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Grupos de personas peregrinaban por hospitales en busca de sus familiares y amigos, un día después de que una serie de explosiones en el mercado de fuegos artificiales más conocido de México causó la muerte de al menos 33 muertos y decenas de heridos.

Mientras, en el lugar del siniestro, una explanada convertida en un amasijo de hierros retorcidos y escombros que 24 horas después seguía oliendo a pólvora, los peritos buscaban pistas y algunos vecinos pensaban que el haber exhibido parte de la mercancía en los pasillos pudo propiciar la tragedia.

El miércoles por la noche, el Estado de México, donde se encuentra el mercado de San Pablito, actualizó la lista de fallecidos a 33, una cifra también anunciada por José Manzur, secretario general de gobierno del estado, en una entrevista con una radiodifusora local.

Otras 46 personas permanecían hospitalizadas, de las cuales cinco están muy graves. De los heridos, 10 son menores, incluida una niña con el 90% de su cuerpo quemado.

Familiares desconsolados llegaron a la morgue, el último sitio donde querían buscar, en un intento de encontrar respuestas. Pero a veces no las hallaban: las autoridades advirtieron que algunos de los cadáveres están tan quemados que solo podrán ser identificados con pruebas genéticas, las cuales ya han comenzado a realizarse. Lo que si creen los funcionarios es que el mercado ha sido revisado a plenitud, incluso con perros de rastreo, y no encontrarán a nadie más allí.

“No encuentro a mi papá, y mi mamá está muy quemada”, dijo entre lágrimas Juana Antolina Hernández. “Estoy esperando que me digan si está aquí mi papá, pero de momento, nada”.

Hernández, de 49 años, tenía un local en el mercado junto al de sus padres. La fabricación de fuegos artificiales, un oficio del que está orgullosa, se ha transmitido en su familia de generación en generación.

“Sé que perdimos todo, pero me voy a levantar”, declaró convencida de que no dejará su oficio por nada.

Janet Pérez tuvo más suerte, aunque con malas noticias. Logró localizar a su tía en el servicio médico forense.

El mercado de San Pablito, en el municipio de Tultepec, estaba bien surtido con juegos pirotécnicos por las fiestas navideñas. Cientos de compradores caminaban por los pasillos cuando iniciaron los estallidos. En minutos todo quedó reducido a cenizas, escombros y metal retorcido.

Refugio León, un antiguo trabajador del mercado y cuya familia — que salió ilesa— tenía siete locales, criticó las medidas de seguridad y sostuvo que, aunque las normas establecen que no se pueden colocar cohetes en los pasillos, “todos lo hacían”.

Eso, a su juicio, pudo ser uno de los motivos por los que las explosiones se extendieron.

Un mesero de un pequeño comedor frente al mercado, Alexander Ramos, que solo tuvo tiempo de resguardarse y ver los cohetes estallar por los aires, también indica que era habitual ver mercancía en los pasillos, pero lo comprende.

“El que no muestra no vende”, afirmó.

Las autoridades del Estado de México, que bordea la capital del país, han dicho que es muy pronto para determinar la causa de las explosiones, pero ocho días antes el gobierno municipal se jactaba en un comunicado de que el Instituto Mexiquense de la Pirotecnia había calificado al mercado como el más seguro de América Latina. Y el director del centro, Juan Ignacio Rodarte Cordero, daba la explicación: contaba con “puestos perfectamente diseñados y con los espacios suficientes para que no se dé una conflagración en cadena en caso de un chispazo”.

La realidad fue otra, y el martes las llamas destruyeron el mercado por tercera vez desde 2005.

“Deben respetar nuestro oficio”, insiste Lourdes Aguilar, de 65 años y quien desde los 7 vende cohetes en Cuautitlán, un pueblo vecino. “Es lo único que sabemos hacer y lo hacemos aunque sabemos que es peligroso, sobre todo para los fabricantes que se levantan a las 4 de la mañana para preparar la mezcla de pólvora y a las 10 lo tienen que dejar por miedo a que prenda con el sol”.

Y muchas veces, añade, la culpa de cualquier accidente son los propios clientes, que piden que les muestren la mercancía y se ponen groseros si no se hace, explica Aguilar.

“Ese es uno de los rumores que se cuentan pasó en San Pablito, pero quién sabe”, añade.

Hasta que los peritos determinen los motivos del incendio, las autoridades intentan agilizar los procesos de identificación y atención a las víctimas.

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