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La tensión y el miedo se apoderaron de la ciudad de Cancún la tarde del martes después de varios ataques en al menos dos puntos de la ciudad, el principal en la sede de la fiscalía del estado, donde tres personas murieron, dos de ellas funcionarios de esa entidad, informaron autoridades.

El secretario de Seguridad Pública del estado, Rodolfo del Ángel Campos, confirmó las muertes en un vídeo colgado en su cuenta de Twitter y dijo que el ataque, ocurrido en torno a las 4 de la tarde, activó el “código rojo”, lo que supone el despliegue de efectivos del ejército, la marina y las distintas policías del estado.

Los intensos operativos y persecuciones posteriores intranquilizaron a muchos residentes y convirtieron algunos puntos de la ciudad en un caos durante unas horas pese a que las autoridades instaban a la calma. La tensión era mayor porque los tiroteos tenían lugar solo un día después del ataque a la discoteca de la cercana ciudad de Playa del Carmen, donde murieron cinco personas y otras 15 resultaron heridas, aunque todavía se desconoce los sucesos están o no relacionados.

El alcalde de la ciudad, Remberto Estrada, mandó un mensaje a los ciudadanos para que mantuvieran la calma. “Estamos trabajando de manera muy estrecha con el gobierno federal y el gobierno del estado para restablecer el orden público; les pido a todos los cancunenses mantengan la calma y esperen los comunicados oficiales”.

Según explicó a The Associated Press un trabajador de una gasolinera cercana a la fiscalía y que pidió guardar su identidad por cuestiones de seguridad, la tarde del martes dos sujetos en una moto llegaron hasta el edificio y lanzaron dos artefactos que explotaron en la explanada exterior. A continuación se escucharon ráfagas de disparos de armas largas, añadió.

Poco después, un periodista de la AP escuchó más disparos en la parte de atrás del mismo edificio.

Horas más tarde, en la Plaza de las Américas, un centro comercial cercano a ese lugar, testigos aseguran haber escuchado tiros y cientos corrieron despavoridos para salir del lugar aunque no estaba claro qué pasaba.

Irma Huxool, una mujer que acababa de comprar entradas para ir al cine, dijo a AP que escuchó tres disparos “en la entrada del cine” y la gente empezó a correr en medio de la confusión.

En otro punto de la ciudad, artefactos explosivos fueron lanzados a una óptica. César Salgado, el dueño del establecimiento, lamentaba lo que estaba ocurriendo con la cara ensangrentada y pidió a las autoridades que hicieran algo.

“No sé qué está pasando, uno se viene a un lugar tranquilo a vivir, con una mejor calidad de vida y te llevas esta sorpresa”, indicó. “Deben detener esto ya”.

Al caer la noche, el secretario de Seguridad aseguró que el estado se encontraba ya en calma y que durante el operativo se aseguraron armas y a tres personas.

Fuera de la fiscalía, David Franco buscaba a su cuñado, que había llamado a su esposa alertando de que había quedado atrapado en medio del tiroteo como demostraban dos agujeros de bala en su coche. Lo último que su mujer escuchó fue “nos están llevando, nos están llevando”. Franco confirmó después que estaba siendo interrogado.

Aunque la tensión se generó por la tarde, la mañana del martes intranquilizó con una fotografía subida a las redes sociales sugería que el ataque de la discoteca era fruto de una lucha entre grupos del crimen organizado, ya que en una pancarta firmada por “Zetas vieja escuela”, una escisión del cártel de los Zetas, se amenazaba al personal del festival y se decía que iban a “cortar cabezas” por no alinearse.

El fiscal de Quintana Roo, Miguen Ángel Pech, en entrevista con The Associated Press, dijo que las autoridades investigan dicha pancarta.

Mientras tanto, las autoridades seguían investigando el ataque a la discoteca Blue Parrot de Playa del Carmen que pensaban podría deberse a un caso de extorsión, un conflicto por narcomenudeo o a que alguien contratara a una persona para matar a uno de los clientes del bar.

Después de ofrecer distintas versiones a lo largo del lunes, el fiscal Pech explicó el martes que un atacante disparó directamente a una de las víctimas en plena madrugada cuando el local estaba abarrotado y se clausuraba un festival de música electrónica.

Después comenzó el tiroteo y el fuego cruzado, pero no está claro si éste ocurrió entre el atacante y los guardias de seguridad de la discoteca o con los guardaespaldas del mexicano atacado. Tampoco se sabe por qué alguien quería asesinar a ese hombre.

Pech, en entrevista con Televisa, dijo que sus familiares dijeron a la fiscalía que tenía “un familiar importante” en el gobierno del estado de Veracruz, una región plagada de corrupción y violencia.

Uno de los guardias fue alcanzado por las balas y al caer, su arma se disparó hiriendo a gente del público, añadió Pech, quien aseguró que el atacante huyó y que un taxista que le ayudó a escapar está vinculado con casos previos de intentos de extorsión, una práctica habitual en muchos lugares de México donde los negocios son obligados a pagar una cuota para evitar ser atacados por el grupo criminal que controle ese lugar.

Según el fiscal, que no se cumpliera con este pago es la línea de investigación “más fuerte”.

Pero mientras falten las respuestas en las calles, crecía la preocupación.

“Nos ha alcanzado”, dijo Lenin Amaro, un empresario y político local, en relación a la violencia asociada al narcotráfico que sacude al país. “Vivíamos en lo puedes llamar una burbuja”.

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