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El sorpresivo rechazo a los acuerdos de paz con las FARC le dio también un inesperado impulso.

El ex presidente Álvaro Uribe repudió por meses un acuerdo con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), obstaculizó las negociaciones de su sucesor Juan Manuel Santos y acusó a los rebeldes y al mandatario de ser los sepultureros de la democracia en el país sudamericano.

Pero el domingo, con la votación contraria a los convenios en un plebiscito se volvió protagonista, una especie de dueño de la llave que abrirá o cerrará la puerta a una nueva realidad a una Colombia marcada por medio siglo de conflicto armado.

Con una retórica inflamada y extrema, de Uribe fue el principal impulsor del “no” que ganó sorpresivamente por menos del 1% de los sufragios, con una diferencia de menos de 60,000 votos. Y entonces su actitud cambió.

El también senador Uribe reaccionó magnánimo e incluso llamó, en un tono conciliador, a un pacto nacional.

Cualquiera sea la solución para sacar adelante la crisis provocada por el rechazo a los acuerdos en el marco de una abstención de más del 60%, Uribe tienen un nuevo capital político que será determinante para el futuro de Colombia.

“Uribe es en el buen sentido de la palabra un animal político, es un político las 24 horas del día. Es de una capacidad de trabajo impresionante, recorrió al país”, dijo el ex alcalde de Bogotá, Jaime Castro, otro de los impulsores de la campaña del “no” y quien sin embargo se define como independiente al ex mandatario.

“Uribe es un señor que lee el alma de los colombianos y tiene el lenguaje para llegarle”, añadió Castro.

A lo largo de la campaña por el “no”, Uribe argumentó que los acuerdos favorecían a las FARC y desprotegían a los militares, y que dejaría impunes actos cometidos por la guerrilla abriéndoles la puerta a la participación política, también que los convenios atacaban principios de propiedad privada o que convertirían a Colombia en un país comunista.

Los críticos sostienen que muchos de los alegatos de Uribe en sus mítines eran simplificaciones o de plano no se condecían realmente con los densos textos de 297 páginas del acuerdo que poca gente leyó.

Pese a sus diferencias, el líder de las FARC, Rodrigo Londoño conocido como “Timochenko”, intentó hace unos meses un acercamiento con Uribe en busca de paz.

“Timochenko” reconoció que fueron enemigos, pero lo exhortó a “conversar tranquilamente…sobre el futuro de nuestra nación”.

Uribe nunca respondió a ese llamado.

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