantes las que se encargan del procesamiento y las ventas”, dijo el abogado Brian Finegan, y agregó que los productores más pequeños ahora trabajan bajo contrato.

Pero las generaciones están cambiando también, a medida que los propietarios más jóvenes tratan de diversificar sus inversiones en el mercado accionario u otros sectores. La agricultura, a diferencia de las industrias como la de tecnología o la de ventas al detalle, puede ser estable pero vulnerable, ya que el destino de los productos y sus retornos se encuentran en gran medida a merced del medio ambiente y la madre naturaleza.

La agricultura de Salinas, en muchos aspectos, también es una de las más difíciles de penetrar, en particular para la gente sin experiencia o para quienes vienen de fuera, de acuerdo con docenas de entrevistas efectuadas con los miembros de la industria.

El costo de las tierras, que en años recientes se ha disparado, es un impedimento para entrar en este negocio.

“Nunca se ve ningún letrero de venta”, dijo Finegan, quien observó además que cuando una familia desea vender, envía sus precios de compra a posibles compradores específicos. Con bastante frecuencia, las noticias acerca de tierras disponibles se corren de boca en boca y en las redes, en lugar de transmitirse a través de un proceso transparente y público.

Generaciones y generaciones

Además, se ha desarrollado una cultura muy unida. Los gigantes agrícolas como Taylor Farms, Tanimura & Antle (T&A), Ocean Mist y Church Brothers cuentan con largos y nutridos historiales, historias de familias que han trabajado duro para convertir la tierra en su modo de vida y heredársela a las generaciones posteriores, tradicionalmente a sus hijos y nietos.

“Se ha heredado mucha tierra de generación en generación, y a las mujeres en realidad no se les da acceso a esa oportunidad”, dijo Margaret D’Arrigo-Martin, quien es miembro de la familia de D’Arrigo Brothers, una importante y antigua familia agrícola del Valle de Salinas. La compañía fue fundada por los hermanos Andrea y Stefano D'Arrigo en 1923.

D’Arrigo-Martin, quien es la menor de seis hermanos, tres hombres y tres mujeres, dijo que cuando eran chicos todos trabajaban en el negocio de la familia.

Aunque ella sabía que quería permanecer en el negocio familiar, “nunca tuve problemas por ser la número dos”, dijo, y agregó que sus hermanas no compartían su interés.

La industria ha sido difícil de conquistar incluso para los hombres, en especial para las personas de fuera que no tienen conexiones directas en el Valle.

El concejal de Salinas Steve McShane, propietario de McShane’s Nursery, es originario de San José y llegó a Salinas con sueños de participar en la agricultura después de graduarse de Cal Poly con una especialidad en ciencias de la tierra. Fue un desafío entrar a la industria, pero sus relaciones le ayudaron.

“Me di cuenta bastante rápido de que Salinas es una ciudad muy pequeña y muy unida. En muchos aspectos, tuve que trabajar más duro y de manera más inteligente que cualquier otro en el negocio y en los círculos sociales para ser aceptado”, informó.

McShane comenzó a participar en varias organizaciones locales, incluidos los Rotarios, y fundó la organización Central Coast Young Farmers & Ranchers. Después se casó con la hija del contratista de Salinas Don Chapin.

“Nos conocimos a través de los círculos de la comunidad; una conversación llevó a otra, y logramos adquirir el negocio”, dijo al hablar del vivero. McShane agregó que la industria agrícola local sigue estando centrada en la familia y es muy unida. “Es tradicional y es conservadora y hay mucha cultura alrededor de ella. Si asistes a una junta de productores y transportistas, o a una junta del Buró Agrícola, seguirás viendo cervezas Coors Light y camisas a cuadros.

La industria también sigue estando principalmente dominada por los hombres, en especial a nivel de los principales administradores. Según el censo agrícola de 2012, en ese año había 969,672 agricultoras. A nivel nacional el 30% de los agricultores son mujeres, pero el porcentaje de granjas cuyos operadores principales son mujeres cayó un 6% entre 2007 y 2012. Las grandes compañías agrícolas, ya sean las empacadoras o las compañías de frutas y verduras, son administradas por hombres. Los directivos de las organizaciones de la industria, entre ellas la Asociación de Productores y Transportistas de California Central y el Buró Agrícola del Condado de Monterey, son principalmente hombres, la mayoría de los cuales son blancos y de edad mediana.

Sin embargo, lentamente comienzan a verse señales de un cambio en el paradigma.

Una cantidad creciente de mujeres está trabajando en los puestos ejecutivos de las compañías agrícolas, a la cabeza de las cuales se encuentran Taylor Farms, Driscoll’s Berries y T&A. Durante casi 10 años, un grupo de mujeres profesionistas del Valle de Salinas, entre ellas D’Arrigo Martin, han estado organizando el Almuerzo IMPOWER, diseñado para inspirar, cultivar y motivar a las mujeres de manera personal y profesional. Durante los eventos de IMPOWER, las compañías como Taylor y T&A patrocinan mesas llenas de su personal femenino.

Hay un puñado de compañías agrícolas que están en manos de mujeres, siendo la más importante de ellas Mann Packing, una importante productora de verduras frescas que está en manos de su presidente y directora ejecutiva Lorri Koster y su hermana Gina Nucci.

Las hijas de los patriarcas de las compañías también están jugando papeles cada vez más prominentes en los negocios familiares. Es útil provenir de un linaje agrícola, informaron.

D’Arrigo Martin, quien ahora es vicepresidente de desarrollo comunitario de Taylor Farms, dijo: “Si no hubiera formado parte de un negocio familiar”, habría sido mucho más difícil entrar a él.

Teresa Matsui, presidente de Matsui Nursery, uno de los mayores productores de orquídeas del país, creció en el negocio. Su padre, Andy Matsui, creó el vivero en 1967 después de llegar de Japón, y en 2015 le pasó a ella la administración del negocio. En la actualidad, la compañía cuenta con más de 200 empleados de tiempo completo en Salinas y tiene una participación importante en la filantropía de la comunidad, especialmente en la educación. La Fundación Matsui ha donado más de $5 millones de dólares a los estudiantes marginados del condado de Monterey y ha ayudado a promover programas como el CSin3, en el que los estudiantes de Hartnell College y de la Universidad Estatal de California en la Bahía de Monterey pueden obtener títulos universitarios en computación en tres años.

Un cambio a la agrotecnología

En Salinas, el surgimiento de las mujeres en la agrotecnología se deriva de una oportunidad que nació de la crisis.

En 2012, la ciudad aún se encontraba en su proceso de salir de la gran recesión y del colapso del mercado de la vivienda. Los empleados de la ciudad estaban con licencia, y las compañías como Nestlé Chocolate y McCormick & Co. habían cerrado sus plantas locales. En 2013, Capital One, el banco nacional, estaba cerrando sus oficinas corporativas en Salinas y despidiendo a su fuerza laboral local. Sin embargo, antes de irse, el banco le entregó a la ciudad $1.6 millones de dólares para el desarrollo de su fuerza laboral.

Al mismo tiempo, la industria agrícola de todo el estado enfrentaba desafíos de crecimiento.

En 2014, el gobernador Jerry Brown declaró un estado de emergencia estatal debido a la sequía. Aquí en el Valle, las montañas que antes tenían un color verde esmeralda, adquirieron unas tonalidades de color café crujiente y el agua se volvió casi tan valiosa como el oro. El gobierno y las industrias locales se movilizaron para encontrar formas de utilizar el agua con eficiencia y conservarla; una de ellas fue la tecnología para reciclar los escurrimientos de agua subterránea.

Además, la industria resultó afectada por la escasez de mano de obra, una disminución de los trabajadores que son tan necesarios en los campos y en las empacadoras. Una generación mayor de trabajadores, muchos de ellos inmigrantes o indocumentados de México, se estaba retirando, y sus hijos no tenían interés en trabajar en la agricultura.

El administrador de la ciudad de Salinas Ray Corpuz Jr., quien se unió a la ciudad a finales de 2012 y ayudó a crear una estrategia económica para Salinas, dijo que la agrotecnología siempre fue parte del plan, incluso antes de que Capital One se fuera. Corpuz cuenta con un historial de cambiar la situación de las ciudades; como administrador de la ciudad de Tacoma, Washington, con frecuencia se le dio crédito por transformar lo que algunos llamaban la “hijastra de Seattle” para convertirla en una ciudad con una economía estable y una floreciente industria de bienes raíces.

Corpuz, en conjunto con el entonces alcalde Dennis Donohue y el personal clave de la ciudad, decidió invertir los $1.6 millones de dólares de Capital One, así como otros recursos, en la agrotecnología, un nicho que apenas surgía de la unión de la agricultura y la tecnología.

La agricultura ya era un éxito, y Corpuz dijo que la ubicación de la ciudad, que se encuentra a una hora por carretera del Valle del Silicio, significaba que la zona se estaba convirtiendo rápidamente en fuente de vivienda para la gente que huía del sobrecalentado mercado de la vivienda del Área de la Bahía.

A largo plazo, apostaron a que podrían transformar la economía en algo más basado en conocimientos, para entonces crear más empleos bien remunerados. Al reflexionar acerca de la información demográfica de Salinas, con una joven edad mediana de 28 años y aproximadamente un 75% de latinos e hispanos, Corpuz vio la oportunidad de desarrollar una fuerza laboral local que el Valle del Silicio pudiera contratar.

La estrategia de agrotecnología de la ciudad incluía lo siguiente:

  • Contratación de John Hartnett, director ejecutivo y fundador de SVG Partners, una compañía de consultoría tecnológica del Valle del Silicio, para ayudar a desarrollar la industria. Hartnett lanzó el THRIVE Accelerator, un programa competitivo en el que las empresas agrotecnológicas en sus etapas iniciales reciben asesoría, recursos y un espacio en la incubadora Western Growers.
  • Lanzamiento del Centro para la Innovación y la Tecnología de Western Growers en diciembre de 2015, lo cual ha aumentado la cantidad de empresas de agrotecnología en sus etapas iniciales de 6 a 27.
  • Patrocinio y organización de la Cumbre Agrotecnológica de Forbes, un evento por invitación para la gente con mayor influencia en la industria.
  • Lanzamiento de una sociedad con las otras cuatro ciudades del Valle de Salinas y Hartnell College para desarrollar las fuerzas laborales de la agrotecnología y la atención médica.
  • Lanzamiento del Instituto de Negocios y Tecnología Agrícola de Hartnell College, cuyo campus de Alisal está dedicado a impartir clases y otorgar títulos y certificados en agricultura, y cada vez más en agrotecnología.

Estas medidas también aprovecharon el cambio generacional y cultural de la zona. Los hijos de los trabajadores inmigrantes crecieron siendo testigos de las privaciones y el duro trabajo de sus padres, y de los consejos de estos para que vivieran mejor. Esos hijos con frecuencia fueron los primeros en graduarse de la universidad. Sin embargo, después de graduarse, muchos dejaron Salinas para desarrollar sus vidas en otras partes, atraídos por ciudades más grandes con mayores oportunidades de empleo mejor remunerado como el Área de la Bahía, Seattle o hasta Chicago.

“La mayoría de los jóvenes se van después de graduarse”, dijo Albert Fong, un salinense de toda la vida cuyos cuatro hijos se han mudado al Área de la Bahía en busca de oportunidades profesionales.

Las compañías como Taylor Farms informaron que cada vez era más difícil ocupar los puestos vacantes, en especial con los codiciados trabajadores jóvenes, incluso mientras buscaban formas de automatizar muchas de sus operaciones.

Salinas estaba apostando a que podría proporcionarle un potencial ilimitado a una nueva fuerza laboral y asegurar el futuro de la zona.

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