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Un año después de negociar un acuerdo de compraventa y de firmar un contrato con la familia Ikeda de Salinas para adquirir los 73 acres del terreno de la familia, Big Sur Land Trust adquirió oficialmente la propiedad por $3.95 millones de dólares el pasado miércoles 25 de enero.

La administración de Big Sur Land Trust, incluida su presidente Jeannette Tuitele-Lewis y Rachel Saunders, directora de conservación, anunció la adquisición durante una conferencia de prensa en la propiedad que forma parte de los 480 acres conocidos como el Lago Carr. Durante décadas, la propiedad, que se localiza en el centro de la ciudad, perteneció a tres familias de agricultores japoneses; dos de ellas, las familias Hibino y Higashi, continúan siendo propietarias y cultivando las tierras.

Muchos dicen que el trato es una adquisición inusual, por no decir excepcional, para Salinas, dado el tamaño de la parcela y el hecho de que la tierra es tan valiosa aquí. Por ejemplo, el interés de la ciudad de Salinas en esas tierras data de por lo menos hace cuatro décadas, y la ciudad considera la propiedad como fundamental para el desarrollo comunitario y económico.

Saunders dijo que la adquisición representa un “momento significativo en la historia del Land Trust”, y que es la primera vez que una adquisición se ha hecho en un entorno urbano.

Desde sus inicios en 1978, Big Sur Land Trust, cuya sede está en Monterey, ha preservado más de 40,000 acres en el condado de Monterey.

Desde que el acuerdo se reportó por primera vez en The Salinas Californian en abril, Big Sur Land Trust ha estado ocupado recaudando el dinero para la adquisición. La mayor cantidad de financiamiento provino del Departamento de Protección Costera del Estado de California, a través de una subvención de $2.5 millones de dólares provenientes de la fundación David y Lucile Packard. Otros donadores incluyen la Fundación de la Península de Monterey, el Fideicomiso de Beneficencia Barnet Segal y el Programa River Parkways de la Dependencia de Recursos Naturales de California.

Saunders informó que Big Sur Land Trust está “comprometido a lograr un sólido proceso de participación de la comunidad” y que planea efectuar la primera de numerosas reuniones con la comunidad en busca de información sobre la forma en que se pueden usar las tierras.

Big Sur Land Trust ya tiene un comité designado para el Lago Carr que representa a sus interesados más importantes, como el personal de la ciudad, Building Healthy Communities, la Universidad Estatal de California en la Bahía de Monterey, el Instituto de la Cuenca Hidrográfica y el Departamento de Salud del Condado. Big Sur Land Trust también está trabajando muy de cerca con la ciudad mientras urbaniza las tierras; el Lago Carr está considerado como una parte fundamental del plan de desarrollo económico de la ciudad.

“Creo que es algo positivo para la ciudad”, dijo el administrador de Salinas Ray Corpuz Jr.

Big Sur Land Trust subrayó que las tierras probablemente se utilicen para parques y recreación, programas de la comunidad e iniciativas de educación e investigación. Saunders dijo que las tierras no se utilizarán para urbanización de viviendas, en gran medida porque el objetivo es la preservación, pero también porque gran parte de ellas, un segmento de las cuales se encuentran en planos de inundación, no tienen usos agrícolas.

En años recientes, los residentes de Salinas han estado solicitando cada vez más espacio de parques y áreas verdes, y esto se ha convertido en una prioridad en las listas de deseos de las juntas con la comunidad patrocinadas por la ciudad.

En Salinas, una ciudad que tiene una población creciente y 161,000 habitantes, la tierra es fundamental en gran medida debido a que las tierras agrícolas son vitales y están preservadas. Mientras tanto, la ciudad continúa creciendo. Según el censo de EE. UU. de 2010, se espera que la población de la ciudad crezca hasta alcanzar 200,000 habitantes para 2020.

Alfred Diaz-Infante, presidente de CHISPA y miembro del consejo de Big Sur Land Trust, dijo que la ciudad necesita más parques para la juventud.

“Los residentes merecen tener un lugar seguro para vivir y para reunirse como comunidad, en especial para los niños”, agregó. “Hay mucho que decir acerca de las ventajas de salir a disfrutar de la naturaleza”.

Informó que la adquisición es fundamental para Salinas porque los residentes tendrán una participación importante en la forma en que se utilizarán las tierras.

“Esto es como nuestro Parque Central”, dijo, haciendo referencia al famoso parque de la Ciudad de Nueva York que atrae a más de 40 millones de visitantes anualmente.

Tuitele-Lewis espera que pasen otros cuatro o cinco años hasta que se implementen los programas y las iniciativas. Hasta entonces, la familia Hibino, dirigida por Henry Hibino, fundador de Henry Hibino Farms y antiguo alcalde de Salinas, está arrendando una parte de las tierras, aproximadamente 60 acres.

Qué sigueUno de los mayores desafíos para alcanzar un acuerdo fue el momento en el tiempo. Big Sur había estado en pláticas con los Ikeda durante la última década y casi lograron un acuerdo en 2009, pero este se deshizo cuando un miembro de la familia falleció.

“Estamos profundamente agradecidos con la familia”, dijo Saunders. “El Lago Carr tiene una larga historia”.

A la conferencia de prensa del miércoles faltó Don Ikeda, un miembro de la familia Ikeda.

En un comunicado de prensa, Ikeda dijo: “aunque experimentamos emociones encontradas al vender las tierras de nuestra familia y dejar el Valle de Salinas, hemos podido rememorar con familiares y amigos acerca de la historia de más de 80 años de nuestra familia en estas tierras, mientras nos preparábamos para mudarnos”. Las tierras, adquiridas en la década de 1920 por sus ancestros, han visto pasar a cuatro generaciones de su familia. “Le deseamos éxito a Big Sur Land Trust en la transformación de los campos agrícolas en espacio público para las futuras generaciones de Salinas”. Ikeda ahora está retirado.

Big Sur Land Trust se ha comunicado con las dos familias restantes a lo largo de los años, pero Tuitele-Lewis, de esa organización, subrayó que “solo trabajan con personas dispuestas a vender”.

El destino de los 380 acres restantes sigue sin conocerse. En el otoño pasado, el personal fundamental de la ciudad, incluido Corpuz, tuvo pláticas iniciales con los Hibino y los Higashi para medir su interés en una venta.

“Ahora que esta transacción ya se completó, ha habido pláticas exploratorias acerca de lo que las otras dos familias desean para el futuro”, dijo Corpuz. “Regresaremos a hablar con las otras dos familias”. Si las tierras se vuelven disponibles, es posible que la ciudad de Salinas pudiera adquirirlas o quizás unir esfuerzos con otras entidades para hacerlo.

Corpuz afirmó que el Lago Carr es parte del informe de elementos de desarrollo económico de la ciudad y que las posibilidades van más allá de parques y espacios abiertos. “Hay áreas del Lago Carr que podrían urbanizarse en forma comercial o residencial”, agregó.

Acerca de la reciente adquisición, dijo, “hay muchas posibilidades ahí”.

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