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No fue una, ni dos, ni tres, sino once cartas de rechazo las que José Hernández recibió por parte de la NASA (Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio) antes de convertirse en astronauta.

En su doceavo intento, finalmente fue aceptado para el programa de capacitación para ir al espacio.

“[Se sintió] como ganar la lotería porque es algo muy difícil de conseguir. Son más de 18 mil personas que tienen los requisitos mínimos y de esos…seleccionan 12 a 15 personas”, dijo Hernández. “Entonces es por eso que dure 12 años en lograrlo”.

De las aproximadamente 7.4 billones de personas que viven en el mundo, alrededor de 550 han viajado al espacio. Si hacen la cuenta, eso equivale a una fracción de 1% de toda la población, y José Hernández forma parte de esa lista exclusiva y codiciada.

Pero el camino para llegar hasta allí no fue fácil.

Hijo de padres migrantes originarios de Michoacán, José Hernández pasó gran parte de su infancia trasladándose de ciudad en ciudad. Durante nueve meses, sus padres seguían la corrida de la cosecha de frutas y verduras iniciando en el sur de California, el centro y terminando en el norte del estado. Los otros tres meses los pasaban en México. Eso significaba que Hernández cambiaba frecuentemente de escuela.

Para Hernández, el estilo de vida que tenía no era nada fuera de lo común ya que él no conocía otra.

“Estaba bien chico y para mí era una aventura [ir] de lugar a lugar, pero realmente al reflexionar y al mirar [en retrospectiva] pues era una vida muy difícil”, comentó Hernández.

“Realmente era la vida pesada porque íbamos a la escuela de lunes a viernes, pero sábados y domingos estábamos en el campo con mis papas, y mientras a todos mis amigos les encantaba vacaciones de verano, nosotros las odiábamos porque significaba siete días a la semanada en el campo [trabajando]”.

En segundo año escolar, una maestra finalmente convenció a sus padres que “se quedaran en un solo lugar y que redujéramos nuestros viajes a México de tres meses a tres semanas, y entonces es cuando empezamos a llamar Stockton, Calif. nuestra casa”.

Aunque la inestabilidad e inconsistencia en su educación retrasó su dominio del inglés hasta los 12 años, Hernández encontró la estabilidad en otras materias.

“La ingeniería me atrajo de una edad muy pequeña”, señaló Hernández.

“…Aparte de estar aprendiendo inglés también teníamos otras materias y una de ellas era matemáticas, y eso era mi refugio porque dos más tres es cinco en cualquier idioma. Entonces por esa razón yo naturalmente me enfoque en las matemáticas, en la ciencia…al saber eso, ya cuando estaba en la preparatoria yo sabía que quería ser ingeniero”.

Pero eso fue sólo el inicio de su sueño.

En diciembre de 1972, a los 10 años de edad, Hernández fue testigo de la última vez que el hombre piso la luna. Él recuerda que estaba mirando la misión de Apolo 17 en vivo por su televisor a blanco y negro y sosteniendo la antena para no perder la recepción. Cuando escuchó a Eugene Cerna, comandante de la misión, hablar con el control de misión y caminar en la superficie de la luna, en ese momento se dio cuenta que quería ser astronauta.

“Allí es donde nació para mí el sueño de querer ser astronauta porque lo escudaba, lo veía, luego salía y veía hacia arriba y veía la luna llena, entraba de nuevo y escuchaba a Gene Cerna y por esa razón es que yo dije de aquí soy yo: quiero ser astronauta, y así nació el sueño”, dijo Hernández.

A pesar de que el sueño de ser astronauta sonaba difícil, hasta imposible de conseguir, sus padres nunca lo desanimaron o lo motivaron a pensar en otra meta.

“Mis papas [no] tuvieron los recurso económicos. Nosotros venimos de una familia muy humilde campesina, pero ellos me dieron algo mucho más…ellos me dieron el ánimo de que yo podía lograr mi meta de querer ser astronauta”, expresó Hernández.

“Ellos…se sentaban en la cocina conmigo para asegurase que yo hiciera mi tarea. Estaban allí muy al pendiente dando su tiempo”.

Con el respaldo de su familia, Hernández se puso a trabajar.

Obtuvo una licenciatura en ingeniería eléctrica de la Universidad del Pacifico y una maestría en ingeniería eléctrica de la Universidad de California en Santa Bárbara.

Su carrera educativa cumplió con parte de los requisitos para ser un astronauta ya que se enfocaban en las ciencias, y después de cumplir con cinco años de experiencia en el campo de la ingeniería, Hernández completó su primera aplicación para ingresar a la NASA.

Y allí empezó la odisea.

Una tras otra llegaban las cartas rechazándolo.

“En ese proceso aprendí que tenía que prepararme mucho más de lo que eran los requisitos mínimos”, dijo Hernández.

“Al ver que no me estaban seleccionando, me empecé a fijar qué es lo que me faltaba. Me comparaba a los astronautas que sí seleccionaban y me di cuenta que a pesar que tuvimos el mismo estudio y todo, ellos tenían otras cosas que yo no tenía”.

Y con esa determinación inquebrantable, Hernández decidió analizar las cualidades que los astronautas seleccionados poseían y que él no tenía para así prepararse de una mejor manera y aumentar sus probabilidades de ser seleccionado.

Un año se percató que todos eran pilotos y, como él no era piloto, decidió enseñarse a pilotear. Otro año se dio cuenta que todos eran buceadores, así que se convirtió en buceador.

Esta estrategia rindió frutos cuando finalmente en el 2004, Hernández fue seleccionado por la NASA para formar parte de la generación 19 para realizar actividades espaciales.

Después de unos años de entrenamiento, en agosto 28 de 2009, Hernández finalmente cumplió su sueño de ser astronauta y viajó al espacio a bordo del transbordador Discovery para la misión STS-128.

Aunque el camino para llegar al espacio fue complicado y tardado, Hernández dijo que disfrutó cada momento del proceso.

“No me frustraba [recibir cartas de rechazo], no me desesperaba porque estaba yo gozando el camino hacia ser astronauta”, dijo Hernández.

“Si llegaba que bueno y sino, no iba a ser el final del mundo porque me encantaba lo que estaba haciendo”.

Al reflexionar, Hernández confiesa que el arduo trabajo como obrero migrante lo ayudó a sobrellevar los retos que se le presentaron en el camino.

“Claro que sí, me enseño la ética del trabajo, el esfuerzo y a no tener miedo a echarle ganas y trabajar duro. Eso me preparo mucho para los retos que después enfrente al ser astronauta”.

Hernández se despidió de la NASA en el 2011 y ahora está enfocado y comprometido a fomentar y difundir la importancia de la educación, y a recordarle a los niños y padres que no hay obstáculos para lograr sus sueños.

“Todo es posible en la vida mientras uno esté dispuesto a trabajar duro, a planear, a no darse por vencido”, dijo Hernández.

“Se vale soñar en grande siempre y cuando estés dispuesto a dar de tu parte ese esfuerzo que se necesita para llegar a la meta que estas escogiendo. Obviamente entre más difícil la meta escoges, más esfuerzo te va a costar pero…todo es posible en la vida, y se vale soñar en grande”.

Motivando a otros con su historia

El martes, 11 de octubre, Hernández se presentará en la ciudad de Watsonville para compartir su historia.

Su visita es parte de los esfuerzos por parte de Distrito Unido del Valle de Pájaro (PVUSD, por sus siglas en inglés) para educar e informar a padres sobre la iniciativa educativa que incorpora las ciencias y los programas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), dijo Ruby Vásquez, instructora de educación para padres en el PVUSD.

Y fue precisamente Vásquez la promotora de traer al astronauta a Watsonville. Todo empezó el año paso cuando Vásquez miró un video de Hernández en Facebook. Ella dijo que la impresión fue tanta que la hizo llorar.

“El video me emociono porque fueron su papá y mamá quien lo motivaron. Creo que en ocasiones como padres olvidamos que tenemos esa habilidad, ese poder en las vidas de nuestros hijos”, dijo Hernández.

“Ellos nos admiran y pensamos que no nos admiran porque trabajamos en el campo, o en el empaque….o en cualquier trabajo, pero nuestros hijos nos admiran”.

“Legue al trabajo y lo compartí con mis colegas, nuestro director y le dijo que necesitábamos traerlo porque no sólo motivaría a nuestros estudiantes a seguir una educación y carrera en las áreas de STEM, pero su historia refleja perfectamente las experiencias de muchas de nuestras familias”, concluyó Vásquez.

Así que ella y el departamento de servicios de educación del distrito se pusieron a trabajar y junto con la colaboración de otras agencias del área, reunieron los fondos necesarios para traer a Hernández a Watsonville.

“Sólo queremos que los estudiantes, especialmente los de habla hispana, se den cuenta que pueden seguir una carrera en las ciencias, las matemáticas, la tecnología y la ingeniería porque a menudo esas áreas pueden parecer intimidantes e inalcanzables. Pienso que él será el perfecto ejemplo que las cosas no siempre son fáciles, pero si perseveran y siguen su sueño y crean un plan, pueden lograr lo que se propongan”, expresó Vásquez.

Agregó que es importante informar y educar a las personas sobre los diferentes problemas que agobian a la comunidad, tales como las pandillas y las drogas, pero a pesar que el distrito ofrece sesiones informativas sobre los temas, es importante resaltar las cosas positivas para que haya un balance.

“Creo que presentar historia como las del señor Hernández balancea las cosas un poco porque no se trata de prevenir que alguien entre en pandillas, o que utilice drogas, o que se embaracen a una edad temprana, se trata de ver las cosas positivas. Que esos logros son posibles”.

Para Hernández realizar este tipo de pláticas no es nuevo ya que se ha convertido en ejemplo de la comunidad latina y un portavoz para promocionar los beneficios de la educación.

Él cree que las pláticas comunitarias son importantes para motivar a los jóvenes.

“Watsonville es una comunidad muy similar a donde yo crecí en Stockton”, dijo Hernández.

“Yo creo que es muy importante estar en comunidades como esta porque hay muchos jóvenes que están en la situación que yo me encontraba y yo creo que lo más importante es tener [modelos]…que me vean a mí en carne y hueso y que digan, ‘oye, él no es tan diferente como yo’ y dejarlos con el sentido de que si él pudo porque yo no”.

Platica con el astronauta José Hernández

Cuándo: Martes, 11 de octubre.

Dónde: En el Centro Henry Mello (en la preparatoria Watsonville), ubicado en la Calle Beach Este No. 250, en Watsonville.

Hora: 6:00 P.M. a 8:00 P.M.

**La presentación será en español y habrá traducción disponible en inglés y mixteco. También habrá espacio limitado para cuidado infantil.

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